REFLEXIÓN 246, La objeción de conciencia y Rerum Novarum, Mayo 16,2013

 

 

DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

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Ni socialismo marxista ni capitalismo liberal

Vamos a continuar hoy el estudio de la DSI. En nuestro estudio, seguimos el libro Compendio de la DSI, preparado por el Pontificio Consejo Justicia y Paz por encargo del Beato Juan Pablo II.

Estamos ahora estudiando la encíclica Rerum novarum, del Papa León XIII, el documento que se considera la carta magna de la DSI. En la reflexión anterior repasamos el rechazo que la R.N. hace tanto de la solución del socialismo marxista ante la crisis por la revolución industrial como de la orientación del capitalismo liberal en esa misma coyuntura.   Del capitalismo liberal denunció  la encíclica, en particular su concepción de la propiedad, a la que esa ideología consideraba un derecho absoluto e ignoraba las obligaciones del propietario. Igualmente de la ideología del capitalismo liberal  denuncia la encíclica R.N. la visión unilateral y simplista sobre la autoridad del Estado para controlar al capital, al que deja con las manos libres para ponerse límites sin intervención del Estado. La experiencia ha demostrado que el capital no necesariamente se controla a sí mismo y de allí han venido fracasos y quiebras con perjuicio de los usuarios de las entidades manejadas por el capital.

Vimos que León XIII deplora también la actitud frente a la Iglesia, tanto del socialismo marxista como del capitalismo liberal. Las dos ideologías consideraban a la Iglesia como retrógrada. Basándose en la filosofía de la revolución francesa extendieron una libertad sin límites a todos los ámbitos, sin tener en cuenta los derechos de los demás. La Sagrada Escritura nos enseña que la libertad nos hará libres, pero no el abuso de la libertad.

Si examinamos las consecuencias de esa libertad mal entendida comprenderemos por qué se ha perseguido a la Iglesia con saña y se sigue persiguiendo en nuestros días, aunque ahora con estrategias sofisticadas, aprovechando los modernos medios de comunicación. Se utilizan otros medios, distintos al fusilamiento, como el aislamiento de la Iglesia, ignorando en los medios escritos y hablados la información positiva que pueda favorecer a la fe católica, o mezclando la información que la favorezca con críticas y ridiculizando y hostigando a quienes se atreven a defender con valentía su fe católica si ocupan posiciones públicas importantes. La libertad la defienden en todos los ámbitos: político, social, económico, sexual, pero no la libertad de conciencia, así esté consagrada en la constitución, si se utiliza como fundamento para defender criterios o principios cristianos. Lo vemos en Colombia en el caso del aborto.

Antes de continuar con el estudio de la encíclica Rerum novarum voy ahora a cumplir con un ofrecimiento que hice hace una semana; voy a presentar una breve biografía de un mártir austríaco, beatificado por Benedicto XVI y declarado patrono de los objetores de conciencia. Hoy es difícil encontrar personas con la entereza de este mártir. No es frecuente que en nuestro tiempo, en nuestro país, se corra peligro de muerte por defender la fe, pero sí se enfrenta todos los días la amenaza del ridículo en los medios de comunicación.

Esta es la historia del Beato Franz Jägerstätter.

 

El hombre que rehusó pelear por Hitler

Hijo de una madre soltera, Franz Jägerstätter nació en un pueblo de Austria en 1917. Su madre se llamaba Rosalía. Su padre Franz murió en la primera guerra mundial. Su madre contrajo entonces matrimonio con Heinrich Jägerstätter quien adoptó al beato de quien hablamos y le dio su apellido.

El beato Franz fue una persona humilde, un católico común y corriente. En 1936 se casó con Franzisca y fueron de luna de miel a Roma; de allá regresó con una fe fortalecida aunque no por eso se distinguió especialmente por su práctica. Quiero destacar este aspecto porque Dios se fijó en él sin ser una persona especial.

