Reflexión 142 -El Magisterio y la Doctrina Social de la Iglesia (III)

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“No tengáis miedo”

Las pasadas reflexiones las hemos dedicado a estudiar cómo se va actualizando la D.S.I.,  para llegar oportunamente a responder a las nuevas inquietudes y necesidades de la sociedad. Hagamos un breve repaso.

Hemos visto que, como el Evangelio es de una riqueza infinita, es posible encontrar siempre, en sus enseñanzas, las respuestas apropiadas a las necesidades e inquietudes de todos los tiempos, sin importar lo oscuro que, en algún momento, se vea el panorama. Jesús nos enseñó que si Él está presente no debemos tener miedo y que su palabra puede calmar el viento y las tempestades.

En nuestra reflexión nos hacíamos la pregunta: ¿Quién hace ese delicado trabajo de ir actualizando, oportunamente, la presentación de la Doctrina al Pueblo de Dios, con fidelidad,  sin apartarse nunca de la palabra auténtica del Evangelio?

Vimos la semana pasada que la doctrina social se va desarrollando  a medida que la Iglesia penetra en la honda riqueza del Evangelio, donde encuentra todas las respuestas, guiada por el Espíritu Santo en la oración y en la meditación. La fidelidad al Evangelio en la D.S.I. se asegura, gracias a que el Señor encargó el oficio de enseñar a los Apóstoles y a sus sucesores, guiados por Pedro. Ellos recibieron el Espíritu Santo que los acompaña siempre, a lo largo del camino. Así, con las enseñanzas de esos maestros, asistidos por el Espíritu Santo, se ha ido desarrollando la comprensión de la predicación de Jesús, que nos quedó en la Sagrada Escritura, y que es el fundamento de la doctrina que nos enseña la Iglesia.

 

A los obispos, sacerdotes, fieles, y a todas las personas de buena voluntad

 

En el programa anterior aprendimos que la Iglesia llega a los fieles por distintos medios para comunicarnos, de manera oficial, las enseñanzas del Evangelio. Uno de esos medios es el de las encíclicas, que son cartas dirigidas por los Papas a todos los fieles. Aprendimos que hay temas de los que se tratan en algunas encíclicas, que por ser comprensibles para los no católicos, y por serles útiles, los Papas se dirigen también a esos hermanos nuestros y no solo a los obispos, sacerdotes y fieles católicos. En esos casos nuestros pastores se dirigen también a todas las personas de buena voluntad, gente abierta que busca en su vida la verdad, así no compartan nuestra fe. Fue ésta, de dirigirse también a los no católicos, una inspiración de Juan XXIII en su encíclica Pacem in terris, Paz en la tierra, y que continuaron en algunas de sus cartas encíclicas Pablo VI y Juan Pablo II.

 

¿Dónde se encuentra el núcleo de la D.S.I.?

 

Hemos aprendido también que, además de las encíclicas, hay otras clases de escritos en que el magisterio nos comunica la doctrina social de la Iglesia. Entre esos escritos ocupan un lugar muy importante algunos documentos del Concilio Vaticano II, de los Sínodos de los obispos, intervenciones de los Papas en sus homilías, cartas, discursos y catequesis y también documentos producidos por las Congregaciones Pontificias. Podemos afirmar que en esos documentos  se encuentra  el corazón, el núcleo de la D.S.I.

 

¿Qué son los Sínodos de los obispos?

 

Los sínodos de los obispos son asambleas de obispos, de las distintas regiones del mundo, que se reúnen en Roma convocados por el Romano Pontífice, para estudiar asuntos que el Papa les presenta  para que emitan su opinión. El sínodo es distinto del Concilio; al Concilio Ecuménico son convocados todos los obispos. En el Sínodo, sólo se reúnen algunos, convocados por el Papa. Al terminar la asamblea, los participantes suelen emitir un documento aprobado por el Santo Padre.[1]

 

La Gaudium et spes abre la Iglesia al diálogo con el mundo

 

A propósito del Concilio Vaticano II, vimos que la constitución conciliar Gaudium et spes ocupa un lugar de privilegio en la D.S.I. Es esa constitución el documento más extenso promulgado por el Vaticano II, y tiene una característica de especial importancia en la D.S.: los demás documentos del concilio se orientan a robustecer la vida interior de la Iglesia, mientras que la Gaudium et spes abre la Iglesia al diálogo con el mundo.

El documento fundamental del Vaticano II es la Constitución Dogmática Lumen gentium, que desarrolla y completa la doctrina que sobre la Iglesia  comenzó a formular el Concilio Vaticano I[2], pero por causa de la guerra, el Concilio no pudo terminar; otros documentos muy importantes para la vida de la Iglesia, en el Vaticano II fueron, la Constitución Dogmática Dei Verbum, que trata sobre la revelación y su transmisión; otro documento muy importante es la Constitución Sacrosantum Concilium, sobre la sagrada liturgia. La liturgia tiene como función guiar al pueblo de Dios en su peregrinar por la tierra;  es muy importante en la vida de la Iglesia, porque es la oración de la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo; la liturgia es el centro animador de la vida cristiana.[3] Esos documentos: las Constituciones Dogmáticas Lumen gentium y Dei Verbum y la Constitución Sacrosantum Concilium tratan sobre asuntos de la esencia de la Iglesia, sobre lo que es la Iglesia.

