¿Sí vale la pena creer?, abril 6 de 2014

Programa “¿Sí vale la pena creer?” transmitido por Radio María de Colombia los domingos de 9:30 a 9:55 a. m.
Emisión del 6 de abril de 2014 .

¿Sí vale la pena creer? 30 de marzo de 2014

Programa “¿Sí vale la pena creer?” transmitido por Radio María de Colombia los domingos de 9:30 a 9:55 a. m.
Emisión del 30 de marzo de 2014 .

¿Sí vale la pena creer? 23 de marzo de 2014

Programa “¿Sí vale la pena creer?” transmitido por Radio María de Colombia los domingos de 9:30 a 9:55 a. m.
Emisión del 23 de marzo de 2014 .

Reflexión 279 Pío XII su Doctrina Social marzo 6 2014

Vamos a seguir estudiando la DSI en los documentos de Pío XII. Los programas anteriores los dedicamos a la alocución del Santo Padre a través de Radio Vaticana, el día solemne de Pentecostés de 1941, dirigida a toda la cristiandad en el 50° aniversario de la publicación de la encíclica Rerum novarum, del Papa León XIII.

Vimos que Pío XII en su alocución, llamada La solemnidad, palabras con que empezó su discurso, en referencia al día solemne de Pentecostés que se celebrara en esa fecha, 15 de junio de 1941, trató sobre los tres asuntos que la vida social plantearía a la Iglesia después de la guerra mundial. Esos tres asuntos, según el criterio de Pío XII, eran al mismo tiempo tres valores fundamentales de la vida social y económica. Esos tres valores, en palabras de Pío XII se entrelazan, se aseguran y se ayudan mutuamente y son: el uso de los bienes materiales, el trabajo y la familia.

En resumen, sobre el uso de los bies materiales, dice Pío XII que el punto fundamental es que  «que los bienes creados por Dios para todos los hombres lleguen con equidad a todos, según los principios de la justicia y de la caridad». Deja también claro el papel del Estado que según las normas jurídicas puede regular este derecho al uso de los bienes, pero establece claramente que este derecho individual de propiedad no puede suprimirse en modo alguno. Tienen que armonizar estos dos derechos, el de uso de los bienes materiales y la función reguladora del Estado.

Los fundamentos que expone Pío XII de este derecho universal al uso de los bienes materiales son: el estar unido a los demás derechos de la persona humana que aseguran la dignidad personal del ser humano, a quien los bienes materiales le permitirán cumplir con las obligaciones de las que es responsable ante Dios. Entre estas obligaciones señala la de conservar y enderezar a la perfección su vida material y espiritual para conseguir el fin para el que fue creado.

Esta idea de la necesidad de tener la persona humana lo material que permite una vida digna, la  pone más exigente  Pío XII, pues no habla solo de vida digna, sino de enderezar la vida a la perfección material y espiritual y así lograr el fin para el fue creado.

Decíamos que Pablo VI desarrolló el pensamiento de Pío XII en su encíclica Populorum progressio, sobre el desarrollo de los pueblos. Leamos de nuevo sus palabras:

Verse libres de la miseria, hallar con más seguridad la propia subsistencia, la salud, una ocupación estable; participar todavía más en las responsabilidades, fuera de toda opresión y al abrigo de situaciones que ofenden su dignidad de hombres; ser más instruidos; en una palabra, hacer, conocer y tener más para ser más: tal es la aspiración de los hombres de hoy, mientras que un gran número de ellos se ven condenados a vivir en condiciones, que hacen ilusorio este legítimo deseo.

También Pablo VI sobre el destino común de todos los bienes creados, siguiendo la doctrina de Pío XII afirma en los números 23 y 24 que la propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto. No hay ninguna razón para reservarse en uso exclusivo lo que supera a la propia necesidad, cuando a los demás les falta lo necesario. En una palabra: «el derecho de la propiedad no debe jamás ejercitarse con detrimento de la utilidad común, según la doctrina tradicional de los Padres de la Iglesia y de los grandes teólogos». Si se llegase al conflicto «entre los derechos privados adquiridos y las exigencias comunitarias primordiales», toca a los poderes públicos «procurar una solución, con la activa participación de las personas y de los grupos sociales»

Si pensamos en la práctica de esta doctrina que nos enseña que el derecho de propiedad no debe ejercitarse en detrimento de la utilidad común y que en esos casos, si hay conflicto, los poderes públicos deben procurar una solución con participación de las personas y, como añade el Papa, con participación de los grupos sociales, enseguida nos viene a la memorias el conflicto que muchas veces se presenta cuando los propietarios de un predio se oponen a que una carretera o una avenida pase por su terreno.

En el centro del país tenemos en este momento sin acabar de resolver, conflictos en la doble calzada a Girardot y en la que conduce a Tunja. Llevan mucho tiempo inconclusas esas muy importantes vías nacionales. No tengo elementos para afirmar que es por terquedad de los propietarios o de las autoridades;  ninguna de las partes se puede aprovechar de  la situación y exigir u ofrecer un precio injusto, pero sea cual sea la razón para interrumpir esos importantes trabajos que una vez terminados serán de gran utilidad común, no se está teniendo en cuenta la DSI que nos enseña que el derecho a la propiedad privada no debe ejercerse en detrimento de la utilidad común.

El otro asunto tratado por Pío XII fue la familia. Pío XII conocía la situación de gran número de familias a las que la guerra estaba sacrificando, porque alguno de sus integrantes estaba en las filas; no pocos habían caído en los campos de batalla o habían regresado a casa heridos, algunos con discapacidad permanente y otros estaban en campos de concentración. Al terminar las hostilidades, las  familias sentirían las consecuencias de ese terrible mal que es la guerra: viudas y huérfanos que buscarían refugio porque sus casas habían sido destruidas, ancianos sin el apoyo de sus hijos, padres de familia sin trabajo. Por eso las emigraciones e inmigraciones tenían gran importancia. Nuestros campesinos han  experimentado situaciones parecidas por los desplazamientos obligados, las consecuencias de la muerte de sus parientes y la destrucción de sus propiedades.

Como vimos hace una semana, Pío XII en su mensaje La Solemnidad señala la relación entre la familia y la propiedad. En  el números 23 subraya el valor natural de la familia con la frase  En la familia encuentra la nación la raíz natural y fecunda de su grandeza y potencia; luego resalta cómo la propiedad privada es necesaria para procurar el fin que Dios ha señalado al perfeccionamiento de la vida familiar.

Para Pío XII, era de especialísima importancia dejar asentada la importancia de la autonomía de la persona humana y en el N° 15 deja claro, como aparece a lo largo de su DS que uno de los pilares de la DSI es el valor de la persona humana y su autonomía, de manera que el Estado no puede eliminar a la persona humana ni dejarla desamparada. Son modos de eliminar a la persona humana por ejemplo, privarlo de la libertad nacionalizar sus bienes, como lo hacen en las dictaduras.

Dice en el N° 15:

15. Tutelar el campo intangible de los derechos de la persona humana y hacerle llevadero el cumplimiento de sus deberes, debe ser oficio esencial de todo poder público.

El P. Camacho observa que Garantizar el bien común supone guardar este equilibrio, que no elimine la iniciativa de personas y grupos, sino que la potencie. Esta recomendación de nuevo se repite cuando se habla del trabajo y de la libertad de que han de gozar patronos y obreros para organizar su propia actividad: solo cuando esto no se haga dentro del respeto al bien común corresponderá al Estado intervenir.

Podemos darnos cuenta de que la DSI no es partidaria del intervencionismo del Estado en todas las actividades como lo pretende el socialismo. Solo cuando los particulares no lo puedan hacer o no lo hagan dentro del respeto al bien común, el Estado debe intervenir. Me parece que en esa misma línea va el principio de susidiaridad, que se había mencionado ya en Rerum novarum y que Quadragesimo anno lo declara principio importantísimo de la “filosofía social”.

