Reflexión 288 San Juan XXIII Doctrina Social Mayo 29 2014

En la reflexión pasada empezamos a estudiar la DSI en el pontificado de San Juan XXIII, doctrina que además de exponerse en las encíclicas Mater et magistra (Madre y maestra) y Pacem in terris (Paz en la tierra) también está presente en documentos del Concilio Vaticano II, cuando se manifestó sobre el papel de la Iglesia en el mundo moderno, especialmente en documentos como la Constitución pastoral Gaudium et spes (Gozo y esperanza). Habría que tener presente también la Constitución dogmática Lumen gentium (Luz de los pueblos), en particular en lo que toca al papel de los laicos, su participación en el apostolado, sus relaciones con la jerarquía, y los seglares en el mundo. A los laicos dedica el Concilio el capítulo cuarto de Lumen gentium.

Es importante recordar la diferencia entre las constituciones dogmáticas y las constituciones pastorales. Gaudium et spes es una constitución pastoral mientras que Lumen gentium es una constitución dogmática. En el libro La Iglesia del Concilio Vaticano II, preparado por cuatro peritos del Concilio, entre ellos el que sería luego de su brillante papel en el concilio elevado al cardenalato por Pablo VI, el cardenal Jean Danielou, esos peritos nos explican que a Lumen gentium se le da el título de  constitución dogmática porque es directamente doctrinal y relativa al dogma de la Iglesia, y añaden que los decretos disciplinares que son consecuencia o aplicación de la doctrina se exponen en otros  documentos del Concilio. Es bueno aclarar esto porque la doctrina tiene aplicaciones prácticas y de eso no se ocupa la misma constitución dogmática sino los decretos promulgados aparte.

También conviene aclarar que al llamarse dogmática una constitución, no se quiere decir que en esa constitución se hayan definido necesariamente nuevos dogmas. El Concilio puede y de hecho trata de verdades de fe, que han sido definidas antes como tales. Leo del libro citado La Iglesia del Concilio la siguiente explicación en que nos aclara aún más que aunque no se trate de nuevas doctrinas que se estén definiendo , de todas maneras son doctrinas que se escriben para que queden como enseñanzas de la Iglesia y añade:

Son, pues, enseñanzas del Magisterio oficial de la Iglesia. Y, si bien pueden llamarse y son de hecho enseñanzas de un Magisterio extraordinario de la Iglesia, por cuanto son enseñanzas de un Concilio ecuménico, que es un hecho extraordinario en la historia de la Iglesia, participan no obstante del carácter del llamado «magisterio «ordinario» de la Iglesia, por cuanto en este magisterio ordinario no se proponen las doctrinas como definiciones y juicios perentorios. En el Magisterio de la Santa Sede las «definiciones» son objeto del magisterio extraordinario y su nota específica; en su magisterio ordinario no se procede a definiciones ex cathedra.

Solamente nos queda añadir que por tratarse de verdades enseñadas por un magisterio oficial, autorizado, auténtico, aunque no se esté definiendo algo nuevo como de fe, estas verdades hacen parte de lo que se llama doctrina católica, en el sentido técnico y estricto de la palabra, es decir que son enseñanzas impuestas y aceptadas en toda la Iglesia católica. Se enseñan en toda la Iglesia.

Por allá en el año 2006, en los primeros programas sobre la DSI, añadí una explicación sobre el valor doctrinal de los documentos del Compendio de la DSI, con la ayuda del P. Alberto Ramírez, profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana. Dice así:

 (…) en el caso de los documentos del Magisterio no todo tiene igual valor ni es vinculante (es decir obligatorio), en el mismo sentido. Los documentos que producen los organismos por medio de los cuales el Papa orienta a la comunidad cristiana, como es el caso del Compendio de la D.S.I. –que es nuestro guía en este programa,- aunque no son dogmáticos en un sentido estricto, constituyen el pensamiento oficial del Magisterio de la Iglesia. Podemos pues decir, que el Compendio de la D.S.I. contiene la doctrina oficial de la Iglesia. El criterio que tenemos para valorar estos documentos es que deben ser tenidos en cuenta como el criterio más seguro para formarse los juicios de conciencia.

A este respecto, me decía el P. Ramírez, que recordaba lo que sucedió con la llamada Nota Previa Explicativa que se añadió a la Constitución Lumen Gentium por voluntad del Papa Paulo VI, ante la pregunta por el valor de los documentos del Concilio  (recordemos que Juan XXIII había decidido que no hubiera declaración de nuevos dogmas en el Concilio Vaticano II): según esa Nota Explicativa, aunque lo que se propone en la Constitución Lumen gentium no son dogmas de fe, se trata de una doctrina que debe ser acogida con asentimiento sincero de inteligencia y de voluntad porque se trata de una doctrina que asegura la comunión de la Iglesia y es una orientación segura para la conciencia de los fieles.

Como resumen final de este tema sobre el magisterio de la Iglesia, recordemos que hay dos clases de enseñanzas: las del magisterio ordinario y las del extraordinario; el magisterio que se imparte por un Concilio Ecuménico o por el papa cuando definen una doctrina que declaran de fe es el magisterio solemne o extraordinario. Nos dicen las enseñanzas de la Iglesia que el magisterio extraordinario no puede contener error, por la asistencia del Espíritu Santo. Este magisterio incluye las definiciones de fe proclamadas por el papa o un Concilio Ecuménico convocado por él..

El magisterio ordinario es el que habitualmente imparten el papa y los obispos que estén en comunión con él y por los concilios en asuntos de índole pastoral.

Esto es suficiente para que tengamos presentes el valor doctrinal de los documentos de la DSI. Los que vamos a estudiar de San Juan XXIII según las explicaciones anteriores, pertenecen al magisterio ordinario de la Iglesia.

Como vimos en el programa pasado, la primera parte de la encíclica Mater et magistra se refiere al 70 aniversario de la Rerum novarum y ofrece un resumen de la doctrina social de los pontífices que precedieron a Juan XXIII. Primero describió el contexto histórico en que León XIII escribió la Rerum novarum, contexto en el cual recordó al liberalismo económico reinante. En ea ideología floreció la revolución industrial, sus consecuencias sobre la clase trabajadora y la reacción socialista que se originó en Rusia.

Enseguida Juan XXIII pasa a sintetizar en Mater et magistra los principios básicos expuestos por su antecesor León XIII y de los cuales dice que constituyen un mensaje social fundado en las exigencias de la naturaleza humana e inspirado en el espíritu del evangelio. Enumera cinco principios:

  1. 1.   El trabajo no es una mercancía de manera que su retribución se debe fijar de acuerdo con la justicia y la equidad (N° 18).

  2. 2.   La propiedad es un derecho natural, pero «lleva intrínseca una función social» (9).

  3. 3.   El Estado no se puede hacer al margen de las actividades económicas, y debe vigilar sobre las condiciones de los trabajadores y los contratos de trabajo (20-21).

  4. 4.   El derecho de los trabajadores de formar asociaciones propias o mixtas es un el derecho natural (22).

  5. 5.   Las relaciones entre trabajadores y empresarios deben fundarse en los «principios de solidaridad humana y fraternidad cristiana».

Que el trabajo no sea una mercancía es un asunto práctico muy importante. Aun hoy no es raro que algunas empresas y empresarios aprovechen las situaciones de desempleo para contratar trabajadores con salarios más bajos, como si en la disponibilidad de puestos de trabajo se guiaran por la ley de la oferta y la demanda, igual a como se hace en el mercado con las mercancías que suben o bajan de precio según su abundancia o escasez.

Es interesante que San Juan XXIII en Mater et magistra deja muy claro que la doctrina social que propone la Iglesia no es la misma ni de la ideología liberal ni la del marxismo. Copio el texto mismo del N° 23 de Mater et magistra:

Por último, trabajadores y empresarios deben regular sus relaciones mutuas inspirándose en los principios de solidaridad humana y cristiana fraternidad, ya que tanto la libre competencia ilimitada que el liberalismo propugna como la lucha de clases que el marxismo predica son totalmente contrarias a la naturaleza humana y a la concepción cristiana de la vida.

Juan XXIII, como ha hecho siempre la Iglesia, presenta con fidelidad las enseñanzas de sus antecesores, las clarifica y si es necesario profundiza en ellas de acuerdo con los cambios que pide la época con sus nuevos problemas. Por ejemplo, León XIII en su tratamiento de la propiedad, insistía en la importancia de que todos llegaran a ser propietarios; Juan XXIII pone el énfasis en la función social de la propiedad, tomando la explicación de Pío XII que propuso como León XIII el derecho natural de propiedad, aclarando que eso no significa que seamos dueños absolutos, sino administradores de bienes que Dios nos ha dado a todos. Esa es la función social de la propiedad; que no sea solo para unos pocos, sino que abran la posibilidad de que todos puedan llegar a ser propietarios. ¿Cómo? Ese es papel de una economía manejada con criterio social, no solo favoreciendo a los capitalistas sino también a los asalariados a quienes se deben pagar salarios justos. Lo mismo que siendo equitativos en las cargas tributarias y no cargando de más a los trabajadores para  favorecer a las empresas. Así es la DSI, dinámica. Lo mismo se verá en las referencias de Juan XXIII a la Quadragesimo anno, de Pío XI.

