¿Sí vale la pena creer?

Programa transmitido por Radio María el 27 julio 20 de 2014.

¿Sí vale la pena creer?

Reflexión 290 San Juan XXIII octrina Social Junio 12 2014

Doctrina social de León XIII a Juan XXIII

Hace una semana continuamos el estudio de la encíclica Mater et magistra, Madre y maestra, de San Juan XXIII. Vimos el resumen que el papa hace del desarrollo de la doctrina social en sus antecesores León XIII, Pío XI y Pío XII. Por su parte, San Juan XXIII, ampliando la doctrina de Pío XII sobre la función social de la propiedad, nos enseñó la diferencia entre el derecho de propiedad, un derecho que, como nos enseñó Pío XII, se funda en el derecho natural y el derecho al uso de los bienes materiales. La DSI defiende el derecho a la propiedad privada sin que ese derecho se convierta en un obstáculo para que los bienes creados por Dios para provecho de todos los hombres lleguen con equidad a todos, de acuerdo con los principios de la justicia y la caridad.

Decíamos que sin que eso signifique autorizar las confiscaciones que se suelen practicar en los países comunistas, para que los bienes creados lleguen con equidad a todos, son perfectamente legítimos los impuestos, pues se supone que gracias a ellos los gobiernos pueden hacer llegar a todos los beneficios de educación, salud, cultura, infraestructura. El problema es cuando la corrupción no permite el buen uso de los dineros públicos. Pero ese es otro problema. También comprendemos que la expropiación administrativa que permite la ley, cuando se decreta por el bien común, por ejemplo por la necesidad de construir una carretera, una vía pública y cuando se cumple con el pago de una indemnización justa, esa clase de expropiación no va contra el derecho de propiedad, porque no somos dueños absolutos.

Al estudiar estos documentos de los sumos pontífices, es interesante observar que en la DSI se defiende el derecho a emigrar y la necesidad de la solidaridad para recibir de buen grado a las familias inmigrantes. Entre nosotros esto es perfectamente aplicable y es necesario que tengamos claro, en la recepción de las familias desplazadas por causas de la violencia o por la penuria en algunas áreas del país, ocasionada por la violencia o también por los fenómenos naturales como las inundaciones y por las sequías, en otras ocasiones. No siempre esos desplazados son bien recibidos. Esa no es una actitud cristiana.

 

Los cambios después de la segunda guerra

 

Entramos luego a la tercera parte de Mater et magistra en que San Juan XXIII se refiere a los cambios que se han producido en el mundo por los avances científicos, técnicos y económicos que pueden convertirse en oportunidades para el desarrollo de los pueblos.

Se refiere el papa Juan XXIII también, a los avances en el campo social como el desarrollo de los seguros sociales, los progresos en la educación, la mejora en la calidad de vida, las mejores oportunidades de trabajo y de educación.

Las series de la TV serias, bien hechas, nos hacen recordar a los de más edad y pueden ayudar a todos a comprender, cómo era la vida antes de y durante la segunda guerra mundial en cuanto a vivienda, la atención pública de la salud, la educación, las vías de comunicación. Y cómo era la separación de las clases sociales, especialmente en esos países donde un tradicional respeto por la nobleza discriminaba de manera que hoy nos parece hasta ridícula, a los más ricos de los trabajadores que hoy llamaríamos de a pie. Series interesantes como las inglesas Downton Abbie o la que describe la situación de los trabajadores en el astillero donde se construyó el Titanic en Belfast, Irlanda del Norte, serie que tiene el título de Titanic, sangre y acero nos ayudan a entender mejor la vida en esos años y los avances de que gozamos hoy día en muchos campos.

El papa San Juan XXIII señala luego de recordar los avances del mundo, cómo a pesar de lo positivo de esos avances, se acentúan cada vez más los desequilibrios entre la agricultura y la industria, las diversas zonas de cada país y entre los países de distinto desarrollo económico en el plano mundial.

También Mater et magistra habla de las innovaciones en el campo político; se refirió al acceso de todos a los cargos públicos, a la intervención de los gobiernos en el campo de la economía, a los cambios en los países afroasiáticos que pasaron del régimen colonial a gobernarse a sí mismos; la mejora en las relaciones internacionales con la creación de organismos mundiales que fueron creados para atender las necesidades de todas las naciones en asuntos como la economía, y en los campos social, cultural, científico y político.

Se refiere luego San Juan XXIII en Mater et magistra, a que juzga necesario escribir esa nueva encíclica para subrayar y aclarar en mayor detalle la doctrina de sus antecesores y para exponer con claridad el pensamiento de la Iglesia sobre los nuevos y más importantes problemas del momento. San Juan XXIII atiende pues, como orientador del mundo en la doctrina social católica, la realidad de su tiempo que es la base de su reflexión doctrinal y pastoral. Se ve que la Iglesia, con la orientación de los sumos pontífices, se pone siempre a tono con la cambiante realidad de la vida en sociedad.

 

Situación de Europa que supera las dificultades de la guerra

 

Como en otras oportunidades en la presentación de la DSI, voy a seguir ahora como guía el libro Doctrina social de la Iglesia, una aproximación histórica, del P. Ildefonso Camacho.

Entramos ahora a estudiar la segunda parte de Mater et magistra, que trata sobre todo de la situación de los países industrializados, una vez superadas las dificultades de la guerra y de la posguerra. Es innegable que superadas esas dificultades con programas como el Plan Marshall para la rehabilitación de Europa, se entró en un período de creciente bienestar.

Se conoce con el nombre de Plan Marshall el programa de reconstrucción de Europa, por el nombre del secretario de estado de los EE.UU., el general George Marshall, quien lo anunció en un discurso en la universidad de Harvard en junio de 1947.

La Unión Soviética y sus países satélites se negaron a recibir esa ayuda porque juzgaron que el plan era una estrategia norteamericana a favor del imperialismo. Se calcula que la ayuda de los Estados Unidos fue de 13.000 millones de dólares y esa ayuda fue esencial para la recuperación económica de los países democráticos de Europa Occidental.