Es bueno que refresquemos lo que afirma Juan Pablo II en Centesimus annus la encíclica que publicó en el centenario de Rerum novarum y que se refiere a los excesos que se han cometido en los llamados Estados bienestar, en que se ha asumido por parte de la autoridad pública la atención de necesidades que los ciudadanos podían asumir. Miremos con  cuidado las palabras de Juan Pablo II, pues él no critica que los Estados traten de remediar formas de pobreza extrema, indignas de la persona humana, sino los excesos y abusos del Estado.

Después de explicar el Papa que le es lícito al Estado intervenir en situaciones particulares, excepcionales, cuando sectores sociales o sistemas de empresas, demasiado débiles o en vías de formación, sean inadecuados para su cometido. Tales intervenciones de suplencia, justificadas por razones urgentes que atañen al bien común, en la medida de lo posible deben ser limitadas temporalmente, para no privar establemente de sus competencias a dichos sectores sociales y sistemas de empresas y para no ampliar excesivamente el ámbito de intervención estatal de manera perjudicial para la libertad tanto económica como civil.

Luego explica Juan Pablo II el asunto de los Estados Bienestar. Dice:

En los últimos años ha tenido lugar una vasta ampliación de ese tipo de intervención, que ha llegado a constituir en cierto modo un Estado de índole nueva: el «Estado del bienestar». Esta evolución se ha dado en algunos Estados para responder de manera más adecuada a muchas necesidades y carencias tratando de remediar formas de pobreza y de privación indignas de la persona humana. No obstante, no han faltado excesos y abusos que, especialmente en los años más recientes, han provocado duras críticas a ese Estado del bienestar, calificado como «Estado asistencial». Deficiencias y abusos del mismo derivan de una inadecuada comprensión de los deberes propios del Estado. En este ámbito también debe ser respetado el principio de subsidiariedad. Una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándola de sus competencias, sino que más bien debe sostenerla en caso de necesidad y ayudarla a coordinar su acción con la de los demás componentes sociales, con miras al bien común.

Al intervenir directamente y quitar responsabilidad a la sociedad, el Estado asistencial provoca la pérdida de energías humanas y el aumento exagerado de los aparatos públicos, dominados por lógicas burocráticas más que por la preocupación de servir a los usuarios, con enorme crecimiento de los gastos.

En nuestro medio se ha experimentado que el Estado no es buen administrador y que no es conveniente que asuma labores que pueden ser mejor ejecutadas por los particulares. El problema se presenta cuando la corrupción interviene en la contratación y tanto de la parte oficial como de la particular se busca solo el lucro de personas inescrupulosas cuya conducta perjudica al bien común.

La línea de pensamiento de Pío XII en el mensaje La solemnidad, continuó en otro radiomensaje del 1 de septiembre de 1944. La guerra llevaba ya 5 años y el 6 de junio se había efectuado el desembarco de los aliados en Normandía con el que comenzó su ofensiva final y llevaría a la terminación de la guerra. Pío XII sin duda anticipaba este acontecimiento, porque además, el 20 de julio se había llevado a cabo el fracasado atentado contra Hitler; el 22 de julio de ese año 1944 los gobiernos aliados habían firmado el tratado de Bretton Woods en el cual se creó el Banco Mundial y el 25 de agosto se había reconquistado a París. El Papa vislumbraba los acontecimientos de la posguerra y la situación económica de los países en reconstrucción.

En ese mensaje del 1 de septiembre critica al capitalismo por sus fuertes concentraciones de poder económico que actúan sin consideración con el bien común. Como alternativa al sistema capitalista propone una política social y económica donde el acceso a la propiedad sea un estímulo eficiente para todos los trabajadores que pongan las bases de un orden social duradero y pacífico (Camacho, Pg. 197).

De manera que la propiedad, si es accesible a todos puede ser base de un orden social duradero y pacífico. Ni el capitalismo en el que la propiedad se concentre en pocas manos, ni el comunismo donde la propiedad es negada a los particulares y solo el Estado puede ser su propietario.

Pío XII había defendido la libertad de conformar empresas, contra la pretensión socialista de nacionalizarlas, de estatizarlas todas. En su alocución a los delegados de la Unión Internacional de Asociaciones Patronales Católicas  (UNIAPAC) el 7 de mayo de 1949, mira con cautela las nacionalizaciones que se habían adoptado en el algunos países como una manera de reformar el sistema capitalista.

Aclaremos que Pío XII no condenó las nacionalizaciones como ilícitas, él dijo que eran lícitas, pero no siempre convenientes. No rechaza la Iglesia las nacionalizaciones sino sus excesos y está de acuerdo en que una nacionalización no solo puede ser lícita sino oportuna, pero se defiende que hay que salvaguardar la autonomía y la iniciativa de la persona. Pío XII considera peligroso el anonimato y la pérdida de sentido comunitario en que caen las empresas nacionalizadas. Y es que vemos que en la práctica las empresas propiedad del Estado se consideran sin dueño, a nadie le duelen y más que buscar un modo de ser eficaces y eficientes, muchas empresas del Estado se manejan como una oportunidad de repartir puestos para ganar favores políticos.

El pensamiento social de Pío XII se manifestó también sobre el tema de la cogestión  de las empresas, es decir la intervención de los trabajadores en la administración de las empresas. Católicos alemanes habían entendido y defendían  que la cogestión era un derecho natural y buscaban que ese derecho quedara reconocido por la ley. Estas fueron las palabras de esa organización de católicos alemanes  en una declaración de 1949 :

Los obreros y los patronos  católicos están de acuerdo en reconocer que la participación de todos los colaboradores en las decisiones concernientes a las cuestiones sociales y económicas y a las cuestiones de personal es un derecho natural conforme al orden querido por Dios, y que tiene como corolario el que todos asuman su parte de responsabilidad. Pedimos que este derecho sea reconocido legalmente. Pedimos que este derecho sea reconocido legalmente. Siguiendo el ejemplo dado por las empresas abiertas al progreso, es preciso, desde este momento, introducir ese derecho en todas partes (Cfr Camacho nota 30, Pg 201).

El sistema de cogestión, manteniendo el carácter privado de los medios de producción, se proponía establecer unos órganos para la cogestión de la empresa donde estarían representados paritariamente capital y trabajo.

Pío XII mostró sus reservas frente a ese planteamiento del derecho natural de la cogestión. Si Pío XII defendió siempre el papel central de la persona en la vida socioeconómica, reconocía que las relaciones entre las personas en la empresa, trabajadores y propietarios representados por los administradores, se realizan a través de los servicios que prestan o los productos que fabrican. Aunque trabajadores, propietarios y administradores son igualmente personas, lo que unos y otros aportan en el funcionamiento de la empresa es distinto.

De manera que aunque Pío XII reconocía que el planteamiento de la cogestión representaba un avance en  beneficio de trabajadores y propietarios; sin embargo el hecho de que todos los que participan en la marcha de la empresa, empresarios y trabajadores, sean sujetos, no objetos de la economía, significa que a unos y a otros les correspondan los mismos derechos en el manejo de la empresa. Hay algunas empresas, pocas, en las cuales hay representantes de los trabajadores en las Juntas Directivas. Si algún oyente conoce algún ejemplo, sería interesante que nos lo contara. No sé de ninguna empresa en la que los representantes sean en igual número trabajadores y representantes de los propietarios.

Nos queda todavía por estudiar de Pío XII los mensajes de Navidad sobre el orden político internacional y nacional. Finalmente el mensaje navideños de 1944 sobre la opción por la democracia. Como vemos corrían los años de reconstrucción de la paz. 

