¿Sí vale la pena creer? Octubre 26, 2014

Reflexión 296 San Juan XXIII Doctrina Social (Oct.16 2014)

Repasemos

Continuamos hoy el estudio de la encíclica Mater et magistra, Madre y maestra, de San Juan XXIII. En la reflexión anterior terminamos de comentar las enseñanzas de M et M sobre las empresas artesanales y cooperativas, la pequeña y mediana propiedad en la agricultura, el comercio y la industria, en las cuales los trabajadores son al mismo tiempo sus dueños.

Siguiendo las enseñanzas de Pío XII, San Juan XXIII pide al estado que proteja ese tipo de empresas. Señala M et M que son indispensables unas políticas económicas de estado, adecuadas, que beneficien a estas empresas en cuanto a la capacitación y el crédito y que les otorgue beneficios tributarios.

 

Juan XXIII y la utilización del mercadeo

La encíclica no solo se refiere al papel del estado en el fomento y protección de las pequeñas empresas, sino que a esas mismas empresas, la artesanal y las cooperativas, les aconseja que para tener éxito, utilicen los avances de la ciencia y de la técnica tanto en su organización como en su funcionamiento y métodos de trabajo. Algo más, les ofrece orientación sobre la utilización del mercadeo, pues les aconseja que tengan en cuenta las necesidades y preferencias de los consumidores. Es decir que las empresas pequeñas para tener éxito se deben manejar como lo hacen las empresas grandes exitosas, con la utilización de los adelantos científicos y técnicos y del mercadeo bien entendido.

Me refiero al mercadeo bien entendido y no a la publicidad engañosa que a veces se utiliza. El mercadeo es una buena herramienta tanto técnica como ética, si estudia las necesidades del consumidor al que pretende llegar, y da a conocer verazmente, por medio de la publicidad, los productos que ofrece para satisfacer las necesidades y preferencias de sus consumidores.

 

Las empresas, comunidades humanas

 

San Juan XXIII no duda en afirmar que a los trabajadores se les debe dar una participación activa en los asuntos de la empresa donde trabajan, sean públicas o privadas, grandes o pequeñas. Destaca así mismo M et M, que las empresas deben llegar a ser auténticas comunidades humanas. Un rasgo que debe distinguir a la empresa que se precie de ser una auténtica comunidad humana, es el de las buenas relaciones entre todos sus miembros. Unas relaciones respetuosas y justas entre todos.

A más de un empresario le debe parecer extraño que la DSI señale a las compañías el camino de ser auténticas comunidades humanas. Muchos dueños y administradores de negocios, hasta me atrevo a pensar que la mayoría, creen que las empresas se fundan únicamente para producir beneficios económicos a sus dueños. Pareciera un pensamiento muy atrevido, que no tiene que ver nada con los negocios, esperar de ellas que se distingan por el trato verdaderamente humano entre sus integrantes: jefes y demás trabajadores. Los negocios que se manejan con ese ideal, que las hay, se dan cuenta de que funcionan mucho mejor, producen más beneficios económicos, si todos sus integrantes se sienten bien trabajando allí, si tienen lo que se suele llamar sentido de pertenencia, si sienten que son miembros de una auténtica comunidad humana.

 

¿Qué opina la DSI sobre los sindicatos?

 

Pasamos ahora al tema de los sindicatos, que reciben un fuerte impulso en la encíclica Mater et magistra, en los números 97 y siguientes. Esta encíclica considera a los sindicatos, muy importantes en la orientación económica de un país, porque por medio de ellos tienen los trabajadores un canal de comunicación para hacerse escuchar de los que toman las grandes decisiones de la economía. El papa trata sobre la presencia activa de los trabajadores en todos los niveles.

Leamos las palabras de la encíclica en los números 97 y 98:

Es una realidad evidente que, en nuestra época, las asociaciones de trabajadores han adquirido un amplio desarrollo, y, generalmente han sido reconocidas como instituciones jurídicas en los diversos países e incluso en el plano internacional. Su finalidad no es ya la de movilizar al trabajador para la lucha de clases, sino la de estimular más bien la colaboración, lo cual se verifica principalmente por medio de acuerdos establecidos entre las asociaciones de trabajadores y de empresarios.

Hay que advertir, además, que es necesario, o al menos muy conveniente, que a los trabajadores se les dé la posibilidad de expresar su parecer e interponer su influencia fuera del ámbito de su empresa, y concretamente en todos los órdenes de la comunidad política.La razón de esta presencia obedece a que las empresas particulares, aunque sobresalgan en el país por sus dimensiones, eficiencia e importancia, están, sin embargo, estrechamente vinculadas a la situación general económica y social de cada nación, ya que de esta situación depende su propia prosperidad.

Como vemos, la clase de sindicatos que promueve la encíclica M et M no es la de sindicatos politizados, que entienden como su fin el movilizar a los trabajadores para una lucha de clases, sino como unos organismos que sean estímulo a la colaboración. Si los trabajadores son miembros de una comunidad humana, como deben ser las empresas, se organizan en sindicatos para funcionar mejor y comunicarse con los empresarios. Un sindicato que funcione bien no tiene por qué ser una piedra en el zapato, sino una pieza en el engranaje de esa organización de personas a la cual pertenece. Claro que las dos piezas, la de los empresarios y la de los trabajadores, deben estar bien aceitadas y no hay mejor aceite que el buen trato. Nosotros los creyentes diríamos que no hay mejor aceite que el amor cristiano.

Los sindicatos bien manejados tienden a esa relación de entendimiento y colaboración. No a crear conflictos sino a servir de puentes, a ser plenipotenciarios de sus compañeros trabajadores en las negociaciones y demás pactos que se convienen para satisfacer las inquietudes y necesidades de los trabajadores. Los trabajadores serán más fácilmente escuchados si están organizados. Claro que, yo pienso que un sindicato así, debería servir también de canal para que los patronos presenten sus reclamaciones, si las tienen. La comunicación es efectiva cuando es en doble vía, cuando hay diálogo.

El P. Camacho en su libro Doctrina social de la iglesia, una aproximación histórica, dice en la Pg. 239:

Así concebido, el sindicalismo recibe un fuerte apoyo de Juan XXIII, al margen de su inspiración ideológica. En la Mater et magistra se alaban tanto los sindicatos de inspiración cristiana como los de carácter neutro… Esto supone un paso adelante, que supera las reservas tradicionales de los papas frente a la incorporación de trabajadores cristianos en sindicatos no confesionales.

 

Los sindicatos de inspiración cristiana en Colombia

 

Como en alguna ocasión mencionamos en este programa, la iglesia intentó fomentar la creación de sindicatos fundados en la doctrina cristiana. Aquí en Colombia la conferencia episcopal encargó a la Compañía de Jesús ese difícil trabajo. A esa labor se dedicaron, entre otros, los PP. Vicente Andrade Valderrama y Francisco Javier Mejía en la formación cristiana de los dirigentes de la UTC y el P. Adán Londoño quien se dedicó especialmente a la formación de los jóvenes que más adelante ingresarían a los sindicatos, preparándose en la JTC. A ese tipo de organizaciones se refiere Juan XXIII sin duda, en los números 100 a 102. Léamoslos:

Es natural, por tanto, que nuestro pensamiento y nuestro paterno afecto se dirijan de modo principal a las asociaciones que abarcan profesiones diversas y a los movimientos sindicales que, de acuerdo con los principios de la doctrina cristiana, están trabajando en casi todos los continentes del mundo.

Conocemos las muchas y graves dificultades en medio de las cuales estos queridos hijos nuestros han procurado con eficacia y siguen procurando con energía la reivindicación de los derechos del trabajador, así como su elevación material y moral, tanto en el ámbito nacional como en el plano mundial.

Pero, además, queremos tributar a la labor de estos hijos nuestros la alabanza que merece, porque no se limita a los resultados inmediatos y visibles que obtiene, sino que repercute también en todo el inmenso mundo del trabajo humano, con la propagación general de un recto modo de obrar y de pensar y con el aliento vivificador de la religión cristiana.

Idéntica alabanza paternal queremos rendir asimismo a aquellos de nuestros amados hijos que, imbuidos en las enseñanzas cristianas, prestan un admirable concurso en otras asociaciones profesionales y movimientos sindicales que respetan la ley natural y la libertad personal en materia de religión y moral.

Ese último párrafo se refiere a los sindicalistas que militaban en sindicatos que no tenían la orientación de la Iglesia, pero los trabajadores afiliados obraban de acuerdo con sus enseñanzas.

 

Los sindicatos políticos

 

El esfuerzo de la Iglesia por la formación cristiana de los trabajadores era indispensable cuando el comunismo por una parte y el fascismo por otra, habían hecho de los sindicatos un arma política en la lucha de clases, el comunismo, y un arma política de apoyo al gobierno en los gobiernos fascistas. En esos sindicatos se desvirtuaba su naturaleza que debía ser para favorecer a los trabajadores y no para promover partidos o movimientos políticos.

Los trabajadores católicos tenían que estar muy bien formados en su fe y en particular en la DSI. Como dice Juan XXIII, de esos trabajadores se esperaba que propagaran con su ejemplo, un recto modo de obrar y de pensar con el aliento vivificador de la religión cristiana. No en todos los países permitían la formación de sindicatos orientados por la Iglesia, por eso Juan XXIII alaba a los que imbuidos en las enseñanzas cristianas prestan su concurso en otros movimientos sindicales respetuosos de la ley natural y de la libertad personal en materia de religión y de moral.

Mater et magistra y la doctrina sobre la propiedad

 

El fin de la segunda parte de la encíclica M et M se dedica a la doctrina sobre la propiedad. Ya Pío XII había enseñado que no se puede pretender que seamos propietarios absolutos de los bienes que poseamos, pues de lo que tenemos somos solo administradores, como lo vimos antes. Juan XXIII hace nuevos aportes al desarrollo de esta doctrina. La DSI está en permanente avance, de acuerdo con las necesidades de la sociedad.

Juan XXIII expone en la M et M que hay cambios en la sociedad que invitan a profundizar en la doctrina sobre la propiedad. El texto de M et M destaca tres aspectos nuevos en la comprensión y uso de la propiedad. Uno de ellos aparecen en la creciente separación de funciones entre el propietario de los medios de producción y los dirigentes de la empresa; el segundo aspecto nuevo es el desarrollo de los sistemas de seguridad social, lo cual disminuye el valor del patrimonio como fuente de seguridad frente al futuro y el tercer aspecto es la mayor importancia que se da al desempeño de una profesión, por encima de la importancia que se adjudica a la posesión de un capital. Estos asuntos se encuentran del N° 112 al 120 de M et M.

Expliquemos de qué se trata. Juan XXIII encontró cambios en la conducción de la sociedad: en las empresas privadas, los que las administraban, ya no eran necesariamente sus propietarios; por otra parte, los ciudadanos empezaban a tener una mejor atención en salud, en educación y en las posibilidades de gozar de una pensión cuando por la edad se retiraran del trabajo y en tercer lugar, ya no se confiaba en que para garantizar el propio futuro fuera indispensable ser propietario, sino que se daba más importancia a estar capacitado y desempeñar un oficio o una profesión.

Juan XXIII descubre algo muy positivo en la forma como se iba desarrollando la sociedad, que ha ido descubriendo el valor inmenso del trabajo, superior a la posesión de bienes. Los bienes son algo externo a la persona humana, son instrumentos, mientras que el valor del trabajo es superior. Quizás por eso, también hoy el papa Francisco se refiere con tanta frecuencia al trabajo, como algo que da dignidad a la persona.