Eric Hobsbawm, un historiador marxista muy respetado, tiene un párrafo en la Pg 262 de su libro Historia del Siglo XX, que les voy a leer, porque describe cómo veía él el estado de la economía mundial en la época que él llama en su libro Los años dorados, y que es la época mencionada en Mater et magistra. Con ese comentario de un historiador marxista entendemos mejor por qué Juan XXIII le dio importancia al momento que vivía entonces la economía mundial. Avances que se produjeron sobre todo en los países industrializados, los de mayor influencia en la economía mundial y quizás por eso parecía que los avances eran globales, en todo el mundo, aunque la realidad fuera distinta en los países de menor desarrollo económico. Dice Hobsbawm:

 

Una mirada marxista a los “años dorados” de los países industrializados

 

Resulta evidente que la edad de oro correspondió básicamente a los países capitalistas desarrollados, que, a lo largo de esas décadas, representaban alrededor de tres cuartas partes de la producción mundial y más del 8O por 100 de la exportación de productos elaborados. Otra razón por la que se tardó tanto en reconocer lo limitado de su alcance fue que en los años cincuenta el crecimiento económico parecía ser de ámbito mundial con independencia de los regímenes económicos. De hecho, en un principio pareció como si la parte socialista recién expandida del mundo llevara la delantera. El índice de crecimiento de la URSS en los años cincuenta era más alto que el de cualquier país occidental, y las economías de la Europa oriental crecieron casi con la misma rapidez, más de prisa en países hasta entonces atrasados, más despacio en los ya total o parcialmente industrializados. La Alemania Oriental comunista, sin embargo, quedó muy por detrás de la Alemania Federal, no comunista.

Añade unas líneas después, una anotación interesante, dice: Pese a todo, la edad de oro fue un fenómeno de ámbito mundial, aunque la generalización de la opulencia quedara lejos del alcance de la mayoría de la población mundial: los habitantes de países para cuya pobreza y atraso los especialistas de la ONU intentaban encontrar eufemismos diplomáticos.

De manera que los especialistas de la ONU camuflaban las diferencias en el desarrollo, sobre las que el papa San Juan XXIII llama la atención en Mater et Magistra, como lo acabamos de señalar. Señala el papa, luego de recordar los avances del mundo, cómo a pesar de lo positivo de esos avances, se acentúan cada vez más los desequilibrios entre la agricultura y la industria, las diversas zonas de cada país y entre los países de distinto desarrollo económico en el plano mundial.

Hobsbawum describe así el crecimiento de la economía mundial después de los años cincuenta, en la Pg 264 de Historia del Siglo XX:

La economía después de los años cincuenta

 

La economía mundial crecía, pues, a un ritmo explosivo. Al llegar los años sesenta, era evidente que nunca había existido algo semejante. La producción mundial de manufacturas se cuadruplicó entre principios de los cincuenta y principios de los setenta, y, algo todavía más impresionante, el comercio mundial de productos elaborados se multiplicó por diez. Como hemos visto, la producción agrícola mundial también se disparó, aunque sin tanta espectacularidad, no tanto (como acostumbraba a suceder hasta entonces) gracias al cultivo de nuevas tierras, sino más bien gracias al aumento de la productividad. El rendimiento de los cereales por hectárea casi se duplicó entre 1950-1952 y 1980-1982, y se duplicó con creces en América del Norte, Europa Occidental y Extremo Oriente.

 

Como vemos, la comprensión de las encíclicas sociales nos exige que tengamos en cuenta el momento histórico en que se presentan, pues la doctrina social va respondiendo a las necesidades nuevas, aplicando a las nuevas circunstancias los principios de la verdad perenne del evangelio.

 

La economía en época de prosperidad manejada con criterios de la DSI

 

San Juan XXIII en su encíclica Mater et magistra nos enseña lo que debe ser la economía en beneficio de todos, en una situación de gran desarrollo como el que hemos visto que el mundo se encontraba, sobre todo el mundo industrializado y los enormes avances también en la agricultura, gracias en particular al aumento de la productividad.

Supongo que ese aumento de la productividad se debió a que la industria, que había estado dedicada a la producción de armas, podía ahora dedicarse a la fabricación de maquinaria agrícola más eficiente y el progreso de la química ofreció nuevos fertilizantes. Así entenderíamos más fácilmente por qué en nuestros territorios no se multiplicó la producción agrícola como en Norteamérica y Europa. En nuestras laderas en los Andes el uso del tractor se reduce y nuestros campesinos no tienen la capacidad económica para utilizar los medios que en las grandes extensiones planas de esos otros países son posibles. Aun hoy, uno de los obstáculos que encuentran los campesinos para que su trabajo se recompense de acuerdo con los costos que deben pagar, es que los fertilizantes son muy costosos, lo mismo que el transporte a los mercados y los precios de sus productos en esos mercados no compensan los gastos para producirlos y transportarlos.

 

La iniciativa privada y el principio de subsidiaridad

 

El papa San Juan XXIII señala dos grandes pilares en los cuales se debe basar una economía al servicio de todos, en los N° 51 y siguientes de Mater et Magistra. Defiende primero la iniciativa privada y el principio de subsidiaridad. Leamos:

51. Como tesis inicial, hay que establecer que la economía debe ser obra, ante todo, de la iniciativa privada de los individuos, ya actúen éstos por sí solos, ya se asocien entre sí de múltiples maneras para procurar sus intereses comunes.

52. Sin embargo, por las razones que ya adujeron nuestros predecesores, es necesaria también la presencia activa del poder civil en esta materia, a fin de garantizar, como es debido, una producción creciente que promueva el progreso social y redunde en beneficio de todos los ciudadanos.