Con perfecta claridad señala San Juan XIII en el N° 28 su orientación al recordarnos la doctrina de sus antecesores. Dice, refiriéndose a Quadragesimo anno:

En este documento, el Sumo Pontífice confirma, ante todo, el derecho y el deber de la Iglesia católica de contribuir primordialmente a la adecuada solución de los gravísimos problemas sociales que tanto angustian a la humanidad; corrobora después los principios y criterios prácticos de la encíclica de León XIII, inculcando normas ajustadas a los nuevos tiempos; y aprovecha, en fin, la ocasión para aclarar ciertos puntos doctrinales sobre los que dudaban incluso algunos católicos y para enseñar cómo había de aplicarse la doctrina católica en el campo social, en consonancia con los cambios de la época.

Del N° 29 al 34, San Juan XXIII resume tres puntos en que Quadragesimo anno confirma la doctrina de Léon XIII: sobre la propiedad privada, la legitimidad del régimen del asalariado y la incompatibilidad entre cristianismo y socialismo moderado. Recordemos que Pío XI promulgó la encíclica Quadragesimo anno en conmemoración de los cuarenta años de Rerum novarum.

Las razones de incompatibilidad del cristianismo y el socialismo moderado las explica con mayor claridad Mater et magistra en el N° 34. Leámos el texto:

El Sumo Pontífice (León XIII, dice Juan XXIII) manifiesta además que la oposición entre el comunismo y el cristianismo es radical. Y añade que los católicos no pueden aprobar en modo alguno la doctrina del socialismo moderado. En primer lugar, porque la concepción socialista del mundo limita la vida social del hombre dentro del marco temporal, y considera, por tanto, como supremo objetivo de la sociedad civil el bienestar puramente material; y en segundo término, porque, al proponer como meta exclusiva de la organización social de la convivencia humana la producción de bienes materiales, limita extraordinariamente la libertad, olvidando la genuina noción de autoridad social.

Los cambios históricos detectados por Pío XI se sintetizan ahora en un solo hecho: el paso de la libre competencia, a una situación de dictadura económica (MM35-36).

En el N° 37 de Mater et magistra, Juan XXIII explica que la situación social exige reformas que implican una reconstrucción del tejido social, es decir de las relaciones entre las personas y entre los organismos de la comunidad y los del Estado. Recordemos que se refiere al principio de subsidiaridad, que ya explicamos en otro lugaar, porque dice el papa Juan XXIII que se reconstruirá esa relación entre organismos, creando organismos intermedios. Recordemos que el principio de subsidiaridad se refiere a que los organismos mayores del Estado, por ejemplo el Ministerio de Educación no debe asumir las funciones que corresponden a los padres de familia, a sus asociaciones ni la alcaldía mayor lo que es función de las asociaciones de vecinos.

También Mater et magistra dice que es necesario que el Estado ejerza su función de garante del bien común y así mismo es necesaria la colaboración de los países en el orden mundial, para garantizar el bienestar de los pueblos. Se da pues, especial importancia a las relaciones internacionales. Pío XI no había logrado que se impidiera la guerra y Juan XXIII la había vivido. De ahí su referencia a Pío XII, quien dio especial importancia a las relaciones internacionales.

Leamos el texto del N° 35 de Mater et magistra y luego el 36 y el 37. Se refiere primero Juan XXIII a los cambios entre el tiempo en que León XIII escribió la encíclica Rerum novarum y Pío XI a los cuarenta años, la Quadragesimo anno:

35. No olvidó, sin embargo, Pío XI que, a lo largo de los cuarenta años transcurridos desde la publicación de la encíclica de León XIII, la realidad de la época había experimentado profundo cambio. Varios hechos lo probaban, entre ellos la libre competencia, la cual, arrastrada por su dinamismo intrínseco, había terminado por casi destruirse y por acumular enorme masa de riquezas y el consiguiente poder económico en manos de unos pocos, «los cuales, la mayoría de las veces, no son dueños, sino sólo depositarios y administradores de bienes, que manejan al arbitrio de su voluntad» (Ibíd., p.201ss).

36. Por tanto, como advierte con acierto el Sumo Pontífice, «la dictadura económica ha suplantado al mercado libre; al deseo de lucro ha sucedido la desenfrenada ambición del poder; la economía toda se ha hecho horriblemente dura, inexorable, cruel» (Ibíd., p.211). De aquí se seguía lógicamente que hasta las funciones públicas se pusieran al servicio de los económicamente poderosos; y de esta manera las riquezas acumuladas tiranizaban en cierto modo a todas las naciones.

37. Para remediar de modo eficaz esta decadencia de la vida pública, el Sumo Pontífice señala como criterios prácticos fundamentales la reinserción del mundo económico en el orden moral y la subordinación plena de los intereses individuales y de grupo a los generales del bien común.

Esto exige, en primer lugar, según las enseñanzas de nuestro predecesor, la reconstrucción del orden social mediante la creación de organismos intermedios de carácter económico y profesional, no impuestos por el poder del Estado, sino autónomos; exige, además, que las autoridades, restableciendo su función, atiendan cuidadosamente al bien común de todos, y exige, por último, en el plano mundial, la colaboración mutua y el intercambio frecuente entre las diversas comunidades políticas para garantizar el bienestar de los pueblos en el campo económico.

Dice Juan XXIII que las reformas necesarias se deben inspirar en el sometimiento a un orden moral objetivo, basado en la ley de la justicia y la caridad y en el reconocimiento de un orden jurídico internacional. A Pío XI le preocupaba que no se sometiera el mundo a un orden moral y como recordamos, Pío XII veía la necesidad de un organismo internacional para evitar otra guerra.

Señala Juan XXIII en el N° 38 de Mater et magistra, cuáles son los principios fundamentales que caracterizan la encíclica Quadragesimo anno, de Pío XI y dice que se pueden reducir a dos: Primer principio: prohibición absoluta de que en materia económica se establezca como ley suprema el interés individual o de grupo, o la libre competencia ilimitada, o el predominio abusivo de los económicamente poderosos, o el prestigio de la nación, o el afán de dominio, u otros criterios similares. Y añade enseguida: 39. Por el contrario, en materia económica es indispensable que toda actividad sea regida por la justicia y la caridad como leyes supremas del orden social.

Sobre la creación de un organismo internacional estas son las palabras de Mater et Magistra:

40. El segundo principio de la encíclica de Pío XI manda que se establezca un orden jurídico, tanto nacional como internacional, que, bajo el influjo rector de la justicia social y por medio de un cuadro de instituciones públicas y privadas, permita a los hombres dedicados a las tareas económicas armonizar adecuadamente su propio interés particular con el bien común.

En la próxima reflexión veremos lo que Juan XXIII dijo del mensaje La solennitá, de Pío XII y continuaremos comentando la encíclica Mater et magistra.

Reflexión 287 San Juan XXIII Doctrina Social Mayo 22 2014

Juan XXIII en una nueva época

En el programa anterior comenzamos a estudiar la DSI en San Juan XXIII. Su llegada a ocupar la sede de San Pedro fue en un momento de la historia que era de transición; ahora llaman a eso un cambio de época.  De una época de dos guerras mundiales pasaba el mundo a una época nueva, que se suponía sería de esperanza, de paz. Juan XXIII sucedió a Pío XII, quien debió conducir la barca de la Iglesia en medio de las tormentas de la segunda guerra mundial y enfrentar los cambios que durante la posguerra modificaron el marco geopolítico de Europa: nuevos límites, países nuevos que volvían a sus orígenes étnico-religiosos, avances del comunismo en el mundo, independencia de colonias de Asia y África, con el despertar de esos pueblos que reclamaban un tratamiento no inferior al de los países que habían sido sus colonizadores.

Los cambios no se produjeron solo en la geografía; con ellos, naturalmente se presentaron cambios en la formación de las nuevas sociedades, y los avances en la ciencia de la guerra habían traído como consecuencia, desarrollos científicos aplicables en tiempos de paz y que cambiarían enormemente el mundo con su nuevo enfoque de conquistador del espacio exterior.

Juan XXIII llegó a ese nuevo mundo como cabeza de la Iglesia; él había vivido la guerra como representante de la Santa Sede en países envueltos en el conflicto bélico y en el momento de su elección era el arzobispo, patriarca de Venecia, ciudad que había sido tan importante en siglos anteriores, protagonista en conflictos bélicos y en el desarrollo de las actividades comerciales por su situación frente al mar.

 Se encontraba pues el papa Juan XXIII en un mundo nuevo, como cabeza de una Iglesia universal, que debía responder a las necesidades espirituales de ese mundo nuevo en ebullición, en época de cambio. Decíamos que dos encíclicas marcaron la orientación de la DSI de San Juan XXIII, Mater et magistra, Madre y maestra y Pacem in terris, Paz en la tierra, además de la obra inmortal, liderada por el Papa Juan, el Concilio Vaticano II.

Enfoque general de Mater et magistra

 

Veamos el enfoque general y el contenido de la encíclica Mater et magistra. La ocasión para esta encíclica se presentó en la conmemoración del septuagésimo aniversario de la Rerum novarum, y aunque lleva la fecha 15 de mayo, que coincide con la fecha de presentación de Rerum novarum, por León XIII, 70 años antes,  Mater et magistra se hizo pública dos meses después, el 15 de julio de 1961. El título mismo de la encíclica, Madre y maestra, nos indica la calidad del papel de la Iglesia, que el papa Juan dirigirá para enfrentar con espíritu maternal joven, los problemas sociales de la época; nuevos si se comparan con  las injusticias de la revolución industrial, a las cuales en su momento enfrentó León XIII con Rerum novarum. Injusticias que no habían desaparecido del todo; algunas se habían revestido de otro ropaje, pero seguían siendo injusticias.

