Reflexión 291 San Juan XXIII Doctrina Social Julio 3 2014

 

Juan XXIII convoca el Vaticano II

 

Continuamos el estudio de la segunda parte de la encíclica Mater et magistra, Madre y maestra, del papa San Juan XXIII.

Es conveniente aclarar que al Papa San Juan XXIII debemos que haya convocado el Concilio Vaticano II; que este concilio nos dejó documentos muy importantes; entre otros la constitución dogmática Lumen gentium, Luz de los pueblos, sobre la Iglesia, que continuó un tema muy importante como era la identidad de la Iglesia que no había alcanzado a concluir el anterior concilio ecuménico, el Concilio Vaticano I. El concilio el Vaticano I fue convocado por el Papa Pío IX en 1869 y sesionó hasta septiembre de 1870, cuando debió interrumpirse por la toma de Roma por las tropas de Garibaldi, el 20 de septiembre. Ese concilio afrontó temas fundamentales de la fe y constitución de la Iglesia, precisó la potestad del Romano Pontífice en la Iglesia y definió su infalibilidad cuando el obispo de Roma, el papa, habla “ex cathedra”.

El Vaticano II retomó el tema de la Iglesia, y la constitución dogmática Lumen gentium, Luz de los pueblos, en palabras del papa Pablo VI, ilustró y proclamó la doctrina sobre el misterio de la Iglesia. De ese trabajo del concilio el papa dijo que esperaba una feliz repercusión en el corazón, ante todo, de los católicos. Así lo expresó Pablo VI en el solemne discurso de la sesión de clausura de la tercera etapa del Vaticano II. No me detengo en esta constitución porque este programa se dedica específicamente a la doctrina social de la Iglesia, pero los invito a estudiarla. Entre nosotros los católicos hay un deficiente conocimiento de la doctrina sobre la Iglesia. Les recomiendo leer la constitución, que consideran los expertos la más importante constitución emanada del Concilio Vaticano II, lo mismo que el libro que lleva por título La Iglesia del Concilio. Uno de los autores es el cardenal jesuita Jean Danielou, quien fue perito del concilio y más tarde elevado al cardenalato por Pablo VI. Es posible que este libro no lo consigan en las librerías, pero sí lo pueden consultar en las buenas bibliotecas.

De cuál fue la intención al escribir esa obra, dicen sus autores en el prólogo: La intención de nuestro comentario, ceñido estrictamente a la Constitución, ha sido explicar autorizadamente, con base en la documentación auténtica, el sentido y el contenido de cada número y aun de cada párrafo del texto; pero además proponer, aunque a veces brevemente, las razones teológicas de las doctrinas conciliares y la problemática que encierran. En particulares momentos añadimos la razón de los cambios que ha sufrido el texto. Será fácil ver la enorme derivación pastoral que está reservada a esta Constitución dogmática.

Para los laicos es especialmente importante el capítulo cuarto de la constitución dogmática Luz de los pueblos, Lumen gentium, que les dedica el concilio: qué se entiende por laico, su dignidad, participación en el sacerdocio de Jesucristo, en el oficio profético de Cristo, en el oficio regio de Cristo, en el apostolado profesional, influjo en las estructuras temporales, autonomía de la sociedad civil pero no laicismo, relaciones con la jerarquía, derechos de los laicos, los seglares en el mundo.

Desde el punto de vista de la DSI, la constitución pastoral Gaudium et spes, Gozo y esperanza, sobre la Iglesia en el mundo moderno es el documento que debemos estudiar en este programa. Ya lo hemos hecho pero lo volveremos hacer en su momento; ahora, sin embargo, estudiamos la encíclica Mater et magistra, Madre y maestra, que no es un documento del Concilio Vaticano II sino anterior a él. Es un documento del papa Juan XXIII quien lo escribió antes de convocar el concilio.

Esta encíclica Mater et magistra fue promulgada el 15 de mayo de 1961; Juan XXIII anunció su propósito de convocar el concilio, el 25 de enero de 1959; se preparó esta magna asamblea el año siguiente, se convocó el concilio por la constitución apostólica Humanae salutis, que comienza en español con las palabras El reparador de la salvación humana, Jesucristo, y fue firmada por el papa el 25 de diciembre de 1961. La ceremonia solemne de apertura del concilio se celebró el 11 de octubre de 1962.

El mundo después de la segunda guerra mundial

 

Volviendo a la Mater et magistra, veíamos que, terminada la guerra y gracias a los planes especiales desarrollados para la reconstrucción de Europa, el mundo industrializado volvió a gozar de una época de prosperidad. La industria dejó de tener como actividad principal la de producir armas y regresó a su actividad normal de producir bienes de consumo, vestuario, vehículos y la agricultura tuvo aportes por la nueva maquinaria y los desarrollos de la química.

Esa prosperidad se produjo sobre todo en los países industrializados; a los llamados países en vías de desarrollo, que habían sufrido también retrasos por causas de la guerra, la prosperidad le llegó en menor grado. En el mundo reinaba la sensación de que el bienestar les llegaba a todos, porque de ella gozaban los grandes; a los países pequeños, atrevámonos a decir que les llegaban migajas…

Juan XXIII conocía muy bien la situación del mundo y en particular de Europa. El vivió muy de cerca la guerra, no solo como italiano sino como funcionario internacional del papa Pío XII. Fue delegado apostólico en Bulgaria, en Turquía y la guerra lo sorprendió desempeñando esas funciones diplomáticas en Grecia. En este último país ayudó a muchos judíos a escapar de la persecución nazi, otorgándoles visas. El 6 de diciembre de 1944, en un momento muy delicado que exigía una especial habilidad diplomática, el Papa Pío XII lo nombró Nuncio apostólico en Francia, a donde llegó el 1 de enero de 1945. En enero de 1953 el Nuncio en París, cuando contaba ya 71 años, fue nombrado por el Papa Pío XII Cardenal y Patriarca de Venecia, ministerio pastoral que ejercía cuando fue elegido papa.