53. Esta acción del Estado, que fomenta, estimula, ordena, suple y completa, está fundamentada en el principio de la función subsidiaria, formulado por Pío XI en la encíclica Quadragesimo anno: «Sigue en pie en la filosofía social un gravísimo principio, inamovible e inmutable: así como no es lícito quitar a los individuos y traspasar a la comunidad lo que ellos pueden realizar con su propio esfuerzo e iniciativa, así tampoco es justo, porque daña y perturba gravemente el recto orden social, quitar a las comunidades menores e inferiores lo que ellas pueden realizar y ofrecer por sí mismas, y atribuirlo a una comunidad mayor y más elevada, ya que toda acción de la sociedad, en virtud de su propia naturaleza, debe prestar ayuda a los miembros del cuerpo social, pero nunca destruirlos ni absorberlos».

El papel de estado

En los números 54 y 55nos explica más en detalle el papel del Estado, que debe consistir en fomentar, estimular, ordenar, suplir y completar la acción de los particulares. Estas son las palabras de Juan XXIII en Mater et magistra:

54. Fácil es comprobar, ciertamente, hasta qué punto los actuales progresos científicos y los avances de las técnicas de producción ofrecen hoy día al poder público mayores posibilidades concretas para reducir el desnivel entre los diversos sectores de la producción, entre las distintas zonas de un mismo país y entre las diferentes naciones en el plano mundial; para frenar, dentro de ciertos límites, las perturbaciones que suelen surgir en el incierto curso de la economía y para remediar, en fin, con eficacia los fenómenos del paro masivo (es decir, del desempleo).

Por todo lo cual, a los gobernantes, cuya misión es garantizar el bien común, se les pide con insistencia que ejerzan en el campo económico una acción multiforme mucho más amplia y más ordenada que antes y ajusten de modo adecuado a este propósito las instituciones, los cargos públicos, los medios y los métodos de actuación.

55. Pero manténgase siempre a salvo el principio de que la intervención de las autoridades públicas en el campo económico, por dilatada y profunda que sea, no sólo no debe coartar la libre iniciativa de los particulares, sino que, por el contrario, ha de garantizar la expansión de esa libre iniciativa, salvaguardando, sin embargo, incólumes los derechos esenciales de la persona humana.

Entre éstos hay que incluir el derecho y la obligación que a cada persona corresponde de ser normalmente el primer responsable de su propia manutención y de la de su familia, lo cual implica que los sistemas económicos permitan y faciliten a cada ciudadano el libre y provechoso ejercicio de las actividades de producción.

Aparentemente Juan XXIII da más énfasis a la aplicación del principio de subsidiaridad explicado por Pío XI en su encíclica Quadragesimo,anno, pero Juan XXIII amplía la obligación del estado, que no se debe reducir a dirigir, vigilar, urgir y castigar, como proponía Pío XI en el N° 8O de QA sino que claramente dice Juan XXIII en Mater et magistra N° 53, que la acción del estado se debe extender a fomentar, estimular, ordenar, suplir y completar.Eso significa que el estado tiene una doble obligación: por una parte, no debe invadir el terreno que corresponde a los particulares, y por otro debe actuar para suplir lo que ellos no tienen capacidad de realizar.

Reflexión 289 San Juan XXIII Doctrina Social Junio 5 2014

Cinco principios básicos de Quadragesimo anno

La reflexión anterior la dedicamos a estudiar la encíclica Mater et magistra, Madre y maestra, del papa San Juan XXIII. Ya vimos un resumen de la introducción y de la primera parte. En ellas San Juan XXIII se refiere al 70° aniversario de la encíclica Rerum novarum de León XIII; enumera los cinco principios básicos expuestos por su antecesor, que recordémoslos, son: 1- El trabajo no es una mercancía, 2- que la propiedad es un derecho natural, pero «lleva intrínseca una función social», 3-El Estado no se puede hacer al margen de las actividades económicas, y debe vigilar sobre las condiciones de los trabajadores y los contratos de trabajo, 4- El derecho de los trabajadores de formar asociaciones propias o mixtas es un el derecho natural, 5- Las relaciones entre trabajadores y empresarios deben fundarse en los «principios de solidaridad humana y fraternidad cristiana».

Hizo también mención Mater et magistra de la encíclica Quadragesimo anno, con la cual Pío XI conmemoró los cuarenta años de Rerum novarum y señaló los principios fundamentales que caracterizan a esa encíclica Quadragesimo anno: nos enseña en el N° 39, que en materia económica es indispensable que toda actividad sea regida por la justicia y la caridad como leyes supremas del orden social y señala la prohibición absoluta de que se establezca como ley suprema el interés individual o de grupo, la libre competencia ilimitada, el predominio abusivo de los económicamente poderosos, el prestigio de la nación, el afán de dominio u otros criterios similares.

El mensaje de Pío XII, La solennitá

 

Veremos ahora un corto resumen de la mención que San Juan XXIII hace del mensaje La solennitá, de Pío XII y continuaremos comentando la Mater et magistra. San Juan XXIII recuerda los tres puntos a que se refirió Pío XII en su famoso mensaje radial el día de Pentecostés, que como podemos recordar fueron: el uso de los bienes materiales, el trabajo y la familia. Leamos el N° 41, en el que primero nos introduce San Juan XXIII en su comentario. Dice:

41. También ha contribuido no poco nuestro predecesor de inmortal memoria Pío XII a esta labor de definir los derechos y obligaciones de la vida social. El 1 de junio de 1941, en la fiesta de Pentecostés, dirigió un radiomensaje al orbe entero «para llamar la atención del mundo católico sobre un acontecimiento digno de ser esculpido con caracteres de oro en los fastos de la Iglesia; el quincuagésimo aniversario de la publicación de la trascendental encíclica “Rerum novarum“, de León XIII»; y para rendir humildes gracias a Dios omnipotente por el don que, hace cincuenta años, ofrendó a la Iglesia con aquella encíclica de su Vicario en la tierra, y para alabarle por el aliento del Espíritu renovador que por ella, desde entonces en manera siempre creciente, derramó sobre todo el género humano.