Como en ocasiones anteriores, me apoyaré en el libro Doctrina social de la Iglesia, una aproximación histórica, del P. Ildefonso Camacho.

La estructura general de la encíclica la conforman cuatro partes: la primera se refiere al 70 aniversario de la Rerum novarum y ofrece un resumen de la doctrina social de los pontífices que lo precedieron; la segunda contiene una síntesis doctrinal que aclara, adapta y desarrolla la enseñanza anterior; la tercera aborda los nuevos aspectos de la cuestión social; la cuarta y última tiene un marcado acento pastoral y se centra en el papel que la Iglesia puede desempeñar ante estos problemas.

 

El cuádruple objetivo de Mater et magistra

 

Juan XXIII después de exponer el momento histórico de cambio en el mundo, declara así, en el N° 50, el cuádruple objetivo que se propone Mater et magistra, Madre y maestra:

… a la vista de lo anteriormente expuesto, sentimos el deber de mantener encendida la antorcha levantada por nuestros grandes predecesores y de exhortar a todos a que acepten como luz y estímulo las enseñanzas de sus encíclicas, si quieren resolver la cuestión social por los caminos más ajustados a las circunstancias de nuestro tiempo.

Juzgamos, por tanto, necesaria la publicación de esta nuestra encíclica, no ya sólo para conmemorar justamente la Rerum novarum, sino también para que, de acuerdo con los cambios de la época, subrayemos y aclaremos con mayor detalle, por una parte, las enseñanzas de nuestros predecesores, y por otra, expongamos con claridad el pensamiento de la Iglesia sobre los nuevos y más importantes problemas del momento.

Un enfoque inductivo

 

Esos nuevos y más importantes problemas del momento que señala Juan XXIII implican cambio en el lenguaje y en el estilo de sus antecesores. E P. Camacho anota que si hasta Pío XII había primado un discurso más bien filosófico y una argumentación basada en los principios de la razón, Juan XXIII utiliza un razonamiento más inductivo, que se apoya más en lo empírico y en lo sociológico.

 

Recordemos que el razonamiento inductivo parte de ejemplos particulares y llega a través de ellos a una conclusión general; eso quiere decir, que Juan XXIII se dirige no solo a la razón, sino también al corazón; no solo a la teoría sino muy especialmente a la experiencia. Parte de experiencias que vive el mundo en el momento para llegar a conclusiones doctrinales o pastorales. Esta circunstancia parecería que favoreciera más al hombre común y corriente, pero en ciertos asuntos es necesario recurrir a aspectos técnicos cuyo significado es necesario explicar.

 

De todos modos, la opción por los pobres, por ejemplo, es una orientación muy evangélica a la DSI que va tomando un impulso nuevo. El citado P. Camacho ve en Juan XXIII una cercanía a los problemas reales unida a una actitud de serena confianza en la realidad, aceptándola como es, pero buscando también en ella lo que esconde de más positivo. Por eso la Mater et magistra, Madre y maestra, es en conjunto, una encíclica optimista, abierta al futuro, sin nostalgias del pasado, que trasciende siempre la gravedad de los problemas que aborda porque confía que la humanidad dispone de recursos todavía para superarlos.

 

Esa observación nos viene muy bien en este tiempo nublado del mundo en que nos ha correspondido seguir al Señor. A veces nos podemos sentir pesimistas ante la corrupción, la avaricia reinante mientras la pobreza domina el mundo, la violencia en el campo y las ciudades, la indiferencia de una sociedad que piensa solo en lo trivial, el olvido y aun rechazo de Dios. El Espíritu Santo inspiró a la Iglesia y le mandó un sucesor de Pedro, el papa Francisco, cercano a la gente, que nos repite que Dios es misericordioso, que nos ama y es al mismo tiempo firme en el manejo del timón de la barca que el Señor le ha encomendado. Este obispo de Roma, nos ayuda a no dejarnos doblegar por el pesimismo, a no sentir nostalgia por el pasado, a ir más allá de los problemas y a confiar en que la humanidad dispone de recursos para superarlos. El recurso más importante, la gracia de Dios, el tenerlo siempre con nosotros, aunque a veces parezca que se ha escondido. Es quizás que no lo reconocemos en los signos que nos da, no que no esté, es que no lo vemos.

Introducción de Mater et magistra

 

Pasemos ahora a una rápida presentación las cuatro partes de Mater et magistra.

Veamos primero la introducción. Nos habla en ella de la doble misión de la Iglesia, pues la doctrina del evangelio considera al ser humano completo, integral, alma y cuerpo, inteligencia y voluntad y le ordena que eleve su mente desde las condiciones transitorias de la vida terrenal a las alturas de la vida eterna. Como dice el papa Juan XXIII: la doctrina de Cristo une la tierra con el cielo.

Se refiere luego a que la Iglesia se preocupa por el bien temporal de los pueblos y cumple así el mandato de Cristo al promover la caridad, que es fuente y raíz de la doctrina y de la acción social de la Iglesia.

La prueba de esta doctrina de acción es el testimonio de la encíclica Rerum novarum que tuvo una resonancia universal, abrió caminos nuevos y su influencia está todavía vigente.

 

La primera parte de Mater et magistra

 

La primera parte de Mater et magistra se refiere las enseñanzas de la Rerum novarum y su desarrollo posterior en el magisterio de la Iglesia. En particular a la encíclica Quadragesimo anno, – aniversario cuarenta, – de Pío XI, y al discurso de Pío XII La solennitá, en el quincuagésimo aniversario de Rerum novarum, el día de Pentecostés de 1941. Nos dice luego que los cambios en los terrenos científico, económico, social y político motivan la publicación de esta nueva encíclica.

Hace Mater et magistra una  enumeración de los principios fundamentales de Rerum novarum que nos viene muy bien repasar. Nombra los siguientes: dignidad del trabajo, su retribución justa, la propiedad privada y su función social, la intervención del estado en el orden económico, las bases de la nueva legislación social que abrió caminos al moderno derecho laboral, defensa del derecho de asociación de los trabajadores y ni liberalismo económico ni marxismo.

 

Aportes de Quadragesimo ano y La Solennitá

 

Después de ese interesante resumen de los aportes de la encíclica Rerum novarum de León XIII a la DSI, Juan XXIII continúa con una síntesis de los aportes de Quadragesimo anno, de Pío XI. Sobre su contenido menciona la propiedad, el trabajador asalariado y la incompatibilidad del socialismo con el cristianismo. Se refiere también a criterios prácticos para remediar lq decadencia de la vida pública provocada por el liberalismo económico. Como principios fundamentales de la encíclica Quadragesimo anno señala: a la justicia y a la caridad, como leyes supremas del orden social. Finalmente se refiere también al nuevo orden jurídico nacional e internacional.

Sobre el radiomensaje La solennitá, de Pío XII, que en este programa también estudiamos ya, León XIII señala como aportes fundamentales el uso de los bienes materiales, el trabajo y la familia.

Termina esta primera parte de la encíclica Madre y maestra mencionando los cambios recientes en los campos científico, técnico y económico, en la esfera social y en materia política y los motivos que justifican esta nueva encíclica.

La segunda, tercera y cuarte parte

 

No me detengo en detalle en el resumen de las partes segunda, tercera y cuarta. Solo diré el título de cada una. Creo que es mejor hacerlo cuando avancemos en su estudio.

La segunda parte de Mater et magistra se ocupa de señalar  el desarrollo de las enseñanzas sociales de los pontífices anteriores y ocupa del número 51 al 121. Los temas que trata son: La iniciativa privada y el poder público en el campo económico, la socialización, la remuneración del trabajo, la estructura económica y la propiedad.

La tercera parte se refiere a los aspectos recientes más importantes de la cuestión social. Ocupa del número 122 al 211 y los asuntos que señala son los siguientes: relación entre los distintos sectores de la economía, relación entre zonas de igual desarrollo del mismo país, relación entre países de desigual desarrollo económico, incremento demográfico y desarrollo económico y finalmente colaboración en el plano mundial.

La cuarta parte de la encíclica Mater et magistra trata sobre la reconstrucción de las relaciones de convivencia. Ocupa del N° 212 al 264. En particular se refiere a las ideologías defectuosas y erróneas, la eficacia perenne de la doctrina social de la Iglesia, la necesidad de la acción social católica y del número 258 al 264 concluye explicando que como miembros del Cuerpo místico de Cristo debemos tener clara conciencia de esta dignidad y de los deberes que esta dignidad implica. Y termina con la observación optimista de cómo la nueva época abre horizontes inmensos al apostolado de la Iglesia.

Después de este rápido recorrido podemos ver que tenemos mucho qué aprender, qué poco se conoce la DSI que ha aportado tanta sabiduría divina al manejo de la sociedad que se quiere apartar de Dios y no entiende que lo que el evangelio le aporta es todo ganancia y apartarse de él es en detrimento propio.

¿Qué vendrá en la próxima entrega?