 

Los dos ejes del Vaticano II

 

Es muy importante tener en cuenta que el Concilio Vaticano II  orientó su trabajo en torno a dos ejes: el primero fue el de la esencia de la Iglesia, el misterio de la Iglesia, el cual se puede sintetizar en la  la pregunta ¿qué es la Iglesia? El segundo eje fue el de la misión que le ha sido confiada a la Iglesia, que también lo podemos sintetizar en esta otra pregunta: ¿qué hace la Iglesia?[4]  De manera que el Concilio Vaticano II dedicó su esfuerzo a profundizar en dos asuntos trascendentales: en, ¿qué es la Iglesia? y, ¿cuál es la misión de la Iglesia?, ¿para qué existe, para qué fue fundada la Iglesia?

La respuesta a la primera pregunta sobre lo que es la Iglesia, se encuentra especialmente, en la Constitución Dogmática Lumen Gentium; la respuesta a la segunda pregunta, sobre la misión de la Iglesia, se encuentra particularmente,  en la Constitución pastoral Gaudium et spes. De esta constitución se puede decir que representa la apertura de la Iglesia al mundo y sus problemas, a sus dificultades, a sus alegrías y esperanzas. Ese documento empieza precisamente con las palabras Gozo y esperanza, que es lo que significan las palabras Gaudium et spes.

 

El fenómeno de la secularización

Recordemos que, por el momento por el que pasaba el mundo cuando  se reunía el Concilio Vaticano II, era necesario clarificar la relación Iglesia-sociedad, porque en la sociedad moderna habían surgido fenómenos que oscurecieron la relación de la Iglesia con el mundo; uno de esos fenómenos, que todavía vivimos, es el de la secularización o  cambio de las relaciones entre lo religioso y lo profano. Ese cambio tuvo consecuencias en distintos ámbitos: desde el punto de vista jurídico y político, la consecuencia de la secularización fue la separación cada vez más honda entre la Iglesia y el Estado.

Desde el punto de vista sociológico, la secularización pone la religión al margen de la esfera pública,  la obliga a reducir su acción al campo de la vida privada… La religión puede subsistir, pero a título privado y a condición de que su práctica no perturbe las reglas del  juego dictadas por el poder político.[5] El fenómeno de la secularización no se presenta solamente en los países de Europa, que han pretendido renunciar a su herencia cristiana, sino en nuestros países de raigambre católica, en los cuales, hábilmente, el poder político ha ido dictando nuevas reglas del juego, que favorecen por lo menos, lo irreligioso. 

Es necesario tender puentes

Ante esa compleja situación, la Iglesia, por su misión en el mundo, que es la salvación, vio con claridad en el Vaticano II, que debía buscar nuevas formas de acercamiento y entendimiento con la sociedad moderna. Vio que, si el fenómeno de la secularización tenía como consecuencia apartar a la sociedad de la religión, era indispensable tender puentes. Vemos qué importante fue el enfoque de la Iglesia, que en el Concilio, no solo  se empeñó  en revitalizarse internamente, sino en buscar nuevos recursos, nuevos modos de aproximarse al ser humano de la sociedad contemporánea. Si no se tienden puentes,  ¿cómo puede la Iglesia comunicarle la salvación? 

Terminemos esta reflexión sobre los documentos del Vaticano II, con la observación de que algunas respuestas del Concilio a las  inquietudes de la sociedad de nuestro tiempo, se encuentran precisamente en la Gaudium et spes. Tanto la Lumen Gentium como la Gaudium et spes y otros documentos, como el Decreto sobre el Apostolado de los Seglares, que trata sobre la participación de los laicos en la misión de la Iglesia, abrieron una nueva época a la relación Iglesia-sociedad. La participación de los laicos en la misión de la Iglesia se ha fortalecido desde entonces, aunque estamos lejos del ideal;  todavía seguimos siendo católicos de nombre y todavía hay resistencia en algunos sectores, para que los laicos participen en labores que se siguen considerando exclusivas del clero.

No sólo las encíclicas actualizan la D.S.I.

 

Continuemos con nuestra reflexión sobre la actualización de la D.S.I., para responder a las necesidades de la sociedad. Los documentos del Magisterio, que han ido actualizando la D.S.I., no son únicamente las encíclicas, las constituciones y decretos del Concilio Vaticano II; hay también otro tipo de intervenciones de los Papas que no se pueden olvidar. Entre esas intervenciones cobran especial importancia las de Pío XII[6], Pablo VI y Juan Pablo II. Veamos algo sobre la participación de Pío XII en la profundización de la D.S.I. Hoy se pasa por alto a Pío XII en su contribución a la D.S.I. No es justo.