 

 

 

Reflexión 280 Pío XII su Doctrina Social marzo 13 2014

Inauguración de Radio Vaticano por Pío XI

Continuaremos hoy estudiando la doctrina social de Pío XII. Para el papa Pío XII un modo de enseñar al mundo entero la doctrina católica era por sus alocuciones a través de la Radio Vaticano. Su  antecesor Pío XI había encargado la construcción de la emisora a Guillermo Marconi, premio nobel y reconocido por los avances que logró en la transmisión de ondas de radio a grandes distancias. Lo consideran el inventor de la radio. Radio Vaticano salió al aire el 12 de febrero de 1931 con palabras introductorias de Marconi y enseguida la alocución de inauguración del Santo Padre Pío XI, llamada Qui arcano. Voy a copiar el primer párrafo de esa alocución dirigida por el Papa no solo a los fieles católicos sino a todo el universo. Dijo el Papa:

Siendo, por arcano diseño de Dios, Sucesores del Príncipe de los Apóstoles, de aquellos cuya doctrina y predicación por divino mandato está destinada a toda la gente y a toda criatura (Mt., 28, 19; Mc., 16, 15), y pudiendo en primer lugar valernos desde este lugar de la admirable invención de Marconi, nos dirigimos primeramente a todas las cosas y a todos los hombres, diciéndoles, aquí y en adelante, con las mismas palabras de la Sagrada Escritura: “Escucha, cielo, y hablaré, oiga la tierra las palabras de mi boca”. (Deuteronomio, 32, 1). “Oigan esto, todos los pueblos; escuchen, todos los habitantes del mundo: tanto los humildes como los poderosos, el rico lo mismo que el pobre”. (Salmo, 48, 1). “¡Escúchenme, costas lejanas, presten atención, pueblos remotos!”—(Isaías,–49,1).(CM-RV)

El futuro Pío XII estuvo presente en la inauguración de la radio en su calidad de secretario de estado y comprendió la importancia de ese nuevo instrumento de evangelización que utilizó con frecuencia en su pontificado. En Colombia escuchamos emocionados varias veces sus mensajes dirigidos a los fieles colombianos. Lo recuerdo muy bien cuando se dirigió con motivo del Congreso Eucarístico en Cali  y en una concentración, no recuerdo el motivo, en el estadio El Campín.

¿Por qué la radio el medio preferido por Pío XII?

 

Traigo esto a cuento para que comprendamos por qué la doctrina social de Pío XII no se encuentra en una o varias encíclicas y sí en sus mensajes radiales, en particular con motivo de la Navidad. Desde el comienzo de la radio, Pío XI y luego Pío XII nos mostraron el camino, cómo llegar a los hombres de todas las latitudes.

Dediquémonos ahora a los radiomensajes navideños de Pio XII en 1941 y 1942 y a otros, que aunque no fueron dirigidos a todo el mundo católico en su forma, porque algunos se pronunciaron a grupos, su contenido doctrinal sí era aplicable a toda la Iglesia.

Tengamos presente que en 1941 Europa estaba en plena segunda guerra mundial y sus consecuencias afectaban a todo el mundo. El tema de la paz era predominante y por eso los aportes de Pío XII se refirieron con frecuencia a temas de política internacional.

Empecemos por algunos comentarios breves a diversas intervenciones de Pío XII (Cf Camacho, Ildefonso, Doctrina social de la Iglesia, una aproximación histórica, Pg 204).

 

Alocución de la navidad de 1939

Postulados fundamentales de una paz justa

El 24 de diciembre de 1939 se dirigió a los cardenales, obispos y prelados de la curia romana. Los estruendos de la guerra aturdían al mundo y ya el Papa exponía su pensamiento sobre los Postulados fundamentales de una paz justa, que son: derecho a la vida para todas las naciones, desarme espiritual y material, instituciones internacionales de arbitraje, toma en consideración de las necesidades reales de todas las naciones, verdadero sentido moral en gobernantes y pueblo.

Al comienzo de su discurso recordó el papa Pío XII que su antecesor Pío XI con inmenso dolor, a pesar de su esfuerzo no pudo impedir la desagracia de la guerra y añadió:

Ante su estruendo, una inmensa amargura inunda nuestro ánimo, triste y preocupado porque el santo nacimiento del Señor, del Príncipe de la Paz, habrá de celebrarse hoy entre el funesto, fúnebre tronar de los cañones, bajo el terror de bélicos aparatos volantes, en medio de las amenazas y de las asechanzas de los navíos armados. Y como parece que el mundo ha olvidadlo el pacificador mensaje de Cristo, la voz de la razón, la fraternidad cristiana, hemos tenido, desgraciadamente, que asistir a una serie de actos inconciliables tanto con las prescripciones del derecho internacional positivo como con los principios fundamentales del derecho natural y con los mismos sentimientos más elementales de la humanidad, actos que demuestran en qué caótico círculo vicioso se desenvuelve el sentido jurídico, desviado por puras consideraciones utilitarias.

Oigamos los puntos fundamentales de una paz justa y honrosa como los expuso Pío XII:

 Un postulado fundamental de una paz justa y honrosa es asegurar el derecho a la vida y a la independencia de todas las naciones, grandes y pequeñas, poderosas y débiles. La voluntad de vivir de una nación no debe equivaler nunca a la sentencia de muerte para otra. Cuando esta igualdad de derechos es destruida, o herida o puesta en peligro, el orden jurídico exige una reparación, cuya medida y extensión no ha de ser determinada por la espada o el arbitrio egoísta, sino por las normas de la justicia y de la recíproca equidad.

Sobre el desarme espiritual y material dijo Pío XII:

A fin de que el orden de este modo establecido pueda tener tranquilidad y duración, ejes de una verdadera paz, las naciones deben quedar liberadas de la pasada esclavitud de la carrera de armamentos y del peligro de que la fuerza material, en vez de servir para tutelar el derecho, se convierta en tiránica violadora de éste. Los tratados de paz que no atribuyesen fundamental importancia a un desarme mutuamente consentido, orgánico, progresivo, tanto en el orden práctico como en el espiritual, y no cuidasen de realizarlo lealmente, revelarían, tarde o temprano, su inconsistencia y falta de vitalidad.

 Pío XII y las instituciones internacionales de arbitraje

Tengamos presente que la Liga de las Naciones, que fue la antecesora de la ONU, fracasó en su papel de lograr la paz. Sobre las instituciones internacionales de arbitraje, este fue el  pensamiento de Pío XII:

3º En toda reordenación de la convivencia internacional, sería conforme a las máximas de la humana sabiduría que todas las partes interesadas dedujeran las consecuencias de las lagunas o de las deficiencias del pasado; y al crear o reconstruir las instituciones internacionales, que tienen una misión tan alta, pero al mismo tiempo tan difícil y llena de gravísima responsabilidad, se deberían tener presentes las experiencias que resultaron de la ineficacia o del defectuoso funcionamiento de anteriores iniciativas semejantes. Y, como a la debilidad humana es tan dificultoso, casi podríamos decir tan imposible, preverlo todo y asegurarlo todo en el momento de los tratados de paz. cuando es tan difícil verse libre de las pasiones y de la amargura, la constitución de instituciones jurídicas que sirvan para garantizar el leal y fiel cumplimiento de tales tratados, y, en caso de reconocida necesidad, para revisarlas y corregirlas, es de importancia decisiva para una honrosa aceptación de un tratado de paz y para evitar arbitrarias y unilaterales lesiones e interpretaciones de las condiciones de los referidos tratados.