Nuestro deber como ciudadanos creyentes en la elección de presidente

 

En el próximo programa empezaremos a estudiar la introducción y primera parte de esta maravillosa encíclica social de San Juan XXIII, la Mater et magistra, Madre y maestra. Estos últimos minutos los voy a dedicar a una corta reflexión sobre nuestro deber como cristianos y como ciudadanos, en la elección de presidente, el próximo domingo. No me inmiscuyo en política partidista. Como colaborador de Radio María mal haría en hacer propaganda política aprovechando sus micrófonos.

En la DSI hemos ido aprendiendo que al llamarnos el Señor a la fe en el bautismo, y encargarnos de evangelizar, de llevar sus enseñanzas al mundo, tenemos la tarea de procurar, desde el puesto que ocupemos, que la sociedad se rija de acuerdo con los planes de Dios. No tenemos la responsabilidad de los que desempeñan cargos públicos, pero somos nosotros, ciudadanos comunes y corrientes, libres,  los que les damos nuestro aval para que lleguen a gobernar a la república. Somos responsables de llevar a la presidencia a esas personas y debemos ser conscientes de su posición en asuntos tan cruciales para la sociedad como el respeto a la vida desde la concepción hasta la muerte natural, de la constitución de la familia, célula fundamental de la sociedad y de la justicia social. ¿Cómo queremos que sea nuestra sociedad? El presidente que elijamos cómo va a proceder en asuntos tan graves como estos del respeto a la vida y la constitución de la familia?

No podemos lavarnos las manos y dejar de votar y menos no podemos dar nuestro voto a defensores del aborto, de la eutanasia y del matrimonio entre homosexuales. Tenemos que ser coherentes con lo que decimos profesar como creyentes. Las consecuencias de nuestro voto duran cuatro años y sus consecuencias.

 

Reflexión 283 Pío XII Doctrina Social abril 3 2014

El mensaje de Navidad de 1944

 

Vamos a continuar estudiando los aportes del papa Pío XII a la DSI. En el programa pasado nos referimos a su mensaje de navidad del 24 de diciembre de 1943. Fue un mensaje en estilo de homilía, en el cual consolaba a los que habían sufrido los horrores de la guerra y  las consecuencias de esos horrores  en su vida personal y familiar.

Hoy nos vamos a dedicar al mensaje de diciembre de 1944. Dijimos la semana pasada que cuando Pío XII dirigió el mensaje de la navidad de 1943, la segunda guerra mundial había tomado un camino que la acercaba a Roma. Los aliados invadían  a Italia, Mussolini había sido depuesto, pero Hitler, en un golpe de mano en los que era especialista el oficial comando Otto Skorzeni, de las SS, en septiembre de 1943 liberó al dictador italiano y lo trasladó a Alemania.  Sin embargo, la guerra parecía que no estaba lejos de su fin y que los aliados serían los triunfantes.

Sin duda pensando en la paz que se aproximaba, el tema escogido  por Pío XII para su mensaje en la  Navidad de 1944 fue el de las condiciones morales en los ciudadanos y en los que detectan el poder, para una sana democracia y la organización internacional con vistas a la paz.

En 1944 los ejércitos seguían entregados a una lucha feroz; las tropas alemanas incitadas por Hitler a luchar hasta el último hombre, eran sacrificadas inútilmente. En 1944, Francia fue liberada. Lo soldados alemanes que habían desfilado victoriosos por los campos elíseos, en París, tuvieron que salir  prisioneros, con los brazos en alto.

 Al comienzo de su mensaje se refirió Pío XII a estas circunstancias, lo mismo que a las reuniones de los jefes de estado de los aliados, que habían ido definiendo el nuevo mapa de Europa, acomodado a sus reclamaciones de territorios. Se reunieron en Teherán en 1943 y en 1944 en Yalta, en el Mar Negro, en territorio de la Unión Soviética. Esta última fue una reunión difícil; el presidente Roosevelt había hecho ese largo viaje a pesar de su precario estado de salud. Y parece que ese estado de salud había de veras minado el ánimo del presidente estadounidense, pues según historiadores creyó que Stalin era un verdadero demócrata (Cf Raymond Cartier, La Segunda guerra mundial).  El fuerte fue Churchill, pero Stalin estaba en su territorio y parece que se salió con sus pretensiones. Churchill no solo vio las ruinas de las ciudades arrasadas, sino, como dice el historiador francés Cartier, Churchill, como verdadero hombre de estado, vio las ruinas políticas, que tras el silencio del cañón, harían un vacío de Europa. Y recordemos que el presidente Roosevelt moriría antes del fin de la guerra.

Oigamos  la introducción del mensaje de navidad de Pío XII: el 24 de diciembre de 1944:

«Benignitas et humanitas apparuit Salvatoris nostri Dei» (Apareció la benignidad y humanidad de Dios nuestro salvador. (Tt 3, 4). Por sexta vez, desde el comienzo de la horrible guerra, la santa liturgia de Navidad saluda con estas palabras, que exhalan serena paz, la venida entre nosotros del Dios Salvador. La humilde y pobre cuna de Belén atrae, con aliciente inefable, la atención de todos los creyentes.

Hasta lo más profundo de los corazones, entenebrecidos, afligidos y abatidos  baja un torrente de luz y de alegría, invadiéndolos completamente. Vuelven a alzarse serenas las frentes inclinadas, porque Navidad es la fiesta de la dignidad humana, la fiesta del «admirable intercambio, por el cual el Creador del género humano, tomando un cuerpo vivo, se dignó nacer de la Virgen y con su venida nos donó su divinidad» (Ant. 1 in 1 Vesp. in Circumc. Dom.).

Pero nuestros ojos vuelan espontáneamente desde el esplendoroso Niño del portal al mundo que nos rodea, y la dolorida exclamación del Evangelista Juan sube a nuestros labios: «Lux in tenebris lucet et tenebrae eam non comprehenderunt » (Jn 1, 5): la luz resplandece en medio de las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron.

Porque desgraciadamente también esta sexta vez la aurora de la Navidad se alza sobre campos de batalla cada vez más dilatados, sobre cementerios en donde se acumulan cada día más numerosos los despojos de las víctimas, sobre tierras desiertas en donde escasas torres vacilantes señalan con su silenciosa tristeza las ruinas de ciudades antes prósperas y florecientes y donde campanas derribadas o arrebatadas ya no despiertan a los habitantes con su alegre canto de Navidad. Son otros tantos testigos mudos, que denuncian esta mancha de la historia de la humanidad, que, voluntariamente ciega ante la claridad de Aquel que es esplendor y luz del Padre, voluntariamente alejada de Jesucristo, ha descendido y ha caído en la ruina y en la abdicación de su propia dignidad. Hasta la pequeña lámpara se ha apagado en muchos majestuosos templos, en muchas modestas capillas, donde, junto al Sagrario, había sido compañera en las vigilias del Huésped divino, mientras que el mundo dormía. ¡Qué desolación, que contraste! ¿No habría, pues, esperanza para la humanidad?

 

Jesús de Belén esperanza de una era nueva

 

A la desgarradora pregunta, de si no habría esperanza para la humanidad, la Navidad llevó a Pío XII a mirar a la luz de Cristo que iluminaba la oscuridad en que se envolvía el mundo en guerra, y continuó así su mensaje:

¡Bendito sea el Señor! Una aurora de esperanza se eleva de los lúgubres gemidos del dolor, del seno mismo de la angustia desgarradora de los individuos y de los pueblos oprimidos. Una idea, una voluntad cada día más clara y firme surge en una falange, cada vez mayor, de nobles espíritus: hacer de esta guerra mundial, de este universal desbarajuste el punto de partida de una era nueva, para la renovación profunda, la reordenación total del mundo. De esta manera, mientras siguen afanándose los ejércitos en luchas homicidas, con medios de combate cada día más crueles, los hombres de gobierno, representantes responsables de las naciones, se reúnen en coloquios y en conferencias, para determinar los derechos y los deberes fundamentales sobre los que se debería reedificar una unión de los Estados, para trazar el camino hacia un porvenir mejor, más seguro, más digno de la humanidad.

¡Extraña antítesis, la coincidencia de una guerra, cuya rudeza tiende a llegar al paroxismo, con el notable progreso de las aspiraciones y de los propósitos hacia el acuerdo para una paz sólida y duradera! Sin duda ninguna que se podrá discutir el valor, la posibilidad de aplicación, la eficacia de una o de otra propuesta; bien podría quedar en suspenso el juicio sobre ellas; pero siempre será verdad que el movimiento avanza.

No se conocían todavía los resultados de las conversaciones de las naciones vencedoras, pero Pío XII aparecía optimista y expresaba la necesidad de unas bases firmes para una democracia sana. Decía eso el papa, porque las intenciones de Stalin no las reconoció al principio ni siquiera una persona tan conocedora de la política internacional como el presidente Roosevelt, y el electorado inglés daría pronto la espalda a Churchill, quien  condujo a Inglaterra a la victoria, enseñándole a luchar en medio de sangre, sudor y lágrimas, como lo repetía en sus discursos.

 

Pensamiento de Pío XII sobre la democracia

 

Pío XII en la primera parte de su mensaje de navidad expuso su pensamiento sobre la democracia, que consideraba un derecho de los ciudadanos de hacerse escuchar y previno sobre el peligro de caer en el absolutismo.