Mater et magistra e intervención del estado para regular la economía

 

Juan XXIII, como veíamos ya, en Mater et magistra, Madre y maestra, pone énfasis en la necesidad de que el estado, el poder público, intervenga en un sentido muy amplio en la economía, sin invadir campos ajenos. Recordemos que según la doctrina económica liberal, al sector privado hay que dejarlo actuar, que él sabrá regularse para no fallarle al mercado. Recordemos una vez más que en la práctica ese buen deseo ha resultado fallido; las empresas se dejan llevar de la ambición, de la codicia, cuando el poder público les deja las manos completamente libres. Esa experiencia negativa fue clara en la crisis económica y financiera mundial y aquí lo sufrimos también hoy con la codicia del sector financiero manifiesta en los excesivos intereses y cobros por sus servicios.

Mater et magistra se apoya en la realidad para esas afirmaciones, cuando entre las funciones que atribuye al estado señala la de ordenar la iniciativa privada. Ordenarla en el sentido de llamarla al orden, de regularla. También entre los papeles que debe desempeñar el estado señala Juan XXIII el de actuar eficazmente en la reducción de los desniveles entre regiones. Aquí en Colombia no vemos que los gobiernos hayan sido ni sea el actual muy eficaz, en la reducción de los desniveles entre las regiones de nuestro país. Hace mucho tiempo que, por ejemplo, el desnivel en desarrollo entre las regiones del pacífico y del centro debería haber desaparecido. Por nombrar solo una región olvidada. Sabemos que no es la única, pero sí la más mencionada. Basta viajar por nuestras subdesarrolladas vías de comunicación para demostrar la verdad de esta afirmación.

El estado tiene que estar atento para controlar las fluctuaciones de la actividad económica. Vemos ahora que en nuestro país las exportaciones han decrecido; no somos competitivos y se llenan nuestros comercios de productos importados. No crece ahora la agricultura, no crece la industria. Sin embargo las estadísticas oficiales nos hablan de crecimiento del empleo, Y, ¿dónde crece? En la construcción y en el comercio. ¿Cómo es la calidad de esos empleos? En el comercio muchos trabajos de medio tiempo, y de salarios bajos, como los que desempeñan los empacadores en los supermercados.

Ahora llaman nuevos puestos de trabajo a los que por no conseguir empleo los llaman independientes porque se dedican a trabajar por cuenta propia, sin remuneración, en lo que su creatividad les abre alguna posibilidad. Así las cifras de desempleo se reducen… ¿Contarán entre esos trabajadores por cuenta propia a los hábiles maromeros de los semáforos? En Mater et magistra no se pide al estado que coarte la libre iniciativa sino, que garantice su expansión; pero no creo que se refiera a patrocinar iniciativas de oficios menores que se emprenden por la necesidad de no pasar hambre. Claro, es lo mínimo que el ser humano puede hacer y debe hacerlo: emprender alguna actividad. No hay trabajo indigno mientras sea moral.

 

Equilibrio entre la iniciativa privada y la intervención del estado

 

57. La experiencia diaria, prueba (…), que cuando falta la actividad de la iniciativa particular surge la tiranía política. No sólo esto. Se produce, además, un estancamiento general en determinados campos de la economía, echándose de menos, en consecuencia, muchos bienes de consumo y múltiples servicios que se refieren no sólo a las necesidades materiales, sino también, y principalmente, a las exigencias del espíritu; bienes y servicios cuya obtención ejercita y estimula de modo extraordinario la capacidad creadora del individuo.

Pero cuando en la economía falta totalmente, o es defectuosa, la debida intervención del Estado, los pueblos caen inmediatamente en desórdenes irreparables y surgen al punto los abusos del débil por parte del fuerte moralmente despreocupado. Raza esta de hombres que, por desgracia, arraiga en todas las tierras y en todos los tiempos, como la cizaña entre el trigo.

Algunas personas hubieran querido más énfasis del papa en su condena del comunismo, que la mención de la tiranía política que surge cuando falta la iniciativa particular. Otros hubieran querido mayor énfasis en la condena del liberalismo económico que la mención de los desórdenes irreparables y los abusos del fuerte contra el débil, cuando la economía falla y no interviene el estado. San Juan XXIII, el llamado Papa Bueno, no era de permanentes condenas, pero su doctrina era clara. El papa no veía la necesidad de emplear tiempo en polémicas, sino que le parecía más útil presentar la doctrina de manera clara y positiva.

San Juan XXIII en su encíclica Madre y maestra, Mater et magistra, presenta claramente que la mejor opción para el desarrollo de una economía sana, es una economía mixta, en la cual no prevalezca ni el capitalismo salvaje ni el comunismo totalitario.

Lo que pasa cuando el estado interviene demasiado y se limita la actividad particular la vemos en los pocos países comunistas que quedan. En la prensa del miércoles 2 de junio (2014) hay una pequeña muestra de lo que pasa en Cuba. Después de 50 años de gobierno marxista, han resuelto abrir algo la economía: los particulares tienen autorización ahora para comprar automóviles. ¿El resultado?: solo han vendido 6 carros en seis meses. El precio es tan alto que un cubano, para comprar un carro nuevo tendría que ahorrar durante mil años y 300 años para comprar uno usado. Antes de la nueva autorización solo permitían comprar un carro a los médicos, músicos u otros profesionales que justificaran ingresos legales en divisas, obtenidos en el extranjero (El Tiempo, Pg 10).

 

El término”socialización” en Mater et magistra

 

Pasemos ahora a un tema que por no entenderse de manera adecuada, levantó una gran polémica: el tema de la socialización. Hasta ese momento el término socialización se había empleado para expresar la creciente intervención del estado en la vida socioeconómica y a la nacionalización de empresas, de manera que se interpretaba el término socialización como aplicar el estilo socialista a la administración de la sociedad.