 

El papa Francisco y la dignidad del trabajo

 

La importancia del trabajo la aprendió el papa Francisco cuando era joven, hijo de inmigrantes. Entre los varios libros que publicaron cuando Mario Bergoglio, arzobismo de Buenos Aires fue elegido papa, hay uno que se titula “El Jesuita”. Cuenta allí en las páginas 34 y 35, que cuando el joven Bergoglio empezó los estudios de secundaria, su papá le dijo que convenía que trabajara en vacaciones. Y observa el entonces cardenal Bergoglio: Le agradezco tanto a mi padre que me haya mandado a trabajar. El trabajo fue una de las cosas que mejor me hizo en la vida… Hoy como papa con frecuencia habla del trabajo en la misma forma como lo hacía de arzobispo de Buenos Aires. A la pregunta de cuál era su experiencia pastoral, al ver tanta gente desocupada, respondió:

Son gente que no se siente persona. Y que, por más que sus familias y sus amigos les ayuden, quieren trabajar, quieren ganarse el pan con el sudor de su frente. Es que, en última instancia, el trabajo unge de dignidad a una persona. La unción de la dignidad no la otorga ni el abolengo, ni la formación familiar, ni la educación. La dignidad como tal solo viene del trabajo… Podemos tener una fortuna, pero si no trabajamos, la dignidad se viene abajo.

Menciono al papa Francisco, cuando estudiamos la doctrina social en Juan XXIII, porque es importante que seamos conscientes de que la Iglesia siempre predica la doctrina del evangelio en que se funda su doctrina social. Podríamos ir muy atrás en la historia de la Iglesia y siempre encontraríamos coherencia en sus enseñanzas sociales.

Los cambios que encontró Juan XXIII en la sociedad

 

Volvamos a Juan XXIII. Se pregunta en M et M, si los cambios en lo referente a la propiedad, que eran más notorios en su época, y se manifestaban en la separación de las funciones entre el propietario y los dirigentes de la empresa, el desarrollo de los sistemas de seguridad social y el desempeño de una profesión, como superior a la posesión de bienes, si esos cambios en la sociedad, daban lugar a replantear la doctrina sobre la propiedad privada.

Veamos a qué se refiera M et M cuando trata de esos tres aspectos: primero sobre la separación de las funciones del propietario y de los dirigentes de la empresa. Apareció claro entonces, como lo es ahora, que ya, los dueños del capital no son necesariamente quienes lo administran. Prefieren nombrar una junta directiva que les ayude en la orientación de la empresa y confían a administradores preparados y confiables: presidente, gerentes, que no son de la familia de los dueños, el manejo de las distintas áreas de la empresa. En el segundo aspecto, el de la seguridad social, después de la segunda guerra mundial, empezó un fuerte desarrollo de los estados bienestar. Detengámonos un momento en recordar que es eso de los estados bienestar.

 

La política de bienestar social en los siglos XIX y XX

En la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, en los países de Europa occidental, quizás movidos por el temor de que se extendiera la revolución, los movimientos sociales y los reclamos de los ciudadanos, impulsaron a los gobiernos a poner más atención a la condición de los trabajadores, en la organización de lo que hoy llamamos la seguridad social; es decir, vieron la necesidad de tener en cuenta los derechos de los trabajadores a la salud, a la pensión, al empleo, a la educación, a la cultura. Estos derechos aplicados a todos los ciudadanos, definieron la política del bienestar social como característica de las democracias más avanzadas de la Europa de la posguerra.

Luego de la crisis económica que atacó al mundo como consecuencia de la segunda guerra mundial, hubo movimientos sociales y fuerzas políticas que favorecieron esquemas de seguridad social, leyes de protección al trabajo, establecimiento de un salario mínimo, reconocimiento de los sindicatos como legítimos representantes de los trabajadores. Entre esas fuerzas políticas que favorecieron el desarrollo de la seguridad social en Europa, no podemos dejar de mencionar a la democracia cristiana en Alemania, con su máximo dirigente Konrad Adenauer. Todavía hoy existe la Fundación Konrad Adenauer, que promueve la acción social.

 

¿El mayor gasto en seguridad social perjudicó a las empresas?

Quizás alguien se pregunte si el mayor gasto público y las cargas tributarias, consecuencia de las nuevas políticas socioeconómicas a favor de todos los ciudadanos, fueron en deterioro del capitalismo. Porque, como vimos la semana pasada, en nuestro país, al solo intento de volver a considerar el pago de horas nocturnas desde las 6 de la tarde, como era antes, y no solo desde las 10 de la noche, los empresarios manifestaron que no tenían el dinero para esa carga. Temen ganar menos, pero seguramente por eso no dejarían de ser rentables sus empresas.

No fue mala experiencia de las empresas por el impulso a la seguridad social en la primera mitad del siglo XX, en Europa; antes por el contrario, fue benéfico, como lo demuestra el análisis del crecimiento económico publicado por el Fondo Monetario Internacional en mayo del año 2000. En la Pg. 154 del capítulo quinto, publica una gráfica sobre el crecimiento económico en el siglo XX. La conclusión de ese estudio fue que el período de 1950 a 1973, fue el mayor crecimiento, más del doble de los otros períodos. Con razón el historiador marxista Eric Hobsbawm, llama a esa época “La edad de oro del capitalismo” (Cf Historia del siglo XX, Cap. IX, Los años dorados).

En la Pg 264 dice Hobsbawm sobre la que él llama la edad de oro: La economía mundial crecía, pues, a un ritmo explosivo. Al llegar los años sesenta, era evidente que nunca había existido algo semejante. La producción mundial de manufacturas se cuadruplicó entre principios de los cincuenta y principios de los setenta, y, algo todavía más impresionante, el comercio mundial der productos elaborados se multiplicó por diez.

Recordemos que San Juan XXIII sucedió a Pío XII en octubre de 1958 y murió en junio de 1963. Pío XII gobernó a la Iglesia durante la segunda guerra mundial. Juan XXIII a su llegada encontró situaciones nuevas, producto de una guerra devastadora y fue testigo de cómo los países se empeñaban en su reconstrucción. El mundo trabajaba con entusiasmo, estaba optimista y llegó él, un papa también optimista. El mundo occidental había optado por la democracia y las antiguas colonias empezaban su proceso de desligarse de sus naciones dominantes.

Claro que no todos los países gozaron del mismo nivel de prosperidad desde 1950. Dependió de la situación en que quedaron después de la destrucción que dejó a su paso la guerra. Recordemos que la guerra terminó en 1945, pero en los años sesenta ya Europa se encontraba en medio de la prosperidad. Tampoco se puede afirmar que la prosperidad económica llegó a Europa occidental gracias a las medidas sociales de los estados bienestar, que se preocuparon por la seguridad social; pero el haber dedicado recursos grandes a la atención de la salud, a las pensiones, a la educación de sus ciudadanos no los hizo más pobres. Al contrario, la producción de alimentos creció más que la población, sus industrias crecieron y con ellas el empleo y el progreso de Europa era indudable.

Ahora bien, si estas nuevas condiciones reclamaban replantear la doctrina sobre la propiedad, como se pregunta Juan XXIII en el número 108, la respuesta es tajante: la doctrina tradicional no ha perdido nada de su validez. Leamos el número 108:

Tales nuevos aspectos de la economía moderna han contribuido a divulgar, la duda sobre si, en la actualidad, ha dejado de ser válido, o ha perdido, al menos, importancia, un principio de orden económico y social enseñado y propugnado firmemente por nuestros predecesores; esto es, el principio que establece que los hombres tienen un derecho natural a la propiedad privada de bienes, incluidos los de producción.

Reflexión 295 San Juan XXIII Doctrina Social (Oct.9 2014)

Repasemos lo estudiado hace una semana

 

En la reflexión anterior continuamos estudiando la encíclica Mater et Magistra, del papa San Juan XXIII. Repasemos brevemente los asuntos que estudiamos hace una semana. Expone esta encíclica los criterios generales que deben guiar la determinación de los salarios de los trabajadores. El primer criterio es que el salario debe permitir al trabajador vivir una vida digna, debe atender, igualmente, con dignidad, las obligaciones familiares. A este respecto comentamos que ese criterio se debería aplicar también para determinar las pensiones, pues quien dedicó al trabajo muchos de su vida, debería poder, en su vejez, llevar una vida digna.

Tiene también en cuenta Juan XXIII en Mater et magistra, otro criterio y es el del aporte del trabajador a la empresa, con la labor que desempeña. Un trabajo que aporte más a la compañía es correcto que se remunere mejor que uno que aporte menos, pero siempre el salario debe permitir llevar una vida digna. Un criterio más es que se debe tener en cuenta es la situación financiera de la empresa, lo mismo que las dificultades por las que puede estar pasando el patrono, y las exigencias del bien común, que se pueden derivar de la situación económica del país. Por ese último factor, en los países de un desarrollo mayor, los trabajadores suelen gozar de mejores salarios.

El desarrollo económico y el progreso social deben ir juntos

 

Y al mencionar el desarrollo, Juan XXIII abrió el camino para la correcta comprensión de ese término. Nos dice que el desarrollo económico y el progreso social deben ir juntos y acomodarse mutuamente de forma que todas las categorías sociales tengan participación adecuada en el aumento de la riqueza de la nación.

Recordábamos que Pablo VI dedicó más tarde su maravillosa encíclica Populorum progressio, El desarrollo de los pueblos, precisamente a ese tema, y él distinguió claramente que una cosa es el crecimiento económico y otra el desarrollo integral. Puede darse en un país un gran crecimiento económico, que se refleje en la abundancia de productos, en las ganancias de la industria y del comercio; pero si esa riqueza no llega a todos, incluyendo a los más necesitados, no se puede hablar de un desarrollo integral. En una sociedad que consiga un desarrollo integral, se debe asegurar que todas las categorías sociales tengan participación adecuada en el aumento de la riqueza de la nación de manera que todos sus miembros puedan desarrollar plenamente su vida individual (74).

Leo de nuevo este párrafo muy claro del N° 74 de Mater et magistra: De aquí se sigue que la prosperidad económica de un pueblo consiste, más que en el número total de los bienes disponibles, en la justa distribución de los mismos, de forma que quede garantizado el perfeccionamiento de los ciudadanos, fin al cual se ordena por su propia naturaleza todo el sistema de la economía nacional.

 

Participación de los trabajadores en las ganancias de la empresas

Otro asunto muy importante tratado por San Juan XXIII en los números 75 a 77 es el de la participación de los trabajadores en las ganancias de la empresas en las cuales trabajan. Si los trabajadores participaran de las ganancias de las empresas, mejoraría la distribución de las riquezas, que sería así más equitativa. El papa explica por qué propone que se haga a los trabajadores partícipes de las ganancias de las empresas. Dice en el N° 76 que no es correcto atribuir sólo al capital, o sólo al trabajo, lo que es resultado conjunto de la eficaz cooperación de ambos; y es totalmente injusto que el capital o el trabajo, negando todo derecho a la otra parte, se apropie la totalidad del beneficio económico».

El papa Juan XXIII, propone en el N° 77, como un modo de retribuir a los trabajadores su colaboración en los buenos resultados de la compañía, el método de irles dando participación en la propiedad de la compañía, por ejemplo, entregando acciones de la empresa a sus trabajadores, como algunas empresas lo hacen. Comentamos que, el cómo hacer partícipes a los trabajadores de las ganancias de las empresas, depende de los casos particulares. Quizás para algunos trabajadores puede ser más beneficioso recibir una bonificación especial, en un buen año o crear un fondo de vivienda para préstamos con bajos intereses, un fondo de becas para hijos de los trabajadores, en vez de recibir acciones de una compañía que, si no es muy próspera, el año siguiente puede tener pérdidas. Habría que tener en cuenta el tamaño de la empresa, su situación económica y también la situación de la economía del país.

 

 ¿Por qué la Iglesia trata de temas que parecen más bien propios de los economistas y de los políticos?

 

Dijimos que quizás algunas personas se pregunten por qué la Iglesia trata de temas que parecen más bien propios de los economistas y de los políticos. Es bueno tener claro que en asuntos que tocan al ser humano, que tienen que ver con la moral, con la ética, la DSI debe intervenir y dejar clara la doctrina católica. No se trata de solo economía o de solo política sino de defender la dignidad y los derechos de la persona humana.

El papa Francisco terminó su intervención en la reunión del Pontificio Consejo Justicia y Paz, el pasado 2 de octubre (2014), con estas palabras: La Iglesia está siempre en camino en busca de nuevas formas de anunciar el evangelio también en el ámbito social.