Una de las fallas de la nueva organización de la ONU, en su comienzo, fue la forma unilateral como dejaron de aceptar a algunas naciones. La Santa Sede no tenía vocero en la ONU, la única voz desinteresada y que podría aportar a la paz sin egoísmo, pensando solo en el bien común. El papa Pío XII se refirió luego a la importancia de tener en cuenta las verdaderas necesidades de todas las naciones, así:

Justicia para todas las naciones, sin excluir a las minorías

 

4º En particular, un punto que debería reclamar la atención, si se quiere una mejor ordenación de Europa, se refiere a las verdaderas necesidades y las justas exigencias de las naciones y de los pueblos, como también de las minorías étnicas; exigencias que, si no bastan siempre para fundamentar un estricto derecho, cuando están en vigor tratados reconocidos y sancionados u otros títulos jurídicos que se opongan a ellas, merecen, sin embargo, un benévolo examen para solucionarlas por métodos pacíficos y también, cuando sea necesario, por medio de una equitativa, prudente y concorde revisión de los tratados. Reconstituido así un verdadero equilibrio entre las naciones, restablecidas las bases de una mutua confianza, se evitarían muchas tentaciones para recurrir a la violencia.

Si comparamos el mapa de Europa antes de la guerra y cómo por decisiones de los vencedores, varios países se transformaron o cómo cambiaron sus límites, comprendemos que Pío XII fue previsivo y conocedor de la política internacional. Miremos solamente lo que  sucedió después de la guerra mundial, en la antigua Yugoeslavia. Tengamos presente que el dictador Tito había logrado reunir a varias naciones, históricamente diferentes, en una sola nación.

 

La antigua Yogoslavia

 

El siguiente resumen de Wikipedia nos puede ayudar a entender lo que pasó por no tener en cuenta el pensamiento de Pío XII,  preocupado porque después de la guerra mundial se lograra una paz duradera.

Las Guerras de Yugoslavia fueron una serie de conflictos en el territorio de la antigua Yugoslavia, que se sucedieron entre 1991 y 2001. Comprendieron dos grupos de guerras sucesivas que afectaron a las seis ex repúblicas yugoslavas. Se han empleado términos alternativos como la Guerra de la ex Yugoslavia , Guerra de los Balcanes o Guerras Yugoslavas de Secesión.

Las guerras se caracterizaron por los conflictos étnicos entre los pueblos de la ex Yugoslavia, principalmente entre los serbios por un lado y los croatas, bosnios y albaneses por el otro; aunque también en un principio entre bosnios y croatas en Bosnia-Herzegovina. El conflicto obedeció a causas políticas, económicas y culturales, así como a la tensión religiosa y étnica.

Las Guerras Yugoslavas terminaron con gran parte de la ex Yugoslavia reducida a la pobreza, con desorganización económica masiva e inestabilidad persistente en los territorios donde ocurrían las peores luchas. Las guerras fueron los conflictos más sangrientos en suelo europeo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, resultando en unas 130.000 a 200.000 muertes y millones más sacados de sus hogares. Fueron también los primeros conflictos desde la Segunda Guerra en haber sido formalmente juzgados los genocidas y muchos de los individuos claves participantes fueron consecuentemente acusados por crímenes de guerra.

 

El sermón de la montaña y la ley moral

 

El quinto punto tratado por Pío XII fue el verdadero sentido moral en gobernantes y pueblo. Dijo el Santo Padre:

5º Pero incluso las regulaciones mejores y más cumplidas serán imperfectas y condenadas en definitiva al fracaso si los que dirigen la suerte de los pueblos, y los pueblos mismos, no se dejan penetrar cada vez más de aquel espíritu del que únicamente puede provenir la vida, autoridad y obligatoriedad a la letra muerta de los párrafos de los ordenamientos internacionales; es decir, de aquel sentido de íntima y aguda responsabilidad que mira y pondera los estatutos humanos según las santas e indestructibles normas del derecho divino; de aquella hambre y sed de justicia que es proclamada como bienaventuranza en el sermón de la Montaña, y que tiene como condición natural previa la justicia moral; de aquel amor universal que es el compendio y el término más avanzado del ideal cristiano, y por esto tiende un puente incluso a quienes no tienen la dicha de participar en nuestra misma fe.  

La última parte del discurso de Pío XII en la Navidad de 1939 está dedicada al significado de la Navidad en este contexto en que se rogaba por la paz y el Papa exhortaba a los fieles a ofrecer sus oraciones y sacrificios a Cristo, Mediador de paz. Oigamos su bella alusión al nacimiento de Cristo. Dijo:

17. De esta justicia que es la única capaz de crear la paz y de asegurarla, Nos, y con Nos todos cuantos escuchan nuestra voz, no ignoramos dónde nos es dado encontrar el sublime ejemplar, el íntimo impulso y la segura promesa. «Transeamus usque Bethlehem et videamus» ( Lc 2,15). Vayamos a Belén. Allí encontraremos recostado en el pesebre al nacido «Sol de la justicia, Cristo, Dios nuestro», y a su lado la Virgen Madre, «Espejo de la justicia» y «Reina de la paz», con el santo custodio José, «el hombre justo». Jesús es el esperado de las gentes. Los profetas lo señalaron y cantaron sus futuros triunfos: «y se llamará maravilloso consejero, Dios fuerte, Padre sempiterno, Príncipe de la paz (Is 9,6).

En la Navidad de 1940, también en su discurso ante el colegio cardenalicio, Pío XII abordó de nuevo temas sobre la guerra y la paz. Su discurso llevó el título de Bases indispensables del nuevo orden internacional. Habló entonces de la necesidad de vencer el odio y la mentira, lo mismo que vencer la desconfianza nacida de la inobservancia de los pactos, de vencer también el interés y la fuerza como bases del derecho, las desigualdades económicas crecientes y finalmente la necesidad de vencer lo que llamó frío egoísmo.

Después de considerar las bases indispensables del nuevo orden internacional, si le cambiamos el título por Bases del nuevo orden nacional,  para aplicarlo a la situación de nuestro país, se pueden muy bien aplicar las ideas de Pío XII a las bases necesarias para el proceso de paz con la guerrilla y para el llamado posconflicto: victoria sobre el odio y la mentira, sobre la desconfianza nacida de la inobservancia de los pactos. Pensemos en las treguas mentirosas, en la negación de conocidos secuestros y ataques a la población civil. Victoria sobre el interés y la fuerza como bases del derecho: ¿no se ha tratado de imponerse con la violencia, siguiendo la ley del más fuerte? Victoria sobre las desigualdades económicas crecientes. Esas desigualdades son un hecho y la disculpa para continuar la guerra.

 

Diciembre de 19451: Presupuestos para un orden internacional nuevo

 

El 24 de diciembre de 1941, Pío XII se dirigió por Radio Vaticano a todo el orbe y trató sobre Presupuestos de un orden internacional nuevo. Empezó con las palabras: En el alba y en la luz brilla como preparación de la fiesta de Navidad, esperada siempre con vivo anhelo….

Más adelante volcó su corazón desgarrado por los dolores de la guerra así:4. Es verdad, amados hijos, que, si nuestros ojos no mirasen más allá de la materia y de la carne, apenas si podrían encontrar motivo alguno de consuelo. Difunden, sí, las campanas el alegre mensaje de Navidad, se iluminan las iglesias y capillas, los cánticos religiosos alegran los espíritus, todo es fiesta y ornato en los sagrados templos; pero la humanidad no cesa de desgarrarse en una guerra exterminadora.