No pocos se escandalizaron de que San Juan XXIII apareciera como lo que pensaron era socializante. Observamos que hay quienes hoy, al papa Francisco lo tachan de marxista por su posición en defensa de los pobres. En estos días el papa Francisco afirmó en una entrevista a la revista italiana Il Messagiero, El Mensajero, que los comunistas “han robado” a los cristianos “la bandera de los pobres”, porque la pobreza está “en el centro del Evangelio” y ha asegurado que “la bandera de los pobres es cristiana”. Dijo el papa Francisco: “Los comunistas dicen que todo esto es comunista.   ¡Sí como no, 20 siglos después!

Claro que la bandera de los pobres es cristiana; no es sino leer el evangelio para entender que la actitud y el comportamiento de Jesús desde su nacimiento, fue de preferencia por los pobres. Por eso la Iglesia nos habla de la “opción preferencial por los pobres”.

Leamos los N° 59 y 60 de Mater et magistra, sobre lo que se llama socialización y nos damos cuenta de que no había lugar a escándalo. El papa habló de una realidad que luego en el 61 valora:

59. Una de las notas más características de nuestra época es el incremento de las relaciones sociales, o sea la progresiva multiplicación de las relaciones de convivencia, con la formación consiguiente de muchas formas de vida y de actividad asociada, que han sido recogidas, la mayoría de las veces, por el derecho público o por el derecho privado.

Entre los numerosos factores que han contribuido actualmente a la existencia de este hecho deben enumerarse, el progreso científico y técnico, el aumento de la productividad económica y el auge del nivel de vida del ciudadano.

Este progreso de la vida social es indicio y causa, al mismo tiempo, de la creciente intervención de los poderes públicos, aun en materias que, por pertenecer a la esfera más íntima de la persona humana, son de indudable importancia y no carecen de peligros.

Tales son, por ejemplo, el cuidado de la salud, la instrucción, y educación de las nuevas generaciones, la orientación profesional, los métodos para la reeducación y readaptación de los sujetos inhabilitados física o mentalmente.

Pero es también fruto y expresión de una tendencia natural, casi incoercible, de los hombres, que los lleva a asociarse espontáneamente para la consecución de los objetivos que cada cual se propone y superan la capacidad y los medios de que puede disponer el individuo aislado.

Esta tendencia ha suscitado por doquiera, sobre todo en los últimos años, una serie numerosa de grupos, de asociaciones y de instituciones para fines económicos, sociales, culturales, recreativos, deportivos, profesionales y políticos, tanto dentro de cada una de las naciones como en el plano mundial.

Hasta allí Mater et magistra. Me parece que hoy es un término muy utilizado, el de socialización, cuando se quiere decir, por ejemplo, que hay que divulgar, dar a conocer una política o una decisión. San Juan XXIII utiliza la palabra de manera análoga pero no igual. Veamos.

Dice que una de las notas más características de nuestra época es el incremento de las relaciones sociales, de la progresiva multiplicación de las relaciones de convivencia, con la formación consiguiente de muchas formas de vida y de actividad asociada, que han sido recogidas, la mayoría de las veces, por el derecho público o por el derecho privado.

Menciona que esta situación ha llevado al estado a intervenir en materias que son de la esfera más íntima de la persona, como la salud, la educación, la orientación profesional, la reeducación y readaptación de las personas con incapacidad física o mental. No afirma el papa allí, que al estado le estén vedados esos campos, pero sí que su intervención no carece de peligro. Y volvamos a leer la explicación de por qué este fenómeno del incremento de las relaciones sociales.

Pero es también fruto y expresión de una tendencia natural, casi incoercible, de los hombres, que los lleva a asociarse espontáneamente para la consecución de los objetivos que cada cual se propone y superan la capacidad y los medios de que puede disponer el individuo aislado.

Esta tendencia ha suscitado por doquiera, sobre todo en los últimos años, una serie numerosa de grupos, de asociaciones y de instituciones para fines económicos, sociales, culturales, recreativos, deportivos, profesionales y políticos, tanto dentro de cada una de las naciones como en el plano mundial.

Reflexión 290 San Juan XXIII Doctrina Social Junio 12 2014

Doctrina social de León XIII a Juan XXIII

Hace una semana continuamos el estudio de la encíclica Mater et magistra, Madre y maestra, de San Juan XXIII. Vimos el resumen que el papa hace del desarrollo de la doctrina social en sus antecesores León XIII, Pío XI y Pío XII. Por su parte, San Juan XXIII, ampliando la doctrina de Pío XII sobre la función social de la propiedad, nos enseñó la diferencia entre el derecho de propiedad, un derecho que, como nos enseñó Pío XII, se funda en el derecho natural y el derecho al uso de los bienes materiales. La DSI defiende el derecho a la propiedad privada sin que ese derecho se convierta en un obstáculo para que los bienes creados por Dios para provecho de todos los hombres lleguen con equidad a todos, de acuerdo con los principios de la justicia y la caridad.

Decíamos que sin que eso signifique autorizar las confiscaciones que se suelen practicar en los países comunistas, para que los bienes creados lleguen con equidad a todos, son perfectamente legítimos los impuestos, pues se supone que gracias a ellos los gobiernos pueden hacer llegar a todos los beneficios de educación, salud, cultura, infraestructura. El problema es cuando la corrupción no permite el buen uso de los dineros públicos. Pero ese es otro problema. También comprendemos que la expropiación administrativa que permite la ley, cuando se decreta por el bien común, por ejemplo por la necesidad de construir una carretera, una vía pública y cuando se cumple con el pago de una indemnización justa, esa clase de expropiación no va contra el derecho de propiedad, porque no somos dueños absolutos.