Y en los números 42 y 43 se refiere directamente a los tres temas del mensaje, después de mencionar la competencia de la Iglesia para tratar estos temas, defendida también por Pío XII. Estas son las palabras de Juan XXIII:

Tres cuestiones fundamerntales: uso de los bienesd materiales, el trabajo, la familia

 

42. En este radiomensaje, aquel gran Pontífice reivindica «para la Iglesia la indiscutible competencia de juzgar si las bases de un orden social existente están de acuerdo con el orden inmutable que Dios, Creador y Redentor, ha promulgado por medio del derecho natural y de la revelación»; confirma la vitalidad perenne y fecundidad inagotable de las enseñanzas de la encíclica de León XIII, y aprovecha la ocasión para explicar más profundamente las enseñanzas de la Iglesia católica «sobre tres cuestiones fundamentales de la vida social y de la realidad económica, a saber: el uso de los bienes materiales, el trabajo y la familia, cuestiones todas que, por estar mutuamente entrelazadas y unidas, se apoyan unas a otras».

43. Por lo que se refiere a la primera cuestión, nuestro predecesor enseña que el derecho de todo hombre a usar de los bienes materiales para su decoroso sustento tiene que ser estimado como superior a cualquier otro derecho de contenido económico y, por consiguiente, superior también al derecho de propiedad privada.

Fijémonos en esta distinción que de acuerdo con la doctrina de Pío XII, hace el papa San Juan XXIII entre el derecho de propiedad privada y el derecho al uso de los bienes materiales, pues dice: el derecho de todo hombre a usar de los bienes materiales para su decoroso sustento tiene que ser estimado como superior a cualquier otro derecho de contenido económico y, por consiguiente, superior también al derecho de propiedad privada.

De manera que no podemos confundir los dos derechos: no es lo mismo el derecho al uso de los bienes materiales para el decoroso sustento que el derecho de propiedad privada. Tener derecho al uso no implica necesariamente ser dueño de esos bienes.

 

Derecho a usar y derecho a poseer

 

El santo padre Juan XXIII continúa así la explicación sobre el derecho a poseer y el derecho a usar:

Es cierto, como advierte nuestro predecesor, que el derecho de propiedad privada sobre los bienes se basa en el propio derecho natural; pero, según el orden establecido por Dios, el derecho de propiedad privada no puede en modo alguno constituir un obstáculo «para que sea satisfecha la indestructible exigencia de que los bienes creados por Dios para provecho de todos los hombres lleguen con equidad a todos, de acuerdo con los principios de la justicia y de la caridad».

Es interesante la diferencia: una cosa es que uno tenga el derecho de poseer bienes materiales, basado en el derecho natural y otro distinto a que todos tengan el derecho al uso para el sustento decoroso. Es contra el derecho natural confiscar los bienes y pretender abolir la propiedad y transferirla al estado; sin embargo ese derecho no es absoluto, como hemos explicado. No es verdad que uno pueda hacer lo que desee con sus bienes, sin tener en cuenta que es solo un administrador y no un poseedor absoluto. Es justo que se paguen impuestos sobre los bienes porque esa es una manera de distribuir la riqueza. Se supone que el estado con los impuestos puede costear la educación, la salud, construir infraestructura para el uso común, etc.

Recuerda luego Juan XXIII el tema del trabajo expuesto por Pío XII. Leamos el N° 44 de Mater et magistra:

44. En orden al trabajo, Pío XII, reiterando un principio que se encuentra en la encíclica de León XIII, enseña que ha de ser considerado como un deber y un derecho de todos y cada uno de los hombres. En consecuencia, corresponde a ellos, en primer término, regular sus mutuas relaciones de trabajo: Sólo en el caso de que los interesados no quieran o no puedan cumplir esta función, «es deber del Estado intervenir en la división y distribución del trabajo, según la forma y medida que requiera el bien común, rectamente entendido»

Sobre la familia continúa así Juan XXIII, en el N° 45 de Mater et magistra:

45. Por lo que toca a la familia, el Sumo Pontífice afirma claramente que la propiedad privada de los bienes materiales contribuye en sumo grado a garantizar y fomentar la vida familiar, «ya que asegura oportunamente al padre la genuina libertad que necesita para poder cumplir los deberes que le ha impuesto Dios en lo relativo al bienestar físico, espiritual y religioso de la familia». De aquí nace precisamente el derecho de la familia a emigrar, punto sobre el cual nuestro predecesor advierte a los gobernantes, lo mismo a los de los países que permiten la emigración que a los que aceptan la inmigración, «que rechacen cuanto disminuya o menoscabe la mutua y sincera confianza entre sus naciones». Si unos y otros ponen en práctica esta política, se seguirán necesariamente grandes beneficios para todos, con el aumento de los bienes temporales y el progreso de la cultura humana.

Pide pues el papa que haya buenas relaciones entre los países de donde emigran habitantes suyos y los que reciben a los emigrantes. Los emigrantes de los países africanos que hacen grandes esfuerzos por llegar a Europa, muchas veces son víctimas del rechazo de los países que no los quieren recibir. En este caso yo por lo menos no veo acciones efectivas de la ONU para ayudar a los más débiles y a las naciones que reciben a los inmigrantes, para que se preparen para su llegada y puedan acogerlos con dignidad. El mundo no es lo suficientemente solidario con sus hermanos desposeídos. La Iglesia y sus obras apostólicas hacen una meritoria labor para recibir a esos sufridos hermanos nuestros que llegan sin nada, porque todo lo han tenido que abandonar en sus tierras.

Transformaciones después de la segunda guerra

 

Después de recordar el desarrollo de la DSI en los tiempos anteriores, San Juan XXIII dirige su mirada al mundo en el que debe desempeñar su cargo de conductor de la Iglesia. Dice que en los últimos veinte años ha sufrido profundas transformaciones en el interior de los países y en la esfera de sus relaciones mutuas.