Recordemos que en esa época, el nazismo empezó a tender sus redes para apoderarse de Austria. Los que vieron la película “La Novicia Rebelde” recordarán que el capitán von Trapp y su familia, huyeron de su país, porque el capitán iba a ser enviado a la armada nazi. En la película presentan cómo había austríacos que simpatizaban con la idea de que Austria llegara a ser parte de Alemania y por eso adherían también al nazismo. El comportamiento del beato Franz fue por el contrario de fidelidad a la fe y como el de la familia von Trapp, de fidelidad a Austria. No le dio temor a Franz,  de ser el único de su pueblo que votó contra la anexión de Austria de parte de Alemania. Sus vecinos trataron de convencerlo de lo contrario por temor de que su esposa e hijas sufrieran las consecuencias de represalias. Pero Franz  se apoyó en su fe católica y en su convencimiento de que se debía obedecer a la autoridad legítima y a Dios y dicen que al mismo tiempo meditaba sobre el valor de la vida eterna en contraposición con la vida terrena mortal. En 1936, siendo sacristán en su parroquia empezó a recibir la eucaristía diariamente.

Franz estaba convencido de que tomar parte en la guerra era un serio pecado. Dos veces lo llamaron a filas, pero gracias a la intervención del alcalde de su pueblo, consiguió que lo dejaran volver a trabajar a su granja.  Tomó la decisión Franz, de que, si lo volvían a llamar al servicio militar, pondría de presente su negativa a pelear.


Franz escribió en esa época: “Es muy triste oír una y otra vez a los católicos que sostienen que esta guerra de Alemania quizás no sea tan injusta, porque acabará con el bolchevismo…(es decir, con el comunismo). Pero entonces, decía, surge la pregunta: en nuestro país ¿a quién está combatiendo Alemania, a los bolcheviques o al pueblo ruso?  

Y añadió esta observación: “Cuando nuestros misioneros católicos fueron a naciones paganas a predicarles la fe cristiana, acaso avanzaron con ametralladoras y bombas para convertirlas y llevarles progreso?… Si una nación declara la guerra a otra,  generalmente no lo hace en provecho de ese pueblo o para darle algo, sino para conseguir algo para ellos mismos. Si estuviéramos simplemente combatiendo a los bolcheviques, esas otras cosas como los minerales, los pozos de petróleo o la buena tierra cultivable no sería un factor influyente.”

Franz Jägestätter estaba en paz consigo mismo a pesar de la alarma que pudo sentir al presenciar la capitulación de las masas ante Hitler. Hipnotizadas por la propaganda nacional socialista, mucha gente se inclinó ante Hitler en su entrada a Viena. A los templos católicos los obligaron a ondear la bandera nazi y los sometieron a otras leyes abusivas.

En febrero de 1943 llamaron a Franz al servicio militar. Se presentó y anunció que se negaba a pelear, pero dejó claro que estaba dispuesto a prestar servicios no violentos. Se le negó esta condición y fue enviado a Berlín, sometido a juicio y condenado a muerte por sedición. Al capellán de la prisión le llamó mucho la atención la serenidad de Franz: le ofreció la lectura del Nuevo Testamento, pero en ese momento supremo quería concentrarse en su meditación interior y le dijo: “En mi interior estoy completamente unido con el Señor, y cualquier lectura solamente interrumpiría mi comunicación con mi Dios”.

El 9 de agosto, antes de que lo ejecutaran, Franz escribió: “Si debo escribir con mis manos encadenadas, encuentro que eso es mejor que si mi voluntad fuera la encadenada. Ni la prisión ni las cadenas ni la sentencia de muerte pueden robar a un hombre de fe su voluntad libre. Dios da tanta fortaleza que es posible soportar cualquier sufrimiento… La gente se preocupa por las obligaciones  que en conciencia tengo con mi esposa y mis hijas, pero yo no puedo creer que porque uno tenga esposa e hijos, sea libre de ofender a Dios.”

Franz fue beatificado el 26 de octubre de 2007 y Benedicto XVI lo declaró patrono de los objetores de conciencia. Su fiesta es el 21 de mayo, conmemoración del día de su bautismo. Su esposa Franzisca asistió a la beatificación con sus tres hijas, dos semanas antes de celebrar sus 100 años.

Esa es la conmovedora historia del patrono de los valientes que defienden su fe ante el mundo.