En esa oportunidad, en diciembre de 1941 trató sobre las causas de la ruina de la humanidad por la guerra que dijo que las causas eran la descristianización y el materialismo. Hizo un análisis de las causas de la guerra y con palabras vehementes exhortó al cambio, y cómo  para un mundo en paz, era necesaria la no agresión a las naciones, la no agresión a las minorías, cómo era necesario el no acaparamiento de recursos, no carrera armamentista y no persecución contra la Iglesia. Sobre el acaparamiento de recursos dijo:

21. 3º) En el campo de un nuevo orden fundado sobre principios morales no hay lugar para los estrechos cálculos egoístas, que tienden a acaparar para si las fuentes económicas y las materias de uso común; de forma que las naciones menos favorecidas por la naturaleza queden excluidas. A este propósito, nos sirve de gran consolación ver cómo se afirma la necesidad de una participación de todos en los bienes de la tierra, afirmación sostenida aun por aquellas naciones que en la realización de este principio pertenecerían a la categoría de aquellos «que dan» y no a la de aquellos «que reciben».

Podemos observar que repite en esa Navidad la doctrina de una participación de todos en los bienes de la tierra, la cual, como ya habíamos visto, expuso en el mensaje del Domingo de Pentecostés, el 15 de junio de ese mismo año 1941, en el 50° anivesario de la Rerum novarum.

Reflexión 281 Doctrina Social Pío XII marzo 20 2014

Mensajes Navidad 1939-1941

Estamos haciendo un breve recorrido por los documentos sociales de Pío XII. Era el tiempo de la segunda guerra mundial. Pío XII dirigió al mundo el mensaje de paz del Evangelio todos los años, especialmente en las fiestas de Navidad. Hubo, podríamos decir, un documento social por año. Debido a las circunstancias de la guerra, la orientación de esos mensajes fue sobre todo la política internacional, los fundamentos de una paz duradera. Hace una semana vimos los mensajes de la Navidad de 1939, de 1940, y de 1941. El mensaje del papa Pío XII el 24 de diciembre de 1941, dirigido desde RadioVaticano a todo el orbe trató sobre Presupuestos de un orden internacional nuevo. Llamó la atención sobre las causas de la ruina de la humanidad por los desastres de la guerra; dijo que las causas eran la descristianización y el materialismo. Exhortó al cambio y una vez más dejó clara la doctrina social de la Iglesia sobre el derecho de todos a los bienes de la tierra.

Mensaje Navidad 1942

El 24 de diciembre de 1942, el radiomensaje que Pío XII dirigió al mundo entero fue sobre los Fundamentos del orden interno de los Estados, que en sus palabras, son la dignidad de la persona humana, la defensa de la unidad social y de la familia, la dignidad del trabajo, la restauración del orden jurídico y  la concepción cristiana del Estado. Solo con oír esa enumeración de los fundamentos del orden interno del estado nos podemos dar cuenta de que se trata de fundamentos aplicables siempre; no solo en la posguerra sino en todos los países y en todas las épocas. Veamos algo de ese mensaje, maravilloso como todos los mensajes navideños de Pío XII.

Exhortó al mundo a tener presente que el mensaje de la Navidad anuncia y proclama la consoladora realidad, también presente en esa época de guerra, realidad tan eternamente joven como siempre viva y vivificante: la realidad de la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo (Jn 1, 9), y que no conoce ocaso. El Verbo eterno, camino, verdad y vida, al nacer en la estrechez de una cueva y al realzar de esta manera y santificar la pobreza, daba así principio a su misión docente, salvadora y redentora del género humano, y pronunciaba y consagraba una palabra que aún hoy día es palabra de vida eterna, capaz de resolver los problemas más atormentadores, no resueltos e insolubles para quien pretenda resolverlos con criterios medios efímeros y puramente humanos; problemas que se presentan sangrantes, exigiendo imperiosamente una respuesta, al pensamiento y al sentimiento de una humanidad amargada y exacerbada.

Antes de entrar a exponer los fundamentos internos del orden de los estados, Pío XII explica por qué la Iglesia interviene en lo que aun hoy algunos critican como intromisión indebida de la Iglesia en el campo de la política, que dicen no le incumbe. Oigamos la doctrina de la Iglesia expuesta por Pío XII. Dijo en esa Navidad de 1942:

…la Iglesia, columna y fundamento de la verdad (1Tim 3,15) y guardiana, por voluntad de Dios y por misión de Cristo, del orden natural y sobrenatural, no puede renunciar a proclamar ante sus hijos y ante el mundo entero las normas fundamentales e inquebrantables, salvándolas de toda tergiversación, oscuridad, impureza, falsa interpretación y error; tanto más cuanto que de su observancia, y no simplemente del esfuerzo de una voluntad noble e intrépida, depende la estabilidad definitiva de todo orden nuevo, nacional e internacional, invocado con tan ardiente anhelo por todos los pueblos. Pueblos cuyas dotes de valor y de sacrificio conocemos, así como también sus angustias y dolores, y a todos los cuales, sin excepción alguna, en esta hora de indecibles pruebas y luchas, nos sentimos unidos por un amor profundo, imparcial e imperturbable y por el ansia inmensa de hacerles llegar todo el alivio y el socorro que de alguna manera esté a nuestro alcance.

Luego el Papa dice que las relaciones internacionales y el orden interno están íntimamente unidos y continúa: porque el equilibrio y la armonía entre las naciones dependen del equilibrio interno y de la madurez interior de cada uno de los Estados en el campo material, social e intelectual. Ni es posible realizar un sólido e imperturbado frente de paz en el exterior sin un frente de paz en el interior que inspire confianza. Por consiguiente, únicamente la aspiración hacia una paz integral en los dos campos será capaz de liberar a los pueblos de la cruel amenaza de la guerra, de disminuir o superar gradualmente las causas materiales y psicológicas de nuevos desequilibrios y convulsiones.

Pío XII insiste luego en la necesidad de la convivencia en el orden; es decir, la necesidad de un orden en la vida social, en la cual se acepten las diferencias reales entre las personas, y con ellas se construya una unidad interior, es decir que no se construya un orden solo aparente, basado en una aceptación artificial, solo de palabra,  de las diferencias.

Entre nosotros, hoy se habla mucho de la no diferencia entre las personas, de no discriminar; pero si se logra una aceptación solo externa de los demás, y no se asumen las diferencias como algo real, con la conciencia de que esas diferencias no menoscaban la dignidad de las personas; con solo esa aceptación externa, se llega a solo una yuxtaposición artificial y no a una unidad interior que nos reconoce a todos como hijos del mismo Padre, aunque en lo exterior, en lo no esencial, tengamos diferencias. Tenemos que modificar nuestra actitud. Una actitud solo externa hacia los demás nos puede llevar a una sociedad que sea como una nueva Babel, cuyos habitantes, aunque convivan juntos, hablan lenguas diversas y contradictorias, en palabras de Pío XII.

Se refiere luego Pío XII al desarrollo y perfeccionamiento de la persona humana. Es necesario, nos dice el papa, reconocer la interna y esencial conexión con Dios en todo cuanto se refiere al ser humano. Y advierte que cuando, desconociendo el respeto debido a la persona y a su propia vida, no le concede puesto alguno en sus ordenamientos, en la actividad legislativa y ejecutiva, en vez de servir a la sociedad, le daña; lejos de promover y fomentar el pensamiento social y de realizar sus ideales y esperanzas, le quita todo valor intrínseco, sirviéndose de él como de una frase utilitaria.