El evangelio es la mejor guía para desarrollar una economía y una política en el campo social. Es interesante darnos cuenta de que la Iglesia se preocupa siempre por defender la dignidad de la persona humana y de la familia, también en el aspecto económico que es requisito para que una familia pueda cumplir con sus fines. En la quinta congregación general del sínodo de los obispos que se celebra en estos días en Roma, cuyo tema central es la familia, se informa que ayer 8 de octubre (2014) un

  tema afrontado fue el de la precariedad laboral y el desempleo. La angustia por la falta de un trabajo seguro crea dificultad en las familias, así como la pobreza económica, que a menudo hace que sea imposible tener un hogar. No sólo la falta de dinero a veces hace que se le ‘’divinice’’ (el dinero) y que las familias se sacrifiquen en aras del beneficio. Es necesario, en cambio, insistir en que el dinero debe servir y no gobernar. (Pubblicato da VIS Archive 01 el miércoles, octubre 08, 2014 0 commenti)

 

“Caritas in veritate” un documento clave para la evangelización de lo social

 

El Papa Francisco recibió el 2 de octubre (2014) a los participantes en la asamblea plenaria del Pontificio Consejo Justicia y Paz, reunión que coincidió con el quinto aniversario de la publicación de la encíclica de Benedicto XVI ”Caritas in veritate”. A Caritas in veritate, Caridad en la verdad, la llamó el papa Francisco, un documento clave para la evangelización de lo social, que da valiosas orientaciones sobre la presencia de los católicos en la sociedad, las instituciones, la economía, las finanzas y la política” y que ”llamó la atención no sólo sobre los beneficios, sino también sobre los peligros de la globalización… que aunque haya aumentado en gran medida la riqueza… de varios estados individuales…también ha exacerbado las diferencias entre los distintos grupos sociales, creando desigualdades y nuevas pobreza en esos mismos países considerados más ricos”

Reflexionando sobre los aspectos del sistema económico actual el Papa hizo hincapié en la explotación del desequilibrio internacional de los costos laborales, que afecta a millones de personas que viven con menos de dos dólares al día y que además de no respetar la dignidad de los que suministran mano de obra barata, destruye empleo en aquellas regiones en las que está más protegido. ”Se plantea aquí- ha dicho- el problema de crear mecanismos de tutela de los derechos laborales y del medio ambiente, frente a una ideología consumista, que no se siente responsable ni de las ciudades ni de lo creado. Por otra parte, el crecimiento de la desigualdad y la pobreza ponen en peligro la democracia inclusiva y participativa, que siempre presupone una economía y un mercado que no excluya y que sea justo”. ”Se trata, pues, de superar las causas estructurales de la desigualdad y la pobreza”, recordando que en su exhortación apostólica Evangelii gaudium señaló tres instrumentos básicos para la inclusión social de los más necesitados, como la educación, el acceso a la atención sanitaria y el trabajo para todos.

 El santo padre Francisco explicó que el Estado de derecho social no debe ser desmantelado, en particular el derecho fundamental al trabajo. Esto no puede considerarse como una variable dependiente de los mercados financieros y monetarios. Es un bien fundamental por cuanto se refiere a la dignidad, a la formación de una familia, a la realización del bien común y de la paz. La educación y el empleo, el acceso al bienestar para todos son elementos clave para el desarrollo y la justa distribución de los bienes, tanto para lograr la justicia social, como para pertenecer a la sociedad y para participar libre y responsablemente en la vida política, entendida como la gestión de la ”res publica”. Las ideas que pretenden aumentar la rentabilidad a costa de la restricción del mercado del trabajo que crea nuevos excluidos, no son conformes con una economía al servicio de la humanidad y el bien común, ni con una democracia inclusiva y participativa”.

 Ese párrafo daría para una larga consideración frente al irrespeto actual al trabajador en cuanto al contrato de trabajo y las condiciones a que se somete en él. Me llamó la tención que con la tímida propuesta del actual gobierno, de considerar horario nocturno solamente desde las 8 de la noche, y no desde las 6 de la tarde, como era la norma antes del año 2002, las empresas manifestaron que no tendrían dinero para pagarlo. El gobierno, por su parte, no aceptó la petición de los pensionados, de reducir el aporte a salud al 4%, que es el de los demás colombianos, y no el 12%, como está establecido hoy.

 

Las empresas cooperativas y artesanales

 

Volvamos ahora al tema de las empresas cooperativas y artesanales que trata Mater et magistra en el N° 84 y que no alcancé a terminar en el programa anterior.

En el N° 84, Mater et magistra se refiere a la doctrina de Pío XII, el inmediato antecesor de Juan XXIII; en particular cita su radiomensaje del 1 de septiembre de 1944. Leamos el N° 84 de Mater et magistra:

  1. No es posible definir de manera genérica en materia económica las estructuras más acordes con la dignidad del hombre y más idóneas para estimular en el trabajador el sentido de su responsabilidad. Esto no obstante, nuestro predecesor, de feliz memoria, Pío XII, trazó con acierto tales normas prácticas: «La pequeña y la mediana propiedad en la agricultura, en el artesanado, en el comercio y en la industria deben protegerse y fomentarse; las uniones cooperativas han de asegurar a estas formas de propiedad las ventajas de la gran empresa; y por lo que a las grandes empresas se refiere, ha de lograrse que el contrato de trabajo se suavice con algunos elementos del contrato de sociedad»

Mater et magistra dedica del N° 85 al 90 a las empresas artesanal y cooperativa, en las cuales no hay división entre el capital y los trabajadores, pues los mismos trabajadores son sus dueños; el papa las anima para que progresen utilizando el progreso técnico, dando a sus participantes una formación idónea. Sobre la promoción de esta clase de empresas, que corresponde al estado, dice en el N° 88:

Es asimismo indispensable que por parte del Estado se lleve a cabo una adecuada política económica en los capítulos referentes a la enseñanza, la imposición fiscal, el crédito, la seguridad y los seguros sociales.

De manera que el estado debe defender a estas empresas, la artesanal y las cooperativas, con políticas que las beneficien en cuanto a la enseñanza, con programas de capacitación, el crédito y otorgándoles beneficios tributarios. En el N° 87, Juan XXIII se refiere al papel de las mismas empresas artesanales y cooperativas:

. 87. Ante todo, hay que advertir que ambas empresas, si quieren alcanzar una situación económica próspera, han de ajustarse incesantemente, en su estructura, funcionamiento y métodos de producción, a las nuevas situaciones que el progreso de las ciencias y de la técnica y las mudables necesidades y preferencias de los consumidores plantean conjuntamente: acción de ajuste que principalmente han de realizar los propios artesanos y los miembros de las cooperativas.

San Juan XXIII aconseja a las cooperativas y a las empresas de artesanos, que si quieren tener éxito, aprovechen los avances de la ciencia y de la técnica, tanto en su estructura, es decir en el modo en que están organizadas, como en su funcionamiento y en sus métodos de trabajo. Llama la atención que el papa les sugiere que para tener éxito, funcionen técnicamente, diría yo, como lo hace la empresa moderna, y también, que así mismo deben tener en cuenta las necesidades y preferencias de los consumidores. Que funcionen bien, como lo hacen las empresas grandes bien manejadas.

Les aconseja también el papa Juan XXIII a las cooperativas y a las empresas de artesanos, que tengan en cuenta las necesidades y preferencias de los consumidores. Es un consejo propio del mercadeo bien entendido. Si una empresa ofrece a los consumidores productos o servicios que no estén orientados a satisfacer sus necesidades y preferencias, tiene el peligro de fracasar. De ahí la importancia de conocer las necesidades y preferencias de los posibles usuarios y no simplemente suponerlas o hasta imponerlas para satisfacer el gusto del dueño. Para eso son los estudios de mercados, para conocer las necesidades y las preferencias de los posibles consumidores.  

 

La empresa, auténtica comunidad humana

Volviendo a las empresas en las que los trabajadores no tienen participación en esa propiedad, – y esas son la mayoría, – el papa San Juan XXIII reconoce que para ellas no es posible fijar normas precisas sobre la participación de los trabajadores. Me parece que se refiere a que no es posible determinar un modo de participación económica en la propiedad que sea aplicable a todas, no parece referirse a otro tipo de participación en la marcha de la empresa, como sugiere en el número 91. Dice el papa que en esas empresas, la calidad de las relaciones entre todos sus miembros, debe hacer sentir que esa empresa es una auténtica comunidad humana. Dice en el N° 91:

  1. Además, siguiendo en esto la dirección trazada por nuestros predecesores, Nos estamos convencido de la razón que asiste a los trabajadores en la vida de las empresas donde trabajan. No es posible fijar con normas ciertas y definidas las características de esta participación, dado que han de establecerse, más bien, teniendo en cuenta la situación de cada empresa; situación que varía de unas a otras y que, aun dentro de cada una, está sujeta muchas veces a cambios radicales y rapidísimos.

No dudamos, sin embargo, en afirmar que a los trabajadores hay que darles una participación activa en los asuntos de la empresa donde trabajan, tanto en las privadas como en las públicas; participación que, en todo caso, debe tender a que la empresa sea una auténtica comunidad humana, cuya influencia bienhechora se deje sentir en las relaciones de todos sus miembros y en la variada gama de sus funciones y obligaciones.

Si una empresa llega a ser una auténtica comunidad humana, todos sus miembros participarán, de diversas maneras, para que esa compañía progrese. Y el éxito en la tarea de convertir a las empresas en auténticas comunidades humanas depende, en sumo grado, de la orientación de sus directivos y en la correcta selección de los supervisores. Me refiero a los supervisores de todos los niveles, empezando por el gerente general. La manera de entender los jefes su papel de jefes, es definitiva. Si los jefes más altos son humanos, marcarán el rumbo para los demás supervisores. No se trata de que los jefes sean flojos, sino de que sean humanos. Naturalmente los jefes deben ser ampliamente conocedores del trabajo que se les encarga; deben tener una clara orientación sobre el tipo de liderazgo que deben ejercer y poseer las habilidades que ese liderazgo exige. La abierta comunicación con sus colaboradores es un requisito de todo liderazgo. Este tema daría para una larga conversación.

Para lograr la formación de una comunidad humana no es suficiente llenar la empresa de publicidad que diga “Somos una comunidad” o “Somos una familia”, sino que se necesita que los miembros de esa organización se destaquen en sus relaciones interpersonales, por las cualidades que distinguen a una comunidad o a una familia. ¿Tienen claro en esa empresa, cuáles son las características de la comunidad o de la familia que quieren formar? ¿Son conscientes de ellas los jefes y los demás trabajadores? No hace falta decir que en eso deben ser modelos los jefes, como auténticos líderes. Las relaciones interpersonales abiertas y cálidas son característica indispensable en un buen líder.

Para saber lo que debe comunicar, el mismo jefe tiene que conocer claramente la misión de esa empresa en la sociedad, es decir, para qué la fundaron, cuáles sus objetivos, cómo desean los dueños que se consigan esos objetivos. Naturalmente el líder de una empresa debe conocer muy bien el contexto en que se mueve, háblese del país o de la región.

Dije que debe conocer claramente el jefe, para qué fundaron la empresa los dueños, porque me refiero al jefe que no es dueño sino un colaborador de los dueños, como suelen ser los gerentes. Él que no es dueño sino administrador, deberá estar supeditado a los objetivos de quienes lo contrataron o de lo contrario no debería aceptar el cargo. Y estoy suponiendo que los dueños le van a pedir que administre con ética, que no le van a pedir que haga nada ilegal ni antiético, porque una persona recta, en ese caso no aceptaría el cargo.

En el N° 92, el papa San Juan XXIII nos dice que en las empresas hay que garantizar la necesaria unidad de una dirección eficiente, que no debe considerarse incompatible con una efectiva participación. Aquí el papa nos habla de diálogo. Me atrevo a decir que una ayuda a la eficiencia de una empresa, de cualquier grupo humano, es la transparencia en las comunicaciones. Que no se de lugar a especulaciones, a chismes. Si los miembros de un grupo saben para donde van con la persona que los dirige, trabajarán con más entusiasmo y sentido de pertenencia.