No sobra recordar que Santo Tomás Moro, quien fuera lord canciller de Inglaterra, fue condenado a muerte por no doblegarse a  la voluntad del rey Enrique VIII, quien pretendió que el Papa  aprobara la separación de su esposa legítima Catalina de Aragón y le permitiera casarse con Ana Bolena. Lo hizo, separó a Inglaterra  de la Iglesia católica y fundó la llamada Iglesia Anglicana. Tomás Moro fue canonizado por Pío XI en 1935 y el Beato Juan Pablo II lo declaró patrono de los estadistas católicos y de los políticos.

Me he detenido en estos dos personajes de la Iglesia porque en nuestra época, deberían ser mejor conocidos por los católicos que ejercen cargos públicos. Da pena oír a varios de ellos afirmar  que son católicos y sin embargo, con ligereza defienden posiciones anticatólicas para la aprobación de leyes ofensivas contra Dios. Qué poca formación religiosa perecen tener.

Ahora sí, volvamos a la encíclica Rerum novarum

En la reflexión anterior alcanzamos a ver que según la encíclica, la abolición de la propiedad privada, como pretende el socialismo marxista, perjudica  a los mismos obreros que aspiran a tener algo propio con el fruto de su trabajo, y sería una injusticia porque el derecho a la propiedad privada se funda en la naturaleza. Un segundo argumento se basa en el trabajo del ser humano que la tierra necesita para ser fértil y con ese trabajo la persona humana deja allí su huella indeleble.

Sigue la Rerum novarum demostrando la necesidad de la propiedad privada, si se piensa en la familia. El padre de familia tiene que velar por la conservación de los suyos.

Un tercer argumento de la encíclica Rerum novarum a favor de la propiedad privada se desarrolla a partir de la negación del poder que el estado pretende tener, para  anular los derechos de la familia o de la patria potestad. Nos dice León XIII que el Estado no puede asumir el papel de la familia. Finalmente afirma la Rerum novarum que abolir la propiedad privada perturba la paz, suscita conflictos, quita los estímulos para trabajar y genera miseria.

¿Tiene la Rerum novarum una posición liberal?

 

Quien no lee la encíclica Rerum novarum con cuidado, puede pensar  que el Papa asume una posición muy liberal, porque defiende la propiedad privada. Es bueno detenernos en eso: León XIII estaba enfrentando una coyuntura nueva, un cambio de época, como habíamos antes observado, y el tema de la propiedad privada que atacaba el socialismo marxista como causa de la crisis, empezaba entonces a exponerse como algo de especial importancia. León XIII estaba, diríamos, abriendo camino, y el papel de la propiedad privada sería necesario seguirlo clarificando como lo han hecho los Papas desde entonces.

Sin embargo, lo que afirma la encíclica Rerum novarum sobre la propiedad privada no ha cambiado en lo esencial; se ha profundizado en su significado y se ha ampliado, sin cambiar sus principios.

A los que piensan que el pensamiento de la Rerum novarum es complaciente con el pensamiento liberal sobre la propiedad hay que observarles que es precisamente en esta encíclica donde la DSI toma distancia del pensamiento liberal sobre la propiedad privada, porque León XIII no se limita a fundamentar el derecho a la propiedad privada, sino que insiste en los deberes de los propietarios, a quienes no les reconoce un derecho absoluto a ella como lo pretendía la ideología capitalista liberal.  La doctrina sobre la propiedad privada en la RN se complementa con dos aspectos muy importantes que separan a la Iglesia de la ideología capitalista liberal: uno, con referencia a las obligaciones del propietario y otro en cuanto a las obligaciones del Estado. Estos dos asuntos se presentan en la segunda parte de la encíclica.

Claramente dice en el N° 16 que el hecho de ser la propiedad privada un derecho que da la naturaleza a la persona humana, no quiere decir que pueda “considerar las cosas externas como propias, sino como comunes”. Más adelante amplía la idea León XIII, diciendo que las riquezas son todo tipo de bienes, “sean estos del cuerpo o externos, o sean del espíritu”. De ellos dice la Rerum novarum que los ha recibido la persona humana “para perfeccionamiento propio y, al mismo tiempo, para que, como ministro de la providencia divina, los emplee en servicio de los demás”.