 

Pío XII en la guerra y en la paz

 

La guerra mundial y la llamada guerra fría, fueron puntos de referencia obligados en el magisterio de Pío XII. Por eso adquieren un lugar preferencial en sus intervenciones las cuestiones políticas, más que las económicas, pues se trataba de una lucha política, de búsqueda de dominio de algunos países y de bloques de países. La preocupación principal del Papa en esos momentos de guerra, fue la instauración de la paz. Es allí donde se encuentran las mayores aportaciones de Pío XII a la D.S.I., sin negar su aporte decisivo, por ejemplo, en la aclaración de la doctrina sobre el uso universal de los bienes. Pío XII  estableció la posición de la Iglesia sobre la propiedad de los bienes materiales, de los que somos sólo administradores.

Un autorizado autor sobre la D.S.I. dice que hay que reconocer que el magisterio social de Pío XII es casi inabarcable.[7]  En los primeros cinico años de su pontificado, de 1939 a 1945, - los años de la guerra, - el problema central en el mundo era la instauración de la paz. Pío XII puso toda su influencia al servicio de esta causa, primero intentando que la guerra no estallase y luego buscando por todos los medios a su alcance que cesara el conflicto.

Aunque Pío XII no fue prolífico en encíclicas, son innumerables sus  documentos doctrinales, en particular de temas sociales. Sus intervenciones quedaron en documentos como las cartas a los obispos, en sus alocuciones radiales y en sus discursos en las audiencias, sobre todo a grupos especiales: médicos, científicos, trabajadores, educadores, etc., a quienes orientaba de modo magistral, en temas del campo en el que se desempeñaban.

 

Pío XII y los problemas de la posguerra

 

En una segunda etapa de su pontificado, terminada la guerra, las enseñanzas de Pío XII tienen como objeto los muchos problemas de la posguerra, como los prisioneros de guerra, la situación de las familias divididas o incompletas, por las numerosísimas muertes en las batallas, en los bombardeos, tomas de ciudades y pueblos por los ejércitos de los aliados y del eje.

 

Pío XII y la guerra fría

 

En la tercera etapa, en los años cincuenta, los temas se concentraron más en el modelo económico. El comunismo se expandía y consolidaba entonces, y desaparecía el fascismo. Había  que tratar entonces, sobre la economia de la libre empresa frente a la centralizada del marxismo, por lo tanto sobre el papel del Estado, sobre la posición dominante del capital privado y los abusos del capitalismo, que aparecía entonces como única contraparte del comunismo.

En esa tercera etapa, los problemas que debió afrontar Pío XII tuvieron que ver con la guerra fría y por lo tanto con la convivencia en medio de las mutuas suspicacias de los dos bloques, oriente-occidente.

Enumeremos solamente algunos de los documentos de Pío XII, como ejemplos de las intervenciones de los Papas, distintas de las encíclicas y documentos del Concilio.

 

Pío XII y su mensaje La solennitá

 

Es muy citado el radiomensaje de Pío XII para conmemorar los 50 años de la publicación de la primera encíclica social, la Rerum novarum. Estando el mundo en plena guerra mundial, Pío XII pronunció el radiomensaje llamado La solennitá, La solemnidad,  mensaje pronunciado en lengua italiana por Radio Vaticano, en la solemnidad de Pentecostés. Se trata de un documento eminentemente doctrinal, considerado el más importante documento social de Pío XII. Como no es tan conocido este documento como lo son las encíclicas sociales, voy a presentar, aunque de modo  muy resumido, su contenido. [8]

Pío XII dice en su alocución que, aunque era difícil señalar y prever los problemas y asuntos, quizás completamente nuevos, que se presentarían a la Iglesia después de la guerra, que involucró a muchos países, sin embargo, si la experiencia de los años anteriores podía ser maestra para lo porvenir, él iba a dar principios directivos morales sobre tres valores de la vida social y económica que se entrelazan, se aseguran y se ayudan mutuamente: el uso de los bienes materiales, el trabajo y la familia. Ese fue el tema de esa alocución: el uso de los bienes materiales, el trabajo y la familia.

Pío XII y el uso de los bienes materiales

 

Sobre el uso de los bienes materiales, afirmó Pío XII que el derecho originario al uso de los bienes creados (el pretendido por Dios en la creación), está antes que el derecho privado de propiedad. Reconoce que la propiedad privada pertenece también al orden natural, pero de forma subordinada, ya que nunca puede erigirse en obstáculo para el derecho primero y fundamental de que todos puedan usar los bienes. Este enfoque supuso un gran avance, al dejar afirmada de forma inequívoca la prioridad del destino común de todos los bienes creados.[9]

 

El Trabajo en: La solennitá

 

Sobre el trabajo, Pío XII trató el carácter personal y necesario, el deber y el derecho al trabajo. Trató también sobre la organización del trabajo y el papel del Estado. En relación con el Estado, Pío XII manifiesta en esa alocución, que se debe garantizar la verdadera autonomía de la persona humana: el Estado no puede eliminar a la persona ni dejarla desamparada. Recordemos que el comunismo imponía la colectivización de los bienes y en esos regímenes se desconocían los derechos de los individuos completamente subordinados al Estado.