Reflexión 294 San Juan XXIII Doctrina Social Oct.2 2014

Repasemos los criterios para fijar el salario

Dignidad de los ancianos

 

En nuestro estudio de la encíclica Madre y Maestra, Mater et magistra, del papa San Juan XXIII, – en el programa del 24 de julio (2014) pasado, – comentamos los criterios que se deben tener en cuenta en la fijación del salario de los trabajadores. Recordemos ante todo, que la encíclica Mater et magistra habla de un salario que permita al trabajador mantener un nivel de vida verdaderamente humano y hacer frente con dignidad a sus obligaciones familiares. No se pide solamente que el salario les permita subsistir, sino que les permita vivir una vida digna Es además clara la mención del salario familiar, cuando menciona Mater et magistra que el salario debe atender las necesidades de la familia y no solo del trabajador y cuando añade que el trabajador debe hacer frente con dignidad a sus obligaciones familiares.

El primer criterio que debe tenerse en cuenta para fijar el salario, que sea un salario que permita al trabajador mantener un nivel de vida verdaderamente humano, me parece que es perfectamente aplicable a las pensiones. Igualmente las pensiones deben permitir que quien ha gastado sus años en el trabajo, en la vejez tenga medios para llevar una vida digna. Recuerdo que el cardenal Rubiano rechazó en una oportunidad la idea de un gobierno, de entregar a los ancianos que no tenían pensión, una suma irrisoria, que parecía más bien una limosna. El cardenal comentó que ofrecerles esa suma sería como ofrecerles una chocolatina… una suma inaceptable. Se debe tratar a los ancianos con dignidad.

El papa San Juan XXIII en su encíclica Mater et magistra se presenta justo y a la vez realista. Tiene en cuenta para la determinación del salario, primero, que el trabajador pueda llevar una vida digna y los aportes que debe hacer para el sostenimiento de su familia, y además enseña que para determinar el salario se deben tener en cuenta otros puntos, como cuál es el aporte que cada trabajador hace con su trabajo a la producción económica de la empresa; de manera que sin perjuicio de que el salario permita vivir una vida digna, está bien que para determinar el salario se tenga en cuenta el aporte del trabajador a la empresa. Es decir que un trabajo que aporte más a la compañía es correcto que se remunere mejor que uno que aporte menos, pero siempre el salario debe permitir llevar una vida digna.

Se deben tener en cuenta también, la situación financiera de la empresa, lo mismo que las dificultades por las que puede estar pasando el patrono, y las exigencias del bien común que se orienta a obtener el máximo empleo de la mano de obra en toda la nación. En resumen, se podría decir que San Juan XXIII habla del salario universal, no del de una empresa particular; presenta un criterio general, porque fijar los salarios es algo tan importante en el conjunto de la vida económica de un país, que, además del trabajador individual, es necesario examinar factores como la empresa misma, la economía nacional e incluso se debe tener en cuenta la economía global. Ojalá se tuvieran en cuenta todos esos criterios cuando se reúnen el gobierno, los trabajadores y los empresarios, año tras año, para concertar el salario mínimo.

 

Moral del desarrollo: crecimiento económico y progreso social

 

Después de tratar sobre el salario, Mater et magistra pasa a dar una importante orientación sobre la moral del desarrollo. Con frecuencia se tiene en cuenta solamente el crecimiento económico, separándolo del progreso de las personas de menos recursos. Nos advierte San Juan XXIII que el desarrollo económico y el progreso social deben ir juntos y acomodarse mutuamente de forma que todas las categorías sociales tengan participación adecuada en el aumento de la riqueza de la nación.

Pablo VI, el sucesor de Juan XXIII enriquecerá la DSI en su momento con su maravillosa encíclica Populorum progressio, que precisamente está toda ella dirigida al desarrollo y precisará de qué trata el precepto gravísimo del que habló Juan XIII, que condiciona el desarrollo. El precepto gravísimo de la justicia social del que habló Juan XIII lo enuncia con la frase: el desarrollo económico y el progreso social deben ir juntos y acomodarse mutuamente, como lo leímos en el N° 73 de Mater et magistra. De manera que no es suficiente que haya crecimiento económico, desarrollo económico, si no va junto con el progreso social. Pablo VI hablará por eso de un desarrollo integral. No es suficiente que la economía crezca sino que debe haber un desarrollo social que llegue a las clases más necesitadas. O no habrá desarrollo social.

En pocas palabras, lo que nos enseña Juan XXIII sobre el desarrollo, en Mater et magistra, es que ese desarrollo debe llegar a todos, no a unos pocos. Leamos el 74 de Mater et magistra:

  1. «La economía nacional —como justamente enseña nuestro predecesor, de feliz memoria Pío XII—, de la misma manera que es fruto de la actividad de los hombres que trabajan unidos en la comunidad del Estado, así también no tiene otro fin que el de asegurar, sin interrupción, las condiciones externas que permitan a cada ciudadano desarrollar plenamente su vida individual. Donde esto se consiga de modo estable, se dirá con verdad que el pueblo es económicamente rico, porque el bienestar general y, por consiguiente, el derecho personal de todos al uso de los bienes terrenos se ajusta por completo a las normas establecidas por Dios Creador».

De aquí se sigue que la prosperidad económica de un pueblo consiste, más que en el número total de los bienes disponibles, en la justa distribución de los mismos, de forma que quede garantizado el perfeccionamiento de los ciudadanos, fin al cual se ordena por su propia naturaleza todo el sistema de la economía nacional.

 

Fin de la economía nacional:asegurar las condiciones externas que permitan a cada ciudadano desarrollar plenamente su vida individual

 

Observemos dos cosas sobre esta doctrina de moral social: la DSI nos enseña que la economía nacional tiene como fin asegurar, sin interrupción, las condiciones externas que permitan a cada ciudadano desarrollar plenamente su vida individual. Luego añade Mater et magistra que debe quedar garantizado el perfeccionamiento de los ciudadanos, y que para garantizar que cada ciudadano pueda desarrollar plenamente su vida individual, todo el sistema de la economía nacional se ordena por su propia naturaleza.

Es decir que la economía, por su propia naturaleza no está ordenada al enriquecimiento de solo algunos. No cumple con estas condiciones el crecimiento económico, porque haya muchos bienes, si esos bienes solo están al alcance de los más pudientes. Si la economía crece debe orientarse para que cumpla su fin y es que todos los ciudadanos se puedan desarrollar plenamente. No es suficiente que la economía crezca si ese crecimiento no se orienta para el bien de todos.

Es verdad que el manejo de toda la economía de un país es muy complicado y más hoy con la globalización, porque el éxito del desarrollo económico de nuestro país no depende de él solo, sino del comportamiento de la economía de los otros países que tienen influencia en la nuestra.

Por poner solo un ejemplo: si por circunstancias del clima, sequías o al contrario, lluvias excesivas, tenemos dificultades en la producción de alimentos, habrá que importarlos o si tenemos producción en exceso, y nos sobran alimentos, tenemos la oportunidad de venderlos al exterior. Tanto si necesitamos comprar como si necesitamos vender, vamos a depender de otros países que nos vendan o nos compren.

Me parece que el punto más importante en este apartado de Mater et magistra es la clarificación de cómo debemos entender la economía, es decir, como un factor de desarrollo de todos. La economía no puede orientarse exclusivamente al crecimiento, al desarrollo de unos pocos.

 

Participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas

 

Hay otro asunto especialmente importante que está en los números 75 a 77 de Mater et magistra y se refiere a la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas, lo cual tiene que ver con la distribución de que hemos hablado. No se trata solo de que haya mucha riqueza, sino de que se distribuya equitativamente. Enfoca este asunto Mater et magistra, desde el punto de vista del aprovechamiento que las empresas hacen de sus ganancias en beneficio de su propio desarrollo, para crecer, por ejemplo, consiguiendo maquinaria nueva. Un año en que una empresa obtenga muy buenas ganancias, tiene la oportunidad de mejorar sus instalaciones, de modernizar sus plantas con equipos más modernos.

El punto clave aquí está en que nos preguntemos si es justo que solo la empresa se beneficie, a través de su propio crecimiento con la mejora de sus instalaciones, o pagando mayores dividendos a sus accionistas o que sus ganancias solo alcancen para bonificaciones a algunos de sus altos ejecutivos, o si también los demás trabajadores se deberían beneficiar, porque ellos contribuyeron a que a la empresa le fuera bien. El éxito no se debió solo al buen desempeño del capital y de los altos ejecutivos, sino en algún grado, al buen trabajo de sus empleados.

En el N° 76, Mater et magistra dice que no es correcto atribuir sólo al capital, o sólo al trabajo, lo que es resultado conjunto de la eficaz cooperación de ambos; y es totalmente injusto que el capital o el trabajo, negando todo derecho a la otra parte, se apropie la totalidad del beneficio económico».

 

¿Cómo hacer partícipes de las ganancias a los trabajadores?

Es una inquietud ética válida la que plantea. El cómo hacer partícipe también al trabajador del éxito de la empresa no es un asunto sencillo. Algunas empresas lo hacen por medio de primas extraordinarias. El papa Juan XXIII, citando a su antecesor Pío XI, propone se tenga en cuenta el método de ir dando a los trabajadores participación en la propiedad de la compañía, por ejemplo, como algunas empresas lo hacen, entregando acciones de la empresa a los trabajadores. Las palabras de la encíclica, en el N° 77, son estas:

Este deber de justicia puede cumplirse de diversas maneras, como la experiencia demuestra. Una de ellas, y de las más deseables en la actualidad, consiste en hacer que los trabajadores, en la forma y el grado que parezcan más oportunos, puedan llegar a participar poco a poco en la propiedad de la empresa donde trabajan, puesto que hoy, más aún, que en los tiempos de nuestro predecesor, «con todo el empeño posible se ha de procurar que, al manos para el futuro, se modere equitativamente la acumulación de las riquezas en manos de los ricos, y se repartan también con la suficiente profusión entre los trabajadores»

Ahora bien, si es más beneficiosa para los trabajadores una participación en la propiedad por medio de acciones o si conviene más al trabajador el pago de una suma en efectivo, en caso de un año de buenas ganancias de la compañía, me parece que no se puede resolver de manera general. Habría que considerar los casos particulares. Recibir acciones de una empresa exitosa y con buen futuro puede parecer una buena medida, beneficiosa para los trabajadores; sin embargo, siendo la parte de los trabajadores la más débil, ¿estarían ellos dispuestos a asumir también las pérdidas en que pueda incurrir la empresa en un año determinado? Porque los dueños del capital tienen medios para asumir un mal año, bien sea con reservas de que se hayan aprovisionado o con créditos bancarios, pero los trabajadores no tienen siempre esos recursos.

Como vemos, el asunto de la participación de los trabajadores en las ganancias o en las pérdidas de las empresas tiene que ver con la economía de la nación en general. Y en el conjunto de la economía hay que tener en cuenta que puede haber grandes empresas, medianas, pequeñas y también cooperativas y el papel de los trabajadores y su responsabilidad varía, según la empresa de que se trate.

 

¿Por qué la Iglesia habla de asuntos económicos?

 

¿Por qué la DSI trata sobre temas que parecieran pertenecer exclusivamente a la administración de las empresas y a los expertos en economía? Es muy importante tener claridad sobre esto, que se parece a la intervención de la DSI en asuntos que aparentemente son únicamente políticos. Cuando el manejo de la sociedad toca asuntos que tienen que ver con la ética, con la moral, la DSI debe hablar. En el caso de la participación de los trabajadores, el P. Ildefonso Camacho, en el libro que cito con frecuencia, Doctrina social de la iglesia, una aproximación histórica, dice en la Pg 238, que lo que está allí en juego es la subordinación de la economía al ser humano, ante el peligro de que las exigencias de la producción eliminen lo que de más humano hay en el trabajador.

En el N° 83 de M et M dice San Juan XXIII:

si el funcionamiento y las estructuras económicas de un sistema productivo ponen en peligro la dignidad humana del trabajador, o debilitan su sentido de responsabilidad, o le impiden la libre expresión de su iniciativa propia, hay que afirmar que este orden económico es injusto, aun en el caso de que, por hipótesis, la riqueza producida en él alcance un alto nivel y se distribuya según criterios de justicia y equidad.

