34. Sí vale la pena creer? Febrero 1, 2015

33. ¿Sí vale la pena creer? Enero 25 2015

No. 32 ¿Sí vale la pena creer? Enero 18, 2015

PROGRAMA 303 DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA NAVIDAD 2014, Diciembre 18 2014

El nacimiento de Jesús, enseñanza social

Vamos a dedicar este programa a la Navidad. ¿Qué mejor tema social que el nacimiento de Jesús que vino a hacernos compañía en los momentos de alegría como también en los de dificultades y tristezas? El niño que nació pobre y tuvo preferencia por los sencillos y los humildes.

Voy a tomar consideraciones del papa emérito Benedicto XVI en su libro La infancia de Jesús. Vamos también a escuchar música de Navidad. Algunas melodías tradicionales, antiguas, y otras de esta época. Música de otros países y también villancicos colombianos. Gracias por estar una vez más con nosotros.

Vamos a empezar con música del siglo XVIII, un trozo del Oratorio de Navidad de Johann Sebastian Bach, interpretado por el coro de la radio de Berlín.

  1. MÚSICA –

La venida del Mesías, de Jesucristo, la preparó Dios a través de siglos. Eligió primero un pueblo, que fuera su pueblo, cuyo padre fue Abraham, y que vivió en Mesopotamia alrededor de 1800 años antes de que a María le fuera anunciado que ella, la llena de gracia, sería la madre del esperado Mesías. Digamos que ese tiempo de Adviento, de preparación, de espera del advenimiento del Salvador, duró unos 1800 años.

Y el Mesías llegó; como había sido anunciado nació en Belén, que hoy queda en Palestina. Desde entonces el mundo se llenó de la luz del evangelio. Los cristianos celebramos con inmensa alegría ese acontecimiento incomparable: que Dios se hiciera uno de nosotros, un niño como nosotros, y nos dio a conocer, de manera cercana, cómo es Dios.

La fe cristiana fue llevando esa buena noticia a todo el mundo. No ha sido fácil hacer entender la profundidad del mensaje del evangelio, mensaje de amor, con todo lo que el amor lleva consigo. Porque el amor de verdad no es solo palabras. En nuestro siglo XXI, el mundo conserva la alegría de la Navidad; ilumina las casas, las calles, pero se le ha olvidado que las luces se encienden para celebrar la luz esplendorosa de la verdad, Jesucristo, que vino para iluminar nuestra vida, para llenar de luz la historia. Fue Jesucristo, la luz que no se extingue, el regalo más maravilloso de Dios a la Humanidad; por eso, como una pequeñísima imitación de la bondad de Dios nuestro padre, también nosotros damos regalos a nuestros parientes y amigos. No podemos olvidar que ese es el significado de nuestras luces en las ciudades y de nuestros regalos en Navidad. En honor de la Virgen María, la Madre de Jesús, vamos a escuchar

2.   MÚSICA – AVE MARÍA de Gounod, Sara Brightman con la Royal Philarmonic Orchestra

El espíritu mercantilista del mundo vio en los regalos de Navidad la gran oportunidad de hacer negocios y nos contagió. Está bien que mostremos nuestra alegría y cariño con los regalos, pero recordemos su significado. El Adviento del comercio se anticipa a nuestro Adviento católico. La preparación material de la Navidad la empezó el comercio desde octubre; ocho semanas antes de la Navidad. Cuatro semanas antes del tiempo de Adviento. Ya entonces adornaron sus locales y pusieron música de Navidad. Nuestra preparación litúrgica comenzó después, el primer domingo de adviento, cuatro semanas antes de la Navidad. Las cuatro velas de la corona de adviento y las lecturas de la Sagrada Escritura nos fueron llevando por el camino de preparación para la conmemoración del gran suceso del nacimiento de Jesucristo.

Antes del nacimiento de Jesús en Belén, Dios había ido preparando el terreno para ese gran acontecimiento. Lo comentaremos después de escuchar Adeste Fideles, el villancico atribuido al católico inglés John Francis Wade. Otros lo atribuyen al rey Juan IV de Portugal. Lo cierto es que hoy se canta en la Navidad en todo el mundo, para invitar a adorar al niño recién nacido. Vamos a escuchar la interpretación del coro mormón del Tabernáculo

3.      MÚSICA – O come all ye faithful

Decía que antes del nacimiento de Jesús en Belén, Dios había ido preparando el terreno para ese gran acontecimiento. Nos dice Benedicto XVI en su libro La Infancia de Jesús, que Lucas comienza su relato de la infancia de Jesús poniendo este acontecimiento en el contexto histórico universal. Narra Lucas en el capítulo 2 de su evangelio: En aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero.

Por primera vez, dice Benedicto XVI, se empadrona «al mundo entero». Un censo del todo el imperio romano…

El mundo entero; ¿no era una exageración del emperador Augusto creer que su imperio era el mundo entero? Bueno sí, así lo veía él porque el imperio romano, el mundo dominado por Roma, era muy extenso y Augusto había logrado unificar la lengua de todos los territorios conquistados. Al conocer todos la misma lengua, se facilitó a esa comunidad de pueblos entenderse en el modo de pensar y de actuar y al mismo tiempo se facilitó la entrada del mensaje universal de salvación. Así se preparó la llegada de la «plenitud de los tiempos». Eso significó la llegada del mesías anunciado por los profetas desde siglos antes, en el momento preparado por Dios.

Hay algo más: la llegada del emperador Augusto fue considerada como la llegada de una época nueva, en que todo tenía que cambiar. Augusto mismo se consideraba el salvador, que ha traído al mundo la paz. Él como gobernante del imperio, consideraba qué había llevado la paz universal a su inmenso imperio, y así fue por un tiempo. ¿Era solo una imagen, un presagio quizás de que el verdadero rey del mundo entero, el príncipe de la paz iba a llegar en ese tiempo?

Vamos ahora a escuchar la canción de Navidad Oh Little town of Bethlehem, Oh pequeña ciudad de Belén, cantada por Nat King Cole, con la London Symphony Orchestra.

4.   MÚSICA 

Que Lucas haya señalado en su evangelio el tiempo histórico en que nació Jesús es muy importante. Benedicto XVI anota que la fijación del año del nacimiento de Jesús se remonta al monje Dionisio el Exiguo, quien vivió alrededor del año 550 de nuestra era y evidentemente se equivocó en algunos años en su cálculo, porque el censo ordenado por Augusto se realizó en tiempo de Herodes el Grande quien ya había muerto en el año 4 a.C., según esos equivocados cálculos. El censo, según los datos que se conocen, se llevaba a cabo en varias etapas, duraba varios años. Se conoce por diversas fuentes, que los ciudadanos sujetos al censo debían presentarse allí donde tuvieran tierras, de manera que José debió ir con María a Belén porque él disponía allí de alguna propiedad. Todo esto se había preparado para que se cumpliera la profecía del profeta Miqueas , según el cual el Pastor de Israel, como llama al mesías, debía nacer en Belén. (Miq 5, 1-3): Mas tú, Belén-Efratá, aunque eres la menor entre las familias de Judá, de ti ha de salir aquel que ha de dominar en Israel, y cuyos orígenes son de antigüedad, desde los días de antaño.

El nacimiento de Jesús, el Mesías, en Belén, fue anunciado siglos antes. Jesucristo, el Dios hecho hombre es un personaje histórico, no es una invención. Se sabe dónde y cuándo nació, dónde vivió, dónde fue muerto por nuestros pecados y dónde resucitó.

Escuchemos ahora música colombiana de Navidad; un currulao, La Estrella de mar. Música del Pacífico colombiano, cantado por su autora María Olga Piñeros Lara y la voz infantil de su hijo Andrés Gerónimo Campos Piñeros. Inmediatamente después, en la pista 2, oiremos la guabina Vamos todos a cantar, también con María Olga Piñeros 

5.   MÚSICA La Estrella de Mar, María Olga Piñeros y voz infantil de su hijo.

Lucas nos cuenta que mientras estaban en Belén le llegó a María el tiempo del parto y dio a luz a su hijo, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada. Benedicto XVI comenta:

(…) no había sitio para ellos en la posada. La meditación en la fe de estas palabras ha encontrado en esta afirmación un paralelismo interior con la palabra, rica de hondo contenido, del Prólogo de san Juan: «Vino a su casa y los suyos no lo recibieron (Jn 1,1). Para el Salvador del mundo, para aquel en vista del cual todo fue creado (Cf Col 1,16), no hay sitio. Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza (Mt 8,20). El que fue crucificado fuera de las puertas de la ciudad (cf Hb 13,12) nació también fuera de sus murallas.

Demos ahora espacio a música moderna de Navidad. Escuchemos música de Dave Koz y amigos, Smooth Jazz Christmas, una overtura de jazz suave para la Navidad.

6.  MÚSICA

Como sabemos, los primeros testigos del nacimiento de Jesús en Belén fueron unos pastores que pasaban la noche cuidando a sus ovejas. Sobre los pastores, Benedicto XVI hace esta consideración en su libro La Infancia de Jesús:

Jesús nació fuera de la ciudad, en un ambiente en que por todas partes en sus alrededores había pastos a los que los pastores llevaban sus rebaños. Era normal por tanto que ellos, al estar más cerca del acontecimiento, fueran los primeros llamados a la gruta.