Sobre la organización del trabajo, dice Pío XII que el Estado, que tiene la obligación de promover el bien común, debe guardar el equilibrio que no elimine la iniciativa de las personas y grupos sino que la potencie. Defiende la libertad de patronos y trabajadores de organizar su propia actividad dentro del respeto al bien común.

 

La familia en: La solennitá

 

El enfoque de Pío XII cuando trata sobre la familia, no se detiene en la esencia y necesidad de la familia como célula primordial de la sociedad; siguiendo en el tema social del uso de los bienes y el trabajo, Pío XII ofrece algunas ideas, sobre la relación entre familia y propiedad. Subraya sí, el valor natural de la familia y reafirma la necesidad de que la familia posea un patrimonio, que sea base de su seguridad y estabilidad.

 

Otros mensajes de Navidad, de Pío XII

 

Entre otros mensajes radiofónicos de Pío XII, que tienen que ver con la D.S.I. mencionemos los de la Navidad de 1939 y 1941, que tratan sobre los postulados fundamentales de una paz duradera y de una democracia moderna. También se deben mencionar los mensajes de Navidad de 1940, el llamado Grazie, es decir Gracia, el de 1941 titulado Nell’alba (En el alba), dedicado al orden internacional. En 1942 fue muy importante también, el mensaje sobre los derechos humanos, mensaje que empieza con las palabras Con sempre, Con siempre nuevo frescor de alegría y de piedad…

Las pocas citas de Pío XII que hemos visto, nos indican muy someramente que su D.S. no se puede olvidar. Cada uno de esos bellísimos documentos contiene profunda doctrina tomada del Evangelio, sobre el ser humano y su dignidad, sus derechos, sus deberes y los del Estado, el orden internacional y la paz, entre otros asuntos. Veamos sólo algunas palabras de Pío XII sobre la dignidad y derechos de la persona humana.

De su mensaje Con sempre, que acabamos de citar, son las siguientes palabras; recordemos que es un mensaje de Navidad:

“…Quien desea que la estrella de la paz aparezca y se detenga sobre la sociedad, contribuya por su parte a devolver a la persona humana la dignidad que Dios le concedió desde el principio… (N° 35)”. “…Apoye el respeto y la práctica realización de los siguientes derechos fundamentales de la persona: el derecho a mantener y desarrollar la vida corporal, intelectual y moral , y particularmente el derecho a una formación y educación religiosa; el derecho al culto de Dios privado y público, incluída la acción caritativa religiosa; el derecho en principio, al matrimonio y a la consecución de su propio fin, el derecho a la sociedad conyugal y doméstica; el derecho de trabajar como medio indispensable para el mantenimiento de la vida familiar, el derecho a la libre elección del estado; por consiguiente, también del estado sacerdotal y religioso; el derecho al uso de los bienes materiales conscientes de sus deberes y de las limitaciones sociales” (N° 37). Y en el N° 48, esta perla, que adelanta todo el espíritu de la Pacem in terris de Juan XXIII: “…Del ordenamiento jurídico querido por Dios deriva el inalienable derecho del hombre a la seguridad jurídica, y con ello a una esfera concreta del derecho, protegida contra todo ataque arbitrario”.[10]

 

Mensajes de Pablo VI Juan Pablo II

 

Para terminar este punto de las enseñanzas de los Papas, recordemos que, además de sus muy importantes encíclicas, en particular Populorum progressio, Pablo VI dirigió al cardenal Mauricio Roy, presidente del Consejo para los seglares y de la Comisión pontificia Justicia y Paz  la carta apostólica Octogesima adveniens, que no es una encíclica, pero sí es parecida a ellas. Resaltemos que en esa carta, Pablo VI urge a los católicos el deber de respetar las opciones políticas de los demás católicos y de aceptar por lo tanto las diversas decisiones políticas de los hijos de la Iglesia.

No podemos terminar sin citar, de Juan Pablo II, la carta apostólica de 1988,  Mulieris dignitatem, sobre la dignidad de la mujer, y la exhortación apostólica Christifideles laici, sobre la vocación y  misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo.

 

Contribución de las Congregaciones Potificias a la D.S.I.

 

Si pasamos ahora a documentos de las Congregaciones Pontificias, tengamos presente el gran aporte del Compendio de la D.S.I. que nosotros seguimos en estas reflexiones y que fue preparado por el Pontificio Consejo Justicia y Paz. Antes del Compendio, este mismo organismo, en colaboración con la Congregación para la Educación Católica, produjo en 1988, el documento Orientaciones para el estudio y la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia. Se puede decir que esas orientaciones dieron origen luego al Compendio de la D.S.I., pues  hicieron una síntesis organizada de los documentos que hasta entonces se habían presentado sobre la D.S.

El Consejo Pontificio Justicia y Paz ha publicado numerosos documentos sobre temas específicos de la D.S., como La Iglesia y los Derechos del Hombre, en 1975;  Al servicio de la comunidad humana, sobre la deuda externa de los países del tercer mundo, en 1986; sobre la vivienda, el documento ¿Qué has hecho de tu hermano sin techo? en 1987, y en 1997, el documento Para una mejor distribución de la tierra.