Al estudiar estos documentos de los sumos pontífices, es interesante observar que en la DSI se defiende el derecho a emigrar y la necesidad de la solidaridad para recibir de buen grado a las familias inmigrantes. Entre nosotros esto es perfectamente aplicable y es necesario que tengamos claro, en la recepción de las familias desplazadas por causas de la violencia o por la penuria en algunas áreas del país, ocasionada por la violencia o también por los fenómenos naturales como las inundaciones y por las sequías, en otras ocasiones. No siempre esos desplazados son bien recibidos. Esa no es una actitud cristiana.

 

Los cambios después de la segunda guerra

 

Entramos luego a la tercera parte de Mater et magistra en que San Juan XXIII se refiere a los cambios que se han producido en el mundo por los avances científicos, técnicos y económicos que pueden convertirse en oportunidades para el desarrollo de los pueblos.

Se refiere el papa Juan XXIII también, a los avances en el campo social como el desarrollo de los seguros sociales, los progresos en la educación, la mejora en la calidad de vida, las mejores oportunidades de trabajo y de educación.

Las series de la TV serias, bien hechas, nos hacen recordar a los de más edad y pueden ayudar a todos a comprender, cómo era la vida antes de y durante la segunda guerra mundial en cuanto a vivienda, la atención pública de la salud, la educación, las vías de comunicación. Y cómo era la separación de las clases sociales, especialmente en esos países donde un tradicional respeto por la nobleza discriminaba de manera que hoy nos parece hasta ridícula, a los más ricos de los trabajadores que hoy llamaríamos de a pie. Series interesantes como las inglesas Downton Abbie o la que describe la situación de los trabajadores en el astillero donde se construyó el Titanic en Belfast, Irlanda del Norte, serie que tiene el título de Titanic, sangre y acero nos ayudan a entender mejor la vida en esos años y los avances de que gozamos hoy día en muchos campos.

El papa San Juan XXIII señala luego de recordar los avances del mundo, cómo a pesar de lo positivo de esos avances, se acentúan cada vez más los desequilibrios entre la agricultura y la industria, las diversas zonas de cada país y entre los países de distinto desarrollo económico en el plano mundial.

También Mater et magistra habla de las innovaciones en el campo político; se refirió al acceso de todos a los cargos públicos, a la intervención de los gobiernos en el campo de la economía, a los cambios en los países afroasiáticos que pasaron del régimen colonial a gobernarse a sí mismos; la mejora en las relaciones internacionales con la creación de organismos mundiales que fueron creados para atender las necesidades de todas las naciones en asuntos como la economía, y en los campos social, cultural, científico y político.

Se refiere luego San Juan XXIII en Mater et magistra, a que juzga necesario escribir esa nueva encíclica para subrayar y aclarar en mayor detalle la doctrina de sus antecesores y para exponer con claridad el pensamiento de la Iglesia sobre los nuevos y más importantes problemas del momento. San Juan XXIII atiende pues, como orientador del mundo en la doctrina social católica, la realidad de su tiempo que es la base de su reflexión doctrinal y pastoral. Se ve que la Iglesia, con la orientación de los sumos pontífices, se pone siempre a tono con la cambiante realidad de la vida en sociedad.

 

Situación de Europa que supera las dificultades de la guerra

 

Como en otras oportunidades en la presentación de la DSI, voy a seguir ahora como guía el libro Doctrina social de la Iglesia, una aproximación histórica, del P. Ildefonso Camacho.

Entramos ahora a estudiar la segunda parte de Mater et magistra, que trata sobre todo de la situación de los países industrializados, una vez superadas las dificultades de la guerra y de la posguerra. Es innegable que superadas esas dificultades con programas como el Plan Marshall para la rehabilitación de Europa, se entró en un período de creciente bienestar.

Se conoce con el nombre de Plan Marshall el programa de reconstrucción de Europa, por el nombre del secretario de estado de los EE.UU., el general George Marshall, quien lo anunció en un discurso en la universidad de Harvard en junio de 1947.

La Unión Soviética y sus países satélites se negaron a recibir esa ayuda porque juzgaron que el plan era una estrategia norteamericana a favor del imperialismo. Se calcula que la ayuda de los Estados Unidos fue de 13.000 millones de dólares y esa ayuda fue esencial para la recuperación económica de los países democráticos de Europa Occidental.

Eric Hobsbawm, un historiador marxista muy respetado, tiene un párrafo en la Pg 262 de su libro Historia del Siglo XX, que les voy a leer, porque describe cómo veía él el estado de la economía mundial en la época que él llama en su libro Los años dorados, y que es la época mencionada en Mater et magistra. Con ese comentario de un historiador marxista entendemos mejor por qué Juan XXIII le dio importancia al momento que vivía entonces la economía mundial. Avances que se produjeron sobre todo en los países industrializados, los de mayor influencia en la economía mundial y quizás por eso parecía que los avances eran globales, en todo el mundo, aunque la realidad fuera distinta en los países de menor desarrollo económico. Dice Hobsbawm:

 

Una mirada marxista a los “años dorados” de los países industrializados

 

Resulta evidente que la edad de oro correspondió básicamente a los países capitalistas desarrollados, que, a lo largo de esas décadas, representaban alrededor de tres cuartas partes de la producción mundial y más del 😯 por 100 de la exportación de productos elaborados. Otra razón por la que se tardó tanto en reconocer lo limitado de su alcance fue que en los años cincuenta el crecimiento económico parecía ser de ámbito mundial con independencia de los regímenes económicos. De hecho, en un principio pareció como si la parte socialista recién expandida del mundo llevara la delantera. El índice de crecimiento de la URSS en los años cincuenta era más alto que el de cualquier país occidental, y las economías de la Europa oriental crecieron casi con la misma rapidez, más de prisa en países hasta entonces atrasados, más despacio en los ya total o parcialmente industrializados. La Alemania Oriental comunista, sin embargo, quedó muy por detrás de la Alemania Federal, no comunista.