Inmediatamente el papa emérito aclara que no fueron los pastores los primeros en llegar al pesebre solo porque estaban exteriormente cerca, sino porque los pastores estaban también interiormente cerca de Dios que se hizo niño, más cerca que los ciudadanos que dormían tranquilamente. Dice Benedicto XVI: Esto concuerda con el hecho de que formaban parte de los pobres, de las almas sencillas, a los que Jesús bendeciría, porque a ellos está reservado el acceso al misterio de Dios (cf. Lc 10,21s). Ellos representan a los pobres de Israel, a los pobres en general: los predilectos del amor de Dios.

7.    MÚSICA – Escuchemos del canadiense Michael Bublé, Noche de Paz

G.K. Chesterton escribió la siguiente oración para los días de Adviento: Humildísimo Señor Jesús, tú nos enseñaste, por medio de tu encarnación, el significado de preocuparse por los demás. En ti no hay ni vanidad ni ambición; en ti solo hay amor por los demás y deseos de servir. Deseamos con pasión seguir tu ejemplo. Te suplicamos que nos ayudes a servir a los demás como tú nos serviste a nosotros; del mismo modo en el que tú tomaste nuestra forma humana para servirnos, que nosotros también podamos asumir los intereses de los demás y que, como tú, con alegría nos convirtamos en esclavos de sus necesidades.

Antes de terminar, permítanme agradecerles su dedicación a acompañarme en el estudio de la Doctrina Social de la Iglesia que ya lleva unos cuantos años y aproximadamente 400 programas. Agradezco a Wilson Urquijo, el excelente y paciente productor y a las personas que antes de él me ayudaron, entre otros a Magola Quintero. Que el Señor traiga a todos y a sus familias muchas bendiciones en esta Navidad y los acompañe en cada paso que den en el Año nuevo. Desde el año 2015, hasta cuando Dios quiera, seguiré por Radio María de Colombia solo con el programa ¿Sí vale la pena creer? que se transmite los domingos a las 9:30 a.m., hora de Colombia. De esas charlas seguiré subiendo el audio al blog y se podrán escuchar cualquier día, a cualquier hora, desde cualquier lugar del mundo.

Al terminar este programa, preguntémonos: ¿Estamos listos para la Navidad? ¿Ya está listo el pesebre?, ¿ya conseguimos los regalitos? ¿Incluimos entre los destinatarios de nuestros regalos a algún niño pobre? ¿Y, la preparación más importante: estamos listos espiritualmente para recibir al Niño en la Navidad? Feliz Navidad para todos. Encomendémonos unos a otros.

Reflexión 302 – Doctrina Social Papa Francisco a Parlamento EuropeoDiciembre 4 2014

De San Juan XXIII al Papa Francisco

El programa anterior lo dedicamos a leer el discurso que el papa Francisco dirigió al Parlamento Europeo, el pasado 25 de noviembre, 2014, que muestra la coherencia de la DSI enseñada por los papas en sus diversos documentos. Interrumpimos el estudio de la encíclica M et magistra, de San Juan XXIII, para leer el mencionado discurso del papa Francisco. Habíamos leído antes el N° 157 de la encíclica M et m, en el cual el papa Juan habla de la obligación que a las naciones que disfrutan de abundante riqueza económica, esa riqueza les impone de no permanecer indiferentes ante los países cuyos miembros, oprimidos por innumerables dificultades interiores, se ven extenuados por la miseria y el hambre y no disfrutan, como es debido, de los derechos fundamentales del hombre. Esta obligación se ve aumentada por el hecho de que, dada la interdependencia progresiva que actualmente sienten los pueblos, no es ya posible que reine entre ellos una paz duradera y fecunda si las diferencias económicas y sociales entre ellos resultan excesivas.

Voy citar algunas de las frases del discurso de papa Francisco que leímos hace una semana y terminaré luego la lectura de lo que nos faltó leer de ese discurso.

 

Una Europa un poco envejecida y reducida

 

Dijo el papa que la imagen de una Europa más amplia e influyente, que le ha dado la organización de la Unión Europea, parece ir acompañada de la imagen de una Europa un poco envejecida y reducida, que tiende a sentirse menos protagonista en un contexto que la contempla a menudo con distancia, desconfianza y, tal vez, con sospecha.

Al dirigirse el papa Francisco a esa Europa envejecida, menos protagonista, les dijo que desde su vocación de Pastor, deseaba enviar a todos los ciudadanos europeos un mensaje de esperanza y de aliento (…) Una esperanza basada en el Señor, que transforma el mal en bien y la muerte en vida.

En esas palabras de esperanza en Dios, se entiende muy bien que les habla un Pastor, que al mismo tiempo es un estadista. El papa es el pastor, hombre de fe, que sabe bien de su obligación de orientar al mundo para que siga los planes de Dios, y es el estadista que es consciente de la obligación que tiene de regir la ciudad terrena según los planes de Dios. Por eso más adelante les recuerda a los parlamentarios europeos, que los fundadores de esa organización confiaron en la capacidad de todos para la superar las divisiones, porque confiaban no solo en el hombre como un ciudadano económico sino en el hombre como persona dotada de una dignidad trascendente. Era algo así como recordarles que esos fundadores de la Unión Europea eran creyentes. Como entre los actuales parlamentarios hay sin duda otros no creyentes, les subraya a continuación el estrecho vínculo que existe entre (…) «dignidad» y «trascendente». Los creyentes sabemos bien que la dignidad de la persona humana nos viene de haber sido creados a imagen y semejanza de Dios.

 

 El papa Francisco concreta la idea de la dignidad trascendente del ser humano

 

Continuó así su discurso al Parlamento Europeo:

…hablar de la dignidad trascendente del hombre, significa apelarse a su naturaleza, a su innata capacidad de distinguir el bien del mal, a esa «brújula» inscrita en nuestros corazones y que Dios ha impreso en el universo creado; significa sobre todo mirar al hombre no como un absoluto, sino como un ser relacional. Una de las enfermedades que veo más extendidas hoy en Europa es la soledad, propia de quien no tiene lazo alguno. Se ve particularmente en los ancianos, a menudo abandonados a su destino, como también en los jóvenes sin puntos de referencia y de oportunidades para el futuro; se ve igualmente en los numerosos pobres que pueblan nuestras ciudades y en los ojos perdidos de los inmigrantes que han venido aquí en busca de un futuro mejor.

Vuelvo ahora a leer uno de los párrafos del discurso del papa Francisco al Parlamento Europeo, que más llamaron la atención a los periodistas de todo el mundo. Dijo el papa Francisco:

(…) junto al proceso de ampliación de la Unión Europea, ha ido creciendo la desconfianza de los ciudadanos respecto a instituciones consideradas distantes, dedicadas a establecer reglas que se sienten lejanas de la sensibilidad de cada pueblo, e incluso dañinas. Desde muchas partes se recibe una impresión general de cansancio, de envejecimiento, de una Europa anciana que ya no es fértil ni vivaz. Por lo que los grandes ideales que han inspirado Europa parecen haber perdido fuerza de atracción, en favor de los tecnicismos burocráticos de sus instituciones.

 

Cuando predominan las cuestiones técnicas y económicas en los debates políticos

 

El papa se refiere luego a algunos estilos de vida egoístas que se caracterizan por la opulencia y un comportamiento indiferente respecto a los más pobres. Dice el papa que predominan las cuestiones técnicas y económicas en los debates políticos, en perjuicio del ser humano al que se reduce a un mero engranaje de un mecanismo, como si fuera un bien de consumo que se descarta sin muchos reparos como en el caso de los enfermos, los enfermos terminales, de los ancianos abandonados y sin atenciones, o de los niños asesinados antes de nacer.

Se absolutiza la técnica

 

El papa Francisco dice que esa conducta se debe a que se absolutiza la técnica. Es decir que se atribuye a la técnica un valor absoluto, sin límites, sin condiciones. Por eso se llega al extremo de realizar algo que sea técnicamente posible sin tener en cuenta si eso que se hace es moral, ético, o no. El papa Francisco dice que si se absolutiza la técnica se llega a confundir los fines con los medios. Es claro que la técnica nos puede proporcionar instrumentos, medios para conseguir un fin ético, pero la técnica no es un fin en sí misma.

 

La vocación parlamentaria a preocuparse de la fragilidad humana

 

Y leo el bello párrafo siguiente. Dijo el papa Francisco:

…afirmar la dignidad de la persona significa reconocer el valor de la vida humana, que se nos da gratuitamente y, por eso, no puede ser objeto de intercambio o de comercio. Ustedes, en su vocación de parlamentarios, están llamados también a una gran misión, aunque pueda parecer inútil: Preocuparse de la fragilidad, de la fragilidad de los pueblos y de las personas. Cuidar la fragilidad quiere decir fuerza y ternura, lucha y fecundidad, en medio de un modelo funcionalista y privatista que conduce inexorablemente a la «cultura del descarte». Cuidar de la fragilidad de las personas y de los pueblos significa proteger la memoria y la esperanza; significa hacerse cargo del presente en su situación más marginal y angustiante, y ser capaz de dotarlo de dignidad.

El último párrafo que leímos la semana pasada del discurso del papa Francisco al Parlamento Europeo, se refiere a que el futuro de Europa depende de su regreso a Dios, a un encuentro del cielo y de la tierra, es decir de la realidad terrena con sus dificultades, y del cielo. De esos dos elementos: lo terrenal y lo trascendente dice el papa en el último párrafo que leí en el programa pasado:

 

El futuro de Europa depende del redescubrimiento de la dimensión trascendente

 

El futuro de Europa depende del redescubrimiento del nexo vital e inseparable entre estos dos elementos. Una Europa que no es capaz de abrirse a la dimensión trascendente de la vida es una Europa que corre el riesgo de perder lentamente la propia alma y también aquel «espíritu humanista» que, sin embargo, ama y defiende.