Los que he citado son sólo algunos ejemplos, de los muchos documentos sociales de la Iglesia, que presentan la doctrina del Evangelio en todos los temas que tienen que ver con la dignidad de la persona humana, nuestros deberes y derechos en la sociedad. En estos días vamos a tener un documento nuevo, muy actual, que nos debe orientar en la crisis económica mundial, la encíclica Caritas in veritate, Caridad en la verdad, de Benedicto XVI.

Y hay gente que critica a la Iglesia porque espera todavía más de ella. Sin duda en la Iglesia, y la Iglesia somos todos los fieles, no sólo la Jerarquía, podemos y debemos hacer más, pero qué poco conocemos la doctrina que nos oriente. Si de obras sociales se trata, no nos alcanzaría el tiempo si pretendiéramos sólo enumerar las obras sociales de la Iglesia, que no se queda sólo en palabras.

Fernando Díaz del Castillo Z.

reflexionesdsi@gmail.com

 

 

 



[1] Cf Código de Derecho Canónico, 342: El sínodo de los Obispos es una asamblea de Obispos escogidos de las distintas regiones del mundo, que se reúnen en ocasiones determinadas para fomentar la unión estrecha entre el Romano Pontífice y los Obispos, y ayudar al Papa con sus consejos para la integridad y mejora de la fe y costumbres y la conservación y fortalecimiento de la disciplina eclesiástica, y estudiar las cuestiones que se refieren a la acción de la Iglesia en el mundo.

[2] El Concilio Vaticano I (XX Concilio ecuménico) fue convocado y presidido por Pío IX . Se reunió los años  1869-1870. Los temas centrales fueron la fe y la Iglesia.  

[3] Cf Joseph Ratzinger, Introducción al espíritu de la liturgia, San Pablo, Prefacio.

[4] En este tema me he basado en Ildefonso Camacho, S.J., Doctrina Social de la Iglesia, una aproximación histórica, San Pablo, Cap. 10

[5] Ildefonso Camacho, ibidem

[6] Los comentarios sobre Pío XII los tomo, a veces literalmente, del citado libro del P. Ildefonso Camacho, S.J., Pg 188ss

[7] Cf Ildefonso Camacho, opus cit., Pg 189

[8] Lo tomo de Ildefonso Camacho, opus cit, Pgs 192-194

[9] Ibidem, Pg. 195

[10] WEB Julio 1, 2009, La Importancia del Magisterio Social de Pío XII, en el blog Filosofía para mi, el autor es Gabriel J. Zanotti, para el Instituto Acton, Diciembre 2008

Reflexión 141 - N° 87 El Magisterio y la Doctrina Social de la Iglesia (II)

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¿Cómo se actualiza la D.S.I.?

Hemos venido estudiando en qué forma la D.S.I. se va actualizando para llegar, oportunamente, a responder a las inquietudes y necesidades de la sociedad. Como el Evangelio es de una riqueza infinita, es posible encontrar siempre en él la respuestas apropiadas. ¿Quién va haciendo ese delicado trabajo de ir atualizando la presentación de la Doctrina al Pueblo de Dios, con fidelidad, sin apartarse nunca del Evangelio?

La doctrina social se va desarrollando a medida que la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo en la oración y en la meditación, penetra en la honda riqueza del Evangelio. En la meditación de las enseñanzas del Evangelio se va descubriendo a Jesucristo, que es servicio, misericordia, amor sin límites. Así aparece el rostro de Jesús en el Evangelio y así podemos esperar que aparezca siempre en la doctrina social de la Iglesia. Solo siendo fiel al Evangelio, la Doctrina Social podrá reflejar a Jesucristo, podrá ser genuina. La D.S.I. se tiene que fundar en el servicio, en la misericordia, en el amor, amor como el de Jesucristo, sin límites.

La fidelidad al Evangelio en la D.S.I. se asegura, gracias a que el Señor encargó el oficio de enseñar a los Apóstoles y a sus sucesores, guiados por Pedro. Ellos recibieron el Espíritu Santo que los acompaña siempre, a lo largo del camino. Así, con las enseñanzas de esos maestros, asistidos por el Espíritu Santo, se ha ido desarrollando la comprensión de la predicación de Jesús que nos quedó en la Sagrada Escritura y que es el fundamento de la doctrina que nos enseña la Iglesia.

¿Qué son los Magisterios Extraordinario y Ordinario?

Se llama Magisterio extraordinario el que ejerce el Papa cuando habla ex cáthedra; y la expresión ex cathedra significa “desde la cátedra”, de San Pedro. Esa expresión indica que el Sumo Pontífice habla como sucesor de San Pedro, roca sobre la cual Jesús edificó su Iglesia. El Magisterio extraordinario lo ejerce el Santo Padre en pocas ocasiones, él solo, como cabeza de la Iglesia o también en unión con el episcopado en un Concilio ecuménico, cuando define de manera solemne, como verdad revelada por Dios, una cuestión concerniente a la fe y a la moral.