Cambia, sí, el estilo de redacción, de ayer a hoy, pero son las ideas perennes de la doctrina cristiana, cuando hoy, ante el intento de aprobar leyes que no tienen en cuenta la dignidad de la persona humana, como las del aborto y la eutanasia, los creyentes nos oponemos a esos intentos de legisladores confundidos, que obran contra los fundamentos de la dignidad de la persona humana. En estos días se comenta que en Colombia la Corte Constitucional se habría pronunciado en el sentido de la licitud de practicar la ligadura de trompas y la vasectomía a menores con discapacidades como las que se originan en el síndrome de Down. Esa decisión no se distanciaría de la eugenesia practicada por el nazismo con la indignante idea de conservar la pureza de la raza aria. Los niños, sanos o enfermos son dignos del respeto que merecemos todos por nuestra dignidad de ser hijos de Dios, creados a su imagen y semejanza. Dijo Pío XII:

A la dañosa economía de los pasados decenios, durante los cuales toda vida social quedó subordinada al estímulo del interés, sucede ahora una concepción no menos perjudicial, que, al mismo tiempo que lo considera todo y a todos en el aspecto político, excluye toda consideración ética y religiosa. Confusión y extravío fatales, saturados de consecuencias imprevisibles para la vida social, la cual nunca está más próxima a la pérdida de sus más nobles prerrogativas que cuando se hace la ilusión de poder renegar u olvidar impunemente la eterna fuente de su dignidad: Dios.

Y es que cuando no se reconoce a Dios, en ¿qué basan la dignidad de la persona humana? Y en Colombia hay no pocos dirigentes que ocupan cargos en las altas cortes, en los cuerpos legislativos y en el ejecutivo, que se han declarado públicamente agnósticos. Ellos no aceptan que la fuente de nuestra dignidad sea Dios, porque no aceptan su existencia.  

Pío XII dijo:

15. Para que la vida social, según Dios la quiere, obtenga su fin, es esencial un ordenamiento jurídico que le sirva de apoyo externo, de defensa y de protección; ordenamiento cuya misión no es dominar, sino servir, tender al desarrollo y crecimiento de la vitalidad de la sociedad en la rica multiplicidad de sus fines, conduciendo hacia su perfeccionamiento a todas y cada una de las energías en pacífica cooperación y defendiéndolas, con medios apropiados y honestos, contra todo lo que es dañoso a su pleno desarrollo.

Pío XII preparaba al mundo en guerra al orden que había que instaurar con la llegada de la paz. Parece que nos hablara a los ciudadanos de hoy. Oigamos estas palabras de Pío XII:

17. El ordenamiento jurídico tiene (….) el alto y difícil fin de asegurar las armónicas relaciones ya entre los individuos, ya entre las sociedades, ya también dentro de éstas. A lo cual se llegará si los legisladores se abstienen de seguir aquellas peligrosas teorías y prácticas, dañosas para la comunidad y para su cohesión, que tienen su origen y difusión en una serie de postulados erróneos. Entre éstos hay que contar el positivismo jurídico, que atribuye una engañosa majestad a la promulgación de leyes puramente humanas y abre el camino hacia una funesta separación entre la ley y la moralidad

Fundamentos de la dignidad humana y orden social

Más adelante Pío XII añadió:

18. Quien considere con mirada limpia y penetrante la vital conexión entre un genuino orden social y un genuino ordenamiento jurídico y tenga presente que la unidad interna, en su multiformidad, depende del predominio de las fuerzas espirituales, del respeto a la dignidad humana en sí y en los demás, del amor a la sociedad y a los fines que Dios le ha señalado, no puede maravillarse ante los tristes efectos de ciertas ideologías jurídicas, que, alejadas del camino real de la verdad, avanzan por el terreno resbaladizo de postulados materialistas, sino que comprenderá inmediatamente la improrrogable necesidad de un retorno a una concepción espiritual y ética seria y profunda, templada por el calor de una verdadera humanidad e iluminada por el esplendor de la fe cristiana, la cual hace admirar en el ordenamiento una refracción externa del orden social querido por Dios, luminoso fruto del espíritu humano, que es también imagen del espíritu de Dios.

Yo no creo que en nuestros legisladores y jueces se tenga siempre en cuenta el orden de la sociedad querido por Dios. Hay mucho de ese positivismo jurídico del que habló Pío XII, el  que atribuye una engañosa majestad a la promulgación de leyes puramente humanas y abre el camino hacia una funesta separación entre la ley y la moralidad… Ellos defienden que hay que obedecer a la ley aunque se trate de una ley inmoral. Su moralidad no tiene en cuenta el querer de Dios. No vale para ellos la respuesta de los apóstoles que respondieron a las autoridades en Jerusalén, cuando los prohibieron predicar el evangelio: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres (Hechos 5,29).

Pío XII vaticinó que el camino después de la guerra sería largo desde la noche hasta una luminosa mañana, y que serían decisivos los primeros pasos que se dieran sobre las que llama cinco piedras miliarias: la dignidad de la persona humana, la defensa de la unidad social y particularmente de la familia, la dignidad y prerrogativas del trabajo, la reintegración del ordenamiento jurídico, la concepción del estado según el espíritu cristiano.

Las cinco piedras fundamentales de la dignidad humana

 

Tratemos de examinar brevemente esas cinco piedras que el papa llamó miliarias, es decir que marcan la distancia que se va recorriendo en el camino.

Sobre la dignidad y derechos de la persona humana dijo Pío XII:

 Quien desea que la estrella de la paz aparezca y se detenga sobre la sociedad» contribuya por su parte a devolver a la persona humana la dignidad que Dios le concedió desde el principio (…) apoye el respeto y la práctica realización de los siguientes derechos fundamentales de la persona: el derecho a mantener y desarrollar la vida corporal, intelectual y moral, y particularmente el derecho a una formación y educación religiosa; el derecho al culto de Dios privado y público, incluida la acción caritativa religiosa; el derecho, en principio, al matrimonio y a la consecución de su propio fin, el derecho a la sociedad conyugal y doméstica; el derecho de trabajar como medio indispensable para el mantenimiento de la vida familiar, el derecho a la libre elección de estado; y por tanto también del estado sacerdotal y religioso; el derecho al uso de los bienes materiales consciente de sus deberes y de las limitaciones sociales.

Difícil encontrar una enumeración más completa de los derechos fundamentales de la persona humana. Resumámoslos un poquito: derecho al desarrollo personal físico, intelectual y moral; a la educación, incluyendo el derecho a la educación religiosa; derecho al culto público y privado; derecho al matrimonio y a la sociedad conyugal, derecho al trabajo; derecho a escoger libremente el estado; derecho al uso de los bienes materiales, con el cumplimiento de los deberes inherentes a la posesión de esos bienes y siendo consciente de las limitaciones sociales. Como hemos visto, Pío XII dejó claro que tenemos derecho de usar los bienes materiales pero no un derecho absoluto, sino con limitaciones sociales.

Fue también exhaustivo Pío XII en señalar la necesidad de defender la unidad social y en particular de la familia, si se desea la paz. Destacó estos derechos: rechazo a la concepción materialista de la sociedad como un rebaño, objeto de dominio y sumisión; al contrario se debe concebir la sociedad gobernada por la Providencia, en la cual las diferentes clases y profesiones colaboren a los eternos y siempre nuevos fines de la civilización y de la religión.

La sociedad que debemos defender

 

Y es más específico en las características de la sociedad que deben defenderse. Veamos algunas: la indisolubilidad del matrimonio, la familia, a la que debe ayudar el espacio de su propio hogar y la tranquilidad, para que pueda cumplir su misión con los hijos; se debe conservar y fortificar en la familia lo económico, espiritual, moral y jurídico; la posibilidad de que la familia se desarrolle material y moralmente. Hay algo interesante observado por Pío XII, que parece de orden práctico y difícil de conseguir en las grandes ciudades de hoy, y es que los lugares de trabajo y las viviendas no estén tan alejadas, que los padres de familia que deben ser educadores en su casa se conviertan en extraños. Así pasa hoy cuando por el tiempo que hay que emplear en ir y volver del trabajo, los padres y los hijos casi no tienen tiempo de compartir la vida de familia. Pide también Pío XII que se consiga que entre los padres de familia y las escuelas haya confianza y ayuda mutua y no destruya la escuela lo que siembran los padres en el alma de sus hijos.

