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Reflexión 135 Apuntes Históricos (II)

Compendio de la D.S.I. N° 87

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LA DOCTRINA SOCIAL EN NUESTRO TIEMPO:

APUNTES HISTÓRICOS (II)

Estamos estudiando la tercera y última parte del capítulo segundo del Compendio de la D.S.I., que trata sobre LA DOCTRINA SOCIAL EN NUESTRO TIEMPO. (N° 87-04). Es una parte nos ayuda a comprender mejor el desarrollo de la D.S.I. en este mundo cambiante.

El primer punto que empezamos a estudiar la semana pasada trata sobre el nombre mismo: Doctrina Social de la Iglesia, que se da al conjunto de enseñanzas del Magisterio sobre la cuestión social. Enseñanzas que, conservando su fundamental fidelidad al Evangelio, se tienen que ir renovando, porque la Iglesia debe ofrecer respuestas nuevas, a las necesidades nuevas que se presentan a la sociedad a lo largo de los años. El Evangelio tiene los fundamentos para enseñar e interpretar los principios morales que nos deben guiar en todas las situaciones por las que atraviesa la humanidad.

Es claro que el Evangelio no ofrece soluciones técnicas, como las que son propias de las ciencias administrativas y económicas o de las ciencias naturales; pero las enseñanzas del Evangelio tienen toda la fuerza y la sabiduría para mostrarnos el camino recto, en medio de la oscuridad moral que a veces rodea a la sociedad, a pesar de los innegables avances técnicos y científicos. No raras veces, y más en nuestro mundo materialista de hoy, para superar las dificultades que se presentan a la sociedad, se proponen soluciones que tocan moralmente al hombre, a su dignidad, a sus derechos, y el Evangelio nos orienta sobre el bien o el mal que esas soluciones significan para el ser humano.

La voz cristiana en las crisis

El cristianismo, basándose en los principios del Evangelio, debe tener una voz ante necesidades nuevas del mundo como las que se presentan en la actual crisis global de la economía, en la que son los más débiles los que más sufren.

La economía da tumbos, y los expertos basan sus propuestas para salir de esta complicada situación – según su ideología, – en un capitalismo salvaje que quiere ignorar la necesidad de su reforma radical o la inevitable desaparición hacia la que camina, o en el comunismo, que algunos quisieran revivir a pesar de haber demostrando ya en la práctica, que es más eficaz para matar al paciente que para aliviarlo.

Es esta crisis de la economía, una crisis cíclica, recurrente, que no se podrá superar si se desconocen los criterios del Evangelio sobre la dignidad de la persona humana y sus derechos, y sobre el destino universal de los bienes terrenales. Sin duda el mundo hace crisis por la codicia, por un deseo excesivo, no controlado, de poseer dinero y poder. ¿No se originan las guerras en la ambición, en el ansia de poseer más territorio, más recursos naturales para dominar a los demás?

Si se ignora que todos somos hermanos y tenemos la misma dignidad y los mismos derechos; si se desconoce el cumplimiento de la ley evangélica del amor, no se podrá conseguir convivencia ni paz duraderas.

Esa virtud del desprendimiento

Un ejemplo de las enseñanzas del Evangelio, que tienen que ver con que la felicidad no la alcanzamos por dominar cosas o personas, es la virtud evangélica del desprendimiento. Sobre este tema ofrecimos dos reflexiones en julio del año pasado. En este ‘blog’, lo encuentran en las Reflexiones 103 y 104. (Cf columna azul, a la derecha, y haga clic en la Reflexión que desee consultar).

Entre otras idea sobre el despredimiento, decíamos que consiste en poner todas las cosas de la vida en el lugar que les corresponde y en caer en la cuenta de que no somos tan poderosos, que no podemos pretender que nosotros somos indispensables, que es necesario nuestro control, para que las demás personas y situaciones marchen bien. Esa idea soberbia de creernos indispensables, se da tanto en personas como en países. Los autoritarismos y las dictaduras están marcadas por ese vicio y los EE.UU. tienen una larga trayectoria en actuar como si fueran la policía responsable del orden mundial. La guerra en Irak es el más reciente ejemplo.