Añade unas líneas después, una anotación interesante, dice: Pese a todo, la edad de oro fue un fenómeno de ámbito mundial, aunque la generalización de la opulencia quedara lejos del alcance de la mayoría de la población mundial: los habitantes de países para cuya pobreza y atraso los especialistas de la ONU intentaban encontrar eufemismos diplomáticos.

De manera que los especialistas de la ONU camuflaban las diferencias en el desarrollo, sobre las que el papa San Juan XXIII llama la atención en Mater et Magistra, como lo acabamos de señalar. Señala el papa, luego de recordar los avances del mundo, cómo a pesar de lo positivo de esos avances, se acentúan cada vez más los desequilibrios entre la agricultura y la industria, las diversas zonas de cada país y entre los países de distinto desarrollo económico en el plano mundial.

Hobsbawum describe así el crecimiento de la economía mundial después de los años cincuenta, en la Pg 264 de Historia del Siglo XX:

La economía después de los años cincuenta

 

La economía mundial crecía, pues, a un ritmo explosivo. Al llegar los años sesenta, era evidente que nunca había existido algo semejante. La producción mundial de manufacturas se cuadruplicó entre principios de los cincuenta y principios de los setenta, y, algo todavía más impresionante, el comercio mundial de productos elaborados se multiplicó por diez. Como hemos visto, la producción agrícola mundial también se disparó, aunque sin tanta espectacularidad, no tanto (como acostumbraba a suceder hasta entonces) gracias al cultivo de nuevas tierras, sino más bien gracias al aumento de la productividad. El rendimiento de los cereales por hectárea casi se duplicó entre 1950-1952 y 1980-1982, y se duplicó con creces en América del Norte, Europa Occidental y Extremo Oriente.

 

Como vemos, la comprensión de las encíclicas sociales nos exige que tengamos en cuenta el momento histórico en que se presentan, pues la doctrina social va respondiendo a las necesidades nuevas, aplicando a las nuevas circunstancias los principios de la verdad perenne del evangelio.

 

La economía en época de prosperidad manejada con criterios de la DSI

 

San Juan XXIII en su encíclica Mater et magistra nos enseña lo que debe ser la economía en beneficio de todos, en una situación de gran desarrollo como el que hemos visto que el mundo se encontraba, sobre todo el mundo industrializado y los enormes avances también en la agricultura, gracias en particular al aumento de la productividad.

Supongo que ese aumento de la productividad se debió a que la industria, que había estado dedicada a la producción de armas, podía ahora dedicarse a la fabricación de maquinaria agrícola más eficiente y el progreso de la química ofreció nuevos fertilizantes. Así entenderíamos más fácilmente por qué en nuestros territorios no se multiplicó la producción agrícola como en Norteamérica y Europa. En nuestras laderas en los Andes el uso del tractor se reduce y nuestros campesinos no tienen la capacidad económica para utilizar los medios que en las grandes extensiones planas de esos otros países son posibles. Aun hoy, uno de los obstáculos que encuentran los campesinos para que su trabajo se recompense de acuerdo con los costos que deben pagar, es que los fertilizantes son muy costosos, lo mismo que el transporte a los mercados y los precios de sus productos en esos mercados no compensan los gastos para producirlos y transportarlos.

 

La iniciativa privada y el principio de subsidiaridad

 

El papa San Juan XXIII señala dos grandes pilares en los cuales se debe basar una economía al servicio de todos, en los N° 51 y siguientes de Mater et Magistra. Defiende primero la iniciativa privada y el principio de subsidiaridad. Leamos:

51. Como tesis inicial, hay que establecer que la economía debe ser obra, ante todo, de la iniciativa privada de los individuos, ya actúen éstos por sí solos, ya se asocien entre sí de múltiples maneras para procurar sus intereses comunes.

52. Sin embargo, por las razones que ya adujeron nuestros predecesores, es necesaria también la presencia activa del poder civil en esta materia, a fin de garantizar, como es debido, una producción creciente que promueva el progreso social y redunde en beneficio de todos los ciudadanos.

53. Esta acción del Estado, que fomenta, estimula, ordena, suple y completa, está fundamentada en el principio de la función subsidiaria, formulado por Pío XI en la encíclica Quadragesimo anno: «Sigue en pie en la filosofía social un gravísimo principio, inamovible e inmutable: así como no es lícito quitar a los individuos y traspasar a la comunidad lo que ellos pueden realizar con su propio esfuerzo e iniciativa, así tampoco es justo, porque daña y perturba gravemente el recto orden social, quitar a las comunidades menores e inferiores lo que ellas pueden realizar y ofrecer por sí mismas, y atribuirlo a una comunidad mayor y más elevada, ya que toda acción de la sociedad, en virtud de su propia naturaleza, debe prestar ayuda a los miembros del cuerpo social, pero nunca destruirlos ni absorberlos».

El papel de estado

En los números 54 y 55nos explica más en detalle el papel del Estado, que debe consistir en fomentar, estimular, ordenar, suplir y completar la acción de los particulares. Estas son las palabras de Juan XXIII en Mater et magistra:

54. Fácil es comprobar, ciertamente, hasta qué punto los actuales progresos científicos y los avances de las técnicas de producción ofrecen hoy día al poder público mayores posibilidades concretas para reducir el desnivel entre los diversos sectores de la producción, entre las distintas zonas de un mismo país y entre las diferentes naciones en el plano mundial; para frenar, dentro de ciertos límites, las perturbaciones que suelen surgir en el incierto curso de la economía y para remediar, en fin, con eficacia los fenómenos del paro masivo (es decir, del desempleo).

Por todo lo cual, a los gobernantes, cuya misión es garantizar el bien común, se les pide con insistencia que ejerzan en el campo económico una acción multiforme mucho más amplia y más ordenada que antes y ajusten de modo adecuado a este propósito las instituciones, los cargos públicos, los medios y los métodos de actuación.