Esto dijo el papa Pío XII:

(…) los pueblos, al siniestro resplandor de la guerra que les rodea, en medio del ardoroso fuego de los hornos que les aprisionan, se han como despertado de un prolongado letargo. Ante el Estado, ante los gobernantes han adoptado una actitud nueva, interrogativa, crítica, desconfiada. Adoctrinados por una amarga experiencia se oponen con mayor ímpetu a los monopolios de un poder dictatorial, incontrolable e intangible, y exigen un sistema de gobierno, que sea más compatible con la dignidad y con la libertad de los ciudadanos.

Estas multitudes, inquietas, trastornadas por la guerra hasta las capas más profundas, están hoy día penetradas por la persuasión —al principio tal vez vaga y confusa, pero ahora ya incoercible— de que, si no hubiera faltado la posibilidad de sindicar (denunciar) y corregir la actividad de los poderes públicos, el mundo no habría sido arrastrado por el torbellino desastroso de la guerra y de que, para evitar en adelante la repetición de semejante catástrofe, es necesario crear en el pueblo mismo eficaces garantías.

Siendo tal la disposición de los ánimos, ¿hay acaso que maravillarse de que la tendencia democrática inunde los pueblos y obtenga fácilmente la aprobación y el asenso de los que aspiran a colaborar más eficazmente en los destinos de los individuos y de la sociedad?

Apenas es necesario recordar que, según las enseñanzas de la Iglesia, «no está prohibido el preferir gobiernos moderados de forma popular, salva con todo la doctrina católica acerca del origen y el ejercicio del poder público», y que «la Iglesia no reprueba ninguna de las varias formas de gobierno, con tal de que se adapten por sí mismas a procurar el bien de los ciudadanos » (León XIII Encycl. «Libertas», 20 de junio de 1888, in fin.).

De manera que Pío XII estaba seguro de que gobiernos democráticos no arrojarían a sus pueblos a los horrores de otra guerra. A continuación el Papa Pío Pío XII se refirió al ser humano que debe ser el agente, fundamento y fin de la vida social. Recordemos que la dignidad del ser humano era pensamiento central en la doctrina social de Pío XII. Estas fueron sus palabras:

Si, pues, en esta solemnidad, que conmemora al mismo tiempo la benignidad del Verbo encarnado y la dignidad del hombre (dignidad entendida no sólo bajo el aspecto personal, sino también en la vida social), Nos dirigimos nuestra atención al problema de la democracia, para examinar según qué normas debe ser regulada para que se pueda llamar una verdadera y sana democracia, acomodada a las circunstancias de la hora presente; esto indica claramente que el cuidado y la solicitud de la Iglesia se dirige no tanto a su estructura y organización exterior —que dependen de las aspiraciones propias de cada pueblo—, cuanto al hombre como tal que, lejos de ser el objeto y como elemento pasivo de la vida social, es por el contrario, y debe ser y seguir siendo, su agente, su fundamento y su fin.

Supuesto que la democracia, entendida en sentido amplio, admite diversidad de formas y puede tener lugar tanto en las monarquías como en las repúblicas, dos cuestiones se presentan a nuestro examen: 1º) ¿Qué caracteres deben distinguir a los hombres, que viven en la democracia y bajo un régimen democrático? 2º) ¿Qué caracteres deben distinguir a los hombres, que en la democracia ejercitan el poder público?

Si nos preguntamos qué opina la DSI sobre la democracia, en este mensaje de Pío XII tenemos una fuente confiable. Sobre los caracteres propios de los ciudadanos en el régimen democrático, dijo Pío XII:

Manifestar su parecer sobre los deberes y los sacrificios que se le imponen; no verse obligado a obedecer sin haber sido oído: he ahí dos derechos del ciudadano que encuentran en la democracia, como lo indica su mismo nombre, su expresión. Por la solidez, armonía y buenos frutos de este contacto entre los ciudadanos y el gobierno del Estado se puede reconocer si una democracia es verdaderamente sana y equilibrada, y cuál es su fuerza de vida y de desarrollo. Además, por lo que se refiere a la extensión y naturaleza de los sacrificios pedidos a todos los ciudadanos —en nuestra época, cuando es tan vasta y decisiva la actividad del Estado—, la forma democrática de gobierno se presenta a muchos como postulado natural impuesto por la razón misma. Pero cuando se reclama «más democracia y mejor democracia», una tal exigencia no puede tener otra significación que la de poner al ciudadano cada vez más en condición de tener opinión personal propia, y de manifestarla y hacerla valer de manera conveniente para el bien común.

No hay duda de que estos derechos del ciudadano de tener su propia opinión y de ser escuchado, se derivan de su dignidad de ser humano y de su libertad. Luego, nos explica Pío XII, la diferencia entre pueblo y masa, como consecuencia de los derechos de los ciudadanos. Oigámoslo, que es muy claro. Dijo:

De esto se deduce una primera conclusión necesaria con su consecuencia práctica. El Estado no contiene en sí ni reúne mecánicamente en determinado territorio una aglomeración amorfa de individuos. Es y debe ser en realidad la unidad orgánica y organizadora de un verdadero pueblo.

Pueblo y multitud amorfa o, como se suele decir, «masa» son dos conceptos diversos. El pueblo vive y se mueve con vida propia; la masa es por sí misma inerte, y no puede recibir movimiento sino de fuera. El pueblo vive de la plenitud de la vida de los hombres que la componen, cada uno de los cuales —en su propio puesto y a su manera— es persona consciente de sus propias responsabilidades y de sus convicciones propias. La masa, por el contrario, espera el impulso de fuera, juguete fácil en las manos de un cualquiera que explota sus instintos o impresiones, dispuesta a seguir, cada vez una, hoy esta, mañana aquella otra bandera. De la exuberancia de vida de un pueblo verdadero, la vida se difunde abundante y rica en el Estado y en todos sus órganos, infundiendo en ellos con vigor, que se renueva incesantemente, la conciencia de la propia responsabilidad, el verdadero sentimiento del bien común. De la fuerza elemental de la masa, hábilmente manejada y usada, puede también servirse el Estado: en las manos ambiciosas de uno solo o de muchos agrupados artificialmente por tendencias egoístas, puede el mismo Estado, con el apoyo de la masa reducida a no ser más que una simple máquina, imponer su arbitrio a la parte mejor del verdadero pueblo: así el interés común queda gravemente herido y por mucho tiempo, y la herida es muchas veces difícilmente curable.

Con lo dicho aparece clara otra conclusión: la masa —como Nos la acabamos de definir— es la enemiga capital de la verdadera democracia y de su ideal de libertad y de igualdad.

En un pueblo digno de tal nombre, el ciudadano siente en sí mismo la conciencia de su personalidad, de sus deberes y de sus derechos, de su libertad unida al respeto de la libertad y de la dignidad de los demás. En un pueblo digno de tal nombre, todas las desigualdades que proceden no del arbitrio sino de la naturaleza misma de las cosas, desigualdades de cultura, de bienes, de posición social —sin menoscabo, por supuesto, de la justicia y de la caridad mutua—, no son de ninguna manera obstáculo a la existencia y al predominio de un auténtico espíritu de comunidad y de fraternidad. Más aún, esas desigualdades, lejos de lesionar en manera alguna la igualdad civil, le dan su significado legítimo, es decir, que ante el Estado cada uno tiene el derecho de vivir honradamente su existencia personal, en el puesto y en las condiciones en que los designios y la disposición de la Providencia lo han colocado.

Como antítesis de este cuadro del ideal democrático de libertad y de igualdad en un pueblo gobernado por manos honestas y próvidas, ¡que espectáculo presenta un Estado democrático dejado al arbitrio de la masa! La libertad, de deber moral de la persona se transforma en pretensión tiránica de desahogar libremente los impulsos y apetitos humanos con daño de los demás. La igualdad degenera en nivelación mecánica, en uniformidad monocroma: sentimiento del verdadero honor, actividad personal, respeto de la tradición, dignidad, en una palabra, todo lo que da a la vida su valor, poco a poco se hunde y desaparece. Y únicamente sobreviven, por una parte, las victimas engañadas por la fascinación aparatosa de la democracia, fascinación que se confunde ingenuamente con el espíritu mismo de la democracia, con la libertad e igualdad, y por otra, los explotadores más o menos numerosos que han sabido, mediante la fuerza del dinero o de la organización, asegurarse sobre los demás una posición privilegiada y aun el mismo poder.

La semana entrante continuaremos con el estudio del mensaje de Pío XII en la navidad de 1944. Después de exponernos los requisitos para una sana democracia de parte de los ciudadanos, veremos los requisitos de parte de los gobernantes para que pueda existir una sana democracia.

Reflexión 286 San Juan XXIII Doctrina Social Mayo 15 2014

 

Comentario final sobre Pío XII y la DSI

 

En el programa pasado terminamos de estudiar la doctrina social expuesta por Pío XII en sus alocuciones. Seguimos el orden que propone el Compendio de la DSI desde el N° 87 en adelante con el título general LA DOCTRINA SOCIAL EN NUESTRO TIEMPO APUNTES HISTÓRICOS. Sobre Pío XII dice el Compendio en el N° 93:

Los Radiomensajes navideños de Pío XII, junto a otras de sus importantes intervenciones en materia social, profundizan la reflexión magisterial sobre un nuevo orden social, gobernado por la moral y el derecho, y centrado en la justicia y en la paz. Durante su Pontificado, Pío XII atravesó los años terribles de la Segunda Guerra Mundial y los difíciles de la reconstrucción. No publicó encíclicas sociales, sin embargo manifestó constantemente, en numerosos contextos, su preocupación por el orden internacional trastornado: «En los años de la guerra y de la posguerra el Magisterio social de Pío XII representó para muchos pueblos de todos los continentes y para millones de creyentes y no creyentes la voz de la conciencia universal, interpretada y proclamada en íntima conexión con la Palabra de Dios. Con su autoridad moral y su prestigio, Pío XII llevó la luz de la sabiduría cristiana a un número incontable de hombres de toda categoría y nivel social».