Tres bloques conforman la tercera parte de Mater et Magistra, en los cuales el papa describe esas nuevas situaciones que vive el mundo. El primer bloque se refiere a los cambios científicos y técnicos y que son una oportunidad para el desarrollo de los pueblos, como lo dice en el N° 47:

 

En los campos científico y técnico

 

En el campo científico, técnico y económico se registran en nuestros días las siguientes innovaciones: el descubrimiento de la energía atómica y sus progresivas aplicaciones, primero en la esfera militar y después en el campo civil; las casi ilimitadas posibilidades descubiertas por la química en el área de las producciones sintéticas; la extensión de la automatización, sobre todo en los sectores de la industria y de los servicios; la modernización progresiva de la agricultura; la casi desaparición de las distancias entre los pueblos, sobre todo por obra de la radio y de la televisión; la velocidad creciente de los transportes de toda clase y, por último, la conquista ya iniciada de los espacios interplanetarios.

En el campo social

El santo padre San Juan XXIII enumera luego los avances en el campo social, en cual señala como novedades el desarrollo de los seguros sociales, la conciencia acentuada de los trabajadores en sus responsabilidades ante los problemas económicos y sociales importantes. Señala también los avances en la instrucción pública, la mejora en la calidad de vida, la disminución en la separación de las clases sociales gracias a las oportunidades de trabajo y de educación.

Estos avances no los notan las actuales generaciones porque son normales hoy, y parece que hubieran existido siempre, pero no los eran en esa época. Baste recordar que fueron las necesidades de los países en guerra las que impulsaron desarrollos como el invento de los plásticos y el caucho sintético para nombrar productos de uso diario. Sin embargo ya Juan XXIII anota que a pesar de los avances en tantos campos, se hacen más evidentes las desigualdades que persisten. Dice en el último párrafo del N° 48:

Pero, simultáneamente, cualquiera puede advertir que el gran incremento económico y social experimentado por un creciente número de naciones ha acentuado cada día más los evidentes desequilibrios que existen, primero entre la agricultura y la industria y los servicio generales; luego, entre zonas de diferente prosperidad económica en el interior de cada país, y, por último, en el plano mundial, entre los países de distinto desarrollo económico.

En el campo político

 

En el N° 49 habla de las innovaciones en el campo político. Se refiere a que en muchos países todas las clases sociales tienen acceso en la actualidad a los cargos públicos; la intervención de los gobernantes en el campo económico y social es cada día más amplia; los pueblos afroasiáticos, después de rechazar el régimen administrativo propio del colonialismo, han obtenido su independencia política; las relaciones internacionales han experimentado un notable incremento, y la interdependencia de los pueblos se está acentuando cada días más; han surgido con mayor amplitud organismos de dimensiones mundiales que, superando un criterio estrictamente nacional, atienden a la utilidad colectiva de todos los pueblos en el campo económico, social, cultural, científico o político.

Se refiere en el N° 50 a los motivos de la nueva encíclica y dice: Juzgamos, por tanto, necesaria la publicación de esta nuestra encíclica, no ya sólo para conmemorar justamente la Rerum novarum, sino también para que, de acuerdo con los cambios de la época, subrayemos y aclaremos con mayor detalle, por una parte, las enseñanzas de nuestros predecesores, y por otra, expongamos con claridad el pensamiento de la Iglesia sobre los nuevos y más importantes problemas del momento.

Del N° 51 en adelante, se dedica Mater et magistra a señalar más en detalle las enseñanzas sociales de sus antecesores y a señalar su desarrollo. Empieza con la iniciativa privada y la intervención de los poderes públicos en el campo económico. Recordemos que en las dictaduras marxistas se cerraba el camino a la iniciativa privada y en las economías orientadas por el liberalismo económico, por el contrario, se daba demasiada libertad a la iniciativa privada y no eran partidarios de intervenir para orientar sus actividades y para evitar abusos.

 

La iniciativa privada

 

Sobre la iniciativa privada, establece Juan XXIII que la economía debe ser obra, ante todo, de la iniciativa privada de los individuos, ya actúen éstos por sí solos, ya se asocien entre sí de múltiples maneras para procurar sus intereses comunes y aclara en el N° 52 que, Sin embargo, por las razones que ya adujeron nuestros predecesores, es necesaria también la presencia activa del poder civil en esta materia, a fin de garantizar, como es debido, una producción creciente que promueva el progreso social y redunde en beneficio de todos los ciudadanos.

En el N° 53 explica por qué la acción del estado es necesaria y se refiere al principio de subsidiaridad. Dice así:

Esta acción del Estado, que fomenta, estimula, ordena, suple y completa, está fundamentada en el principio de la función subsidiaria formulado por Pío XI en la encíclica Quadragesimo anno: «Sigue en pie en la filosofía social un gravísimo principio, inamovible e inmutable: así como no es lícito quitar a los individuos y traspasar a la comunidad lo que ellos pueden realizar con su propio esfuerzo e iniciativa, así tampoco es justo, porque daña y perturba gravemente el recto orden social, quitar a las comunidades menores e inferiores lo que ellas pueden realizar y ofrecer por sí mismas, y atribuirlo a una comunidad mayor y más elevada, ya que toda acción de la sociedad, en virtud de su propia naturaleza, debe prestar ayuda a los miembros del cuerpo social, pero nunca destruirlos ni absorberlos».

Como también en nuestros días subsisten las dos tendencias: la de abolir la propiedad privada como lo vemos en Venezuela y el lento devolverse de esa política en Cuba y por otra parte también está vigente el liberalismo económico, es bueno que repitamos lo que la DSI nos dice al respecto. Por eso voy a terminar hoy leyendo lo que nos dice Mater et magistra, sobre la necesidad de la intervención del estado, sin destruir la iniciativa privada. Veamos, hasta donde alcancemos, del N° 54 en adelante:

Fácil es comprobar, ciertamente, hasta qué punto los actuales progresos científicos y los avances de las técnicas de producción ofrecen hoy día al poder público mayores posibilidades concretas para reducir el desnivel entre los diversos sectores de la producción, entre las distintas zonas de un mismo país y entre las diferentes naciones en el plano mundial; para frenar, dentro de ciertos límites, las perturbaciones que suelen surgir en el incierto curso de la economía y para remediar, en fin, con eficacia los fenómenos del paro masivo.