55. Pero manténgase siempre a salvo el principio de que la intervención de las autoridades públicas en el campo económico, por dilatada y profunda que sea, no sólo no debe coartar la libre iniciativa de los particulares, sino que, por el contrario, ha de garantizar la expansión de esa libre iniciativa, salvaguardando, sin embargo, incólumes los derechos esenciales de la persona humana.

Entre éstos hay que incluir el derecho y la obligación que a cada persona corresponde de ser normalmente el primer responsable de su propia manutención y de la de su familia, lo cual implica que los sistemas económicos permitan y faciliten a cada ciudadano el libre y provechoso ejercicio de las actividades de producción.

Aparentemente Juan XXIII da más énfasis a la aplicación del principio de subsidiaridad explicado por Pío XI en su encíclica Quadragesimo,anno, pero Juan XXIII amplía la obligación del estado, que no se debe reducir a dirigir, vigilar, urgir y castigar, como proponía Pío XI en el N° 😯 de QA sino que claramente dice Juan XXIII en Mater et magistra N° 53, que la acción del estado se debe extender a fomentar, estimular, ordenar, suplir y completar.Eso significa que el estado tiene una doble obligación: por una parte, no debe invadir el terreno que corresponde a los particulares, y por otro debe actuar para suplir lo que ellos no tienen capacidad de realizar.

Reflexión 289 San Juan XXIII Doctrina Social Junio 5 2014

Cinco principios básicos de Quadragesimo anno

La reflexión anterior la dedicamos a estudiar la encíclica Mater et magistra, Madre y maestra, del papa San Juan XXIII. Ya vimos un resumen de la introducción y de la primera parte. En ellas San Juan XXIII se refiere al 70° aniversario de la encíclica Rerum novarum de León XIII; enumera los cinco principios básicos expuestos por su antecesor, que recordémoslos, son: 1- El trabajo no es una mercancía, 2- que la propiedad es un derecho natural, pero «lleva intrínseca una función social», 3-El Estado no se puede hacer al margen de las actividades económicas, y debe vigilar sobre las condiciones de los trabajadores y los contratos de trabajo, 4- El derecho de los trabajadores de formar asociaciones propias o mixtas es un el derecho natural, 5- Las relaciones entre trabajadores y empresarios deben fundarse en los «principios de solidaridad humana y fraternidad cristiana».

Hizo también mención Mater et magistra de la encíclica Quadragesimo anno, con la cual Pío XI conmemoró los cuarenta años de Rerum novarum y señaló los principios fundamentales que caracterizan a esa encíclica Quadragesimo anno: nos enseña en el N° 39, que en materia económica es indispensable que toda actividad sea regida por la justicia y la caridad como leyes supremas del orden social y señala la prohibición absoluta de que se establezca como ley suprema el interés individual o de grupo, la libre competencia ilimitada, el predominio abusivo de los económicamente poderosos, el prestigio de la nación, el afán de dominio u otros criterios similares.

El mensaje de Pío XII, La solennitá

 

Veremos ahora un corto resumen de la mención que San Juan XXIII hace del mensaje La solennitá, de Pío XII y continuaremos comentando la Mater et magistra. San Juan XXIII recuerda los tres puntos a que se refirió Pío XII en su famoso mensaje radial el día de Pentecostés, que como podemos recordar fueron: el uso de los bienes materiales, el trabajo y la familia. Leamos el N° 41, en el que primero nos introduce San Juan XXIII en su comentario. Dice:

41. También ha contribuido no poco nuestro predecesor de inmortal memoria Pío XII a esta labor de definir los derechos y obligaciones de la vida social. El 1 de junio de 1941, en la fiesta de Pentecostés, dirigió un radiomensaje al orbe entero «para llamar la atención del mundo católico sobre un acontecimiento digno de ser esculpido con caracteres de oro en los fastos de la Iglesia; el quincuagésimo aniversario de la publicación de la trascendental encíclica “Rerum novarum“, de León XIII»; y para rendir humildes gracias a Dios omnipotente por el don que, hace cincuenta años, ofrendó a la Iglesia con aquella encíclica de su Vicario en la tierra, y para alabarle por el aliento del Espíritu renovador que por ella, desde entonces en manera siempre creciente, derramó sobre todo el género humano.

Y en los números 42 y 43 se refiere directamente a los tres temas del mensaje, después de mencionar la competencia de la Iglesia para tratar estos temas, defendida también por Pío XII. Estas son las palabras de Juan XXIII:

Tres cuestiones fundamerntales: uso de los bienesd materiales, el trabajo, la familia

 

42. En este radiomensaje, aquel gran Pontífice reivindica «para la Iglesia la indiscutible competencia de juzgar si las bases de un orden social existente están de acuerdo con el orden inmutable que Dios, Creador y Redentor, ha promulgado por medio del derecho natural y de la revelación»; confirma la vitalidad perenne y fecundidad inagotable de las enseñanzas de la encíclica de León XIII, y aprovecha la ocasión para explicar más profundamente las enseñanzas de la Iglesia católica «sobre tres cuestiones fundamentales de la vida social y de la realidad económica, a saber: el uso de los bienes materiales, el trabajo y la familia, cuestiones todas que, por estar mutuamente entrelazadas y unidas, se apoyan unas a otras».

43. Por lo que se refiere a la primera cuestión, nuestro predecesor enseña que el derecho de todo hombre a usar de los bienes materiales para su decoroso sustento tiene que ser estimado como superior a cualquier otro derecho de contenido económico y, por consiguiente, superior también al derecho de propiedad privada.