Cita a continuación el Compendio lo que dijo la Congregación para la Educación Católica, en sus orientaciones para el estudio y enseñanza de la doctrina social de la Iglesia en la formación de los sacerdotes, en el N° 22. Estas son sus palabras:

Una de las características de las intervenciones de Pío XII es el relieve dado a la relación entre moral y derecho. El Papa insiste en la noción de derecho natural, como alma del ordenamiento que debe instaurarse en el plano nacional e internacional. Otro aspecto importante de la enseñanza de Pío XII es su atención a las agrupaciones profesionales y empresariales, llamadas a participar de modo especial en la consecución del bien común: «Por su sensibilidad e inteligencia para captar “los signos de los tiempos”, Pío XII puede ser considerado como el precursor inmediato del Concilio Vaticano II y de la enseñanza social de los Papas que le han sucedido».

 

La Doctrina Social en San Juan XXIII

 

Como introducción a la doctrina social expuesta por el sucesor de Pío XII el Compendio de la DSI desde el N° 94 dice:

Los años Sesenta abren horizontes prometedores: la recuperación después de las devastaciones de la guerra, el inicio de la descolonización, las primeras tímidas señales de un deshielo en las relaciones entre los dos bloques, americano y soviético. En este clima, el beato Juan XXIII lee con profundidad los «signos de los tiempos». La cuestión social se está universalizando y afecta a todos los países: junto a la cuestión obrera y la revolución industrial, se delinean los problemas de la agricultura, de las áreas en vías de desarrollo, del incremento demográfico y los relacionados con la necesidad de una cooperación económica mundial. Las desigualdades, advertidas precedentemente al interno de las Naciones, aparecen ahora en el plano internacional y manifiestan cada vez con mayor claridad la situación dramática en que se encuentra el Tercer Mundo.

Juan XXIII, en la encíclica « Mater et magistra», «trata de actualizar los documentos ya conocidos y dar un nuevo paso adelante en el proceso de compromiso de toda la comunidad cristiana». Las palabras clave de la encíclica son comunidad y socialización: la Iglesia está llamada a colaborar con todos los hombres en la verdad, en la justicia y en el amor, para construir una auténtica comunión. Por esta vía, el crecimiento económico no se limitará a satisfacer las necesidades de los hombres, sino que podrá promover también su dignidad.

 

La elección de Juan XXIII

 

La elección de Juan XXIII como sucesor de la gran figura internacional de Pío XII fue, a los ojos humanos, una sorpresa. El pontificado de Pío XII fue largo; desde el 2 de marzo de 1939 hasta el 9 de octubre de 1958, es decir casi 20 años. Cuando fue elegido papa Pío XII, tenía 63 años. Falleció pues, a los 83. Juan XXIII fue elegido el 28 de octubre de 1958,  veinte días después del fallecimiento de Pío XII. Tenía Juan XXIII casi 77 años. Esa edad que hoy nos parece normal por la edad a la que fueron elegidos Benedicto VI, a los 78 años y el papa Francisco a los 77, cuando fue elegido San Juan XXIII, era para los ojos humanos, por lo menos inusual; por eso se comentó entonces que se había elegido un papa de transición, como quien dice, para pasar el momento. A los ojos de Dios que dirige a la Iglesia, Juan XXIII llegaba a gobernar a su pueblo, el de Dios, trayendo un aire fresco de renovación, de puesta al día la Iglesia en el mundo moderno. Su gran obra sería el Concilio Vaticano II.

Dos grandes encíclicas: Mater et magistra (Madre y maestra) y Pacen in terris (Paz en la tierra), marcan su indeleble contribución a la DSI. Vamos a estudiar primero la encíclica Mater et magistra y luego seguiremos con Pacem in terris que nos señala el camino para la construcción de la paz mundial.

Claro está que la contribución de San Juan XXIII a la DSI no es solo la que se encuentra en esas dos encíclicas; debemos tener muy en cuenta lo que significó el Concilio Vaticano II convocado por el papa Juan y que aclaró la posición de la Iglesia frente a la sociedad en el mundo moderno. La Iglesia llega en el Concilio a una manera remozada de comprender su papel en la sociedad, por lo tanto de entender también la DSI, que no es otra cosa la doctrina cristiana acerca de la sociedad. Como es natural, más adelante tendremos que detenernos en la constitución Gaudium et spes, Gozo y esperanza, ya en tiempo de Pablo VI. Nos espera pues un largo camino lleno de gozo y esperanza.

 

Mater et magistra, Madre y maestra

 

Empecemos por Mater et magistra.  La ocasión para esta encíclica se presentó en la conmemoración del septuagésimo aniversario de la Rerum novarum. Juan XXIII no se limitará a conmemorar ese importante acontecimiento sino a enfrentar con espíritu joven los problemas sociales de la época, nuevos si se comparan con los las injusticias de la revolución industrial, a las cuales en su momento enfrentó León XIII.

Si por transición se entiende paso, puente, puede ser una manera de entender esta encíclica, como un documento doctrinal que hace de puente para que comprendamos la DSI ante los problemas de la sociedad moderna, doctrina que abordará y presentará fortalecida el Concilio Vaticano II. La DSI detecta problemas nuevos, como las desigualdades que se agudizan una vez superadas las consecuencias de la guerra. La política internacional adquiere una nueva dirección, como se verá en Pacem in terris y Mater et  magistra que son la comprensión de un mundo que es ahora más optimista.

Es importante entonces, comprender el contexto histórico. Con Juan XXIII estamos en 1961. Setenta años antes, cuando León XIII escribió la Rerum novarum, la situación era distinta. Esa encíclica fue firmada por León XIII el 15 de mayo de 1891.

La industria no tuvo su época de consolidación y desarrollo sin traumas. Los trabajadores tuvieron que empezar la lucha por sus derechos fundamentales: las injusticias contra las mujeres y los niños en las minas de carbón y en las hilanderías empiezan a tener algunas correcciones de gobiernos como el de Inglaterra que en 1874 introdujo la semana laboral de 56 horas y media (por lo menos ponía un límite), Francia, ese mismo año prohibió el trabajo subterráneo de las mujeres y el trabajo de los niños y los sindicatos empezaronn a organizarse para defender a los trabajadores.

La situación de injusticia en la revolución industrial no se corrigió inmediatamente; por eso León XIII en 1891 presentó la Rerum novarum, sobre la situación de los trabajadores. Por cierto en estos días está presentando el canal de TV internacional F&A (Film and arts), una serie sobre el Titanic. Se titula Titanic sangre y acero. Nos muestra la serie, el contexto de esa construcción en Belfast, Irlanda del Norte, donde se discriminaba a los católicos en el astillero y en la siderúrgica que les producía el acero. No se permitía a los católicos acceder a cargos directivos y a los trabajadores rasos, católicos, los trataban mal. Es una serie interesante para comprender la lucha de los trabajadores por sus derechos, hace 100 años.

Contexto histórico

 

Era otra la época cuando Juan XXIII presentó la Mater et magistra, Madre y maestra. El nuevo papa, de origen campesino, vive en un mundo moderno, la bomba atómica había horrorizado con la destrucción de Nagasaki y de Hiroshima en agosto de 1945. Ya otros países tenían esas horribles armas nucleares: la Unión Soviética desde 1949, Inglaterra desde 1952. Los EE.UU. probaron la primera bomba de hidrógeno también el año 1952 y al año siguiente la Unión Soviética y la seguiría Inglaterra. En 1960 Francia se unía a esas naciones atómicas.

El invento de los cohetes comenzó la era aeroespacial: en 1957, el Sputnik ruso vuela fuera del espacio terrestre, en 1958 el  Explorer I norteamericano. Estábamos en la carrera aeroespacial. El mismo año de la Mater et magistra, es decir 1961, el cosmonauta soviético Yuri Gagarin hizo el primer vuelo espacial humano.

En esa época los pueblos de Asia y África que habían sido sometidos como colonias por los países europeos comienzan la lucha por su independencia. La Organización de las Naciones Unidas fundada en 1945 por 51 países a alcanzado ya en el pontificado de Juan XXIII, 110 miembros.

En toda esa situación que algunos calificaban como llena de esperanza y de temor por una guerra nuclear, al mismo tiempo se podía observar que la distancia entre ricos y pobres dividía y aún divide en el siglo XXI, a los pueblos desarrollados y a los llamados subdesarrollados; o para hacer menos denigrante el calificativo, en países en vías de desarrollo. Esa situación solo presentada en gráficas, en cifras, no llega tanto al corazón, pero cuando se considera que eso significa centenares de millones de personas con hambre, sin empleo, con enfermedades no atendidas o a las que llega una medicina insuficiente, se nos sacude el alma. A esa sociedad, Juan XXIII le llama la atención con su encíclica Madre y maestra sobre la cuestión social a la luz de la DSI.

Veremos las antiguas ideas expuestas ya, reforzadas por la palabra de Juan XXIII, por ejemplo el ser humano y no el Estado, como centro de la vida social; el principio de subsidiaridad, el derecho de propiedad y al mismo tiempo la subordinación del bien privado al bien común. 