Una declaración ex catedra del Sumo Pontífice, es de necesaria aceptación por todos los católicos. El Papa se pronuncia, en esas circunstancias, con su plena autoridad apostólica como pastor y maestro de toda la Iglesia. Las declaraciones ex cathedra las hace el Sumo Pontífice con fórmulas breves y precisas, que permiten a la Iglesia Universal tener claridad sobre la verdad que se afirma y que exige un asentimiento absoluto, una aceptación absoluta.

¿Quiénes gozan del don de la infalibilidad concedido a la Iglesia?

La Iglesia ha sido dotada del don de la infalibilidad para que el Pueblo de Dios permanezca en la verdad, no sólo en la persona del sucesor de Pedro, sino también

en el Cuerpo episcopal cuando ejerce el magisterio supremo con el sucesor de Pedro, sobre todo en un concilio ecuménico. Cuando la Iglesia propone por medio de su Magisterio supremo que algo se debe aceptar “como revelado por Dios para ser creído” y como enseñanza de Cristo, “hay que aceptar sus definiciones con la obediencia de la fe.” (Catecismo, 891)

No siempre que el Papa se dirige a la Iglesia se pronuncia ex cátedra; además del magisterio extraordinario, existe un magisterio normal, llamado magisterio ordinario, que no tiene la solemnidad del Magisterio extraordinario. Nos explica el Catecismo que la asistencia divina es concedida al Sumo Pontífice y también a los sucesores de los apóstoles, - a los obispos, - de manera particular cuando los obispos enseñan en comunión con el sucesor de Pedro, aunque no lo hagan con la intención de llegar a una definición infalible y no se pronuncien de una “manera definitiva”. De manera que el Papa y los obispos en comunión con él, gozan de la guía del Espíritu Santo cuando

proponen, en el ejercicio del magisterio ordinario, una enseñanza que conduce a una mejor inteligencia de la Revelación en materia de fe y de costumbres. A esta enseñanza ordinaria, los fieles deben “adherirse…con espíritu de obediencia religiosa” (LG 25) que, aunque distinto del asentimiento de la fe, es una prolongación de él.

¿En qué consiste el magisterio ordinario?

La anterior explicación se encuentra en el N° 25 de la Constitución Lumen Gentium del Concilio Vaticano II.

Es una explicación que nos aclara en qué consiste el magisterio ordinario; tengamos presente entonces que, cuando el Papa o los obispos proponen, en el ejercicio del magisterio ordinario, una enseñanza que conduce a una mejor inteligencia de la Revelación en materia de fe y de costumbres, debemos aceptarla con espíritu de obediencia religiosa, con humildad. La clave para saber cuándo tenemos esa exigencia de aceptar la enseñanza con obediencia religiosa, está en que, el magisterio nos proponga una enseñanza que conduzca a una mejor inteligencia de la Revelación en materia de fe y de costumbres. Los muy sabios se resisten a veces a obedecer; el mejor ejemplo de obediencia es el de Jesús, obediente a la voluntad del Padre hasta la muerte.

Enseñanzas precedidas de la oración y la meditación

El magisterio no propone sus enseñanzas de manera ligera, sin antes haber estudiado muy bien lo que Dios nos enseña en la Sagrada Escritura y cuando esas enseñanzas del magisterio se hacen públicas, han estado siempre precedidas de la oración, de la meditación. Es allí de manera particular donde se hace presente el Espíritu Santo. Recordemos la fórmula con la cual el Papa Pío XII proclamó el dogma de la Asunción de María Santísima al cielo, que empieza con las siguientes palabras: Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad”.

Ambiente de oración en Aparecida

Es indispensable la comunicación con el Señor por medio de la oración, para luego transmitir su mensaje. Veamos otro ejemplo de ese comportamiento permanente de la Iglesia, antes de dirigirse a la comunidad que le ha sido confiada. El Santo Padre Benedicto XVI empezó así su discurso de inauguración de la Conferencia Episcopal de Aparecida:

Como los Apóstoles, juntamente con María, “subieron a la estancia superior” (el Cenáculo), y allí “perseveraban en la oración, con un mismo espíritu” (Hch 1, 13-14), así también nos reunimos hoy aquí, en el Santuario de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida, que en este momento es para nosotros “la etancia superior”, donde María, la Madre del Señor, se encuentra en medio de nosotros. Hoy es ella quien orienta nuestra meditación; ella nos enseña a rezar. Es ella quien nos muestra el modo de abrir nuestra mente y nuestro corazón a la fuerza del Espíritu Santo, que viene para ser comunicado al mundo entero.

Es que la verdadera sabiduría no la comunica el Espíritu, necesariamente, por medio de libros. San Ignacio de Loyola tiene en sus Ejercicios Espirituales una frase que se suele citar con frecuencia. Dice que no el mucho saber harta (llena) y satiface el alma, sino el gustar de las cosas internamente.[1]

¿Qué es gustar internamente?