Terminemos esta reflexión con este complemento. En la Rerum novarum se presenta la doctrina social como la enseña el Evangelio. Al enseñarnos que los bienes nos han sido dados “para que como ministros de la providencia divina”, los empleemos en beneficio de los demás, se está presentando la idea cristiana de que somos administradores de los bienes de Dios, no dueños absolutos. Podemos recordar la parábola de los talentos: El dueño nos pedirá cuentas del uso que hagamos de los talentos, sean materiales, sean espirituales que Dios nos ha dado.

 

REFLEXIÓN 245, Esquema general de la Rerum Novarum, Mayo 9,2013

 

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¿UNA REVOLUCIÓN MAL MANEJADA?

 

Estamos ahora en la parte del Compendio que  hace un recorrido por la historia y nos muestra cómo con la encíclica Rerum novarum, el Papa León XIII  orientó al mundo en las difíciles circunstancias que vivía la sociedad, por la injusticias que se cometían contra los trabajadores en la mal manejada revolución industrial y así dio un nuevo impulso al desarrollo de la DSI.

Quizás algunos se pregunten por qué califico de mal manejada la revolución industrial. Lo explico: el cambio del trabajo, de manual a ayudado por máquinas no es en sí mismo malo. Las máquinas pueden ser una excelente ayuda. Lo malo fue el uso egoísta que hizo de las máquinas, solo para el beneficio de los dueños, el modo como se trató a los trabajadores, las injusticias por los malos salarios, los horarios inhumanos, inclusive de los niños. Algo semejante podríamos decir en nuestro tiempo, de la globalización: en sí misma no es mala, puede ser bueno aprovechar los modernos medios de comunicación y de transporte, para extender la riqueza de la  variedad de productos y de servicios, a todos los pueblos. Depende del uso que de la globalización se haga. De la equidad en los tratados, de las medidas que se tomen para que la globalización no se convierta en una herramienta a favor solo de los países poderosos.

La encíclica Rerum novarum, del Papa León XIII, se considera la “carta magna” de la DSI. Repasamos lo que nos enseña esta encíclica Rerum novarum sobre la ideología del capitalismo liberal en el manejo de la revolución industrial y el socialismo marxista como reacción a las injusticias con los trabajadores.

Vimos que la encíclica Rerum novarum rechaza tanto al socialismo marxista como al capitalismo liberal, que tenía mucha responsabilidad en la orientación equivocada de la sociedad en esa época de la revolución.

Recordemos que del liberalismo económico, la encíclica Rerum novarum denunció su concepción de la propiedad, a la que esa ideología consideraba un derecho absoluto e ignoraba las obligaciones del propietario. La Iglesia considera al propietario, no  dueño absoluto, sino administrador de los bienes que Dios ha creado para el bien de todos. Seguiremos viendo a lo largo de nuestro estudio de la DSI, que el Magisterio siguió defendiendo y clarificando este criterio sobre la propiedad (Véase en los Papas desde Pío XII, en particular).

La encíclica Rerum novarum denunció también la visión simplista del liberalismo económico sobre la autoridad del Estado para controlar al capital. Esa ideología consideraba y así lo sigue haciendo, que el Estado debe dejar en libertad a los dueños del capital para regularse sin intervención del poder público, y esa actitud se ha prestado para abusos de los dueños del capital. Que eso persiste lo experimentamos aún hoy, cuando a los bancos se los deja en libertad de cobrar altos intereses y altos cobros por el servicio del manejo del dinero que han captado de sus clientes, y el Estado no se atreve a “meterlos en cintura”. Esa actitud aplicada a los mercados, que se pensó se regularían a sí mismos, ha tenido consecuencias ingratas en los últimos tiempos.

¿Retrógrada la Iglesia, porque defiende la libertad, pero respetuosa de la vida?


La encíclica Rerum novarum deplora también la actitud de las dos ideologías, del liberalismo económico y del socialismo marxista sobre la Iglesia. Los dos pensamientos filosófico-políticos consideraban a la Iglesia como retrógrada. La idea de la libertad que se propagó con la revolución francesa seguía con fuerza, y se defendía una libertad mal entendida: se defendía una libertad sin límites y sin tener en cuenta los derechos de los demás; ese concepto de libertad se utilizaba para escudarse detrás de ella en defensa de los propios intereses. Aún hoy, cuando se defienden en Colombia ciertos derechos, como el “matrimonio” entre personas del mismo sexo y el aborto, se pretende hacerlo en ejercicio de la libertad. La Sagrada Escritura nos enseña que la libertad nos hará libres, pero no el abuso de la libertad.