Juan XXIII presentó también ideas nuevas: el concepto de bien común no solo aplicado en el contexto interno de los países sino aplicado a las relaciones internacionales; la consideración de la justicia con las países menos desarrollados, la descripción de la existencia de un colonialismo disfrazado y las primeras alusiones a la regulación moral del crecimiento demográfico.

La reacción del mundo secular con la encíclica Madre y maestra fue de asombro y la recibieron, unos con agradecimiento y otros con recelo. La prensa rusa interpretó la encíclica como un intento de la Iglesia de recuperar a los pobres que según el mundo comunista, antes había abandonado, por otra parte, el capitalismo callaba. Los obispos de África escribieron una declaración de agradecimiento al santo padre.

Una de las lecciones que parecía haber aprendido el mundo occidental fue que las dictaduras no eran convenientes. Las experiencias de Alemania y de Italia con los gobiernos de Hitler y de Mussolini fueron que las soluciones totalitarias se vuelven contra los pueblos que permiten que se implanten, o que las toleran. Sin embargo no es la misma reacción la que se produce en los países que pasaron a depender de la Unión Soviética. Solo más tarde se liberarían del yugo comunista los países que quedaron detrás de la cortina de hierro.

El mundo democrático occidental se prestó más para el desarrollo económico que fue manifiesto en la recuperación de Alemania y demás países europeos donde se generó un mayor crecimiento económico. Esa situación significó mayor bienestar social: los bienes de consumo de que se había tenido que privar la población durante la guerra empezaron estar al alcance de mayores segmentos de la población.

El crecimiento económico apoyado por los poderes públicos dio nacimiento al llamado Estado de bienestar, en el cual el Estado contribuyó económicamente a la satisfacción de las necesidades de sus ciudadanos, especialmente en salud y educación. Al mismo tiempo los Estados crearon sistemas tributarios potentes que les permitían recaudar los fondos necesarios para los gastos sociales y al mismo tiempo esa imposición tenía cierta función redistributiva para corregir la tendencia poco equitativa de los ingresos de la población.

En los Estados dominados por el comunismo la consolidación de la economía fue de acuerdo con su filosofía: su esfuerzo no se orientó a facilitar el acceso de la población a los bienes de consumo cuya producción controlaba, sino a una planificación centralizada que buscaba la satisfacción de las necesidades básicas de la población. Se supone que en esa filosofía todos pueden llegar a cubrir sus necesidades básicas y ningún ciudadano podrá alcanzar un nivel de consumo mayor que los demás. La experiencia mostró con el tiempo que esa idea era solo teórica, que los jefes sí tenían acceso a bienes que los demás no podían obtener y que no solo que la política de la igualdad era para los de abajo, sino que los demás, según sus habilidades podían prosperar unos más que otros.

El manejo de la economía en los países comunistas los obligaba a dirigir de manera centralizada la producción, a canalizar los recursos, que siempre eran públicos, a determinados sectores y a fijar artificialmente los precios. Es lo que seguimos oyendo que sucede en Cuba y ahora tratan de hacerlo en Venezuela.

Los países de Asia y África

 

A esta ola de nuevo desarrollo de la economía querían acceder también los países de América Latina y los cerca de 40 países de África y Asia que habían conseguido su independencia. Esto significó sumar 800 millones de personas que aspiraban alcanzar los niveles de bienestar de que parecían gozar los demás países.

A esta evolución del mundo hay que sumar los pasos de progreso material que se empezaron a manifestar en la Unión Soviética y los primeros pasos de la revolución china bajo el mando de Mao. Los nuevos países independientes no solo se sintieron libres, con una dignidad igual a la de los países que los habían colonizado, sino que empezaron por esa razón a defender su derecho a ser tratados de manera igualitaria, formando un frente común.

En 1955 se reunió la Conferencia Afroasiática de Bandung, Indonesia, que reunió a 24 países  de esos dos continentes. Firmaron un acuerdo sobre la dignidad de los pueblos coloniales y su igualdad con los países ricos. Ese acuerdo tuvo como base los cinco principios de Nehru, el líder indio: respeto a la soberanía, no agresión, no interferencia en asuntos internos, igualdad y beneficio mutuo y coexistencia pacífica.

Teniendo ya claro el contexto histórico en que comenzó San Juan XXIII su pontificado, en el próximo programa, Dios mediante, seguiremos con el enfoque general y el contenido de la encíclica Mater et magistra, Madre y maestra.

Reflexión 285 Pío XII Doctrina Social Mayo 8 2014

Pío XII pensaba en la posguerra

 

Hemos venido estudiando la DSI en las enseñanzas del papa Pío XII. En el programa pasado continuamos el estudio de la alocución de Pío XII en la Navidad de 1944.  Pío XII en su discurso pensaba ya en la posguerra, época en la que habría que reconstruir gran parte de Europa y no solo en lo material sino también en  su organización política. El absolutismo reinante en países como Alemania e Italia, gobernada por esos personajes Hitler y Mussolini había llevado al mundo a una catástrofe, a millones de muertos, a sacrificios como el holocausto del pueblo judío, a  ciudades, pueblos y vías de comunicación destruidas por los bombardeos. Políticamente, los límites de algunos de los países se moverían, países como Yugoeslavia volvería a descomponerse en diversos estados de acuerdo con sus orígenes étnicos y religiosos, Checoselovaquia se convertiría en dos naciones, la República Checa y Eslovaquia. En la Unión Soviética, terminada la guerra seguiría mandando el absolutismo de Stalin que pretendió extender el comunismo por el mundo.. Todos esos movimientos necesitarían un organismo multinacional que interviniera para evitar los conflictos.

 

La democracia garantía de paz

 

Para Pío XII una democracia sana era una garantía para la construcción de la paz y por eso expuso en su alocución de Navidad lo que consideró las bases de la democracia. En lo que toca a los ciudadanos, las bases de la democracia consisten en su derecho a manifestar su parecer sobre los deberes y sacrificios que se le imponen. Una democracia sana y equilibrada, dijo Pío XII, se reconoce en la solidez y armonía entre los ciudadanos y el gobierno.

Otro aporte muy interesante de Pío XII a la idea de democracia en su discurso de la Navidad de 1944 fue su explicación de la diferencia entre pueblo y masa. La masa es según Pío XII, una aglomeración amorfa de individuos que no tiene vida propia y que puede ser juguete fácil en manos de cualquiera que explote sus instintos. La masa por eso cambia de bando, dependiendo de la habilidad de quien la maneje. En cambio el pueblo es consciente de sus propias responsabilidades, tiene sus propias convicciones y por eso no sería fácilmente manejable por cualquier hábil político capaz de explotar sus sentimientos y pasiones. En el pueblo digno de tal nombre, dijo Pío XII,  el ciudadano siente en sí mismo la conciencia de su personalidad, de sus deberes y de sus derechos, de su libertad unida al respeto de la libertad y de la dignidad de los demás.

Necesidad de una autoridad y la DSI y la política

 

Pío XII también afirmó la necesidad de la autoridad, de una autoridad verdadera y efectiva, sin la cual la sociedad no podría existir ni vivir, y nos recordó el origen de la autoridad legítima que es Dios, como ya nos lo había enseñado el papa León XIII. Este papa, en la encíclica Immortale Dei sobre la constitución cristiana del estado,  presenta las dos concepciones del estado: la cristiana y la que estaba en boga y se imponía en su tiempo, y que llamaban un “derecho nuevo”, porque presentaba una concepción nueva del estado. Esa nueva idea sobre el estado presentaba un obstáculo serio a la labor de la Iglesia en el mundo, porque le atribuía un papel muy limitante para la evangelización, que es su razón de existir.

Este es un asunto que tiene que ver con la DSI, porque se trata de la organización de la sociedad influida fuertemente por la idea que se tenga de lo que es el estado y de las funciones que le corresponden. Por eso se trata sobre la política, en la DSI.

La concepción del estado, que se abrió camino especialmente desde la revolución francesa, y se conocía con el nombre de “derecho nuevo”, tenía como fundamento la filosofía de la libertad absoluta que no aceptaba ninguna autoridad que la reglamentara fuera de su propia razón. Es la libertad que defendía el liberalismo radical y que todavía profesan los que se presentan como liberales radicales. Hoy existen diferentes matices de liberalismo y más que en la completa autonomía del ser humano que defendía el radicalismo, se diferencian de otros por sus ideas en el manejo de la economía.

Como ya vimos, en las consecuencias prácticas de la concepción del estado que desde el siglo XIX llaman el estado liberal, se aprecian diferencias con la doctrina católica, desde la comprensión misma de la comunidad formada por seres humanos, porque según la doctrina católica, estamos ordenados naturalmente a asociarnos con nuestros semejantes. Las razones nos las da León XIII con estas palabras en el N° 2 de Immortale Dei:

El hombre no puede procurarse en la soledad todo aquello que la necesidad y la utilidad de la vida corporal exigen, como tampoco lo conducente a la perfección de su espíritu. Por esto la providencia de Dios ha dispuesto que el hombre nazca inclinado a la unión y asociación con sus semejantes, tanto doméstica como civil, la cual es la única que puede proporcionarle la perfecta suficiencia para la vida.