En el próximo programa comentaré lo que dijo Pío XII en defensa de la dignidad del trabajo.

¿Sí vale la pena creer? 16 de marzo 2014

Programa “¿Sí vale la pena creer?” transmitido por Radio María de Colombia los domingos de 9:30 a 9:55 a. m.
Emisión del 16 de marzo de 2014 .

¿Sí vale la pena creer? 9 de marzo 2014

Programa “¿Sí vale la pena creer?” transmitido por Radio María de Colombia los domingos de 9:30 a 9:55 a. m.
Emisión del 9 de marzo de 2014 .

¿Sí vale la pena creer? 2 de marzo 2014

Programa “¿Sí vale la pena creer?” transmitido por Radio María de Colombia los domingos de 9:30 a 9:55 a. m.
Emisión del 2 de marzo de 2014 .

Reflexión 278 – Pío XII su Doctrina Social febrero 27 2014


 

En la solemnidad de Pentecostés, La solennita

 

Vamos a continuar hoy con el estudio de la doctrina social de Pío XII. Empezamos la semana pasada a recorrer sus documentos más importantes, referentes a los temas sociales. Su primera intervención fue en plena guerra mundial; Pío XII no quiso que pasara inadvertido el quincuagésimo aniversario de la publicación de la encíclica Rerum novarum, de León XIII. Fue esa encíclica la que empezó una nueva era en la DSI, en pleno predominio de la era industrial y cuando aparecía el socialismo marxista, como reacción a las injusticias con los trabajadores.

Pío XII, como era su costumbre se dirigió al mundo por Radio Vaticana, con su mensaje La solemnidad, así llamado por las palabras con que empezó el Papa su alocución, el domingo de Pentecostés de 1941. Como el mensaje fue en italiano, se conoce con el nombre de La solennità.

Veamos un esquema del mensaje La solemnidad:

Introducción: la fiesta solemne de pentecostés, en el marco de la guerra, nos presenta la oportunidad de exponer tres principios directivos morales sobre los valores de la vida social y económica que se entrelazan, se aseguran y se ayudan mutuamente. Estos valores son: el uso de los bienes materiales, el trabajo y la familia.

Como se trataba de celebrar el 50° aniversario de la Rerum novarum, Pío XII se refiere a los efectos beneficiosos de esa encíclica de León XIII en un momento que requería el pronunciamiento de la Iglesia por la dimensión de los problemas sociales. Nombra los efectos de esa encíclica en instituciones, asociaciones, su influjo social y la definición del papel del Estado.

Del desarrollo del tema de los valores fundamentales podemos anotar que en los números 12 y 13 explica el Papa sobre el uso de los bienes materiales, el derecho originario al que se subordinan la propiedad y el comercio; en el N° 15 trata sobre el papel de Estado y en los 16 a 18, sobre la economía nacional y la distribución de la riqueza.

Sobre el segundo valor, el trabajo, en enseña en el N° 19 que el trabajo es personal y necesario, un derecho y un deber. Trata sobre la organización del trabajo y el papel de Estado, en los N° 20 y 21.

El tercer valor sobre el que trata Pío XII en su mensaje es la familia, su relación con la propiedad, en los nos. 22 y 23, sobre la propiedad de la tierra y sobre la emigración, en los nos. 24 y 25 (Cf Camacho Ildefonso, Doctrina social de la Iglesia, una aproximación histórica, Pg195).

Veamos el desarrollo del mensaje de Pío XII en más detalle. El lugar más prominente lo ocupa la doctrina sobre el uso de los bienes materiales. Este tema está también contemplado en la presentación de los otros dos, sobre el trabajo y sobre la familia.

No se puede dudar del interés particular de Pío XII por dejar claramente expuesta la doctrina de la Iglesia sobre la propiedad. Las circunstancias en que ya se había expuesto la doctrina sobre la propiedad en los documentos sociales anteriores, incluidos Rerum novarum y Quadragesimo anno, se habían prestado para desfiguraciones, para malinterpretaciones. 

Se había tomado la Rerum novarum como soporte de una interpretación individualista del derecho de propiedad y no parecía ser suficiente la claridad que Pío XI procuró hacer sobre  el carácter social de la propiedad en Quadragesimo anno.

Pío XII va más lejos en el tiempo para situar la propiedad privada en un contexto más amplio que permita comprender mejor su significado social y moral. Por eso Pío XII en su mensaje La solemnidad, para mayor claridad habla sobre todo no del derecho de propiedad sino del uso de los bienes materiales. Esto dice el mensaje de Pío XII en el N° 12:

12.La encíclica Rerum novarumexpone sobre la propiedad y el sustento del hombre principios que no han perdido con el tiempo nada de su vigor nativo y que hoy, después de cincuenta años, conservan todavía y ahondan vivificadora su íntima fecundidad. Sobre su punto fundamental, Nos mismo llamamos la atención de todos en nuestra encíclica Sertum laetitiae, dirigida a los obispos de los Estados Unidos de Norteamérica; punto fundamental que consiste, como dijimos, en el afianzamiento de la indestructible exigencia «que los bienes creados por Dios para todos los hombres lleguen con equidad a todos, según los principios de la justicia y de la caridad».

Y en los números 13 y 14 continúa así Pío XII:

13. Todo hombre, por ser viviente dotado de razón, tiene efectivamente el derecho natural y fundamental de usar de los bienes materiales de la tierra, quedando, eso sí, a la voluntad humana y a las formas jurídicas de los pueblos el regular más particularmente la actuación práctica. Este derecho individual no puede suprimirse en modo alguno, ni aun por otros derechos ciertos y pacíficos sobre los bienes materiales. Sin duda el orden natural, que deriva de Dios, requiere también la propiedad privada y el libre comercio mutuo de bienes con cambios y donativos, e igualmente la función reguladora del poder público en estas dos instituciones. Sin embargo todo esto queda subordinado al fin natural de los bienes materiales, y no podría hacerse independiente del derecho primero y fundamental que a todos concede el uso, sino más bien debe ayudar a hacer posible la actuación en conformidad con su fin. Sólo así se podrá y deberá obtener que propiedad y uso de los bienes materiales traigan a la sociedad paz fecunda y consistencia vital y no engendren condiciones precarias, generadoras de luchas y celos y abandonadas a merced del despiadado capricho de la fuerza y de la debilidad.

14. El derecho originario sobre el uso de los bienes materiales, por estar en íntima unión con la dignidad y con los demás derechos de la persona humana, ofrece a ésta, con las formas indicadas anteriormente, base material segura y de suma importancia para elevarse al cumplimiento de sus deberes morales. La tutela de este derecho asegurará la dignidad personal del hombre y le aliviará el atender y satisfacer con justa libertad a aquel conjunto de obligaciones y decisiones estables de que directamente es responsable para con el Criador. Ciertamente es deber absolutamente personal del hombre conservar y enderezar a la perfección su vida material y espiritual, para conseguir el fin religioso y moral que Dios ha señalado a todos los hombres y dándoles como norma suprema, siempre y en todo caso obligatoria, con preferencia a todo otro deber. (Una pausa musical)

El uso universal de los bienes materiales

 

El P. Camacho observa que Pío XII reconoce, como lo había hecho León XIII, que la propiedad privada pertenece al orden natural, pero añade que eso es verdad, de forma subordinada. Subordinada al derecho primario y fundamental, que consista en que todos puedan usar de los bienes.