Estas consideraciones dan oportunidad para examinar también el tema de los sindicatos. En el N° 84, Mater et magistra trata esto y se refiere a la doctrina de Pío XII, el antecesor de Juan XXIII; en particular cita su radiomensaje del 1 de septiembre de 1944. Leamos este N° 84:

  1. No es posible definir de manera genérica en materia económica las estructuras más acordes con la dignidad del hombre y más idóneas para estimular en el trabajador el sentido de su responsabilidad. Esto no obstante, nuestro predecesor, de feliz memoria, Pío XII trazó con acierto tales normas prácticas: «La pequeña y la mediana propiedad en la agricultura, en el artesanado, en el comercio y en la industria deben protegerse y fomentarse; las uniones cooperativas han de asegurar a estas formas de propiedad las ventajas de la gran empresa; y por lo que a las grandes empresas se refiere, ha de lograrse que el contrato de trabajo se suavice con algunos elementos del contrato de sociedad»

Las empresas en que los trabajadores son sus propietarios

 

Mater et magistra dedica del N° 85 al 90 a las empresas artesanal y cooperativa, en las cuales no hay división entre el capital y los trabajadores, pues los mismos trabajadores son sus dueños; el papa las anima para que progresen utilizando el progreso técnico, dando a sus participantes una formación idónea. Sobre la promoción, que corresponde al estado, dice en el N° 88:

Es asimismo indispensable que por parte del Estado se lleve a cabo una adecuada política económica en los capítulos referentes a la enseñanza, la imposición fiscal, el crédito, la seguridad y los seguros sociales.

De manera que hay que defender a estas empresas, la artesanal y las cooperativas, con beneficios tributarios. Antes, en el N° 87, Juan XXIII se refiere al papel de las empresas mismas (las artesanales, y cooperativas)

. 87. Ante todo, hay que advertir que ambas empresas, si quieren alcanzar una situación económica próspera, han de ajustarse incesantemente, en su estructura, funcionamiento y métodos de producción, a las nuevas situaciones que el progreso de las ciencias y de la técnica y las mudables necesidades y preferencias de los consumidores plantean conjuntamente: acción de ajuste que principalmente han de realizar los propios artesanos y los miembros de las cooperativas.

San Juan XXIII aconseja a las cooperativas y a las empresas de artesanos, que si quieren tener éxito, aprovechen los avances de la ciencia y de la técnica tanto en su estructura, es decir en el modo en que están organizadas como en su funcionamiento y en sus métodos de trabajo. Me llama la atención que el papa les sugiere que para tener éxito funcionen técnicamente, diría yo, como lo hace la empresa moderna, y también, que así mismo deben tener en cuenta las necesidades y preferencias de los consumidores.

 

Reflexión 293 San Juan XXIII Doctrina Social Julio 17 2014

El ser humano no tiene solo intereses individuales sino intereses comunitarios

 

Estamos estudiando la encíclica Madre y maestra, Mater et magistra, del papa San Juan XXIII. En el programa pasado terminamos la explicación sobre el término socialización, el verbo socializar, que se utiliza mucho hoy y que en el contexto de la DSI no significa aplicar a un proceso la ideología socialista sino asociarnos libre, espontáneamente, insertarnos en la comunidad como miembros suyos, conscientes de nuestra mutua dependencia y de la conveniencia de asociarnos para buscar juntos el bien común. Vimos que la encíclica Madre y maestra, Mater et magistra, defiende al ser humano libre y autónomo, que al mismo tiempo es consciente de su pertenencia a una comunidad, y que no tiene solo intereses individuales sino intereses comunitarios en cuyo progreso debe participar espontánea y libremente.

La encíclica Mater et magistra se refiere también al tema importante del bien común. En una sociedad, pluralista y de permanente evolución como la que tocó a San Juan XXIII después de la segunda guerra mundial y que continúa en nuestros días, este modelo de socialización, en el sentido explicado, es perfectamente coherente con la orientación de la DSI en los papas anteriores.

 

El trabajo, estructuras económicas, propiedad

Comenzamos ahora el desarrollo de nuevos temas en Mater et magistra, Madre y maestra: del N° 68 al 81 trata sobre el trabajo, del 82 al 103, sobre las estructuras económicas y finalmente del 104 al 121 sobre la propiedad. Los tres temas se refieren a la actividad económica que presentaban, en particular los países económicamente más desarrollados. Iniciemos pues el tema del trabajo que comienza con la situación que era actual en ese momento y lo sigue siendo hoy, el de su baja remuneración.

Leamos los números 68 y 69 de Mater et magistra:

  1. Una profunda amargura embarga nuestro espíritu ante el espectáculo inmensamente doloroso de innumerables trabajadores de muchas naciones y de continentes enteros a los que se remunera con salario tan bajo, que quedan sometidos ellos y sus familias a condiciones de vida totalmente infrahumana. Hay que atribuir esta lamentable situación al hecho de que, en aquellas naciones y en aquellos continentes, el proceso de la industrialización está en sus comienzos o se halla todavía en fase no suficientemente desarrollada.

  2. En algunas de estas naciones, sin embargo, frente a la extrema pobreza de la mayoría, la abundancia y el lujo desenfrenado de unos pocos contrastan de manera abierta e insolente con la situación de los necesitados; en otras se grava a la actual generación con cargas excesivas para aumentar la productividad de la economía nacional, de acuerdo con ritmos acelerados que sobrepasan por entero los límites que la justicia y la equidad imponen; finalmente, en otras naciones un elevado tanto por ciento de la renta nacional se gasta en robustecer más de lo justo el prestigio nacional o se destinan presupuestos enormes a la carrera de armamentos.

El papa Juan XXIII denuncia el hecho de los bajos salarios en los países menos desarrollados y no justifica esos salarios bajos porque el proceso de industrialización esté en sus comienzos, porque en el número siguiente, el 70, denuncia la abundancia y el lujo desenfrenado de unos pocos que dice: contrastan de manera abierta e insolente con la situación de los necesitados.

De manera que lo que aparece patente es la codicia, la ambición de los más poderosos que no permiten una equitativa distribución del ingreso y de las cargas, como lo dirá en los números siguientes. También se denuncia la distribución de los presupuestos nacionales, que dedican más dinero a robustecer el prestigio nacional y a las armas que a satisfacer las necesidades de desarrollo de la gente.

Estas denuncias se deben tener en cuenta también en nuestros días. Es que no estamos muy lejos de la época de San Juan XXIII y nuestros países en vías de desarrollo no hemos progresado como deberían. ¿Qué se buscó en el Brasil con la organización del mundial de fútbol? ¿Prestigio, desarrollo integral? Parece que las protestas antes de que comenzara el mundial indicarían que el pueblo brasileño no veía con buenos ojos los gastos inmensos para la construcción de estadios. Y creo que en Colombia tenemos que tener claridad sobre el asunto, porque he escuchado a algunos periodistas deportivos que defienden que Colombia estaría preparada para realizar un mundial. ¿Preparada, con media Colombia descuidada por años en infraestructura? ¿Por qué las protestas de los campesinos ante el descuido del campo? ¿Qué decir de la poca calidad de la educación y de la mala atención en salud? ¿Cómo calificar la inequidad y la corrupción?

 

Inequidad en los salarios

En el N° 70, Mater et magistra dice:

  1. Hay que añadir a esto que en las naciones económicas más desarrolladas no raras veces se observa el contraste de que mientras se fijan retribuciones altas, e incluso altísimas, por prestaciones de poca importancia o de valor discutible, al trabajo, en cambio, asiduo y provechoso de categorías enteras de ciudadanos honrados y diligentes se le retribuye con salarios demasiado bajos, insuficientes para las necesidades de la vida, o, en todo caso, inferiores a lo que la justicia exige, si se tienen en la debida cuenta su contribución al bien de la comunidad, a las ganancias de la empresa en que trabajan y a la renta total del país.

El papa denuncia allí las injusticias en la remuneración del trabajo, no solo en los países menos industrializados sino también en los países más avanzados económicamente. Observemos que Juan XXIII sostiene que en esos países se fijan retribuciones altísimas a los salarios de trabajos que no las merecen; en cambio se retribuye a ciudadanos honrados y diligentes con salarios demasiado bajos que desempeñan trabajos provechosos. Es decir que el papa critica criterios según los cuales se fijan los salarios. Ya papas anteriores habían sostenido la doctrina de que el trabajo no es una mercancía común y corriente a la que no se debe asignar su valor por la ley del mercado, la ley de la oferta y la demanda, ni está bien dejar su definición simplemente al arbitrio de los poderosos.

Criterios para fijar el salario

 

En Mater et magistra se enuncia una condición mínima y cuatro criterios para determinar el salario. Luego se desarrollan ampliamente. Leamos el N° 71:

  1. En esta materia, juzgamos deber nuestro advertir una vez más que, así como no es lícito abandonar completamente la determinación del salario a la libre competencia del mercado, así tampoco es lícito que su fijación quede al arbitrio de los poderosos, sino que en esta materia deben guardarse a toda costa las normas de la justicia y de la equidad.

Esto exige que los trabajadores cobren un salario cuyo importe les permita mantener un nivel de vida verdaderamente humano y hacer frente con dignidad a sus obligaciones familiares. Pero es necesario, además, que al determinar la remuneración justa del trabajo se tengan en cuenta los siguientes puntos: primero, la efectiva aportación de cada trabajador a la producción económica; segundo, la situación financiera de la empresa en que se trabaja; tercero, las exigencias del bien común de la respectiva comunidad política, principalmente en orden a obtener el máximo empleo de la mano de obra en toda la nación; y, por último, las exigencias del bien común universal, o sea de las comunidades internacionales, diferentes entre sí en cuanto a su extensión y a los recursos naturales de que disponen.

Vemos que el papa Juan XXIII habla de un salario que permita al trabajador mantener un nivel de vida verdaderamente humano y hacer frente con dignidad a sus obligaciones familiares. No se pide que el salario les permita subsistir sino que les permita vivir una vida digna y es clara la mención del salario que debe atender las necesidades de la familia y no solo del trabajador cuando añade que el trabajador debe hacer frente con dignidad a sus obligaciones familiares.

Al enunciar las condiciones que se deben tener en cuenta para determinar el salario, además de la condición general de que debe ser un salario que permita llevar al trabajador una vida digna y que debe aportar a su familia, el papa Juan XXIII es realista; tiene en cuenta las dificultades que puede tener el patrono para cumplir con esas cuatro condiciones particulares, por las condiciones de la empresa o del medio.

El primer punto que se debe tener en cuenta para fijar el salario es la efectiva aportación de cada trabajador a la producción económica. De manera que se debe tener en cuenta la contribución del trabajador; no es necesario que todos tengan el mismo salario; depende de su aporte. En esta distinción tiene lugar lo que en las empresas se llama valoración de cargos y evaluación del desempeño. En la valoración de cargos se define la importancia del cargo de acuerdo con lo que aporte a los objetivos de la empresa. El criterio recto de quienes definen la importancia de los cargos es en esto definitivo. Es muy común que se consideren más importantes los cargos que tienen que ver con la producción de dinero para la empresa y se minusvaloren los cargos administrativos como son los de administración de personal, el financiero y el operativo.

Los que desempeñamos cargos en esos campos, especialmente en administración de personal, sabemos cuánto influye el trato humano y motivador en el clima de la empresa, ese trato que invita al sentido de pertenencia y al esfuerzo en el trabajo. De modo parecido, no es menor el aporte de los empleados de lo administrativo para tener éxito, lo mismo de quienes elaboran los productos o los servicios que el personal en contacto con los clientes vende; pero a veces solo a lo último se le da especial valor, y es que el dinero que entra es más visible y por eso se valora más a los que llevan los pedidos y los cheques que a toda la cadena humana.