Pío XII siguió el desarrollo de esta doctrina con la explicación de por qué la autoridad es necesaria, con estas palabras en la alocución de Navidad de 1944: si los hombres, valiéndose de su libertad personal, negasen toda dependencia de una autoridad superior provista del derecho de coacción, por el mismo hecho socavarían el fundamento de su propia dignidad y libertad, o lo que es lo mismo, aquel orden absoluto de los seres y de los fines.

Pío XII nos explicó la necesidad de la autoridad. Una sociedad organizada, no anárquica, necesita la guía de una autoridad legítima. La sociedad tiene como fundamento la dignidad de todas las personas que la conforman, pues fueron creadas a imagen de Dios. La autoridad viene de Dios quien la delega para que esa autoridad dirija una comunidad moral como la quiere el Creador de la persona humana.

Es muy importante que tengamos ideas claras sobre lo que es la política, como una labor de ordenar a la sociedad según los planes, los designios de Dios.

 

Católicos y las elecciones

 

Este mes de mayo vamos a elecciones presidenciales. Para decidir por quién votar, preguntemos a los candidatos su opinión sobre temas muy importantes  a favor o en contra de una sociedad como Dios la quiere: qué piensan ellos sobre la familia, constituida en el matrimonio de un hombre y una mujer, como aparece desde el primer capítulo de la Biblia. Cómo defenderían los candidatos la vida, bien sea de los niños todavía en el vientre de sus madres, de los enfermos o ancianos a quienes se pretende aplicar la eutanasia o ante la violencia y el asesinato que se practica todos los días en el campo y las ciudades.

Repitamos las palabras de Pío XII que leímos en el programa pasado:

Únicamente la clara inteligencia de los fines señalados por Dios a todas las sociedades humanas, unida al sentimiento profundo de los deberes sublimes de la labor social, puede poner a los que se les ha confiado el poder, en condición de cumplir sus propias obligaciones de orden legislativo, judicial o ejecutivo, con aquella conciencia de la propia responsabilidad, con aquella generosidad, con aquella incorruptibilidad, sin las que un gobierno democrático difícilmente lograría obtener el respeto, la confianza y la adhesión de la parte mejor del pueblo.

Vimos también en el programa anterior lo que nos enseña Pío XII sobre cuáles deberían ser las cualidades de los políticos a quienes elegimos en las democracias para que nos gobiernen. Recordemos sus palabras en la misma alocución del 24 de diciembre de 1944:

Una selección de hombres no limitada a una profesión o a una condición determinada, sino imagen de la múltiple vida de todo el pueblo. Una selección de hombres de sólidas convicciones cristianas, de juicio justo y seguro, de sentido práctico y ecuánime, coherente consigo mismo en todas las circunstancias; hombres de doctrina clara y sana, de designios firmes y rectilíneos; hombres, sobre todo, capaces, en virtud de la autoridad que emana de su conciencia pura y ampliamente se irradia y se extiende en su derredor, de ser guías y dirigentes, sobre todo en tiempos en que urgentes necesidades sobreexcitan la impresionabilidad del pueblo, y lo hacen propenso a la desorientación y extravío; hombres que en los periodos de transición, atormentados generalmente y lacerados por las pasiones, por opiniones divergentes y por opuestos programas, se sienten doblemente obligados a hacer circular por las venas del pueblo y del Estado, quemadas por mil fiebres, el antídoto espiritual de las visiones claras, de la bondad solícita, de la justicia que favorece a todos igualmente, y la tendencia de la voluntad hacia la unión y la concordia nacional en un espíritu de sincera fraternidad.

 

Necesidad de una organización internacional

 

Recordamos también en el programa anterior a qué se refirió Pío XII cuando expuso la necesidad de una organización internacional  a través de la cual las naciones puedan resolver sus disputas por medios pacíficos y evitar así una nueva guerra. Comentamos que la ONU reemplazó a la fracasada Sociedad de las naciones, pero que sus frutos tampoco han sido lo que se esperaba de ella. Conflictos como los actuales de Siria, y de Ucrania pasan por el Consejo de Seguridad de la ONU y allí se hunden en su ineficacia. El Secretario de Estado del Vaticano calificó a la ONU de un organismo meritorio pero que es necesaria una reforma para que sea una organización “fuerte pero democrática”, que no concentre “su poder en manos de unos pocos países” y mantenga “la paz en el mundo”.

El P. Ildefonso Camacho en su comentario de la alocución del la Navidad de 1944, que aparece en el libro que he citado varias veces y cuyo título es Doctrina social de la Iglesia, una aproximación histórica, dice que aunque estrictamente solo se podría hablar de régimen democrático en el ámbito  individual de los estados, Pío XII lo extiende al ámbito internacional y lo basa en la igualdad de todos los hombres y en la unidad del género humano; como esa igualdad es el fundamento de la democracia en la política de cada país, debe inspirar también a una organización internacional como es la ONU; sin embrago no se practica la doctrina de Pío XII en la actualidad.

En la ONU, el veto de los países más poderosos, sigue definiendo la acción o inacción de esa organización. Eso en la práctica significa que si a los Estados Unidos, a Rusia o a China no les conviene políticamente una posición firme frente a la agresión de alguno de sus aliados, la ONU se cruza de brazos o se limita a una amonestación que se convierte en palabras que se lleva el viento.

Estas fueron las palabras de Pío XII, que explican claramente su propuesta de la una organización mundial:

…la autoridad de una tal sociedad de los pueblos tendrá que ser verdadera y efectiva sobre los Estados que son miembros de ella, pero de modo que cada uno de ellos conserve igual derecho a su relativa soberanía. Únicamente así el espíritu de sana democracia podrá también entrar en el vasto y escabroso campo de la política exterior.

Y claro, una organización así solo es posible con el consentimiento de todos sus miembros y su principal función deberá ser el mantenimiento de la paz y deberá intervenir para frenar cualquier amenaza de agresión. Pío XII deseaba una organización internacional dedicada a evitar la guerra y por eso, una de sus tareas primordiales debería ser resolver los conflictos entre los pueblos que estarían comprometidos a reconocer su autoridad.

La guerra de agresión

 

La iglesia rechaza la guerra de agresión como la manera de resolver los conflictos. Esta doctrina guió a Juan Pablo II cuando expuso claramente su oposición a la guerra desatada en Irak por los EE.UU. Pío XII había expuesto así esta doctrina:

Nadie podría saludar con mayor gozo esta evolución que quien desde hace largo tiempo ha defendido el principio de que la teoría de la guerra como medio apto y proporcionado para resolver los conflictos internacionales está ya sobrepasada.

La doctrina de Pío XII sobre la guerra justa llamaba a la reflexión. Sería muy interesante leer también el discurso de Pío XII con ocasión de la Navidad de 1954, en plena guerra fría. En ese mensaje tocó temas tan interesantes como la paz y las armas nucleares y el control de los armamentos, además de otros temas de interés de todos los países. Creo que ya es suficiente lo que hemos visto para comprender la orientación que dio Pío XII a la DSI en cuanto se refiere a la política internacional y debemos pasar a la doctrina del sucesor de Pío XII, San Juan XXIII, con quien seguiremos en el próximo programa.

 

Un breve resumen de la alocución de Navidad de 1944

 

Hagamos un breve resumen de la trascendental alocución de Pío XII en la Navidad de 1944, quien al ver próximo el fin de la guerra, exponía la doctrina social católica sobre la paz, la política nacional e internacional.

Pío XII expone en esa alocución las razones para preferir la democracia frente al absolutismo. En esos criterios es claro que el papel del ciudadano está fundado en su dignidad y que por eso cada persona tiene derecho a que lo oigan y que pueda opinar sobre los deberes que se le exigen y los derechos que se le reconocen.

En cuanto a los gobernantes, se confirma la doctrina expuesta por León XIII sobre el fundamento de la autoridad, que es la autoridad de Dios que la delega en ellos para que hagan realidad los planes divinos con la sociedad. De ahí que cuando vamos a elegir a los que van a conducir a nuestra sociedad, nos debamos preguntar si esas personas son idóneas para ese cometido o si se apartan de los designios de Dios sobre temas tan importantes como la defensa de la vida, la justicia, la paz y la familia.

Pío XII extiende las bondades de la democracia también a la política internacional con la idea de   que esos sistemas de gobierno, los democráticos, dan garantías para la paz. Se fundamenta el derecho a la democracia también en la política internacional, en la unidad del género humano. El espíritu democrático, si reina en los países independientes, se debe extender a las relaciones entre las naciones.

Expone Pío XII la necesidad de un organismo que reemplace a la fracasada Sociedad de las naciones, un organismo internacional que debe prevenir nuevas guerras, procurando que los conflictos entre los países se resuelvan pacíficamente con su mediación. Una organización reconocida por todos y por eso con autoridad para dirimir eficazmente los conflictos entre países.

Desde el próximo programa entraremos a estudiar la Doctrina Social con los importantes aportes del papa San Juan XXIII y el Concilio Vaticano II.

Ha escuchado usted el programa de los domingos, llamado ¿Si vale la pena creer? Programa para creyentes y no creyentes. Como la duración de ese programa es de 25 minutos, en él no hay tiempo para abrir micrófonos a los oyentes. Les recuerdo que los 11 programas de la serie ¿Si vale la pena creer?, además del domingo a las 9:35 a.m. por Radio María, lo pueden escuchar a cualquier hora, cualquier día, en el blog www.reflexionesdsi.org