¿Quién decide sobre la ética de los actos médicos?

Llama la atención que no se defiende la libertad sino que se la ataque, cuando se trata de la libertad de conciencia para no obrar contra la conciencia, por ejemplo, cuando se exige el cumplimiento de la sentencia equivocada de la Corte Constitucional sobre el aborto. Pretenden que las personas tienen derecho a la libertad de conciencia pero niegan esa libertad a las instituciones como los hospitales. Pretenden ignorar que las instituciones abstractas no toman las decisiones sobre lo ético o lo no ético en su funcionamiento, son que son las personas que las administran quienes deciden.

En esas actitudes seguimos gobernados por la ideología del siglo XIX, en cuanto a la libertad. Y además escuchamos permanentemente en los medios de comunicación quese niega la libertad de defender los principios éticos cristianos de parte de los católicos que ocupen cargos públicos, como los parlamentarios, jueces, notarios, gobernantes. ¿No serán retrógrados más bien los que siguen defendiendo el derecho al asesinato de inocentes como en el caso de los que están por nacer?  ¿Eso no es más propio de tiempos caducos de  dictaduras como el nazismo?

Resumen del contenido general de la Rerum novarum

 

Recordemos que esta encíclica está compuesta por una introducción y tres partes. La introducción presenta un resumen de la lamentable situación de la clase trabajadora, consecuencia de la industrialización, manejada con criterios equivocados por los dueños del capital. Igualmente en la introducción se analiza y se rechaza la solución que proponía el socialismo marxista por ser injusta e impracticable. La encíclica defiende también la necesidad de la intervención de la Iglesia en esa injusta situación.

En el N° 2, la encíclica Rerum novarum presenta brevemente la solución que ofrece el socialismo marxista quien se enfoca, no al cambio de la conducta de los patronos injustos sino al cambio de las estructuras de la sociedad. El socialismo marxista pretende acabar con la propiedad  privada. Los bienes que se quitaran a los dueños no pasarían a los pobres sino a ser administrados por los gobiernos municipales o por el gobierno nacional.

Repitamos la exposición esquemática de esta parte de la encíclica como lo hace el P. Ildefonso Camacho sobre los inconvenientes de abolir la propiedad privada que empezamos al final de la reflexión anterior.

Primer inconveniente: perjudica a los mismos obreros. Ellos aspiran a conseguir su propia propiedad con el fruto de su trabajo, a disponer libremente de su salario que a través del ahorro lo pueden convertir en una propiedad inmueble, si lo desean (RN 3).

Segundo inconveniente: quitar a alguien su propiedad es una injusticia, porque el derecho a ella procede de la naturaleza.

Este argumento se examina primero a partir de la persona. Veamos:

Es connatural  al ser humano el carácter previsivo, a diferencia del animal, que se rige por sus instintos solamente y los instintos mueven al animal solo en el momento mismo en que sienten un deseo o necesidad. Por ejemplo el animal toma agua en el momento en que siente sed; en cambio la persona humana se puede regir también por la razón y por eso prevé necesidades futuras, se da cuenta de que necesita los bienes no solo para la satisfacción inmediata y comprende que es necesario poseerlos de manera estable. Por eso construye depósitos para conservar el agua (RN 4), siembra para tener alimentos más adelante, ahorra.

Por  razón parecida el ser humano requiere medios para asegurar el porvenir, por eso necesita como propia la tierra con su capacidad permanente de producir. (RN 5)

A dos objeciones responde la R.N. en el N° 6: la primera dice que se podría objetar que si los bienes pasaran de ser privados a ser públicos, el Estado podría administrar todos los bienes y encargarse de ser previsivo  para el futuro de sus nacionales; la encíclica responde que ese no es papel del estado, pues la persona humana  es anterior al estado.