Es un avance indudable en la exposición de la DSI. Y en el número 14, que acabamos de leer, Pío XII llama al derecho de uso de los bienes materiales derecho originario y hace esa afirmación, porque ese derecho está en íntima unión con la dignidad y con los demás derechos de la persona humana. Y añade que el derecho a usar los bienes materiales ofrece a la persona una base material segura para cumplir con sus obligaciones morales, para asegurar la dignidad personal del hombre. Añade Pío XII que es deber absolutamente personal del hombre conservar y enderezar a la perfección su vida material y espiritual, para conseguir el fin religioso y moral que Dios ha señalado a todos los hombres y dándoles como norma suprema, siempre y en todo caso obligatoria, con preferencia a todo otro deber.

Pablo VI sobre el derecho de propiedad

 

Esta poderosa doctrina sobre la necesidad de los bienes materiales para vivir una vida digna, progresar y conseguir el fin que Dios señala a todos los seres humanos, siguió profundizándose por los Papas de nuestra época. Pablo VI en Populorum progressio, sobre el desarrollo de los pueblos lo dice claramente en el N° 6:

Verse libres de la miseria, hallar con más seguridad la propia subsistencia, la salud, una ocupación estable; participar todavía más en las responsabilidades, fuera de toda opresión y al abrigo de situaciones que ofenden su dignidad de hombres; ser más instruidos; en una palabra, hacer, conocer y tener más para ser más: tal es la aspiración de los hombres de hoy, mientras que un gran número de ellos se ven condenados a vivir en condiciones, que hacen ilusorio este legítimo deseo.

Y sobre las condiciones del derecho de propiedad privada afirma Pablo VI en los N° 23 y 24 de Populorum progressio:

…la propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto. No hay ninguna razón para reservarse en uso exclusivo lo que supera a la propia necesidad, cuando a los demás les falta lo necesario. En una palabra: «el derecho de la propiedad no debe jamás ejercitarse con detrimento de la utilidad común, según la doctrina tradicional de los Padres de la Iglesia y de los grandes teólogos». Si se llegase al conflicto «entre los derechos privados adquiridos y las exigencias comunitarias primordiales», toca a los poderes públicos «procurar una solución, con la activa participación de las personas y de los grupos sociales»

Distribución de la riqueza en la DSI

 

La explicación de Pío XII  sobre el derecho al uso de los bienes materiales supone un gran avance doctrinal. Deja afirmada de manera inequívoca la prioridad absoluta del destino común de todos los bienes creados. Pío XII en el radiomensaje La solemnidad, destaca de manera clara la importancia de la distribución de la riqueza de manera que ésta llegue a todos. Como lo afirma en el N° 17, así se logrará que la propiedad privada permita a todos el uso de los bienes materiales. Se combate así una visión de la economía que pone todo el acento en el crecimiento e ignora los aspectos distributivos.

Pablo VI, una vez más, puntualiza que crecimiento económico no significa necesariamente desarrollo si no se trata de un desarrollo integral, que abarque a toda la persona humana, no solo en su aspecto material, sino espiritual e intelectual. Se suele hablar de que desarrollo es el nombre de la paz, refiriéndose solo al crecimiento económico, y tomando esa frase de Pablo VI en Populorum progressio. Si no se trata de un desarrollo integral y para todos la frase no es completa. Se debe entender que el Desarrollo integral es el nombre de la paz.

La familia y el derecho de propiedad

 

Cuando Pío XII en su alocución La solemnidad trata el tema de la familia, se refiere también a la relación entre familia y propiedad. Oigamos lo que dice en los números 22 y siguietes:

22. Según la doctrina de la Rerum novarum, la misma naturaleza ha unido íntimamente la propiedad privada con la existencia de la sociedad humana y con su verdadera civilización, y en grado eminente con la existencia y el desarrollo de la familia. Este vínculo es más que manifiesto. ¿Acaso no debe la propiedad privada asegurar al padre de familia la sana libertad que necesita para poder cumplir los deberes que le ha impuesto el Creador referentes al bienestar físico, espiritual y religioso de la familia?

23. En la familia encuentra la nación la raíz natural y fecunda de su grandeza y potencia. Si la propiedad privada ha de llevar al bien de la familia, todas las normas públicas, más aún, todas las del Estado que regulan su posesión, no solamente deben hacer posible y conservar tal función —superior en el orden natural bajo ciertos aspectos a cualquiera otra—, sino que deben todavía perfeccionarla cada vez más. Efectivamente, sería antinatural hacer alarde de un poder civil que — o por la sobreabundancia de cargas o por excesivas injerencias inmediatas— hiciese vana de sentido la propiedad privada, quitando prácticamente a la familia y a su jefe la libertad de procurar el fin que Dios ha señalado al perfeccionamiento de la vida familiar.

24. Entre todos los bienes que pueden ser objeto de propiedad privada, ninguno es más conforme a la naturaleza, según las enseñanzas de la Rerum novarum, que el terreno, la posesión en que habita la familia, y de cuyos frutos saca en todo o en parte de qué vivir. Y espíritu de la Rerum novarumes afirmar que, por regla general, sólo la estabilidad que radica en un terreno propio hace de la familia la célula vital más perfecta y fecunda de la sociedad, pues reúne admirablemente con su progresiva cohesión las generaciones presentes y futuras. Si hoy día el concepto y la creación de espacios vitales constituye el centro de las metas sociales y políticas, ¿no se debería, ante todo, pensar en el espacio vital de la familia y librarla de las ataduras de condiciones que ni siquiera permiten la idea de la formación del propio hogar?

25. Nuestro planeta, con tan extensos océanos, mares y lagos, con sus montes y llanuras cubiertos de nieve y de hielos perpetuos, con sus vastos desiertos y tierras inhospitalarias y estériles, no escasea en regiones y espacios vitales abandonados al capricho vegetativo de la naturaleza y aptos al cultivo del hombre, a sus necesidades y a sus obligaciones civiles; y más de una vez resulta inevitable que algunas familias, emigrando de acá y allá, se busquen en otra región nueva patria. Entonces, según la enseñanza de la Rerum novarum, se respeta el derecho de la familia a un espacio vital. Donde esto suceda, la emigración alcanzará su objeto natural, confirmado frecuentemente por la experiencia, la distribución más favorable de los hombres en la superficie terrestre, apta para colonias de agricultores; superficie que Dios creó y preparó para uso de todos. Si las dos partes, la que permite dejar la tierra natal y la que admite a los advenedizos, continúan lealmente solícitas en eliminar cuanto podría impedir el nacimiento y el desarrollo de una verdadera confianza entre los países de emigración e inmigración, todos los que participan en este cambio de lugares y de personas saldrán favorecidos: las familias recibirán un terreno que será para ellas tierra patria en el verdadero sentido de la palabra; las tierras densas de habitantes se aligerarán y sus pueblos conquistarán nuevos amigos en territorio extranjero, y los Estados que acogen a los emigrados ganarán ciudadanos laboriosos. De esta suerte, las naciones que dan y los Estados que reciben contribuirán a la par al incremento del bienestar humano y al progreso de la cultura humana.

Familia y propiedad de la tierra

 

Recordemos que Pío XII se dirigía a un mundo en guerra en el que las emigraciones serían muy importantes. Y se dirigía en una época en la que la propiedad de la tierra era trascendental cuando el mundo de los campesinos, de los agricultores, era predominante. Hay un contraste con las condiciones del mundo actual, cuando la mayoría de los habitantes han emigrado a las ciudades en busca de nuevas oportunidades. No siempre mejoran su vida, sino que deslumbrados por lo que vende la TV y por la falta de oportunidades para la educación y atención de la salud  en el campo, llegan a la vida urbana, un medio en el que tampoco encuentran lo que deseaban. No pocos llegan a engrosar los cinturones de miseria de las grandes ciudades.

En el próximo programa, Dios mediante, comentaremos sobre el tercer tópico que Pío XII trató en su mensaje La Solemnidad, el trabajo, y procuraré hacer una síntesis sobre la doctrina de Pío XII acerca del derecho al uso de los bienes materiales.