La evaluación del desempeño por otra parte, depende del jefe, quien, en reunión con cada uno de los trabajadores que dependen de su supervisión, les informa de sus expectativas sobre su desempeño, el aporte que espera de ellos y cómo piensa que cumplieron con el trabajo en el período que se evalúa. En esa clase de evaluación juegan un papel muy importante, la objetividad del jefe, su capacidad de liderazgo con su consiguiente habilidad de comunicación y de motivación.

 

Una administración de personal humana, justa, con habilidades para motivar

 

Como vemos, lo que plantea Juan XXIII supone una administración de personal humana, justa, con habilidades para motivar y con jefes conocedores de su funciones.

El segundo punto que presenta Juan XXIII para determinar el salario es la situación financiera de la empresa en que se trabaja. Este punto requiere también patronos objetivos, honestos, justos, de mente clara, y exige tener en cuenta casos particulares. Líderes objetivos para ver y presentar la situación real de la empresa y no valerse de una mala situación pasajera y solucionable, para aprovechar la situación desventajosa de los trabajadores frente a sus decisiones. Recuerdo de una empresa en la que los trabajadores estuvieron de acuerdo en aceptar no recibir aumento salarial un año, para ayudar a sacarla adelante. El clima y la cercanía de los jefes con sus trabajadores tenía que ser muy bueno en esa compañía.

En el tercer punto señalado por Mater et magistra, se refiere a las exigencias del bien común de la respectiva comunidad política, principalmente en orden a obtener el máximo empleo de la mano de obra en toda la nación. Si las empresas, favorecidas por las decisiones del gobierno, también obran para facilitar el logro del bien común, este punto es válido. Me parece que la experiencia en nuestro país ha sido negativa, pues con la excusa de que al quitar a las empresas parte de las cargas laborales, éstas van a crear más puestos de trabajo, no ha habido respuesta justa de parte de las empresas.

Por ejemplo, en Colombia se modificó el horario de trabajo nocturno pasándolo de las 6 de la tarde a las 10 de la noche. Se disminuyó así el salario de los trabajadores en horarios nocturnos. Se disminuyó también a las empresas la carga en las prestaciones sociales y no ha habido una congruente respuesta en aumento de puestos de trabajo. Las empresas aprovechan esas ventajas solo a favor de los propietarios.

Finalmente, Mater et magistra propone que se tengan en cuenta para determinar el salario, las exigencias del bien común universal, o sea de las comunidades internacionales, diferentes entre sí en cuanto a su extensión y a los recursos naturales de que disponen.

Sí, en los países en vías de desarrollo no podemos esperar que nuestros trabajadores ganen los mismos salarios que devengan en los países económicamente desarrollados. Cuando los equiparemos en desarrollo eso será posible.

Una reflexión sobre esos principios nos permite comprender que definir el salario justo no es algo tan sencillo que nos baste mirar un solo caso. Fijar los salarios de manera general es algo tan importante en el conjunto de la vida económica de un país, que es necesario examinar factores como la empresa misma, la economía nacional e incluso se debe tener en cuenta la economía global.

 

Distribución del ingreso

 

Otro asunto se añade a los ya señalados, que hace este un tema que pareciera necesitar de la ayuda de especialistas: es el de la distribución del ingreso en la población. La cuantía del salario no se puede definir sin tener en cuenta los salarios de los demás que trabajan en otras áreas y el ingreso que obtienen los dueños del capital. No se les puede pedir que paguen salarios mayores del ingreso que ellos reciben del negocio, porque la fuente de trabajo se secaría… Por otra parte, se pueden presentar grandes distorsiones por los altos salarios de determinados ejecutivos o de ciertos oficios y profesiones. Pensemos en los salarios de que se habla de los vinculados a ciertos deportes, tanto los atletas mismos como de comentaristas de los medios y dirigentes, lo mismo que los salarios de artistas, hasta de cuenta chistes.

Moral del desarrollo

 

En el N° 73 de Mater et magistra, Juan XXIII nos da un enfoque interesante de la moral del desarrollo. Leamos los números 72 y 73:72.Es evidente que los criterios expuestos tienen un valor permanente y universal; pero su grado de aplicación a las situaciones concretas no puede determinarse si no se atiende como es debido a la riqueza disponible; riqueza que, en cantidad y calidad, puede variar, y de hecho varía, de nación a nación y, dentro de una misma nación, de un tiempo a otro.

Dado que en nuestra época las economías nacionales evolucionan rápidamente, y con ritmo aún más acentuado después de la segunda guerra mundial, consideramos oportuno llamar la atención de todos sobre un precepto gravísimo de la justicia social, a saber: que el desarrollo económico y el progreso social deben ir juntos y acomodarse mutuamente, de forma que todas las categorías sociales tengan participación adecuada en el aumento de la riqueza de la nación.

En orden a lo cual hay que vigilar y procurar, por todos los medios posibles, que las discrepancias que existen entre las clases sociales por la desigualdad de la riqueza no aumenten, sino que, por el contrario, se atenúen lo más posible.

Reflexión 292 San Juan XXIII Doctrina Social Julio 10 2014

 

¿Qúe entendemos por “socialización”?

 

En el programa anterior alcanzamos a tratar brevemente sobre el término “socialización” y el verbo “socializar”, que hoy se utilizan mucho cuando se emplean para decir que una política o una decisión se están dando a conocer de la gente. No faltaron los que interpretaron peyorativamente la orientación de San Juan XXIII en su encíclica Madre y maestra, Mater et magistra, cuando en los números 59 y 60 afirmó que una de las características de nuestra época es el incremento de las relaciones sociales, de la progresiva multiplicación de convivencia, con la formación consiguiente de muchas formas de vida y de actividad asociada, que han sido recogidas, la mayoría de las veces, por el derecho público o por el derecho privado.

El santo padre Juan XXIII no estaba alabando el colectivismo comunista, una política del estado marxista, sino que se refería a la tendencia natural de los seres humanos a asociarse espontáneamente para la consecución de los objetivos que cada cual se propone y superan la capacidad y los medios de que puede disponer el individuo aislado. No se refiere el papa a las situaciones en que obliga el estado a sus ciudadanos a una asociación obligatoria sino a la asociación espontánea, libre, de las personas, para lograr un objetivo común.

Es una lástima que cuando la Iglesia habla a favor de los pobres, y de los derechos de la comunidad frente a los de los individuos particulares, por ejemplo en defensa del bien común, con frecuencia se tacha a la Iglesia de tener una actitud marxista. Ahora pasa algo parecido con el Papa Francisco, quien no disfraza su opción preferencial por los pobres.

Como alcanzamos a ver en el programa anterior, también San Juan XXIII menciona en Mater et magistra, que esa situación del incremento de las relaciones sociales, ha llevado al estado a intervenir en materias que son de la esfera más íntima de la persona, como la salud, la educación, la orientación profesional, la reeducación y readaptación de las personas con incapacidad física o mental. No afirma el papa allí, que al estado le estén vedados esos campos, ni tampoco que la intervención del estado esté por encima y sustituyendo a la intervención de los particulares en esos campos; en cambio sí advierte la encíclica Mater et magistra que esa intervención estatal no carece de peligro. Veamos hoy cómo continúa Mater et magistra tratando este tema de la socialización.

 

Diferentes maneras de entender el fenómeno sociológico de asociarse

 

El P. Ildefonso Camacho, en el libro citado antes, Doctrina social de la Iglesia, una aproximación histórica, explica que en el texto original de la encíclica, que se escribió en latín, no se utiliza la palabra socialización. Trató la encíclica de la tendencia social a asociarse, como un fenómeno sociológico, es decir del comportamiento de la sociedad. No se trata de un fenómeno económico, como sí estaría implicada la economía en la socialización entendida por el socialismo, en el sentido de “socializar”, “volver socialista”. El texto de la encíclica en italiano sí utiliza el vocablo socializzazione.

Un experto en lengua italiana nos puede explicar que el verbo ’socializzare’, puede significar varias cosas, según el contexto; puede significar “colectivizar”, que es lo que hace el socialismo marxista cuando estatiza una propiedad privada, es decir cuando la confisca. Socializzare, socializar, también puede significar insertarse uno en una colectividad, dejar de ser un ser aislado y comunicarse con los demás, comportarse como miembro de la comunidad. A una persona que en una reunión se observa aislada, se la puede invitar a socializar, a compartir con los demás. Se organizan reuniones para que la gente se conozca, para que socialice.

El P. Camacho por su parte concluye, que en el contexto de la encíclica Mater et magistra, socializar se puede definir con el autor Sorge (en artículo en la Civilta Cattolica), como la toma de conciencia universal de la mutua interdependencia entre personas y colectividad, que está en la base de la actual multiplicación de los vínculos asociativos en todos los ámbitos de la vida humana. En este sentido una invitación a socializar sería invitar a tomar conciencia de ser un miembro de la comunidad, a darse cuenta de que uno tiene intereses comunes con los demás, y a participar con ellos. A no obrar aislado, en solitario.

Quizás alguien piense que no valía la pena dedicar tanto tiempo a una palabrita, pero es bueno dejar las cosas claras, porque ha sido común que se acuse a la Iglesia de marxista cuando asume posiciones que molestan a los defensores del capitalismo. Recuerdo que eso sucedió a Pablo VI cuando publicó su encíclica Populorum progressio. La Iglesia no defiende el individualismo, y cuando dice que el desarrollo es el nombre de la paz, se refiere a un desarrollo integral, no al simple crecimiento económico que favorezca a unos pocos, como algunos lo interpretan.

En el caso de San Juan XXIII en Mater et magistra, su intención fue valorar desde el punto de vista ético, el fenómeno de la socialización, por eso en los números 61 y 62 distingue las ventajas y también los peligros de la socialización. Luego explica que esa tendencia a asociarse es obra del ser humano y no un producto ciego de la naturaleza, de manera que se debe orientar la socialización de acuerdo con determinados criterios, que explica en el N° 63.

No dejarnos robar del comunismo la defensa de los pobres

 

Antes de leer los números 61 y siguientes de Mater et magistra quisiera volver un momento atrás. En el programa pasado les comenté que en una entrevista que publicó Il Messagero, El Mensajero, en IItalia, el papa Francisco había dicho que los comunistas habían robado al cristianismo la bandera de su preferencia por los pobres. Les voy a leer lo que textualmente publicó la agencia Zenit.

ROMA, 04 de julio de 2014 (Zenit.org) – En una entrevista publicada el 29 de junio pasado en las páginas del periódico romano Il Messagerola vaticanista Franca Giansoldati ha preguntado al papa Francisco: “Usted es presentado como un papa comunista, pauperista, populista. The Economist le ha dedicado una portada afirmando que habla como Lenín. ¿Se ve reflejado en esto?”.

A la interrogación el Papa responde: “Yo digo que los comunistas nos han robado la bandera. La bandera de los pobres es cristiana. La pobreza está en el centro del Evangelio. Los pobres están en el centro del Evangelio. Tomemos Mateo 25, el protocolo sobre el cual seremos juzgados: he tenido hambre, he tenido sed, he estado en la cárcel, he estado enfermo, desnudo. O miremos las bienaventuranzas, otra bandera. Lo comunistas dicen que todo esto es comunista. Sí, como no, veinte siglos después. Entonces, cuando hablan se podría decirles: ¿ustedes son cristianos?”

“La pobreza está en el centro del evangelio, ha precisado el Papa. No se puede entender el Evangelio sin entender la pobreza real, tomando en cuenta que existe una pobreza bellísima que es la del espíritu: ser pobre ante Dios porque Dios te llena”.

“El Evangelio –agrega– se dirige indistintamente a pobres y ricos. Y habla sea de pobreza que de riqueza. No condena, de hecho a los ricos. En todo caso a las riquezas cuando se hacen objetos de idolatría: el dios dinero, el becerro de oro”.

El obispo de Roma explicó que existe pobreza moral y material y ha dicho: “A un hambriento, por ejemplo, puedo ayudarlo para que no tenga más hambre, pero si ha perdido el trabajo y no lo encuentra, hay una relación con otro tipo de pobreza. Pierde dignidad. Tal vez puede ir a Cáritas y llevarse a su casa un paquete de víveres, pero experimenta una pobreza gravísima que le arruina el corazón. Un obispo auxiliar de Roma me contó que muchas personas van a los comedores de la iglesia llenos de vergüenza, y se llevan comida para su casa. Su dignidad ha progresivamente venido a menos, viven en un estado de postración.