Continúo ahora con lo que nos faltó leer. Dice así:

Precisamente a partir  de la necesidad de una apertura a la trascendencia, deseo afirmar la centralidad de la persona humana, que de otro modo estaría en manos de las modas y poderes del momento. En este sentido, considero fundamental no sólo el patrimonio que el cristianismo ha dejado en el pasado para la formación cultural del continente, sino, sobre todo, la contribución que pretende dar hoy y en el futuro para su crecimiento. Dicha contribución no constituye un peligro para la laicidad de los Estados y para la independencia de las instituciones de la Unión, sino que es un enriquecimiento. Nos lo indican los ideales que la han formado desde el principio, como son: la paz, la subsidiariedad, la solidaridad recíproca y un humanismo centrado sobre el respeto de la dignidad de la persona.

La herencia cristiana innegable en la cultura de Europa

 

Como lo hizo Benedicto XVI, el papa Francisco recuerda a los parlamentarios europeos la herencia cristiana innegable en la cultura de Europa, el patrimonio cristiano de Europa. Y siguió así:

Por ello, quisiera renovar la disponibilidad de la Santa Sede y de la Iglesia Católica, a través de la Comisión de las Conferencias Episcopales Europeas (COMECE), para mantener un diálogo provechoso, abierto y trasparente con las instituciones de la Unión Europea. Estoy igualmente convencido de que una Europa capaz de apreciar las propias raíces religiosas, sabiendo aprovechar su riqueza y potencialidad, puede ser también más fácilmente inmune a tantos extremismos que se expanden en el mundo actual, también por el gran vacío en el ámbito de los ideales, como lo vemos en el así llamado Occidente, porque «es precisamente este olvido de Dios, en lugar de su glorificación, lo que engendra la violencia».

A este respecto, no podemos olvidar aquí las numerosas injusticias y persecuciones que sufren cotidianamente las minorías religiosas, y particularmente cristianas, en diversas partes del mundo. Comunidades y personas que son objeto de crueles violencias: expulsadas de sus propias casas y patrias; vendidas como esclavas; asesinadas, decapitadas, crucificadas y quemadas vivas, bajo el vergonzoso y cómplice silencio de tantos.

 

Lo que significa la unidad en la diversidad como lema de Europa

 

El lema de la Unión Europea es Unidad en la diversidad, pero la unidad no significa uniformidad política, económica, cultural, o de pensamiento. En realidad, toda auténtica unidad vive de la riqueza de la diversidad que la compone: como una familia, que está tanto más unida cuanto cada uno de sus miembros puede ser más plenamente sí mismo sin temor. En este sentido, considero que Europa es una familia de pueblos, que podrán sentir cercanas las instituciones de la Unión si estas saben conjugar sabiamente el anhelado ideal de la unidad, con la diversidad propia de cada uno, valorando todas las tradiciones; tomando conciencia de su historia y de sus raíces; liberándose de tantas manipulaciones y fobias. Poner en el centro la persona humana significa sobre todo dejar que muestre libremente el propio rostro y la propia creatividad, sea en el ámbito particular que como pueblo.

Por otra parte, las peculiaridades de cada uno constituyen una auténtica riqueza en la medida en que se ponen al servicio de todos. Es preciso recordar siempre la arquitectura propia de la Unión Europea, construida sobre los principios de solidaridad y subsidiariedad, de modo que prevalezca la ayuda mutua y se pueda caminar, animados por la confianza recíproca.

Voy a volver a leer este párrafo tan interesante.

…toda auténtica unidad vive de la riqueza de la diversidad que la compone: como una familia, que está tanto más unida cuanto cada uno de sus miembros puede ser más plenamente sí mismo sin temor. En este sentido, considero que Europa es una familia de pueblos, que podrán sentir cercanas las instituciones de la Unión si estas saben conjugar sabiamente el anhelado ideal de la unidad, con la diversidad propia de cada uno, valorando todas las tradiciones; tomando conciencia de su historia y de sus raíces; liberándose de tantas manipulaciones y fobias. Poner en el centro la persona humana significa sobre todo dejar que muestre libremente el propio rostro y la propia creatividad, sea en el ámbito particular que como pueblo.

Por otra parte, las peculiaridades de cada uno constituyen una auténtica riqueza en la medida en que se ponen al servicio de todos. Es preciso recordar siempre la arquitectura propia de la Unión Europea, construida sobre los principios de solidaridad y subsidiariedad, de modo que prevalezca la ayuda mutua y se pueda caminar, animados por la confianza recíproca.

 

Interpretar los signos de la presencia de Dios en medio de la pluriculturalidad, cambios permanentes e injusticias sociales

En el plan de evangelización de la arquidiócesis de Bogotá, se nos pide que aprendamos a ver la presencia de Dios en esta ciudad región en donde hay ahora una débil adhesión a la persona de Jesucristo, que impide leer e interpretar los signos de la presencia de Dios en medio de la pluriculturalidad, cambios permanentes e injusticias sociales. Y nos invita a trabajar en la evangelización con una actitud dialogante. Por el párrafo del papa Francisco que acabo de leer, podemos ver que el plan de evangelización de la arquidiócesis de Bogotá está en consonancia con los lineamientos propuestos por el papa, tanto en su discurso al Parlamento Europeo como desde antes, en su exhortación apostólica Evagelii gaudium, La alegría del evangelio. En una ciudad tan grande como Bogotá son más notorias esas características de pluriculturalidad, de cambio y de injusticias sociales, porque recibe a muchas personas de todas las regiones que vienen a buscar una vida más amable que la que viven en su región. Claro que la variedad de culturas en Europa es diferente. Pues esos países reciben refugiados de todo el mundo.

En el siguiente párrafo el papa Francisco plantea al Parlamento Europeo la exigencia de hacer la democracia una realidad y no de mera palabra. Dice así:

En esta dinámica de unidad-particularidad, se les plantea también, Señores y Señoras Eurodiputados, la exigencia de hacerse cargo de mantener viva la democracia, la democracia de los pueblos de Europa. No se nos oculta que una concepción uniformadora de la globalidad daña la vitalidad del sistema democrático, debilitando el contraste rico, fecundo y constructivo, de las organizaciones y de los partidos políticos entre sí. De esta manera se corre el riesgo de vivir en el reino de la idea, de la mera palabra, de la imagen, del sofisma… y se termina por confundir la realidad de la democracia con un nuevo nominalismo político. Mantener viva la democracia en Europa exige evitar tantas «maneras globalizantes» de diluir la realidad: los purismos angélicos, los totalitarismos de lo relativo, los fundamentalismos ahistóricos, los eticismos sin bondad, los intelectualismos sin sabiduría.

Cuando las ideas se separan de la realidad y la retórica de la fe

 

Como vemos hay hoy muchos ismos: totalitarismos, fundamentalismos, etc, que reúnen las diversas ideologías y que por ser diversas propician la desunión y como dice el Papa diluyen la realidad. No bajan a resolver los problemas que sufre la gente, se quedan en las teorías de sus ideologías.

En la exhortación apostólica Evangelii gaudium, cuando trata este mismo asunto de la separación entre la idea y la realidad, en el N° 232 dice:

Hay políticos – incluso dirigentes religiosos – que se preguntan por qué el pueblo no los comprende y no los sigue, si sus propuestas son tan lógicas y tan claras. Posiblemente sea porque se instalaron en el reino de la pura idea y redujeron la política o la fe a la retórica. Otros olvidaron la sencillez e importaron desde fuera una racionalidad ajena a la gente.

Qué importante pensamiento que nos pone a reflexionar a quienes colaboramos en la evangelización. Que no nos parezca suficiente la retórica, el hablar bonito y con entusiasmo. Que encarnemos el mensaje en la realidad.

 

¿Qué significa dar esperanza a Europa?

 

Explica el papa más adelante qué significa dar esperanza a Europa, y qué realistas son sus observaciones. Esto dijo:

Dar esperanza a Europa no significa sólo reconocer la centralidad de la persona humana, sino que implica también favorecer sus cualidades. Se trata por eso de invertir en ella y en todos los ámbitos en los que sus talentos se forman y dan fruto. El primer ámbito es seguramente el de la educación, a partir de la familia, célula fundamental y elemento precioso de toda sociedad. La familia unida, fértil e indisoluble trae consigo los elementos fundamentales para dar esperanza al futuro. Sin esta solidez se acaba construyendo sobre arena, con graves consecuencias sociales. Por otra parte, subrayar la importancia de la familia, no sólo ayuda a dar prospectivas y esperanza a las nuevas generaciones, sino también a los numerosos ancianos, muchas veces obligados a vivir en condiciones de soledad y de abandono porque no existe el calor de un hogar familiar capaz de acompañarlos y sostenerlos.

Sobre la educación dijo el papa Francisco

Junto a la familia están las instituciones educativas: las escuelas y universidades. La educación no puede limitarse a ofrecer un conjunto de conocimientos técnicos, sino que debe favorecer un proceso más complejo de crecimiento de la persona humana en su totalidad. Los jóvenes de hoy piden poder tener una formación adecuada y completa para mirar al futuro con esperanza, y no con desilusión. Numerosas son las potencialidades creativas de Europa en varios campos de la investigación científica, algunos de los cuales no están explorados todavía completamente. Baste pensar, por ejemplo, en las fuentes alternativas de energía, cuyo desarrollo contribuiría mucho a la defensa del ambiente.