Los retos prefabricados con astucia y la colaboración de cristianos tibios

La evolución de la sociedad va presentando nuevos retos a la persona humana, también en otros campos, no sólo en el de la economía; retos que antes eran impensados, y que ahora plantean, genuinamente, los avances de la ciencia, pero también aparecen otros retos prefabricados con astucia. Nos encontramos con que hay ahora personas que aprovechan la aceptación del pluralismo, para, no sólo exigir el respeto al pensamiento de los demás, – lo cual está muy bien, – sino que, pretenden, ellos sí, imponer su propio pensamiento a la sociedad.

Como señala el Evangelio sobre la astucia de las serpientes, se llega a dominar a la sociedad con un plan muy bien urdido. Se arman de argumentos legales, previamente construidos, para defender lo inmoral, con decretos, leyes y sentencias, que se aprueban en el ejecutivo, en el parlamento y en las cortes, con la colaboración, – es lamentable tener que decirlo, – de cristianos tibios. Sabemos que no todo lo que es legal es moralmente bueno ni justo ni conveniente, pero si consiguen que algo se apruebe como legal, aunque sea inmoral, las corrientes relativistas y agnósticas tienen las armas legales para imponerlo. Uno se pregunta si no nos rige ahora un nuevo concepto de democracia, en la cual no es el bien común el criterio de manejo de lo público, sino el interés de algunas minorías.

La multa al Hospital San Ignacio

La multa al Hospital San Ignacio, en Bogotá, por no haber accedido a que se practicara allí un aborto, es un ejemplo claro de la imposición de algunas minorías abortistas y de la negación de una libertad, reconocida en los países democráticos y por nuestra Constitución,[1] como es la objeción de conciencia, que se quiere ejercer para defender la vida de los seres humanos más débiles. El Secretario de Salud de Bogotá fue muy acucioso para multar al Hospital San Ignacio. Deseamos que sea igualmente firme y eficiente, para defender la salud y la vida, frente a los abusos de quienes manejan el “negocio” de la medicina, también en hospitales públicos de su jurisdicción. Esperamos que la autoridad competente dé la razón al Hospital San Ignacio y no tenga que dedicar sus recursos económicos a pagar lo que no debe.

Pretenden sagazmente defender lo que en la realidad atacan

Hoy nos encontramos con circunstancias en las cuales se necesitan nuevos argumentos para defender la dignidad y los derechos de la persona humana, empezando por el más sagrado, como es el derecho a la vida y la libertad, derechos que se atacan con sutilezas, haciendo aparecer con sagacidad que defienden lo que realmente atacan. No es sino pensar en la defensa de la eutanasia, por quienes quieren aparecer como defensores de una muerte digna.

La Doctrina de la Iglesia tiene que responder a muchos frentes. Hemos visto que es necesaria la renovación del orden temporal y que esa renovación la debemos asumir los laicos como tarea propia. ¿Qué es eso del orden temporal? Es la organización de la sociedad, en lo que se refiere a su marcha aquí en la tierra. Naturalmente allí en el orden temporal, está incluido todo lo que interviene en el manejo de la comunidad, como es la administración pública; por eso hay que renovar la política, hay que renovar la actitud de la ciudadanía en el cumplimiento de las leyes y de sus obligaciones con la comunidad en que vive.

La corrupción que se descubre todos los días, en todo el mundo, nos grita que es necesaria la renovación del orden temporal. La indiferencia frente a las necesidades de la comunidad, como sucede en las calamidades públicas y en el sufrimiento que padecen nuestros hermanos por la pobreza y por el hambre; la indiferencia, que es también patente, en presencia del irrespeto a los derechos de los demás, a sus bienes, a su honra, a su libertad y hasta a su vida, nos indican la gigantesca tarea que tenemos por delante, para la renovación del orden temporal.