Así piensa el papa Francisco, a quien acusan de comunista, pauperista, populista. En esas oportunidades siempre ha habido una equivocada comprensión de la palabra de los papas. Y no es rara la confusión de los marxistas, cuando se consideran los primeros en defender a los pobres. Si estudiaran algo del pensamiento de la Biblia, se encontrarían con que llegaron más de 20 siglos tarde. Llama la atención que el historiador marxista Hobsbawm,  en su libro Años interesantes, una vida en el siglo XX, en la Pg 104, cuenta que cuando estudiaba en Inglaterra, el deán de la capilla de King´s College le hizo leer fragmentos del libro del profeta Amós y Hobsbawm escribe asombrado que encontró ese fragmento lo más parecido a un discurso de militancia bolchevique en el Antiguo Testamento.

Es oportuno recordar que al profeta Amós lo destacan escrituristas como el P. Luis Alfonso Schökel como defensor del pueblo humilde. Dice en la introducción al profeta Amós: El mensaje del profeta es de indignación y denuncia ante la explotación del pueblo humilde a manos de una minoría coaligada de políticos y aristócratas. Añade el P. Schökel: Amós ataca el lujo de los ricos por lo que tiene de inconsciencia y falta de solidaridad (6,4-6); además porque muchas riquezas han sido adquiridas explotando a los pobres (4,1:5,11). El profeta Amós predicó 700 años antes de Cristo. El Papa Francisco tiene toda la razón cuando dice que si los comunistas defienden que ellos son los defensores de los pobres, llegaron muchos siglos tarde… Si el historiador Hobsbawm hubiera conocido antes nuestra fe, en vez de decir que el discurso de Amós era parecido al de los bolcheviques, habría tenido que afirmar, quizás, que el discurso de los bolcheviques se parecía al del profeta Amós.

 

La toma de conciencia de la mutua interdependencia entre personas y colectividad

Volvamos ahora con Mater et magistra en el N° 61, en la explicación de San Juan XXIII sobre el fenómeno de la socialización, es decir, sobre la toma de conciencia de la mutua interdependencia entre personas y colectividad.

  1. Es indudable que este progreso de las relaciones sociales acarrea numerosas ventajas y beneficios. En efecto, permite que se satisfagan mejor muchos derechos de la persona humana, sobre todo los llamados económico-sociales, los cuales atienden fundamentalmente a las exigencias de la vida humana: el cuidado de la salud, una instrucción básica más profunda y extensa, una formación profesional más completa, la vivienda, el trabajo, el descanso conveniente y una honesta recreación.

Además, gracias a los incesantes avances de los modernos medios de comunicación —prensa, cine, radio, televisión—, el hombre de hoy puede en todas partes, a pesar de las distancias, estar casi presente en cualquier acontecimiento.

  1. Pero, simultáneamente con la multiplicación y el desarrollo casi diario de estas nuevas formas de asociación, sucede que, en muchos sectores de la actividad humana, se detallan cada vez más la regulación y la definición jurídicas de las diversas relaciones sociales.

Consiguientemente, queda reducido el radio de acción de la libertad individual. Se utilizan, en efecto, técnicas, se siguen métodos y se crean situaciones que hacen extremadamente difícil pensar por sí mismo, con independencia de los influjos externos, obrar por iniciativa propia, asumir convenientemente las responsabilidades personales y afirmar y consolidar con plenitud la riqueza espiritual humana.

¿Habrá que deducir de esto que el continuo aumento de las relaciones sociales hará necesariamente de los hombres meros autómatas sin libertad propia? He aquí una pregunta a la que hay que dar respuesta negativa.

  1. El actual incremento de la vida social no es, en realidad, producto de un impulso ciego de la naturaleza, sino, como ya hemos dicho, obra del hombre, ser libre, dinámico y naturalmente responsable de su acción, que está obligado, sin embargo, a reconocer y respetar las leyes del progreso de la civilización y del desarrollo económico, y no puede eludir del todo la presión del ambiente.

  2. Por lo cual, el progreso de las relaciones sociales puede y, por lo mismo, debe verificarse de forma que proporcione a los ciudadanos el mayor número de ventajas y evite, o a lo menos aminore, los inconvenientes.

Consecuencias de la excesiva intervención estatal

 

De manera que una de las principales ventajas de la socialización, es que aprendamos a vivir en sociedad, no con la actitud egoísta de seres absolutamente independientes, sino con la consciencia de ser parte de la comunidad. Por eso al estado se le reconoce una actuación positiva en cuanto a intervenir para ayudar a satisfacer necesidades comunes, como la atención de la salud, la educación básica, la vivienda, la creación de puestos de trabajo. Los peligros de la socialización se pueden resumir en que los seres humanos pueden perder su libertad individual y su iniciativa personal, con la excesiva intervención del estado.

Tengamos presente que debemos entender la doctrina de Mater et magistra en conexión con la DSI expuesta en documentos anteriores. Así, debemos tener una sana comprensión de lo que es el bien común, aplicar el principio de subsidiaridad expuesto por Pío XI en Quadragesimo anno, sobre la libertad y autonomía de las organizaciones intermedias, capaces de sus propias decisiones, como sería la familia, en la educación de los hijos, sin que se interponga el estado. La DSI defiende el debido respeto a las personas, a su autonomía y su participación libre y responsable en diversa clase de asociaciones y aceptando la parte de intervención del estado en defensa del bien común.

 

El Bien Común

 

En el N° 65, Mater et magistra define el concepto de bien común con estas palabras:

  1. Para dar cima a esta tarea con mayor facilidad, se requiere, sin embargo, que los gobernantes profesen un sano concepto del bien común. Este concepto abarca todo un conjunto de condiciones sociales que permitan a los ciudadanos el desarrollo expedito y pleno de su propia perfección.

Juzgamos además necesario que los organismos o cuerpos y las múltiples asociaciones privadas, que integran principalmente este incremento de las relaciones sociales, sean en realidad autónomos y tiendan a sus fines específicos con relaciones de leal colaboración mutua y de subordinación a las exigencias del bien común.

Es igualmente necesario que dichos organismos tengan la forma externa y la sustancia interna de auténticas comunidades, lo cual sólo podrá lograrse cuando sus respectivos miembros sean considerados en ellos como personas y llamados a participar activamente en las tareas comunes.

 

¿Quién determina cuál es el bien común?

 

El concepto del bien común se cita mucho, sobre todo cuando se trata de decisiones del estado que lo oponen al bien particular. La definición que nos ofrece Mater et magistra no es sencilla, dice que Este concepto abarca todo un conjunto de condiciones sociales que permitan a los ciudadanos el desarrollo expedito y pleno de su propia perfección.

Generalmente se aplica hoy el concepto de bien común a la implementación de decisiones en materia de obras públicas: la apertura de una carretera que atraviesa un predio privado, una calle nueva que exige la demolición de construcciones, por ejemplo. Igual sucede con los nuevos planes de organización territorial, los llamados POT que cambian la organización de un barrio considerado netamente residencial a un barrio que admite la mezcla de usos y se puede uno encontrar con que junto a su residencia permiten un restaurante, una venta de licores, un taller. ¿Quién define allí cuál es el bien común? Es menos complicado si se trata de una norma que permite un número limitado de pisos y se la cambia por otra que acepta edificios más altos y así se multiplica el número de apartamentos… ¿Qué hay que considerar en estos casos como el bien común que se debe preferir? Son casos particulares difíciles y en los cuales intervienen muchos y diversos intereses.

La encíclica toca entonces temas muy importantes: la socialización y el bien común, por nombrar solo dos. La encíclica defiende al ser humano libre y autónomo, poseedor de una dignidad superior y cuya iniciativa no se puede anular por decisiones del estado que lo quitan de por medio para asumir el papel que es propio de los individuos y las familias.

¿Sí vale la pena creer? 12 de octubre de 2014

 ¿Qué lenguaje usar para hablar de Dios? – II

Programa ¿Sí vale la pena creer? transmitido por Radio María e l12 de octubre de 2014

Reflexión 291 San Juan XXIII Doctrina Social Julio 3 2014

 

Juan XXIII convoca el Vaticano II

 

Continuamos el estudio de la segunda parte de la encíclica Mater et magistra, Madre y maestra, del papa San Juan XXIII.

Es conveniente aclarar que al Papa San Juan XXIII debemos que haya convocado el Concilio Vaticano II; que este concilio nos dejó documentos muy importantes; entre otros la constitución dogmática Lumen gentium, Luz de los pueblos, sobre la Iglesia, que continuó un tema muy importante como era la identidad de la Iglesia que no había alcanzado a concluir el anterior concilio ecuménico, el Concilio Vaticano I. El concilio el Vaticano I fue convocado por el Papa Pío IX en 1869 y sesionó hasta septiembre de 1870, cuando debió interrumpirse por la toma de Roma por las tropas de Garibaldi, el 20 de septiembre. Ese concilio afrontó temas fundamentales de la fe y constitución de la Iglesia, precisó la potestad del Romano Pontífice en la Iglesia y definió su infalibilidad cuando el obispo de Roma, el papa, habla “ex cathedra”.

El Vaticano II retomó el tema de la Iglesia, y la constitución dogmática Lumen gentium, Luz de los pueblos, en palabras del papa Pablo VI, ilustró y proclamó la doctrina sobre el misterio de la Iglesia. De ese trabajo del concilio el papa dijo que esperaba una feliz repercusión en el corazón, ante todo, de los católicos. Así lo expresó Pablo VI en el solemne discurso de la sesión de clausura de la tercera etapa del Vaticano II. No me detengo en esta constitución porque este programa se dedica específicamente a la doctrina social de la Iglesia, pero los invito a estudiarla. Entre nosotros los católicos hay un deficiente conocimiento de la doctrina sobre la Iglesia. Les recomiendo leer la constitución, que consideran los expertos la más importante constitución emanada del Concilio Vaticano II, lo mismo que el libro que lleva por título La Iglesia del Concilio. Uno de los autores es el cardenal jesuita Jean Danielou, quien fue perito del concilio y más tarde elevado al cardenalato por Pablo VI. Es posible que este libro no lo consigan en las librerías, pero sí lo pueden consultar en las buenas bibliotecas.

De cuál fue la intención al escribir esa obra, dicen sus autores en el prólogo: La intención de nuestro comentario, ceñido estrictamente a la Constitución, ha sido explicar autorizadamente, con base en la documentación auténtica, el sentido y el contenido de cada número y aun de cada párrafo del texto; pero además proponer, aunque a veces brevemente, las razones teológicas de las doctrinas conciliares y la problemática que encierran. En particulares momentos añadimos la razón de los cambios que ha sufrido el texto. Será fácil ver la enorme derivación pastoral que está reservada a esta Constitución dogmática.

Para los laicos es especialmente importante el capítulo cuarto de la constitución dogmática Luz de los pueblos, Lumen gentium, que les dedica el concilio: qué se entiende por laico, su dignidad, participación en el sacerdocio de Jesucristo, en el oficio profético de Cristo, en el oficio regio de Cristo, en el apostolado profesional, influjo en las estructuras temporales, autonomía de la sociedad civil pero no laicismo, relaciones con la jerarquía, derechos de los laicos, los seglares en el mundo.

Desde el punto de vista de la DSI, la constitución pastoral Gaudium et spes, Gozo y esperanza, sobre la Iglesia en el mundo moderno es el documento que debemos estudiar en este programa. Ya lo hemos hecho pero lo volveremos hacer en su momento; ahora, sin embargo, estudiamos la encíclica Mater et magistra, Madre y maestra, que no es un documento del Concilio Vaticano II sino anterior a él. Es un documento del papa Juan XXIII quien lo escribió antes de convocar el concilio.