Voy a terminar hoy con el párrafo referente al cuidado del medio ambiente. Dice:

Europa ha estado siempre en primera línea de un loable compromiso en favor de la ecología. En efecto, esta tierra nuestra necesita de continuos cuidados y atenciones, y cada uno tiene una responsabilidad personal en la custodia de la creación, don precioso que Dios ha puesto en las manos de los hombres. Esto significa, por una parte, que la naturaleza está a nuestra disposición, podemos disfrutarla y hacer buen uso de ella; por otra parte, significa que no somos los dueños. Custodios, pero no dueños. Por eso la debemos amar y respetar. «Nosotros en cambio nos guiamos a menudo por la soberbia de dominar, de poseer, de manipular, de explotar; no la “custodiamos”, no la respetamos, no la consideramos como un don gratuito que hay que cuidar».

 

Reflexión 301 San Juan XXIII Doctrina Social Nov 27 2014

Cómo reducir el desequilibrio entre los pueblos

En el programa pasado comenzamos la última sección de la encíclica Mater et magistra de San Juan XXIII que trata sobre las desigualdades entre los pueblos, entre las naciones, y sobre cómo reducir el desequilibrio entre los pueblos con mayor acceso a los recursos disponibles y los que con dificultad pueden conseguirlos.

Decíamos que estamos viviendo en una época en que se habla mucho de comunidades de naciones. Así sucede con la ONU, con la Comunidad Europea de naciones. En cada continente hay una o varias organizaciones que se supone congregan a naciones con intereses comunes. En América teníamos la OEA, integrada por todos los países de América; por distinta posición ideológica, los países amigos del socialismo del siglo XXI crearon UNASUR, de solo los países suramericanos y allí se unió Colombia. Esta es una organización que tiene como objetivos construir una identidad y ciudadanía suramericanas, al igual que desarrollar un espacio regional integrado.

Por esa multiplicación de organizaciones que congregan a las naciones decíamos, que si en alguna época se puede hablar de la comunidad de los pueblos, debería ser en nuestra época, cuando además, las facilidades de transporte internacional y de las comunicaciones nos debería hacer sentir más solidarios, más comunidad. Como hoy todos los pueblos dependen, en mayor o menor grado, en lo económico, unos de otros, no hay países que puedan progresar independientemente de las suerte de los demás.

La unión de los pueblos está supuestamente regida por normas internacionales. Se supone que son todos iguales, que no hay unos pueblos superiores a otros en dignidad; sin embargo vemos que la comunidad de naciones parece ser solo un concepto, una buena idea, pues en la práctica no existen comunidades internacionales solidarias, que reconozcan que todas juntas deben trabajar por un bien común universal.

Recordemos lo que San Juan XXIII dice en el N° 157 de M et m:

Pero el problema tal vez mayor de nuestros días es el que atañe a las relaciones que deben darse entre las naciones económicamente desarrolladas y los países que están aún en vías de desarrollo económico: las primeras gozan de una vida cómoda; los segundos, en cambio, padecen durísima escasez. La solidaridad social que hoy día agrupa a todos los hombres en una única y sola familia impone a las naciones que disfrutan de abundante riqueza económica la obligación de no permanecer indiferentes ante los países cuyos miembros, oprimidos por innumerables dificultades interiores, se ven extenuados por la miseria y el hambre y no disfrutan, como es debido, de los derechos fundamentales del hombre. Esta obligación se ve aumentada por el hecho de que, dada la interdependencia progresiva que actualmente sienten los pueblos, no es ya posible que reine entre ellos una paz duradera y fecunda si las diferencias económicas y sociales entre ellos resultan excesivas.

El papa no solicita una colaboración de buena voluntad, sino que habla de obligación: las naciones que disfrutan de abundante riqueza económica (tienen) la obligación de no permanecer indiferentes ante los países cuyos miembros, oprimidos por innumerables dificultades interiores, se ven extenuados por la miseria y el hambre y no disfrutan, como es debido, de los derechos fundamentales del hombre. Esta obligación se ve aumentada por el hecho de que, dada la interdependencia progresiva que actualmente sienten los pueblos, no es ya posible que reine entre ellos una paz duradera y fecunda si las diferencias económicas y sociales entre ellos resultan excesivas.

El Papa Francisco habla con valentía al Parlamento Europeo

 

Es bueno que veamos la coherencia en la doctrina social expuesta por los distintos pontífices. Voy a leer el discurso que el papa Francisco dirigió al Parlamento Europeo el martes 25 de noviembre (2014). Fue in discurso valiente. Ha tenido eco mundial. La prensa nuestra no publica el discurso completo, pero sí han presentado la noticia, destacando algunas frases como que la de la imagen de una Europa un poco envejecida y reducida, que tiende a sentirse menos protagonista .

El discurso del papa Francisco al parlamento europeo reunido en Estrasburgo, Francia tiene especial importancia. El papa como obispo de Roma es la cabeza visible de la Iglesia Católica y es también el jefe de gobierno del Estado Vaticano. Tiene pues el derecho de hablar a los rectores de las naciones europeas en calidad de jefe de estado y además tiene la autoridad moral de quien habla como pastor de más de mil millones de católicos. Voy a leer todo este documento que me parece extraordinario. Toca varios puntos que son de la DSI. Si no nos alcanza el tiempo para leerlo todo, seguiré en el próximo programa. Leamos sus palabras:

Les agradezco que me hayan invitado a tomar la palabra ante esta institución fundamental de la vida de la Unión Europea, y por la oportunidad que me ofrecen de dirigirme, a través de ustedes, a los más de quinientos millones de ciudadanos de los 28 Estados miembros a quienes representan. Agradezco particularmente a usted, Señor Presidente del Parlamento, las cordiales palabras de bienvenida que me ha dirigido en nombre de todos los miembros de la Asamblea.

Mi visita tiene lugar más de un cuarto de siglo después de la del Papa Juan Pablo II. Muchas cosas han cambiado desde entonces, en Europa y en todo el mundo. No existen los bloques contrapuestos que antes dividían el Continente en dos, y se está cumpliendo lentamente el deseo de que «Europa, dándose soberanamente instituciones libres, pueda un día ampliarse a las dimensiones que le han dado la geografía y aún más la historia».[1]

Junto a una Unión Europea más amplia, existe un mundo más complejo y en rápido movimiento. Un mundo cada vez más interconectado y global, y, por eso, siempre menos «eurocéntrico». Sin embargo, una Unión más amplia, más influyente, parece ir acompañada de la imagen de una Europa un poco envejecida y reducida, que tiende a sentirse menos protagonista en un contexto que la contempla a menudo con distancia, desconfianza y, tal vez, con sospecha.

Al dirigirme hoy a ustedes desde mi vocación de Pastor, deseo enviar a todos los ciudadanos europeos un mensaje de esperanza y de aliento.

Un mensaje de esperanza basado en la confianza de que las dificultades puedan convertirse en fuertes promotoras de unidad, para vencer todos los miedos que Europa – junto a todo el mundo – está atravesando. Esperanza en el Señor, que transforma el mal en bien y la muerte en vida.

Un mensaje de aliento para volver a la firme convicción de los Padres fundadores de la Unión Europea, los cuales deseaban un futuro basado en la capacidad de trabajar juntos para superar las divisiones, favoreciendo la paz y la comunión entre todos los pueblos del Continente. En el centro de este ambicioso proyecto político se encontraba la confianza en el hombre, no tanto como ciudadano o sujeto económico, sino en el hombre como persona dotada de una dignidad trascendente.

Dignidad y trascendencia

Quisiera subrayar, ante todo, el estrecho vínculo que existe entre estas dos palabras: «dignidad» y «trascendente».

La «dignidad» es una palabra clave que ha caracterizado el proceso de recuperación en la segunda postguerra. Nuestra historia reciente se distingue por la indudable centralidad de la promoción de la dignidad humana contra las múltiples violencias y discriminaciones, que no han faltado, tampoco en Europa, a lo largo de los siglos. La percepción de la importancia de los derechos humanos nace precisamente como resultado de un largo camino, hecho también de muchos sufrimientos y sacrificios, que ha contribuido a formar la conciencia del valor de cada persona humana, única e irrepetible. Esta conciencia cultural encuentra su fundamento no sólo en los eventos históricos, sino, sobre todo, en el pensamiento europeo, caracterizado por un rico encuentro, cuyas múltiples y lejanas fuentes provienen de Grecia y Roma, de los ambientes celtas, germánicos y eslavos, y del cristianismo que los marcó profundamente,[2] dando lugar al concepto de «persona».

Hoy, la promoción de los derechos humanos desempeña un papel central en el compromiso de la Unión Europea, con el fin de favorecer la dignidad de la persona, tanto en su seno como en las relaciones con los otros países. Se trata de un compromiso importante y admirable, pues persisten demasiadas situaciones en las que los seres humanos son tratados como objetos, de los cuales se puede programar la concepción, la configuración y la utilidad, y que después pueden ser desechados cuando ya no sirven, por ser débiles, enfermos o ancianos.

Efectivamente, ¿qué dignidad existe cuando falta la posibilidad de expresar libremente el propio pensamiento o de profesar sin constricción la propia fe religiosa? ¿Qué dignidad es posible sin un marco jurídico claro, que limite el dominio de la fuerza y haga prevalecer la ley sobre la tiranía del poder? ¿Qué dignidad puede tener un hombre o una mujer cuando es objeto de todo tipo de discriminación? ¿Qué dignidad podrá encontrar una persona que no tiene qué comer o el mínimo necesario para vivir o, todavía peor, que no tiene el trabajo que le otorga dignidad?

Promover la dignidad de la persona significa reconocer que posee derechos inalienables, de los cuales no puede ser privada arbitrariamente por nadie y, menos aún, en beneficio de intereses económicos.