Fijémonos en esta distinción que de acuerdo con la doctrina de Pío XII, hace el papa San Juan XXIII entre el derecho de propiedad privada y el derecho al uso de los bienes materiales, pues dice: el derecho de todo hombre a usar de los bienes materiales para su decoroso sustento tiene que ser estimado como superior a cualquier otro derecho de contenido económico y, por consiguiente, superior también al derecho de propiedad privada.

De manera que no podemos confundir los dos derechos: no es lo mismo el derecho al uso de los bienes materiales para el decoroso sustento que el derecho de propiedad privada. Tener derecho al uso no implica necesariamente ser dueño de esos bienes.

 

Derecho a usar y derecho a poseer

 

El santo padre Juan XXIII continúa así la explicación sobre el derecho a poseer y el derecho a usar:

Es cierto, como advierte nuestro predecesor, que el derecho de propiedad privada sobre los bienes se basa en el propio derecho natural; pero, según el orden establecido por Dios, el derecho de propiedad privada no puede en modo alguno constituir un obstáculo «para que sea satisfecha la indestructible exigencia de que los bienes creados por Dios para provecho de todos los hombres lleguen con equidad a todos, de acuerdo con los principios de la justicia y de la caridad».

Es interesante la diferencia: una cosa es que uno tenga el derecho de poseer bienes materiales, basado en el derecho natural y otro distinto a que todos tengan el derecho al uso para el sustento decoroso. Es contra el derecho natural confiscar los bienes y pretender abolir la propiedad y transferirla al estado; sin embargo ese derecho no es absoluto, como hemos explicado. No es verdad que uno pueda hacer lo que desee con sus bienes, sin tener en cuenta que es solo un administrador y no un poseedor absoluto. Es justo que se paguen impuestos sobre los bienes porque esa es una manera de distribuir la riqueza. Se supone que el estado con los impuestos puede costear la educación, la salud, construir infraestructura para el uso común, etc.

Recuerda luego Juan XXIII el tema del trabajo expuesto por Pío XII. Leamos el N° 44 de Mater et magistra:

44. En orden al trabajo, Pío XII, reiterando un principio que se encuentra en la encíclica de León XIII, enseña que ha de ser considerado como un deber y un derecho de todos y cada uno de los hombres. En consecuencia, corresponde a ellos, en primer término, regular sus mutuas relaciones de trabajo: Sólo en el caso de que los interesados no quieran o no puedan cumplir esta función, «es deber del Estado intervenir en la división y distribución del trabajo, según la forma y medida que requiera el bien común, rectamente entendido»

Sobre la familia continúa así Juan XXIII, en el N° 45 de Mater et magistra:

45. Por lo que toca a la familia, el Sumo Pontífice afirma claramente que la propiedad privada de los bienes materiales contribuye en sumo grado a garantizar y fomentar la vida familiar, «ya que asegura oportunamente al padre la genuina libertad que necesita para poder cumplir los deberes que le ha impuesto Dios en lo relativo al bienestar físico, espiritual y religioso de la familia». De aquí nace precisamente el derecho de la familia a emigrar, punto sobre el cual nuestro predecesor advierte a los gobernantes, lo mismo a los de los países que permiten la emigración que a los que aceptan la inmigración, «que rechacen cuanto disminuya o menoscabe la mutua y sincera confianza entre sus naciones». Si unos y otros ponen en práctica esta política, se seguirán necesariamente grandes beneficios para todos, con el aumento de los bienes temporales y el progreso de la cultura humana.

Pide pues el papa que haya buenas relaciones entre los países de donde emigran habitantes suyos y los que reciben a los emigrantes. Los emigrantes de los países africanos que hacen grandes esfuerzos por llegar a Europa, muchas veces son víctimas del rechazo de los países que no los quieren recibir. En este caso yo por lo menos no veo acciones efectivas de la ONU para ayudar a los más débiles y a las naciones que reciben a los inmigrantes, para que se preparen para su llegada y puedan acogerlos con dignidad. El mundo no es lo suficientemente solidario con sus hermanos desposeídos. La Iglesia y sus obras apostólicas hacen una meritoria labor para recibir a esos sufridos hermanos nuestros que llegan sin nada, porque todo lo han tenido que abandonar en sus tierras.

Transformaciones después de la segunda guerra

 

Después de recordar el desarrollo de la DSI en los tiempos anteriores, San Juan XXIII dirige su mirada al mundo en el que debe desempeñar su cargo de conductor de la Iglesia. Dice que en los últimos veinte años ha sufrido profundas transformaciones en el interior de los países y en la esfera de sus relaciones mutuas.

Tres bloques conforman la tercera parte de Mater et Magistra, en los cuales el papa describe esas nuevas situaciones que vive el mundo. El primer bloque se refiere a los cambios científicos y técnicos y que son una oportunidad para el desarrollo de los pueblos, como lo dice en el N° 47:

 

En los campos científico y técnico

 

En el campo científico, técnico y económico se registran en nuestros días las siguientes innovaciones: el descubrimiento de la energía atómica y sus progresivas aplicaciones, primero en la esfera militar y después en el campo civil; las casi ilimitadas posibilidades descubiertas por la química en el área de las producciones sintéticas; la extensión de la automatización, sobre todo en los sectores de la industria y de los servicios; la modernización progresiva de la agricultura; la casi desaparición de las distancias entre los pueblos, sobre todo por obra de la radio y de la televisión; la velocidad creciente de los transportes de toda clase y, por último, la conquista ya iniciada de los espacios interplanetarios.

En el campo social

El santo padre San Juan XXIII enumera luego los avances en el campo social, en cual señala como novedades el desarrollo de los seguros sociales, la conciencia acentuada de los trabajadores en sus responsabilidades ante los problemas económicos y sociales importantes. Señala también los avances en la instrucción pública, la mejora en la calidad de vida, la disminución en la separación de las clases sociales gracias a las oportunidades de trabajo y de educación.