¿Qué es ese gustar internamente, sino rumiar, meditar, más que el discurrir intelectual por la Sagrada Escritura? En una reflexión anterior mencionamos la Lectio Divina, esa lectura meditada, de la Sagrada Escritura, acompañada de la oración, que hoy la Iglesia promueve como un excelente medio de acercarnos a la Palabra de Dios. Al Espírtu Santo lo encuentra la Iglesia en la meditación, en la oración.

Transmitir Su Verdad y no la nuestra

Pedir la ayuda del Señor para transmitir su verdad y no la nuestra, es indispensable en la evangelización. La oración de toda la Iglesia cobija a nuestros pastores bajo la sombra del Espiritu. Ojalá aceptemos la invitación de adoptar a un sacerdote en nuestras oraciones, en este año sacerdotal. Es una adopción espiritual para pedir por ellos, débiles como seres humanos, pero con el encargo inmenso de llevar al Señor en su palabra, en la Eucaristía y con el ejemplo de su vida.

Los obispos en Aparecida sintieron la oración de la Iglesia, por eso en la introducción de su documento final dicen: Nos hemos sentido acompañados por la oración de nuestro pueblo creyente católico, representado visiblemente por la compañía del Pastor y los fieles de la Iglesia de Dios…(3)

Está establecido en la Iglesia, que antes de las decisiones muy importantes se empiece con esa bellísima invocación al Espírtu Santo, el Veni Creator Spiritus (Ven Espíritu Creador), que estremece cuando se canta, en latín, generalmente en el modo del canto Gregoriano. Lo cantan los cardenales antes de la elección del Sumo Pontífice, se entona también antes de impartir el sacramento del orden a obispos y sacerdotes y en otras ocasiones solemnes. En algunas universidades católicas, antes de empezar el año lectivo. Recordemos en español, las primeras estrofas:

Ven, Espíritu Creador; visita las almas de tus fieles, y llena de la divina gracia los corazones que Tú creaste.

Tú que abogado fiel eres llamado, del Altísimo don, fuente viva, fuego, caridad, y espiritual unción.

Tus siete dones vienes a entregarnos, regalos de la diestra paternal; Tú, promesa magnífica del Padre, que el labio mudo viene a liberar.

Con tu luz ilumina los sentidos, los afectos inflama con tu amor. Con tu fortaleza confirma la debilidad de nuestra carne.

Jesús nos enseñó la práctica de acudir a la oración antes de actuar. Se retiró al desierto a orar, antes de comenzar su vida pública y con frecuencia nos dice el Evangelio que se retiraba a orar, a comunicarse con el Padre. Así lo hizo cuando se acercaba el momento supremo, en el huerto de Getsemaní.

Documentos del Magisterio Ordinario

Después de haber comprendido lo que son el magisterio extraordinario y el magisterio ordinario de la Iglesia, detengámonos a estudiar, aunque sea brevemente, cuáles son algunos de los diversos documentos que el magisterio utiliza para enseñarnos la doctrina social de la Iglesia. En realidad toda la doctrina.

Las Encíclicas

Las encíclicas son los documentos de mayor autoridad del Magisterio ordinario de los Papas. Son cartas que el Papa dirige a toda la Iglesia; su nombre – encíclica, -tiene origen en una palabra griega que significa “circular”, la encíclica es un escrito para que circule y se conozca. Las encíclicas solían dirigirse a los obispos, a los sacerdotes y fieles de la Iglesia Católica; sin embargo Juan XXIII tuvo una inspiración brillante; su encíclica Pacem in terris, Paz en la tierra, la dirigió también, como el canto de los ángeles en la Noche de Navidad, a todos los hombres de buena voluntad. Pablo VI utilizó ese encabezamiento en su encíclica Populorum progressio, sobre el desarrollo de los pueblos. Lo mismo hizo Juan Pablo II en su encíclica Laborem exercens, sobre el trabajo humano, en Sollicitudo rei socialis, (La preocupación social de la Iglesia), en el vigésimo aniversario de la encíclica Populorum progressio y en Centesimus annus, en el centenario de la Rerum novarum.

Las cartas encíclicas que se dirigen a todos los hombres de buena voluntad, reconocen que ese mensaje puede ser comprendido, aceptado y puesto en práctica, también por personas que no comparten nuestra fe católica. Es un servicio de la Iglesia a toda la comunidad humana.[2]

¿Quién es el autor de las encíclicas?

El autor definitivo de la encíclica es el Papa que la firma. Naturalmente el Santo Padre se vale de colaboradores que participan en la redacción, revisión de estilo y sin duda, el Papa debe de tener asesores, dependiendo del tema de la encíclica. En las encíclicas sociales, sin duda ponen su grano de arena expertos no sólo en teología, sino también en campos como la economía y otras materias sociales.

Idioma de las encíclicas

Las encíclicas más antiguas están redactadas en latín. En las más recientes, el idioma puede ser uno moderno, dependiendo de si la carta se dirige a una región particular. [3]

El texto oficial de las encíclicas se encuentra en la publicación de la Santa Sede llamada Acta Apostolicae Saedis (Acta o documentos de la Sede Apostólica).