Es necesario prestar atención para no caer en algunos errores que pueden nacer de una mala comprensión de los derechos humanos y de un paradójico mal uso de los mismos. Existe hoy, en efecto, la tendencia hacia una reivindicación siempre más amplia de los derechos individuales – estoy tentado de decir individualistas –, que esconde una concepción de persona humana desligada de todo contexto social y antropológico, casi como una «mónada» (μονάς), cada vez más insensible a las otras «mónadas» de su alrededor. Parece que el concepto de derecho ya no se asocia al de deber, igualmente esencial y complementario, de modo que se afirman los derechos del individuo sin tener en cuenta que cada ser humano está unido a un contexto social, en el cual sus derechos y deberes están conectados a los de los demás y al bien común de la sociedad misma.

 

Una concepción individualista de la persona humana

 

Antes de continuar aclaro lo que significa el término «mónada», que utilizó el papa Francisco en el párrafo anterior. Dijo:

Existe hoy, en efecto, la tendencia hacia una reivindicación siempre más amplia de los derechos individuales – estoy tentado de decir individualistas –, que esconde una concepción de persona humana desligada de todo contexto social y antropológico, casi como una «mónada» (μονάς), cada vez más insensible a las otras «mónadas» de su alrededor.

Dice el papa que existe una tendencia a defender los derechos de las personas con una concepción individualista, es decir egoísta, centrada en la persona, sin tener en cuenta que el ser humano está necesariamente vinculado a los demás. Esa manera individualista de considerar a la persona la vuelve insensible a los demás. Cada persona es una «mónada», un individuo. Es un término filosófico que significa individuo. Sigue el discurso del papa Francisco.

Considero por esto que es vital profundizar hoy en una cultura de los derechos humanos que pueda unir sabiamente la dimensión individual, o mejor, personal, con la del bien común, con ese «todos nosotros» formado por individuos, familias y grupos intermedios que se unen en comunidad social.[3] En efecto, si el derecho de cada uno no está armónicamente ordenado al bien más grande, termina por concebirse sin limitaciones y, consecuentemente, se transforma en fuente de conflictos y de violencias.

Así, hablar de la dignidad trascendente del hombre, significa apelarse a su naturaleza, a su innata capacidad de distinguir el bien del mal, a esa «brújula» inscrita en nuestros corazones y que Dios ha impreso en el universo creado;[4] significa sobre todo mirar al hombre no como un absoluto, sino como un ser relacional. Una de las enfermedades que veo más extendidas hoy en Europa es la soledad, propia de quien no tiene lazo alguno. Se ve particularmente en los ancianos, a menudo abandonados a su destino, como también en los jóvenes sin puntos de referencia y de oportunidades para el futuro; se ve igualmente en los numerosos pobres que pueblan nuestras ciudades y en los ojos perdidos de los inmigrantes que han venido aquí en busca de un futuro mejor.

Esta soledad se ha agudizado por la crisis económica, cuyos efectos perduran todavía con consecuencias dramáticas desde el punto de vista social. Se puede constatar que, en el curso de los últimos años, junto al proceso de ampliación de la Unión Europea, ha ido creciendo la desconfianza de los ciudadanos respecto a instituciones consideradas distantes, dedicadas a establecer reglas que se sienten lejanas de la sensibilidad de cada pueblo, e incluso dañinas. Desde muchas partes se recibe una impresión general de cansancio, de envejecimiento, de una Europa anciana que ya no es fértil ni vivaz. Por lo que los grandes ideales que han inspirado Europa parecen haber perdido fuerza de atracción, en favor de los tecnicismos burocráticos de sus instituciones.

Cuando prevalece la absolutización de la técnica

 

A eso se asocian algunos estilos de vida un tanto egoístas, caracterizados por una opulencia insostenible y a menudo indiferente respecto al mundo circunstante, y sobre todo a los más pobres. Se constata amargamente el predominio de las cuestiones técnicas y económicas en el centro del debate político, en detrimento de una orientación antropológica auténtica.[5] El ser humano corre el riesgo de ser reducido a un mero engranaje de un mecanismo que lo trata como un simple bien de consumo para ser utilizado, de modo que – lamentablemente lo percibimos a menudo –, cuando la vida ya no sirve a dicho mecanismo se la descarta sin tantos reparos, como en el caso de los enfermos, los enfermos terminales, de los ancianos abandonados y sin atenciones, o de los niños asesinados antes de nacer.

Este es el gran equívoco que se produce «cuando prevalece la absolutización de la técnica»,[6] que termina por causar «una confusión entre los fines y los medios».[7] Es el resultado inevitable de la «cultura del descarte» y del «consumismo exasperado». Al contrario, afirmar la dignidad de la persona significa reconocer el valor de la vida humana, que se nos da gratuitamente y, por eso, no puede ser objeto de intercambio o de comercio. Ustedes, en su vocación de parlamentarios, están llamados también a una gran misión, aunque pueda parecer inútil: Preocuparse de la fragilidad, de la fragilidad de los pueblos y de las personas. Cuidar la fragilidad quiere decir fuerza y ternura, lucha y fecundidad, en medio de un modelo funcionalista y privatista que conduce inexorablemente a la «cultura del descarte». Cuidar de la fragilidad de las personas y de los pueblos significa proteger la memoria y la esperanza; significa hacerse cargo del presente en su situación más marginal y angustiante, y ser capaz de dotarlo de dignidad.[8]

Por lo tanto, ¿cómo devolver la esperanza al futuro, de manera que, partiendo de las jóvenes generaciones, se encuentre la confianza para perseguir el gran ideal de una Europa unida y en paz, creativa y emprendedora, respetuosa de los derechos y consciente de los propios deberes?

Para responder a esta pregunta, permítanme recurrir a una imagen. Uno de los más célebres frescos de Rafael que se encuentra en el Vaticano representa la Escuela de Atenas. En el centro están Platón y Aristóteles. El primero con el dedo apunta hacia lo alto, hacia el mundo de las ideas, podríamos decir hacia el cielo; el segundo tiende la mano hacia delante, hacia el observador, hacia la tierra, la realidad concreta. Me parece una imagen que describe bien a Europa en su historia, hecha de un permanente encuentro entre el cielo y la tierra, donde el cielo indica la apertura a lo trascendente, a Dios, que ha caracterizado desde siempre al hombre europeo, y la tierra representa su capacidad práctica y concreta de afrontar las situaciones y los problemas.

El futuro de Europa depende del redescubrimiento del nexo vital e inseparable entre estos dos elementos. Una Europa que no es capaz de abrirse a la dimensión trascendente de la vida es una Europa que corre el riesgo de perder lentamente la propia alma y también aquel «espíritu humanista» que, sin embargo, ama y defiende.

Reflexión 300 San Juan XXIII Doctrina Social Nov. 2014

Lo necesario para que los campesinos vivan una vida digna

 

Vamos a continuar el estudio de la encíclica Mater et m, Madre y maestra, del papa San Juan XXIII. Vimos en los programas anteriores que San Juan XXIII, en sus enseñanzas sobre las relaciones entre los distintos sectores de la economía dedica un espacio a la agricultura como sector deprimido. Afirma el papa Juan XXIII que hay que buscar (…) los medios más adecuados para que el nivel de vida de la población agrícola se distancie lo menos posible del nivel de vida de los ciudadanos que obtienen sus ingresos trabajando en los otros sectores de la economía.

Dice también M et m que hay que hacer algo para que los campesinos se persuadan de que también en el campo pueden consolidar y perfeccionar su propia personalidad mediante su trabajo y que pueden mirar tranquilamente el porvenir.

Eso será posible, si los campesinos cuentan con medios para educarse, para capacitarse en las técnicas modernas, que también las hay aplicables a la agricultura; si gozan de atención conveniente para la salud, si cuentan con vías de comunicación que les permitan sacar sus productos a otras regiones. En fin, que tengan servicios públicos adecuados. Hay todavía mucho que hacer en el campo colombiano, para seguir con la doctrina social expuesta ya en 1961 en M et m. En el caso colombiano hay que un requisito más para poder vivir una vida digna en el campo; es necesario acabar la violencia, que ha obligado a tantos campesinos a buscar la paz lejos de sus propiedades.

Y dice Juan XXIII: Cuando en los medios agrícolas faltan estos servicios, necesarios hoy para alcanzar un nivel de vida digno, el desarrollo económico y el progreso social vienen a ser en aquéllos o totalmente nulos o excesivamente lentos, lo que origina como consecuencia la imposibilidad de frenar el éxodo rural y la dificultad de controlar numéricamente la población que huye del campo.

Vimos también que el papa San Juan XXIII propone en M et m integrar el campo a la economía general del país, de manera que pueda gozar de los mismos beneficios de la industria y del comercio en cuanto a tecnología, servicios y productos necesarios para la agricultura y la ganadería. En respuesta, el campo podrá ofrecer excelentes productos propios de su esfuerzo. Además la estabilidad de precios será una contribución más al desarrollo ordenado de la economía.

Después de tratar sobre las dificultades del campesino que se deben solucionar por medio de acciones decididas del estado, el papa Juan XXIII dice que es también absolutamente imprescindible una cuidadosa política económica en materia agrícola por parte de las autoridades públicas, política económica que ha de atender la Imposición fiscal, el crédito, los seguros sociales, los precios, la promoción de industrias complementarias y, por último, el perfeccionamiento de la estructura de la empresa agrícola.