Estos avances no los notan las actuales generaciones porque son normales hoy, y parece que hubieran existido siempre, pero no los eran en esa época. Baste recordar que fueron las necesidades de los países en guerra las que impulsaron desarrollos como el invento de los plásticos y el caucho sintético para nombrar productos de uso diario. Sin embargo ya Juan XXIII anota que a pesar de los avances en tantos campos, se hacen más evidentes las desigualdades que persisten. Dice en el último párrafo del N° 48:

Pero, simultáneamente, cualquiera puede advertir que el gran incremento económico y social experimentado por un creciente número de naciones ha acentuado cada día más los evidentes desequilibrios que existen, primero entre la agricultura y la industria y los servicio generales; luego, entre zonas de diferente prosperidad económica en el interior de cada país, y, por último, en el plano mundial, entre los países de distinto desarrollo económico.

En el campo político

 

En el N° 49 habla de las innovaciones en el campo político. Se refiere a que en muchos países todas las clases sociales tienen acceso en la actualidad a los cargos públicos; la intervención de los gobernantes en el campo económico y social es cada día más amplia; los pueblos afroasiáticos, después de rechazar el régimen administrativo propio del colonialismo, han obtenido su independencia política; las relaciones internacionales han experimentado un notable incremento, y la interdependencia de los pueblos se está acentuando cada días más; han surgido con mayor amplitud organismos de dimensiones mundiales que, superando un criterio estrictamente nacional, atienden a la utilidad colectiva de todos los pueblos en el campo económico, social, cultural, científico o político.

Se refiere en el N° 50 a los motivos de la nueva encíclica y dice: Juzgamos, por tanto, necesaria la publicación de esta nuestra encíclica, no ya sólo para conmemorar justamente la Rerum novarum, sino también para que, de acuerdo con los cambios de la época, subrayemos y aclaremos con mayor detalle, por una parte, las enseñanzas de nuestros predecesores, y por otra, expongamos con claridad el pensamiento de la Iglesia sobre los nuevos y más importantes problemas del momento.

Del N° 51 en adelante, se dedica Mater et magistra a señalar más en detalle las enseñanzas sociales de sus antecesores y a señalar su desarrollo. Empieza con la iniciativa privada y la intervención de los poderes públicos en el campo económico. Recordemos que en las dictaduras marxistas se cerraba el camino a la iniciativa privada y en las economías orientadas por el liberalismo económico, por el contrario, se daba demasiada libertad a la iniciativa privada y no eran partidarios de intervenir para orientar sus actividades y para evitar abusos.

 

La iniciativa privada

 

Sobre la iniciativa privada, establece Juan XXIII que la economía debe ser obra, ante todo, de la iniciativa privada de los individuos, ya actúen éstos por sí solos, ya se asocien entre sí de múltiples maneras para procurar sus intereses comunes y aclara en el N° 52 que, Sin embargo, por las razones que ya adujeron nuestros predecesores, es necesaria también la presencia activa del poder civil en esta materia, a fin de garantizar, como es debido, una producción creciente que promueva el progreso social y redunde en beneficio de todos los ciudadanos.

En el N° 53 explica por qué la acción del estado es necesaria y se refiere al principio de subsidiaridad. Dice así:

Esta acción del Estado, que fomenta, estimula, ordena, suple y completa, está fundamentada en el principio de la función subsidiaria formulado por Pío XI en la encíclica Quadragesimo anno: «Sigue en pie en la filosofía social un gravísimo principio, inamovible e inmutable: así como no es lícito quitar a los individuos y traspasar a la comunidad lo que ellos pueden realizar con su propio esfuerzo e iniciativa, así tampoco es justo, porque daña y perturba gravemente el recto orden social, quitar a las comunidades menores e inferiores lo que ellas pueden realizar y ofrecer por sí mismas, y atribuirlo a una comunidad mayor y más elevada, ya que toda acción de la sociedad, en virtud de su propia naturaleza, debe prestar ayuda a los miembros del cuerpo social, pero nunca destruirlos ni absorberlos».

Como también en nuestros días subsisten las dos tendencias: la de abolir la propiedad privada como lo vemos en Venezuela y el lento devolverse de esa política en Cuba y por otra parte también está vigente el liberalismo económico, es bueno que repitamos lo que la DSI nos dice al respecto. Por eso voy a terminar hoy leyendo lo que nos dice Mater et magistra, sobre la necesidad de la intervención del estado, sin destruir la iniciativa privada. Veamos, hasta donde alcancemos, del N° 54 en adelante:

Fácil es comprobar, ciertamente, hasta qué punto los actuales progresos científicos y los avances de las técnicas de producción ofrecen hoy día al poder público mayores posibilidades concretas para reducir el desnivel entre los diversos sectores de la producción, entre las distintas zonas de un mismo país y entre las diferentes naciones en el plano mundial; para frenar, dentro de ciertos límites, las perturbaciones que suelen surgir en el incierto curso de la economía y para remediar, en fin, con eficacia los fenómenos del paro masivo.

Por todo lo cual, a los gobernantes, cuya misión es garantizar el bien común, se les pide con insistencia que ejerzan en el campo económico una acción multiforme mucho más amplia y más ordenada que antes ajusten de modo adecuado a este propósito las instituciones, los cargos públicos, los medios y los métodos de actuación.

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55. Pero manténgase siempre a salvo el principio de que la intervención de las autoridades públicas en el campo económico, por dilatada y profunda que sea, no sólo no debe coartar la libre iniciativa de los particulares, sino que, por el contrario, ha de garantizar la expansión de esa libre iniciativa, salvaguardando, sin embargo, incólumes los derechos esenciales de la persona humana.

Entre éstos hay que incluir el derecho y la obligación que a cada persona corresponde de ser normalmente el primer responsable de su propia manutención y de la de su familia, lo cual implica que los sistemas económicos permitan y faciliten a cada ciudadano el libre y provechoso ejercicio de las actividades de producción.