Necesitamos la orientación de la Jerarquía

Por otra parte, la Iglesia toda, y especialmente los laicos, necesitamos la orientación de la Jerarquía, que debe asumir su papel de enseñar e interpretar auténticamente, los principios morales en que se tiene que fundar la renovación del orden temporal. No se trata de que la Iglesia asuma un papel protagónico en la renovación material del mundo, sino en la renovación moral, aunque no le esté vedado contribuir al desarrollo material; sin embargo es indispensable su papel de orientar en la renovación del orden material en lo moral.

Eso no quiere decir que las actividades de la Iglesia no puedan asumir un papel importante en el desarrollo material, económico y científico; la Iglesia lo hace con obras como las que realiza con las comunidades más necesitadas de ayuda, como es la de los desplazados, y en la educación y en el avance de la ciencia. Que la Iglesia considere el desarrollo humano integral, en el cuerpo y en el espiritu, no es una ficción, es una realidad viva.

Sin embargo, además de ese papel de la Iglesia en el progreso de las personas, es primordial su papel de enseñar e interpretar auténticamente los principios morales que deberían regir a la sociedad.

La astronomía en la Iglesia

Es apenas justo que se reconozca el destacado papel que desempeña la Iglesia en el desarrollo integral del ser humano, por su actividad en la educación y en el avance de la ciencia. A algunos les puede parecer extraño, descubrir que la astronomía, por ejemplo, ha sido un campo fecundo en la Iglesia; por eso no es extraño que el Vaticano tenga su propio observatorio astronómico, del cual es director un sacerdote astrónomo. Y no se trata simplemente de cultivar la ciencia por la ciencia, sino de aportar al desarrollo integral del ser humano.

MATTEO RICCI

Un ejemplo interesante del papel de la Iglesia en el avance de la ciencia y del desarrolllo humano, es el del jesuita italiano Matteo Ricci, quien en el siglo XVI introdujo en China el mapa mundi, las matemáticas y la astronomía occidentales. Su aporte a la ciencia es considerado tan importante, todavía hoy, que el actual gobierno chino le dedicó una plaza, con una estatua de tres metros de altura, en Nanchang, capital de la provincia de Jiangxi.[2]

El P. Ricci (1552-1610) llegó a Macao en 1582 y cuando logró que le permitieran entrar a ese país, se dedicó a predicar el Evangelio por muchas ciudades chinas; al mismo tiempo introdujo en el país asiático  avances culturales y científicos europeos.

Este científico y misionero fue tan respetado por sus conocimientos, y aprendió tan bien el idioma chino, que en un período en el que China estaba completamente cerrada para los extranjeros, las autoridades le permitieron entrar a ese país. Después de una larga espera de 9 años, en 1601 le permitieron entrar a la ciudad de Peking, especialmente vedada para los extranjeros. Allí permaneció el resto de su vida enseñando ciencias, matemáticas y el Evangelio a los intelectuales.

WERHNER VON BRAUN

Vamos a ver ahora el ejemplo de Werhner von Braum, el científico que fue director del programa espacial de la NASA. No tenía ninguna dificultad este renombrado hombre de ciencia, en confesar públicamente su fe en Dios Creador del universo y Padre de todos los hombres.

¿Tiene esto algo qué ver con la D.S.I.? Bueno, hemos visto que la D.S.I. es permanente en sus fundamentos, como basados que son en el Evangelio, pero tiene que renovarse, para responder a las nuevas inquietudes que se plantean en una época como la nuestra, que es una época de rápidos y permanentes cambios. Además, parece que ahora la indiferencia y también el agnosticismo, mejor digamos, el ateísmo, están de moda. Es bueno oír a un científico que cree en Dios.