Sobre la carga en impuestos, M et m aboga por un sistema tributario justo y equitativo que se adapte a la capacidad económica de los ciudadanos. En el caso de los agricultores dice Juan XXIII que se tenga presente que los ingresos económicos que consigue el agricultor llevan más tiempo y tienen mayores riesgos que los ingresos de los industriales y comerciantes. Comentábamos que el agricultor debe esperar hasta el momento de la cosecha y que no tiene ningún control en factores como el clima.

Dice San Juan XXIII: Se precisa, por tanto, por razones de bien común, establecer una particular política crediticia para la agricultura y crear además instituciones de crédito que aseguren a los agricultores los capitales a un tipo de interés moderado

Tiene muy en cuenta el santo padre, que el campesino obtiene los ingresos para el mantenimiento de sus familias, y como generalmente la empresa agrícola está conformada por familias campesinas; dice San Juan XXIII en M et m: La firmeza y la estabilidad de la empresa familiar dependen (…) de que puedan obtenerse de ella ingresos suficientes para mantener un decoroso nivel de vida en la respectiva familia.

 

Las desigualdades entre los pueblos

Las naciones ricas están obligadas en justicia a ayudar a las naciones menos desarrolladas

 

Vamos a continuar ahora con la última sección de la tercera parte de la encíclica M et m, que trata sobre las desigualdades entre los pueblos, entre las naciones y sobre cómo reducir el desequilibrio entre los pueblos con mayor acceso a los recursos disponibles y los que con dificultad pueden conseguirlos.

Si en alguna época se puede hablar de la comunidad de los pueblos, debería ser en nuestra época, cuando las facilidades de transporte internacional y de las comunicaciones nos debería hacer sentir más solidarios, más comunidad. Hoy no hay países que puedan progresar independientemente de las suerte de los demás. Los pueblos dependen en lo económico unos de otros.

El P. Ildefonso Camacho en el libro, Doctrina social de la Iglesia, una aproximación histórica, libro que he citado muchas veces, afirma que La comunidad de los pueblos es un concepto ético-jurídico que se ha ido configurando gracias al derecho internacional público. Si entiendo bien esa afirmación, eso quiere decir que la igualdad entre los pueblos no es solo un concepto ético, es decir, de la moral de cada quien, sino que esa igualdad entre los pueblos es una exigencia de normas internacionales que se debe hacer efectiva. No basta que estén escritas en la ONU y demás organismos internacionales.

En los foros mundiales se habla de colaboración, de la comunidad de las naciones, pero en la práctica vemos que las naciones de la tierra están lejos de ser una auténtica comunidad. Se habla de colaboración, de solidaridad de las naciones más avanzadas, pero eso me suena a colaboración de buena voluntad y no a una comunidad de naciones que reconoce un bien común universal por el que es un deber trabajar todos los pueblos. Se reúnen los jefes de estado de las naciones más poderosas de la tierra y lo único que queda de esas reuniones es declaraciones de buena intención que reconocen los problemas del mundo, pero nada concreto para solucionarlos. Lo único concreto parece ser la fotografía en que aparecen sonrientes los jefes de estado presentes en la reunión.

Este tema lo tratará San Juan XXIII más extensamente en su otra magistral encíclica, la llamada Pacem in terris, Paz en la tierra; sin embargo en M et m deja claro un fundamento clave: que las naciones ricas están obligadas en justicia a ayudar a las naciones menos desarrolladas. El concepto de bien común universal es importante en esta doctrina.

Empecemos por leer el número 157 de M et m:

Pero el problema tal vez mayor de nuestros días es el que atañe a las relaciones que deben darse entre las naciones económicamente desarrolladas y los países que están aún en vías de desarrollo económico: las primeras gozan de una vida cómoda; los segundos, en cambio, padecen durísima escasez. La solidaridad social que hoy día agrupa a todos los hombres en una única y sola familia impone a las naciones que disfrutan de abundante riqueza económica la obligación de no permanecer indiferentes ante los países cuyos miembros, oprimidos por innumerables dificultades interiores, se ven extenuados por la miseria y el hambre y no disfrutan, como es debido, de los derechos fundamentales del hombre. Esta obligación se ve aumentada por el hecho de que, dada la interdependencia progresiva que actualmente sienten los pueblos, no es ya posible que reine entre ellos una paz duradera y fecunda si las diferencias económicas y sociales entre ellos resultan excesivas.

Leamos de nuevo el último párrafo. Unas líneas antes el papa dice que la solidaridad social impone a las naciones más ricas la obligación de no permanecer indiferentes con los países extenuados por la miseria y el hambre. Y leamos de nuevo el último párrafo: Esta obligación se ve aumentada por el hecho de que, dada la interdependencia progresiva que actualmente sienten los pueblos, no es ya posible que reine entre ellos una paz duradera y fecunda si las diferencias económicas y sociales entre ellos resultan excesivas.

Nos habla el papa de obligación y no de una solidaridad de buena voluntad.

 

Los católicos debemos dar ejemplo de solidaridad

 

En las enseñanzas de San Juan XXIII sobre la obligatoriedad de los países ricos de ayudar a los países pobres, hay un mensaje para los católicos. Oigamos lo que nos dice San Juan XXIII en el número 159 de M et m:

Como es evidente, el grave deber, que la Iglesia siempre ha proclamado, de ayudar a los que sufren la indigencia y la miseria, lo han de sentir de modo muy principal los católicos, por ser miembros del Cuerpo místico de Cristo. «En esto —proclama Juan el apóstol— hemos conocido la caridad de Dios, en que dio El su vida por nosotros, y así nosotros debemos estar prontos a dar la vida por nuestros hermanos. Quien tiene bienes de este mundo y viendo a su hermano en necesidad le cierra las entrañas, ¿cómo es posible que habite en él la caridad de Dios?» (1Jn 3, 16-17).

¿Es la comunidad de las naciones una comunidad?

 

Cuando nos han pedido ayuda para otros pueblos como en el caso de Haití y en otras calamidades públicas, como ha sucedido en una ocasión con nuestros hermanos del Perú o con países de África, no están apelando solo a nuestro buen corazón sino a una obligación con nuestros hermanos que sufren. Y los católicos debemos dar ejemplo.

La comunidad de las naciones, término muy utilizado en la diplomacia internacional, parece quedarse en teorías. Cuando San Juan XXIII escribió la Mater et magistra, Madre y maestra, entre los países más poderosos se desarrollaba la carrera armamentista. Esa carrera para adelantarse a los demás en la fabricación de las armas más poderosas, naturalmente, llevaba a los países enfrascados en esa contienda, a desviar recursos que en otras circunstancias se hubieran podido utilizar en el desarrollo industrial y comercial que beneficiara también a los países más pobres.

Recordemos que en la época en que Juan XXIII escribió la Mater et m, el mundo sufría con la posibilidad de una nueva guerra mundial. Cuatro años después de la bomba atómica utilizada por los Estados Unidos en el Japón, en 1945, también la Unión Soviética se hizo a sus propias armas nucleares en 1949, y en 1953, a los nueves meses de anunciar los EE.UU. que poseía la la bomba de hidrógeno, hizo el mismo anuncio la Unión Soviética.

Los dos bloques del mundo, liderados por los EE.UU. y por la Unión Soviética sabían bien que utilizar armas nucleares sería una decisión suicida, porque el otro haría lo mismo. Sin embargo el saber que el enemigo poseía las mismas armas, disuadía al otro de empezar una guerra total.

La confrontación entre los bloques occidental y oriental era ideológica y se sirvieron del arma atómica, sin usarla, para intimidar al enemigo. Esto facilitó la terminación de conflictos como los de Corea, en el cual estuvo seriamente comprometida China e intervinieron fuerzas de la ONU, y Vietnam, con gran despliegue de las fuerzas norteamericanas para detener el comunismo.

No se trataba solo de procurar una supremacía en las armas, como si se tratara de una competencia deportiva; se trataba de una lucha entre la ideología comunista, desplegada en el mundo por la Unión Soviética, contra la ideología capitalista, representada por los EE.UU. y sus aliados.

Llegó a tales extremos la lucha ideológica, que se dice que Mao dio a entender alguna vez al líder comunista italiano, Togliatti, que en la guerra contra el capitalismo y su derrota total, desaparecerían los países capitalistas pero quedarían trescientos millones de chinos, que bastarían para la continuidad de la raza humana (Cf Eric Hobsbawm, Historia del siglo XX, Pg. 233, Nota 2). Esa era la actitud del líder comunista chino Mao, para precipitar el fin del capitalismo y la supremacía del comunismo. A Mao pues, no parecía importarle borrar del mapa a países enteros, con tal de que triunfara el comunismo. Como es claro, se trataba de una lucha ideológica que involucraba el interés del dominio económico del mundo por los dos bandos: dominio marxista o dominio capitalista.

Se puede alguien preguntar por qué desviarnos del estudio de la DSI, y recordar la historia del mundo en esa época. Lo hago porque considero importante considerar las circunstancias en que la Iglesia vivía y cómo sin inmiscuirse en la política de los estados, no temía proclamar la doctrina del evangelio que no es ni marxista ni capitalista.

Finalmente, recordemos que en esa época de la década del 70, desaparecidos los partidos fascistas, como el   nacionalsocialismo o nazismo alemán y el fascista italiano, encontraron la posibilidad de entrar en la escena política los laicos católicos en los partidos socialdemócratas, especialmente en Alemania y en Italia, con los nombres de Democracia Cristiana. Esos partidos podían reclamar al tiempo su testimonio antifascista y sus programas sociales no socialistas.

 

No es suficiente que la economía de un país crezca, si ese crecimiento solo favorece a algunos.