Por todo lo cual, a los gobernantes, cuya misión es garantizar el bien común, se les pide con insistencia que ejerzan en el campo económico una acción multiforme mucho más amplia y más ordenada que antes ajusten de modo adecuado a este propósito las instituciones, los cargos públicos, los medios y los métodos de actuación.

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55. Pero manténgase siempre a salvo el principio de que la intervención de las autoridades públicas en el campo económico, por dilatada y profunda que sea, no sólo no debe coartar la libre iniciativa de los particulares, sino que, por el contrario, ha de garantizar la expansión de esa libre iniciativa, salvaguardando, sin embargo, incólumes los derechos esenciales de la persona humana.

Entre éstos hay que incluir el derecho y la obligación que a cada persona corresponde de ser normalmente el primer responsable de su propia manutención y de la de su familia, lo cual implica que los sistemas económicos permitan y faciliten a cada ciudadano el libre y provechoso ejercicio de las actividades de producción.

¿Sí vale la pena creer? 13 de julio de 2014

¿Sí vale la pena creer? 29 junio 2014

Programa ¿Sí vale la pena creer? transmitido por Radio María el 29 de junio de 2014

Reflexión 288 San Juan XXIII Doctrina Social Mayo 29 2014

En la reflexión pasada empezamos a estudiar la DSI en el pontificado de San Juan XXIII, doctrina que además de exponerse en las encíclicas Mater et magistra (Madre y maestra) y Pacem in terris (Paz en la tierra) también está presente en documentos del Concilio Vaticano II, cuando se manifestó sobre el papel de la Iglesia en el mundo moderno, especialmente en documentos como la Constitución pastoral Gaudium et spes (Gozo y esperanza). Habría que tener presente también la Constitución dogmática Lumen gentium (Luz de los pueblos), en particular en lo que toca al papel de los laicos, su participación en el apostolado, sus relaciones con la jerarquía, y los seglares en el mundo. A los laicos dedica el Concilio el capítulo cuarto de Lumen gentium.

Es importante recordar la diferencia entre las constituciones dogmáticas y las constituciones pastorales. Gaudium et spes es una constitución pastoral mientras que Lumen gentium es una constitución dogmática. En el libro La Iglesia del Concilio Vaticano II, preparado por cuatro peritos del Concilio, entre ellos el que sería luego de su brillante papel en el concilio elevado al cardenalato por Pablo VI, el cardenal Jean Danielou, esos peritos nos explican que a Lumen gentium se le da el título de  constitución dogmática porque es directamente doctrinal y relativa al dogma de la Iglesia, y añaden que los decretos disciplinares que son consecuencia o aplicación de la doctrina se exponen en otros  documentos del Concilio. Es bueno aclarar esto porque la doctrina tiene aplicaciones prácticas y de eso no se ocupa la misma constitución dogmática sino los decretos promulgados aparte.

También conviene aclarar que al llamarse dogmática una constitución, no se quiere decir que en esa constitución se hayan definido necesariamente nuevos dogmas. El Concilio puede y de hecho trata de verdades de fe, que han sido definidas antes como tales. Leo del libro citado La Iglesia del Concilio la siguiente explicación en que nos aclara aún más que aunque no se trate de nuevas doctrinas que se estén definiendo , de todas maneras son doctrinas que se escriben para que queden como enseñanzas de la Iglesia y añade:

Son, pues, enseñanzas del Magisterio oficial de la Iglesia. Y, si bien pueden llamarse y son de hecho enseñanzas de un Magisterio extraordinario de la Iglesia, por cuanto son enseñanzas de un Concilio ecuménico, que es un hecho extraordinario en la historia de la Iglesia, participan no obstante del carácter del llamado «magisterio «ordinario» de la Iglesia, por cuanto en este magisterio ordinario no se proponen las doctrinas como definiciones y juicios perentorios. En el Magisterio de la Santa Sede las «definiciones» son objeto del magisterio extraordinario y su nota específica; en su magisterio ordinario no se procede a definiciones ex cathedra.

Solamente nos queda añadir que por tratarse de verdades enseñadas por un magisterio oficial, autorizado, auténtico, aunque no se esté definiendo algo nuevo como de fe, estas verdades hacen parte de lo que se llama doctrina católica, en el sentido técnico y estricto de la palabra, es decir que son enseñanzas impuestas y aceptadas en toda la Iglesia católica. Se enseñan en toda la Iglesia.

Por allá en el año 2006, en los primeros programas sobre la DSI, añadí una explicación sobre el valor doctrinal de los documentos del Compendio de la DSI, con la ayuda del P. Alberto Ramírez, profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana. Dice así:

 (…) en el caso de los documentos del Magisterio no todo tiene igual valor ni es vinculante (es decir obligatorio), en el mismo sentido. Los documentos que producen los organismos por medio de los cuales el Papa orienta a la comunidad cristiana, como es el caso del Compendio de la D.S.I. -que es nuestro guía en este programa,- aunque no son dogmáticos en un sentido estricto, constituyen el pensamiento oficial del Magisterio de la Iglesia. Podemos pues decir, que el Compendio de la D.S.I. contiene la doctrina oficial de la Iglesia. El criterio que tenemos para valorar estos documentos es que deben ser tenidos en cuenta como el criterio más seguro para formarse los juicios de conciencia.

A este respecto, me decía el P. Ramírez, que recordaba lo que sucedió con la llamada Nota Previa Explicativa que se añadió a la Constitución Lumen Gentium por voluntad del Papa Paulo VI, ante la pregunta por el valor de los documentos del Concilio  (recordemos que Juan XXIII había decidido que no hubiera declaración de nuevos dogmas en el Concilio Vaticano II): según esa Nota Explicativa, aunque lo que se propone en la Constitución Lumen gentium no son dogmas de fe, se trata de una doctrina que debe ser acogida con asentimiento sincero de inteligencia y de voluntad porque se trata de una doctrina que asegura la comunión de la Iglesia y es una orientación segura para la conciencia de los fieles.