El estado no puede quitar a las personas el derecho de poseer bienes y encargarse él de su administración, puesto que el individuo puede hacerlo y mejor que el estado, según sus necesidades.

Hoy la experiencia mundial nos autoriza a preguntar además, quién confiaría con seguridad en que el estado va a tener cuidado de él en el futuro y no va a resultar desamparado… Se habla todos los días de corrupción. La experiencia mundial lo demuestra: si las personas no se afilian a un fondo de pensiones, van a pasar dificultades en la vejez. El estado encuentra esos casos todos los días y trata de atenderlos, pero logra hacerlo solo con algunos y de manera precaria. Los que han conocido países gobernados por el socialismo marxista dan testimonio de la escasez de alimentos y vestuario de sus habitantes. Y en el socialismo marxista también hay corrupción.

Cuando desapareció el socialismo marxista en la Unión Soviética, allí todos deberían haber quedado en igualdad de condiciones económicas. Se podría suponer que en la Unión Soviética, la comunista, no había ricos; sin embargo, apenas pasado ese gobierno aparecieron personas multimillonarias: dueños de petroleras, propietarios de poderosos equipos de fútbol en Inglaterra, por ejemplo. ¿Cómo hicieron esa riqueza durante el comunismo?

El segundo argumento de la encíclica Rerum novarum en contra de la abolición de la propiedad privada (N° 7) se basa en el trabajo mismo: dice que la tierra necesita ser cultivada, porque puede producir con largueza lo que el ser humano necesita para su subsistencia pero  no puede hacerlo por sí sola; necesita la intervención humana; al aplicar la persona humana su inteligencia y sus fuerzas corporales a la naturaleza, imprime en ella una huella que la invita a ser su dueña.

Ese argumento responde a los que aceptan el uso del suelo pero no su propiedad estable.

La mejor manera de comprender bien estos argumentos de la  Rerum novarum sobre el socialismo agrario es leer el N° 8 de la encíclica. Leámoslo :

 

 

8. Es tan clara la fuerza de estos argumentos, que sorprende ver disentir de ellos a algunos restauradores de desusadas opiniones, los cuales conceden, es cierto, el uso del suelo y los diversos productos del campo al individuo, pero le niegan de plano la existencia del derecho a poseer como dueño el suelo sobre que ha edificado o el campo que cultivó. No ven que, al negar esto, el hombre se vería privado de cosas producidas con su trabajo. En efecto, el campo cultivado por la mano e industria del agricultor cambia por completo su fisonomía: de silvestre, se hace fructífero; de infecundo, feraz. Ahora bien: todas esas obras de mejora se adhieren de tal manera y se funden con el suelo, que, por lo general, no hay modo de separarlas del mismo. ¿Y va a admitir la justicia que venga nadie a apropiarse de lo que otro regó con sus sudores? Igual que los efectos siguen a la causa que los produce, es justo que el fruto del trabajo sea de aquellos que pusieron el trabajo.

Con razón, por consiguiente, la totalidad del género humano, sin preocuparse en absoluto de las opiniones de unos pocos en desacuerdo, con la mirada firme en la naturaleza, encontró en la ley de la misma naturaleza el fundamento de la división de los bienes y consagró, con la práctica de los siglos, la propiedad privada como la más conforme con la naturaleza del hombre y con la pacífica y tranquila convivencia. Y las leyes civiles, que, cuando son justas, deducen su vigor de esa misma ley natural, confirman y amparan incluso con la fuerza este derecho de que hablamos. Y lo mismo sancionó la autoridad de las leyes divinas, que prohíben gravísimamente hasta el deseo de lo ajeno: «No desearás la mujer de tu prójimo; ni la casa, ni el campo, ni la esclava, ni el buey, ni el asno, ni nada de lo que es suyo»

La encíclica Rerum novarum abrió un surco y sembró ideas fundamentales sobre la DSI; enfrentó una situación nueva que se manejaba con ideas nuevas. Por eso no podemos esperar que esta encíclica abarque todos los problemas que se fueron presentando más tarde. Quedaron puntos en los que era necesario profundizar y ampliar. De eso diremos algo en la próxima reflexión luego de terminar de presentar un resumen del contenido completo de la Rerum novarum.