 

En el N° 168, M et m advierte que para evitar errores del pasado, hay que esforzarse para que el desarrollo económico y el progreso social avancen simultáneamente. Este proceso, a su vez, debe efectuarse de manera similar en los diferentes sectores de la agricultura, la industria y los servicios de toda clase.

Como hemos visto en varias ocasiones, las DSI distingue claramente que el desarrollo económico o crecimiento económico debe ir acompañado simultáneamente del desarrollo social. No es suficiente que la economía de un país crezca, si ese crecimiento solo favorece a algunos.

Otro punto importante, tiene que ver con el avance científico, que hace parte también del desarrollo económico. Esos avances eran evidentes en los países más adelantados. Hoy en el mundo se olvida que los progresos de la ciencia no pueden ir contra la moral. En estos días se presenta en el congreso colombiano un proyecto de ley para favorecer la fecundación in vitro. Concebir bebés en tubos de ensayo. Oigamos lo que en 1961 ya decía Juan XXIII en el N° 175 y siguientes:

No hay duda de que, si en una nación los progresos de la ciencia, de la técnica, de la economía y de la prosperidad de los ciudadanos avanzan a la par, se da un paso gigantesco en cuanto se refiere a la cultura y a la civilización humana. Mas todos deben estar convencidos de que estos bienes no son los bienes supremos, sino solamente medios instrumentales para alcanzar estos últimos.

Por esta razón, observamos con dolorosa amargura la completa indiferencia a la verdadera jerarquía de valores mostrada por tantas personas en los países económicamente desarrollados. Los valores espirituales se ignoran, se olvidan o se niegan, mientras se apetecen ardientemente el progreso científico, técnico y económico, y sobrestiman de tal manera el bienestar material, que lo consideran, por lo común, como el supremo bien de su vida. Esta desordenada apreciación acarrea como consecuencia que la ayuda prestada a los pueblos subdesarrollados no esté exenta de perniciosos peligros, ya que en los ciudadanos de estos países, por efecto de una antigua tradición, tiene vigencia general todavía e influjo práctico en la conducta la conciencia de los bienes fundamentales en que se basa la moral humana.

Por consiguiente, quienes intentan destruir, de la manera que sea, la integridad del sentido moral de estos pueblos, realizan, sin duda, una obra inmoral. Por el contrario, este sentido moral, además de ser honrado dignamente, debe cultivarse y perfeccionarse porque constituye el fundamento de la verdadera civilización.

En otros programas de Radio María nos han explicado la campaña a favor del aborto, que se desarrolla con un abundante presupuesto internacional. El papa Francisco, el 15 noviembre pasado (2014), recibió a seis mil quinientos doctores miembros de la Asociación de Médicos Católicos Italianos con motivo del setenta aniversario de su fundación y, en el discurso que les dirigió, recordó que ”los logros de la ciencia y la medicina pueden contribuir a la mejora de la vida humana en la medida en que no se alejen de la raíz ética de estas disciplinas” (Cf noticias del Vaticano).

Más adelante continuó:

”El pensamiento dominante propone a veces una “falsa compasión”: la que cree que favorecer el aborto ayuda a la mujer, que la eutanasia es un acto de dignidad, que una conquista científica es ”producir” un hijo considerado como un derecho en lugar de aceptarlo como un don; o utilizar vidas humanas como conejillos de indias, para salvar presumiblemente otras. La compasión evangélica en cambio, es la que acompaña en tiempos de necesidad, o sea la del Buen Samaritano, que “ve”, “tiene compasión”, se acerca y da ayuda concreta. Vuestra misión como médicos -concluyó el Pontífice- os pone en contacto diario con muchas formas de sufrimiento. Os animo a haceros cargo como “buenos samaritanos”, cuidando especialmente de los ancianos, de los enfermos y de los discapacitados. La fidelidad al Evangelio de la vida y el respeto por ella como un regalo de Dios a veces requiere decisiones valientes que, en circunstancias particulares pueden llegar a la objeción de conciencia. Y a tantas consecuencias sociales que esa fidelidad comporta. Estamos viviendo una época de experimentación con la vida…Pero es una mala experimentación… Jugar con la vida…. es un pecado contra el Creador: contra Dios Creador, che creó las cosas como son”.

N° 31 ¿Sí vale la pena creer? Diciembre 21, 2014

N° 30 ¿Sí vale la pena creer? 7 diciembre 2014

Antes y después de Nietzsche

Transmitido por Radio María el 7 de diciembre 2014

Reflexión 299 San Juan XXIII Doctrina Social

La equidad y la justicia entre los distintos sectores de la economía

 

En el recorrido de los documentos de los papas sobre la DSI, hemos estado estudiando la encíclica Mater et magistra, Madre y maestra, de San Juan XXIII. En la reflexión pasada comenzamos la tercera parte, que dedica a la relación entre los distintos sectores de la economía. La parte anterior de la encíclica se había dedicado especialmente a la relación entre los trabajadores y los empresarios, relaciones que deben estar reguladas por los preceptos de la equidad y la justicia. San Juan XXIII advierte ahora, que también los preceptos de la equidad y la justicia deben regular las relaciones entre los distintos sectores de la economía, entre las zonas de diverso nivel económico de cada nación y, dentro del plano mundial, entre los países que se encuentran en diferente grado de desarrollo económico y social.

Cómo se aplica ese criterio, de aplicar la justicia y la equidad en las relaciones en los diversos sectores de la economía, lo iremos viendo a medida que estudiemos lo que nos enseña la encíclica sobre esto.

Comienza con el sector de la agricultura, como sector deprimido. Veremos de cuánta estima de parte de San Juan XXIII gozaban los campesinos, los agricultores. Si el papa se refería a la agricultura como sector deprimido, en 1961, en Europa, podemos decir si duda, que una situación parecida vive el campo colombiano en nuestros días, cuando muchos agricultores campesinos abandonan el campo para buscar mejores condiciones de vida en las grandes ciudades o huyendo de la violencia. Si en esa época en que se escribió la encíclica M et m, en Europa disminuía la mano de obra dedicada a la agricultura y aumentaban en las ciudades las personas disponibles para trabajar en otras áreas de la economía, es lo mismo que vivimos hoy en nuestro país.

 

Soluciones para que los campesinos no abandonen el campo

 

Para que los campesinos no abandonaran el campo, el papa San Juan XXIII proponía en la encíclica algunas soluciones que contribuirían a reducir las diferencias entre el trabajo del campo y el trabajo en la industria, en el comercio y en los servicios. ¿Qué soluciones serían las adecuadas en nuestro país? Enseguida veremos las soluciones que el papa propone en M et m.

Afirma San Juan XXIII en M et m que hay que buscar (…) los medios más adecuados para que el nivel de vida de la población agrícola se distancie lo menos posible del nivel de vida de los ciudadanos que obtienen sus ingresos trabajando en los otros sectores aludidos.

Añade el papa Juan XXIII que hay que hacer algo para que los campesinos se persuadan de que también en el campo pueden consolidar y perfeccionar su propia personalidad mediante su trabajo y que pueden mirar tranquilamente el porvenir.

La emigración a las ciudades actualmente, no ofrece una vida urbana más digna que la vida en el campo, pero es un hecho que los campesinos que resuelven dejar su casa, sus fincas con sus animales, lo hacen porque, entre otras cosas, los atraen los beneficios que ofrece la vida urbana en salud, en educación, en entretenimiento…

 

Las mejoras necesarias en el campo

 

La semana pasada alcanzamos a estudiar hasta el N° 125 de M et m. Continuemos ahora en el N° 126 en donde Juan XXIII se refiere más concretamente a las mejoras necesarias en el campo. Leamos los números 126 y 127, en que introduce las condiciones que se deben tener en cuenta para aplicar los cambios que propone:

Nos parece, por lo mismo, muy oportuno indicar en esta materia algunas normas de valor permanente, a condición de que se apliquen, como es obvio, en consonancia con lo que las circunstancias concretas de tiempo y de lugar permitan, aconsejen o absolutamente exijan.

En primer lugar, es necesario que todos, y de modo especial las autoridades públicas, procuren con eficacia que en el campo adquieran el conveniente grado de desarrollo los servicios públicos más fundamentales, como, por ejemplo, caminos, transportes, comunicaciones, agua potable, vivienda, asistencia médica y farmacéutica, enseñanza elemental y enseñanza técnica y profesional, condiciones idóneas para la vida religiosa y para un sano esparcimiento y, finalmente, todo el conjunto de productos que permitan al hogar del agricultor estar acondicionado y funcionar de acuerdo con los progresos de la época moderna.

Cuando en los medios agrícolas faltan estos servicios, necesarios hoy para alcanzar un nivel de vida digno, el desarrollo económico y el progreso social vienen a ser en aquéllos o totalmente nulos o excesivamente lentos, lo que origina como consecuencia la imposibilidad de frenar el éxodo rural y la dificultad de controlar numéricamente la población que huye del campo.

Como podemos concluir del N° 127 de M et m, es indispensable una acción decidida, efectiva, del estado, para remediar el deterioro de la vida campesina y por lo tanto de loa agricultura, pues si los trabajadores del campo no encuentran soluciones para poder vivir una vida digna, seguirán buscando oportunidades en las ciudades. Se requiere en primer lugar el desarrollo de los servicios públicos para elevar el nivel de vida en el campo.