Como resumen final de este tema sobre el magisterio de la Iglesia, recordemos que hay dos clases de enseñanzas: las del magisterio ordinario y las del extraordinario; el magisterio que se imparte por un Concilio Ecuménico o por el papa cuando definen una doctrina que declaran de fe es el magisterio solemne o extraordinario. Nos dicen las enseñanzas de la Iglesia que el magisterio extraordinario no puede contener error, por la asistencia del Espíritu Santo. Este magisterio incluye las definiciones de fe proclamadas por el papa o un Concilio Ecuménico convocado por él..

El magisterio ordinario es el que habitualmente imparten el papa y los obispos que estén en comunión con él y por los concilios en asuntos de índole pastoral.

Esto es suficiente para que tengamos presentes el valor doctrinal de los documentos de la DSI. Los que vamos a estudiar de San Juan XXIII según las explicaciones anteriores, pertenecen al magisterio ordinario de la Iglesia.

Como vimos en el programa pasado, la primera parte de la encíclica Mater et magistra se refiere al 70 aniversario de la Rerum novarum y ofrece un resumen de la doctrina social de los pontífices que precedieron a Juan XXIII. Primero describió el contexto histórico en que León XIII escribió la Rerum novarum, contexto en el cual recordó al liberalismo económico reinante. En ea ideología floreció la revolución industrial, sus consecuencias sobre la clase trabajadora y la reacción socialista que se originó en Rusia.

Enseguida Juan XXIII pasa a sintetizar en Mater et magistra los principios básicos expuestos por su antecesor León XIII y de los cuales dice que constituyen un mensaje social fundado en las exigencias de la naturaleza humana e inspirado en el espíritu del evangelio. Enumera cinco principios:

  1. 1.   El trabajo no es una mercancía de manera que su retribución se debe fijar de acuerdo con la justicia y la equidad (N° 18).

  2. 2.   La propiedad es un derecho natural, pero «lleva intrínseca una función social» (9).

  3. 3.   El Estado no se puede hacer al margen de las actividades económicas, y debe vigilar sobre las condiciones de los trabajadores y los contratos de trabajo (20-21).

  4. 4.   El derecho de los trabajadores de formar asociaciones propias o mixtas es un el derecho natural (22).

  5. 5.   Las relaciones entre trabajadores y empresarios deben fundarse en los «principios de solidaridad humana y fraternidad cristiana».

Que el trabajo no sea una mercancía es un asunto práctico muy importante. Aun hoy no es raro que algunas empresas y empresarios aprovechen las situaciones de desempleo para contratar trabajadores con salarios más bajos, como si en la disponibilidad de puestos de trabajo se guiaran por la ley de la oferta y la demanda, igual a como se hace en el mercado con las mercancías que suben o bajan de precio según su abundancia o escasez.

Es interesante que San Juan XXIII en Mater et magistra deja muy claro que la doctrina social que propone la Iglesia no es la misma ni de la ideología liberal ni la del marxismo. Copio el texto mismo del N° 23 de Mater et magistra:

Por último, trabajadores y empresarios deben regular sus relaciones mutuas inspirándose en los principios de solidaridad humana y cristiana fraternidad, ya que tanto la libre competencia ilimitada que el liberalismo propugna como la lucha de clases que el marxismo predica son totalmente contrarias a la naturaleza humana y a la concepción cristiana de la vida.

Juan XXIII, como ha hecho siempre la Iglesia, presenta con fidelidad las enseñanzas de sus antecesores, las clarifica y si es necesario profundiza en ellas de acuerdo con los cambios que pide la época con sus nuevos problemas. Por ejemplo, León XIII en su tratamiento de la propiedad, insistía en la importancia de que todos llegaran a ser propietarios; Juan XXIII pone el énfasis en la función social de la propiedad, tomando la explicación de Pío XII que propuso como León XIII el derecho natural de propiedad, aclarando que eso no significa que seamos dueños absolutos, sino administradores de bienes que Dios nos ha dado a todos. Esa es la función social de la propiedad; que no sea solo para unos pocos, sino que abran la posibilidad de que todos puedan llegar a ser propietarios. ¿Cómo? Ese es papel de una economía manejada con criterio social, no solo favoreciendo a los capitalistas sino también a los asalariados a quienes se deben pagar salarios justos. Lo mismo que siendo equitativos en las cargas tributarias y no cargando de más a los trabajadores para  favorecer a las empresas. Así es la DSI, dinámica. Lo mismo se verá en las referencias de Juan XXIII a la Quadragesimo anno, de Pío XI.

Con perfecta claridad señala San Juan XIII en el N° 28 su orientación al recordarnos la doctrina de sus antecesores. Dice, refiriéndose a Quadragesimo anno:

En este documento, el Sumo Pontífice confirma, ante todo, el derecho y el deber de la Iglesia católica de contribuir primordialmente a la adecuada solución de los gravísimos problemas sociales que tanto angustian a la humanidad; corrobora después los principios y criterios prácticos de la encíclica de León XIII, inculcando normas ajustadas a los nuevos tiempos; y aprovecha, en fin, la ocasión para aclarar ciertos puntos doctrinales sobre los que dudaban incluso algunos católicos y para enseñar cómo había de aplicarse la doctrina católica en el campo social, en consonancia con los cambios de la época.

Del N° 29 al 34, San Juan XXIII resume tres puntos en que Quadragesimo anno confirma la doctrina de Léon XIII: sobre la propiedad privada, la legitimidad del régimen del asalariado y la incompatibilidad entre cristianismo y socialismo moderado. Recordemos que Pío XI promulgó la encíclica Quadragesimo anno en conmemoración de los cuarenta años de Rerum novarum.