Esta encíclica Mater et magistra fue promulgada el 15 de mayo de 1961; Juan XXIII anunció su propósito de convocar el concilio, el 25 de enero de 1959; se preparó esta magna asamblea el año siguiente, se convocó el concilio por la constitución apostólica Humanae salutis, que comienza en español con las palabras El reparador de la salvación humana, Jesucristo, y fue firmada por el papa el 25 de diciembre de 1961. La ceremonia solemne de apertura del concilio se celebró el 11 de octubre de 1962.

El mundo después de la segunda guerra mundial

 

Volviendo a la Mater et magistra, veíamos que, terminada la guerra y gracias a los planes especiales desarrollados para la reconstrucción de Europa, el mundo industrializado volvió a gozar de una época de prosperidad. La industria dejó de tener como actividad principal la de producir armas y regresó a su actividad normal de producir bienes de consumo, vestuario, vehículos y la agricultura tuvo aportes por la nueva maquinaria y los desarrollos de la química.

Esa prosperidad se produjo sobre todo en los países industrializados; a los llamados países en vías de desarrollo, que habían sufrido también retrasos por causas de la guerra, la prosperidad le llegó en menor grado. En el mundo reinaba la sensación de que el bienestar les llegaba a todos, porque de ella gozaban los grandes; a los países pequeños, atrevámonos a decir que les llegaban migajas…

Juan XXIII conocía muy bien la situación del mundo y en particular de Europa. El vivió muy de cerca la guerra, no solo como italiano sino como funcionario internacional del papa Pío XII. Fue delegado apostólico en Bulgaria, en Turquía y la guerra lo sorprendió desempeñando esas funciones diplomáticas en Grecia. En este último país ayudó a muchos judíos a escapar de la persecución nazi, otorgándoles visas. El 6 de diciembre de 1944, en un momento muy delicado que exigía una especial habilidad diplomática, el Papa Pío XII lo nombró Nuncio apostólico en Francia, a donde llegó el 1 de enero de 1945. En enero de 1953 el Nuncio en París, cuando contaba ya 71 años, fue nombrado por el Papa Pío XII Cardenal y Patriarca de Venecia, ministerio pastoral que ejercía cuando fue elegido papa.

Mater et magistra e intervención del estado para regular la economía

 

Juan XXIII, como veíamos ya, en Mater et magistra, Madre y maestra, pone énfasis en la necesidad de que el estado, el poder público, intervenga en un sentido muy amplio en la economía, sin invadir campos ajenos. Recordemos que según la doctrina económica liberal, al sector privado hay que dejarlo actuar, que él sabrá regularse para no fallarle al mercado. Recordemos una vez más que en la práctica ese buen deseo ha resultado fallido; las empresas se dejan llevar de la ambición, de la codicia, cuando el poder público les deja las manos completamente libres. Esa experiencia negativa fue clara en la crisis económica y financiera mundial y aquí lo sufrimos también hoy con la codicia del sector financiero manifiesta en los excesivos intereses y cobros por sus servicios.

Mater et magistra se apoya en la realidad para esas afirmaciones, cuando entre las funciones que atribuye al estado señala la de ordenar la iniciativa privada. Ordenarla en el sentido de llamarla al orden, de regularla. También entre los papeles que debe desempeñar el estado señala Juan XXIII el de actuar eficazmente en la reducción de los desniveles entre regiones. Aquí en Colombia no vemos que los gobiernos hayan sido ni sea el actual muy eficaz, en la reducción de los desniveles entre las regiones de nuestro país. Hace mucho tiempo que, por ejemplo, el desnivel en desarrollo entre las regiones del pacífico y del centro debería haber desaparecido. Por nombrar solo una región olvidada. Sabemos que no es la única, pero sí la más mencionada. Basta viajar por nuestras subdesarrolladas vías de comunicación para demostrar la verdad de esta afirmación.

El estado tiene que estar atento para controlar las fluctuaciones de la actividad económica. Vemos ahora que en nuestro país las exportaciones han decrecido; no somos competitivos y se llenan nuestros comercios de productos importados. No crece ahora la agricultura, no crece la industria. Sin embargo las estadísticas oficiales nos hablan de crecimiento del empleo, Y, ¿dónde crece? En la construcción y en el comercio. ¿Cómo es la calidad de esos empleos? En el comercio muchos trabajos de medio tiempo, y de salarios bajos, como los que desempeñan los empacadores en los supermercados.

Ahora llaman nuevos puestos de trabajo a los que por no conseguir empleo los llaman independientes porque se dedican a trabajar por cuenta propia, sin remuneración, en lo que su creatividad les abre alguna posibilidad. Así las cifras de desempleo se reducen… ¿Contarán entre esos trabajadores por cuenta propia a los hábiles maromeros de los semáforos? En Mater et magistra no se pide al estado que coarte la libre iniciativa sino, que garantice su expansión; pero no creo que se refiera a patrocinar iniciativas de oficios menores que se emprenden por la necesidad de no pasar hambre. Claro, es lo mínimo que el ser humano puede hacer y debe hacerlo: emprender alguna actividad. No hay trabajo indigno mientras sea moral.

 

Equilibrio entre la iniciativa privada y la intervención del estado

 

57. La experiencia diaria, prueba (…), que cuando falta la actividad de la iniciativa particular surge la tiranía política. No sólo esto. Se produce, además, un estancamiento general en determinados campos de la economía, echándose de menos, en consecuencia, muchos bienes de consumo y múltiples servicios que se refieren no sólo a las necesidades materiales, sino también, y principalmente, a las exigencias del espíritu; bienes y servicios cuya obtención ejercita y estimula de modo extraordinario la capacidad creadora del individuo.

Pero cuando en la economía falta totalmente, o es defectuosa, la debida intervención del Estado, los pueblos caen inmediatamente en desórdenes irreparables y surgen al punto los abusos del débil por parte del fuerte moralmente despreocupado. Raza esta de hombres que, por desgracia, arraiga en todas las tierras y en todos los tiempos, como la cizaña entre el trigo.

Algunas personas hubieran querido más énfasis del papa en su condena del comunismo, que la mención de la tiranía política que surge cuando falta la iniciativa particular. Otros hubieran querido mayor énfasis en la condena del liberalismo económico que la mención de los desórdenes irreparables y los abusos del fuerte contra el débil, cuando la economía falla y no interviene el estado. San Juan XXIII, el llamado Papa Bueno, no era de permanentes condenas, pero su doctrina era clara. El papa no veía la necesidad de emplear tiempo en polémicas, sino que le parecía más útil presentar la doctrina de manera clara y positiva.

San Juan XXIII en su encíclica Madre y maestra, Mater et magistra, presenta claramente que la mejor opción para el desarrollo de una economía sana, es una economía mixta, en la cual no prevalezca ni el capitalismo salvaje ni el comunismo totalitario.

Lo que pasa cuando el estado interviene demasiado y se limita la actividad particular la vemos en los pocos países comunistas que quedan. En la prensa del miércoles 2 de junio (2014) hay una pequeña muestra de lo que pasa en Cuba. Después de 50 años de gobierno marxista, han resuelto abrir algo la economía: los particulares tienen autorización ahora para comprar automóviles. ¿El resultado?: solo han vendido 6 carros en seis meses. El precio es tan alto que un cubano, para comprar un carro nuevo tendría que ahorrar durante mil años y 300 años para comprar uno usado. Antes de la nueva autorización solo permitían comprar un carro a los médicos, músicos u otros profesionales que justificaran ingresos legales en divisas, obtenidos en el extranjero (El Tiempo, Pg 10).

 

El término”socialización” en Mater et magistra

 

Pasemos ahora a un tema que por no entenderse de manera adecuada, levantó una gran polémica: el tema de la socialización. Hasta ese momento el término socialización se había empleado para expresar la creciente intervención del estado en la vida socioeconómica y a la nacionalización de empresas, de manera que se interpretaba el término socialización como aplicar el estilo socialista a la administración de la sociedad.

No pocos se escandalizaron de que San Juan XXIII apareciera como lo que pensaron era socializante. Observamos que hay quienes hoy, al papa Francisco lo tachan de marxista por su posición en defensa de los pobres. En estos días el papa Francisco afirmó en una entrevista a la revista italiana Il Messagiero, El Mensajero, que los comunistas “han robado” a los cristianos “la bandera de los pobres”, porque la pobreza está “en el centro del Evangelio” y ha asegurado que “la bandera de los pobres es cristiana”. Dijo el papa Francisco: “Los comunistas dicen que todo esto es comunista.   ¡Sí como no, 20 siglos después!

Claro que la bandera de los pobres es cristiana; no es sino leer el evangelio para entender que la actitud y el comportamiento de Jesús desde su nacimiento, fue de preferencia por los pobres. Por eso la Iglesia nos habla de la “opción preferencial por los pobres”.

Leamos los N° 59 y 60 de Mater et magistra, sobre lo que se llama socialización y nos damos cuenta de que no había lugar a escándalo. El papa habló de una realidad que luego en el 61 valora:

59. Una de las notas más características de nuestra época es el incremento de las relaciones sociales, o sea la progresiva multiplicación de las relaciones de convivencia, con la formación consiguiente de muchas formas de vida y de actividad asociada, que han sido recogidas, la mayoría de las veces, por el derecho público o por el derecho privado.

Entre los numerosos factores que han contribuido actualmente a la existencia de este hecho deben enumerarse, el progreso científico y técnico, el aumento de la productividad económica y el auge del nivel de vida del ciudadano.

Este progreso de la vida social es indicio y causa, al mismo tiempo, de la creciente intervención de los poderes públicos, aun en materias que, por pertenecer a la esfera más íntima de la persona humana, son de indudable importancia y no carecen de peligros.

Tales son, por ejemplo, el cuidado de la salud, la instrucción, y educación de las nuevas generaciones, la orientación profesional, los métodos para la reeducación y readaptación de los sujetos inhabilitados física o mentalmente.

Pero es también fruto y expresión de una tendencia natural, casi incoercible, de los hombres, que los lleva a asociarse espontáneamente para la consecución de los objetivos que cada cual se propone y superan la capacidad y los medios de que puede disponer el individuo aislado.

Esta tendencia ha suscitado por doquiera, sobre todo en los últimos años, una serie numerosa de grupos, de asociaciones y de instituciones para fines económicos, sociales, culturales, recreativos, deportivos, profesionales y políticos, tanto dentro de cada una de las naciones como en el plano mundial.

Hasta allí Mater et magistra. Me parece que hoy es un término muy utilizado, el de socialización, cuando se quiere decir, por ejemplo, que hay que divulgar, dar a conocer una política o una decisión. San Juan XXIII utiliza la palabra de manera análoga pero no igual. Veamos.

Dice que una de las notas más características de nuestra época es el incremento de las relaciones sociales, de la progresiva multiplicación de las relaciones de convivencia, con la formación consiguiente de muchas formas de vida y de actividad asociada, que han sido recogidas, la mayoría de las veces, por el derecho público o por el derecho privado.

Menciona que esta situación ha llevado al estado a intervenir en materias que son de la esfera más íntima de la persona, como la salud, la educación, la orientación profesional, la reeducación y readaptación de las personas con incapacidad física o mental. No afirma el papa allí, que al estado le estén vedados esos campos, pero sí que su intervención no carece de peligro. Y volvamos a leer la explicación de por qué este fenómeno del incremento de las relaciones sociales.

Pero es también fruto y expresión de una tendencia natural, casi incoercible, de los hombres, que los lleva a asociarse espontáneamente para la consecución de los objetivos que cada cual se propone y superan la capacidad y los medios de que puede disponer el individuo aislado.

Esta tendencia ha suscitado por doquiera, sobre todo en los últimos años, una serie numerosa de grupos, de asociaciones y de instituciones para fines económicos, sociales, culturales, recreativos, deportivos, profesionales y políticos, tanto dentro de cada una de las naciones como en el plano mundial.

¿Sí vale la pena creer? 5 de octubre de 2014

¿Qué lenguaje usar para hablar de Dios? – I

 

Programa ¿Sí vale la pena creer? transmitido por Radio María el 5 de octubre de 2014

 

¿Sí vale la pena creer? 28 de septiembre de 2014

Programa transmitido por Radio María el 28 de septiembre de 2014.