 

Conjugar el desarrollo del campo con el desarrollo gradual y armónico de todo el sistema económico

 

En el N° 128 a 130, San Juan XXIII conjuga el desarrollo del campo con el desarrollo gradual y armónico de todo el sistema económico. Leamos el N° 128:

128 Es indispensable, en segundo lugar, que el desarrollo económico de los Estados se verifique de manera gradual, observando la debida proporción entre los diversos sectores productivos. Hay que procurar así con especial insistencia que, en la medida permitida o exigida por el conjunto de la economía, tengan aplicación también en la agricultura los adelantos más recientes en lo que atañe a las técnicas de producción, la variedad de los cultivos y la estructura de la empresa agrícola, aplicación que ha de efectuarse manteniendo en lo posible la proporción adecuada con los sectores de la industria y de los servicios.

El papa propone entonces, una necesaria y decidida acción del estado, algo serio, programado. Más adelante propone dos objetivos y hasta seis líneas de acción. Qué se espera conseguir con la acción del estado, propuesta por el papa Juan XXIII lo dice en los números siguientes. Leamos el N° 129:

129 La agricultura, en consecuencia, no sólo consumirá una mayor cantidad de productos de la industria, sino que exigirá una más cualificada prestación de servicios generales. En justa reciprocidad, la agricultura ofrecerá a la industria, a los servicios y a toda la nación una serie de productos que en cantidad y calidad responderán mejor a las exigencias del consumo, contribuyendo así a la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda, la cual es uno de los elementos más valiosos para lograr un desarrollo ordenado de todo el conjunto de la economía.

Como vemos, se propone sumar el campo a la economía general del país, gozando de los mismos beneficios de la industria y del comercio en cuanto a tecnología, servicios y productos necesarios para la agricultura y la ganadería. En respuesta, el campo podrá ofrecer excelentes productos propios de su esfuerzo. Además la estabilidad de precios será una contribución más al desarrollo ordenado de la economía.

Se presenta pues, al campo como una organización que recibe aportes o insumos, como una inmensa fábrica, podríamos decir, que con los insumos que recibe, desarrolla el proceso de cultivar, cosechar y ofrecer los productos propios del campo. Es de tener en cuenta que no solo debe recibir el campo los insumos que necesita el cultivo de la tierra, sino que también son indispensables, los que el campesino necesita como persona, para mantener su salud, crecer intelectual y espiritualmente y vivir dignamente.

 

¿Qué se obtendría con la integración del campo a los demás sectores económicos?

 

130 Con estas medidas se obtendrá, entre otras, las siguientes ventajas: la primera, la de controlar con mayor facilidad, tanto en la zona de salida como en la de llegada, el movimiento de las fuerzas laborales que abandonan el campo, a consecuencia de la progresiva modernización de la agricultura; la segunda, la de proporcionarles una formación profesional adecuada para su provechosa incorporación a otros sectores productivos, y la tercera, la de brindarles ayuda económica y asistencia espiritual para su mejor integración en los nuevos grupos sociales.

De manera que al hacer la vida en el campo tan digna como la de las ciudades, ofrecer ventajas para un trabajo que goce de los beneficios de la tecnología, y donde se goce de oportunidades de educación, salud y vivienda, se autocontrolará la salida del campo y la llegada de fuerzas humanas a las ciudades que exigen servicios que no siempre les pueden bridar, por lo menos inmediatamente.

En el N° 131 habla M et m de una adecuada política económica agraria:

  1. Ahora bien, para conseguir un desarrollo proporcionado entre los distintos sectores de la economía es también absolutamente imprescindible una cuidadosa política económica en materia agrícola por parte de las autoridades públicas, política económica que ha de atender a los siguientes capítulos: Imposición fiscal, crédito, seguros sociales, precios, promoción de industrias complementarias y, por último, el perfeccionamiento de la estructura de la empresa agrícola.

Las políticas en materia de impuestos 

 

  1. Por los que se refiere a los impuestos, la exigencia fundamental de todo sistema tributario justo y equitativo es que las cargas se adapten a la capacidad económica de los ciudadanos.

  2. Ahora bien, en la regulación de los tributos de los agricultores, el bien común exige que las autoridades tengan muy presente el hecho de que los ingresos económicos del sector agrícola se realizan con mayor lentitud y mayores riesgos, y, por tanto, es más difícil obtener los capitales indispensables para el aumento de estos ingresos.

Es muy clara la razón de los menores impuestos que se deben cobrar a los agricultores. Y no es menos importante la razón para conceder a los agricultores, préstamos con intereses más bajos que los que se cobran a la industria. Los riesgos que corre el agricultor son muy elevados; no es sino que pensemos en el clima, que el agricultor no puede controlar. Leamos el N° 134:

  1. De lo dicho se deriva una consecuencia: la de que los propietarios del capital prefieren colocarlo en otros negocios antes que en la agricultura. Por esta razón., los agricultores no pueden pagar intereses elevados. Más aún, ni siquiera pueden pagar, por lo regular, los intereses normales del mercado para procurarse los capitales que necesitan el desarrollo y funcionamiento normal de sus empresas. Se precisa, por tanto, por razones de bien común, establecer una particular política crediticia para la agricultura y crear además instituciones de crédito que aseguren a los agricultores los capitales a un tipo de interés moderado (asequible).

    La seguridad social de los campesinos

Tuvo también en cuenta la seguridad social, el papa San Juan XXIII. Sin duda en 1961 la seguridad social en nuestros países no existía con la organización de hoy. Si algún oyente nos puede comentar sería muy bueno. Yo me imagino que la seguridad social en el campo corría por cuenta de cada familia en esa época, en los años 60.

Al respecto dice M et m:

  1. Por otra parte, como los sistemas de los seguros sociales y de seguridad social, pueden contribuir eficazmente a una justa y equitativa redistribución de la renta total de la comunidad política, deben, por ello mismo, considerarse como vía adecuada para reducir las diferencias entre las distintas categorías de los ciudadanos.

  2. Seguridad en los precios de los productos agrícolas

En los números 137 a 140 de M et m, el papa Juan XXIII trata sobre los precios de los productos agrícolas. Aboga porque se garantice seguridad en los precios de los productos agrícolas, para lo cual advierte la necesidad de que intervengan los economistas con sus múltiples recursos, los mismos interesados, es decir los agricultores y la acción moderadora de los poderes públicos. Es este un punto delicado y difícil, pues por una parte, como lo observa el mismo papa, el precio de los productos agrícolas es la retribución al trabajo de quienes los cultivan, cuando él agricultor es al mismo tiempo su patrón, y como los productos del campo están ordenados principalmente a satisfacer las necesidades humanas fundamentales, sus precios deberían ser tales que puedan acceder todos a esos productos.

 

También el transporte de productos agrícolas

 

Cuando se observa los detalles en que se fija esta encíclica de San Juan XXIII no hay duda de que además de mostrar su sensibilidad con las dificultades por las que atraviesa el campesino, las conocía bien y se asesoró de expertos en la preparación de Mater et m. Y, claro se ve que apreciaba mucho la dignidad del campesino.

M et m no olvidó temas tan importantes para el campo como la conservación y el transporte de los productos agrícolas, lo cual es crítico en países como el nuestro donde no son muy comunes las grandes bodegas o silos que se ven en países económicamente avanzados, y las redes de carreteras que comunican municipios y veredas tan deficientes en nuestros países. En el N° 141 dice la encíclica:

  1. Es oportuno también promover, en las zonas campesinas, las industrias y los servicios relacionados con la conservación, transformación y transporte de los productos agrícolas. A lo cual hay que añadir necesariamente en dichas zonas la creación de actividades relacionadas con otros sectores de la economía y de las profesiones. Con la implantación de estas medidas se da a la familia agrícola la posibilidad de completar sus ingresos en los mismos ambientes en que vive y trabaja.

La empresa agrícola

 

Sobre la empresa agrícola, generalmente conformada por familias, tiene observaciones que vamos a leer a continuación:

  1. Por último, nadie puede establecer en términos genéricos las líneas fundamentales a que debe ajustarse la empresa agrícola, dada la extremada variedad que en este sector de la economía presentan las distintas zonas agrarias de una misma nación y, sobre todo, los diversos países del mundo. Esto no obstante, quienes tienen una concepción natural y, sobre todo, cristiana de la dignidad del hombre y de la familia, consideran a la empresa agrícola, y principalmente a la familiar, como una comunidad de personas en la cual las relaciones internas de los diferentes miembros y la estructura funcional de la misma han de ajustarse a los criterios de la justicia y al espíritu cristiano, y procuran, por todos los medios, que esta concepción de la empresa agrícola llegue a ser pronto una realidad, según las circunstancias concretas de lugar y de tiempo.

  2. La firmeza y la estabilidad de la empresa familiar dependen, sin embargo, de que puedan obtenerse de ella ingresos suficientes para mantener un decoroso nivel de vida en la respectiva familia. Para lo cual es de todo punto preciso que los agricultores estén perfectamente instruidos en cuanto concierne a sus trabajos, puedan conocer los nuevos inventos y se hallen asistidos técnicamente en el ejercicio de su profesión. Es indispensable, además, que los hombres del campo establezcan una extensa red de empresas cooperativas, constituyan asociaciones profesionales e intervengan con eficacia en la vida pública, tanto en los organismos de naturaleza administrativa como en las actividades de carácter político.

Empecemos por preguntarnos: ¿Por qué conviene que los campesinos no emigren a las ciudades? ¿Ustedes qué opinan? Otras preguntas pueden ser:

¿Por qué los campesinos abandonan el campo y emigran a las ciudades? Si conviene que los campesinos no emigren a las grandes ciudades, ¿qué hay que hacer para que los campesinos permanezcan en el campo, y sientan que también en el campo pueden progresar como personas y mirar tranquilamente el futuro?