Documentos de los Concilios

Además de las encíclicas, hay otras clases de escritos que nos comunican la doctrina social de la Iglesia. Entre ellos mencionemos algunos documentos del Concilio Vaticano II, de los Sínodos, de los mismos Papas en sus discursos, catequesis y documentos producidos por las Congregaciones Pontificias. Podemos afirmar que entre esos documentos se encuentra el núcleo, el corazón, de la D.S.I.

Veamos en particular algunos documentos conciliares y de los sínodos.

Documentos del Vaticano II

La constitución conciliar Gaudium et spes ocupa un lugar de privilegio en la D.S.I. Es el documento más extenso promulgado por el Vaticano II, y tiene además una característica que le es propia: los demás documentos del concilio se orientan a robustecer la vida interior de la Iglesia, mientras que la Gaudium et spes abre la Iglesia al diálogo con el mundo.

Detengámonos un momento en este tema importante. El documento fundamental del Vaticano II es la Constitución Dogmática Lumen gentium, que desarrolla y completa la doctrina que sobre la Iglesia comenzó a formular el Concilio Vaticano I, pero por causa de la guerra no pudo terminar. La Constitución Dogmática Dei Verbum, trata la doctrina sobre la revelación (sobre la Sagrada Escritura) y su transmisión. La Constitución Sacrosantum Concilium, sobre la sagrada liturgia, que tiene como función guiar al pueblo de Dios en su peregrinar por la tierra. Esos documentos tratan sobre la esencia de la Iglesia, lo que es la Iglesia.

Los dos ejes del Vaticano II: ¿qué es la Iglesia y qué hace la Iglesia?

El Concilio Vaticano II ahondó en la esencia misma de la Iglesia. Enfocó el tema de la Iglesia en torno a dos ejes: ¿Qué es la Iglesia?  y ¿Qué hace la Iglesia? Dicho de otra manera, el Concilio enfocó su trabajo al misterio de la Iglesia (¿qué es la Iglesia?) y a la misión que le ha sido confiada (¿qué hace la Iglesia?). [4]

La respuesta a la primera pregunta sobre lo que es la Iglesia, se encuentra especialmente, aunque no únicamente, en la Constitución Dogmática Lumen Gentium; la respuesta a la segunda pregunta, sobre la misión de la Iglesia, podemos decir que se encuentra particularmente, en la Constitución pastoral Gaudium et spes.

El fenómeno de la secularización

Consecuencias: políticas, jurídicas, sociológicas

La constitución pastoral Gaudium et spes se enfoca a clarificar la relación Iglesia-sociedad. En la sociedad moderna habían surgido fenómenos que oscurecieron la relación de la Iglesia con el mundo; uno de esos fenómenos, que todavía vivimos, es el de la secularización o el cambio de las relaciones entre lo profano y lo religioso. Consecuencia del fenómeno de la secularización, desde el punto de vista jurídico y político fue la separación cada vez más honda entre la Iglesia y el Estado.

El P. Ildefonso Camacho, en su libro Doctrina Social de la Iglesia, una aproximación histórica, añade que Como fenómeno sociológico, la secularización pone la religión al margen de la esfera pública, obligándola a reducir su acción al campo de la vida privada… La religión puede subsistir, pero a título privado y a condición de que sus pretensiones no perturben las reglas del juego dictadas por el poder político.

Ante esa situación compleja, desintegradora, la Iglesia, por su misión en el mundo, vio en el Vaticano II, que debía buscar nuevas formas de entendimiento con la sociedad moderna. La Iglesia se empeñó no sólo en revitalizarse internamente, sino en buscar nuevos recursos, nuevos modos de aproximarse al ser humano de la sociedad contemporánea.

Documentos que abrieron una nueva época en la relación Iglesia-Sociedad

Algunas respuestas del Concilio a estas inquietudes se encuentran precisamente en la Gaudium et spes. No vamos a profundizar en el tema del Concilio Vaticano II, vamos a tratar el tema lo suficiente para comprender la D.S.I. Digamos que tanto la Lumen Gentium como la Gaudium et spes y otros documentos, como el Decreto sobre el Apostolado de los Seglares, que trata sobre la participación de los laicos en la misión de la Iglesia, abrieron una nueva época a la relación Iglesia-sociedad. Para terminar esta parte sobre los documentos conciliares y el desarrollo o formación de la D.S.I. leamos el comienzo de la Gaudium et spes, que nos muestra el rostro con que la Iglesia se presenta ante la nueva sociedad.

1. Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del genero humano y de su historia.

Fernando Díaz del Castillo Z.

reflexionesdsi@gmail.com


[1] San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, 2.

[2] Cf Doctrina Social de la Iglesia, manual abreviado, 9° ed., BAC, Fundación Pablo VI, Madrid MMII

[3] Algunos ejemplos de encíclicas en lengua moderna: Au milieu des sollicitudes (1892), Non abbiamo bisogno (1931), Mit brennender Sorge (1937)

[4] En este tema me he basado en Ildefonso Camacho, S.J., Doctrina Social de la Iglesia, una aproximación histórica, San Pablo, Cap. 10