Las razones de incompatibilidad del cristianismo y el socialismo moderado las explica con mayor claridad Mater et magistra en el N° 34. Leámos el texto:

El Sumo Pontífice (León XIII, dice Juan XXIII) manifiesta además que la oposición entre el comunismo y el cristianismo es radical. Y añade que los católicos no pueden aprobar en modo alguno la doctrina del socialismo moderado. En primer lugar, porque la concepción socialista del mundo limita la vida social del hombre dentro del marco temporal, y considera, por tanto, como supremo objetivo de la sociedad civil el bienestar puramente material; y en segundo término, porque, al proponer como meta exclusiva de la organización social de la convivencia humana la producción de bienes materiales, limita extraordinariamente la libertad, olvidando la genuina noción de autoridad social.

Los cambios históricos detectados por Pío XI se sintetizan ahora en un solo hecho: el paso de la libre competencia, a una situación de dictadura económica (MM35-36).

En el N° 37 de Mater et magistra, Juan XXIII explica que la situación social exige reformas que implican una reconstrucción del tejido social, es decir de las relaciones entre las personas y entre los organismos de la comunidad y los del Estado. Recordemos que se refiere al principio de subsidiaridad, que ya explicamos en otro lugaar, porque dice el papa Juan XXIII que se reconstruirá esa relación entre organismos, creando organismos intermedios. Recordemos que el principio de subsidiaridad se refiere a que los organismos mayores del Estado, por ejemplo el Ministerio de Educación no debe asumir las funciones que corresponden a los padres de familia, a sus asociaciones ni la alcaldía mayor lo que es función de las asociaciones de vecinos.

También Mater et magistra dice que es necesario que el Estado ejerza su función de garante del bien común y así mismo es necesaria la colaboración de los países en el orden mundial, para garantizar el bienestar de los pueblos. Se da pues, especial importancia a las relaciones internacionales. Pío XI no había logrado que se impidiera la guerra y Juan XXIII la había vivido. De ahí su referencia a Pío XII, quien dio especial importancia a las relaciones internacionales.

Leamos el texto del N° 35 de Mater et magistra y luego el 36 y el 37. Se refiere primero Juan XXIII a los cambios entre el tiempo en que León XIII escribió la encíclica Rerum novarum y Pío XI a los cuarenta años, la Quadragesimo anno:

35. No olvidó, sin embargo, Pío XI que, a lo largo de los cuarenta años transcurridos desde la publicación de la encíclica de León XIII, la realidad de la época había experimentado profundo cambio. Varios hechos lo probaban, entre ellos la libre competencia, la cual, arrastrada por su dinamismo intrínseco, había terminado por casi destruirse y por acumular enorme masa de riquezas y el consiguiente poder económico en manos de unos pocos, «los cuales, la mayoría de las veces, no son dueños, sino sólo depositarios y administradores de bienes, que manejan al arbitrio de su voluntad» (Ibíd., p.201ss).

36. Por tanto, como advierte con acierto el Sumo Pontífice, «la dictadura económica ha suplantado al mercado libre; al deseo de lucro ha sucedido la desenfrenada ambición del poder; la economía toda se ha hecho horriblemente dura, inexorable, cruel» (Ibíd., p.211). De aquí se seguía lógicamente que hasta las funciones públicas se pusieran al servicio de los económicamente poderosos; y de esta manera las riquezas acumuladas tiranizaban en cierto modo a todas las naciones.

37. Para remediar de modo eficaz esta decadencia de la vida pública, el Sumo Pontífice señala como criterios prácticos fundamentales la reinserción del mundo económico en el orden moral y la subordinación plena de los intereses individuales y de grupo a los generales del bien común.

Esto exige, en primer lugar, según las enseñanzas de nuestro predecesor, la reconstrucción del orden social mediante la creación de organismos intermedios de carácter económico y profesional, no impuestos por el poder del Estado, sino autónomos; exige, además, que las autoridades, restableciendo su función, atiendan cuidadosamente al bien común de todos, y exige, por último, en el plano mundial, la colaboración mutua y el intercambio frecuente entre las diversas comunidades políticas para garantizar el bienestar de los pueblos en el campo económico.

Dice Juan XXIII que las reformas necesarias se deben inspirar en el sometimiento a un orden moral objetivo, basado en la ley de la justicia y la caridad y en el reconocimiento de un orden jurídico internacional. A Pío XI le preocupaba que no se sometiera el mundo a un orden moral y como recordamos, Pío XII veía la necesidad de un organismo internacional para evitar otra guerra.

Señala Juan XXIII en el N° 38 de Mater et magistra, cuáles son los principios fundamentales que caracterizan la encíclica Quadragesimo anno, de Pío XI y dice que se pueden reducir a dos: Primer principio: prohibición absoluta de que en materia económica se establezca como ley suprema el interés individual o de grupo, o la libre competencia ilimitada, o el predominio abusivo de los económicamente poderosos, o el prestigio de la nación, o el afán de dominio, u otros criterios similares. Y añade enseguida: 39. Por el contrario, en materia económica es indispensable que toda actividad sea regida por la justicia y la caridad como leyes supremas del orden social.

Sobre la creación de un organismo internacional estas son las palabras de Mater et Magistra:

40. El segundo principio de la encíclica de Pío XI manda que se establezca un orden jurídico, tanto nacional como internacional, que, bajo el influjo rector de la justicia social y por medio de un cuadro de instituciones públicas y privadas, permita a los hombres dedicados a las tareas económicas armonizar adecuadamente su propio interés particular con el bien común.

En la próxima reflexión veremos lo que Juan XXIII dijo del mensaje La solennitá, de Pío XII y continuaremos comentando la encíclica Mater et magistra.

¿Sí vale la pena creer? 15 de junio de 2014

Programa “¿Sí vale la pena creer?” transmitido por Radio María de Colombia los domingos de 9:30 a 9:55 a. m.
Emisión del 15 de junio de 2014 .

¿Sí vale la pena creer? Junio 8 de 2014

¿Sí vale la pena creer? Junio 1 2014

Programa “¿Sí vale la pena creer?” transmitido por Radio María de Colombia los domingos de 9:30 a 9:55 a. m.
Emisión del 1 de junio de 2014 .