También es importante mencionar estos hechos, porque a veces se ataca a la Iglesia sin argumentos serios, sin información suficiente; parece que esa es ahora la moda, y a nosotros nos pueden coger desarmados; no se nos ocurren argumentos para defenderla. En un programa nocturno, de una de las cadenas radiales, programa que sus habituales oyentes llaman “la universidad de la noche”, y en el cual los participantes suelen ser respetuosos de los demás, sin embargo un radioescucha se atrevió a afirmar al aire, que la religión es producto del hambre o de la ignorancia. Seguramente esa persona desconoce los aportes de hombres de profunda fe a la ciencia. No se atrevería a llamarlos ignorantes, si hubiera oído hablar de ellos.

¿La fe de Marconi y von Braun son producto del hambre o de la ignorancia?

Han sido muchos los científicos creyentes, pero por nombrar solo a dos cercanos a nuestro tiempo, no se puede llamar ignorantes a Guillermo Marconi, el inventor de la telegrafía sin hilos y de la radio ni a Wernher von Braun,[3] padre del programa espacial de la NASA. De la fe de ninguno de los dos reconocidos científicos se puede afirmar que fue producto del hambre o de la ignorancia.

Wernher von Braun escribió una carta a la junta de educación del estado de California, el 14 de septiembre de 1972, de la cual copio estas dos frases:

Algunas personas dicen que la ciencia no ha podido probar la existencia de un Diseñador. Ellas desafían a la ciencia para que pruebe la existencia de Dios. Pero, ¿debemos realmente encender una vela para ver el sol?

Los creyentes no necesitamos que los científicos prueben la existencia de Dios. Gracias al don de la fe, que recibimos gratuitamente, nos encontramos con Dios todos los días, en las maravillas de la naturaleza y en nuestra propia vida.

Pensamiento de von Braun sobre su fe

En estos días en que, en todos los medios, atacan a la fe directamente o de modo encubierto, vale la pena conocer un poco más del pensamiento de von Braun sobre su fe. El 10 de febrero de 1963, escribió él un artículo para la revista American Weekly.[4] Voy a leer algunos apartes de ese artículo:

Las dos más poderosas fuerzas que dan hoy forma a nuestra civilización son la ciencia y la religión. A través de la ciencia, el ser humano se esfuerza por aprender más de los misterios de la creación. A través de la religión, el hombre busca conocer al creador.

Ninguna de las dos opera de modo independiente. Es tan difícil para mí entender a un científico que no reconoce la presencia de una racionalidad superior detrás de la existencia del universo, como lo sería entender a un teólogo que negara los avances de la ciencia. Lejos de ser independientes o fuerzas opuestas, la ciencia y la religión son hermanas. Las dos buscan un mundo mejor. Mientras la ciencia busca controlar las fuerzas de la naturaleza que nos rodean, la religión controla las fuerzas de la naturaleza dentro de nosotros.

Mientras más aprendemos sobre la naturaleza, quedamos más impresionados y humildes ante su orden y perfección sin defectos. Nuestro creciente conocimiento de las leyes del universo nos han hecho posible enviar a personas humanas fuera de su medio natural, al medio exótico y nuevo del espacio, y regresar con seguridad a la tierra.

Desde cuando empezamos la exploración del espacio por medio de cohetes, hemos recibido cartas que expresan preocupación por lo que sus autores llaman nuestra “manipulación” de la creación de Dios (…)

Una carta revelaba con honestidad, el temor de que un cohete pudiera golpear a un ángel en el espacio. Y uno de los cosmonautas rusos, afirmó categóricamente después de dar vueltas en el espacio alrededor de la tierra: “Yo iba mirando con atención, todo el tiempo durante mi vuelo, pero no encontré a nadie por ahí – ni ángeles ni a Dios…”

Pensamiento superficial y pueril

Semejante pensamiento es superficial y pueril. Yo no temo que un objeto físico haga daño a ningún ser espiritual. Los vuelos espaciales tripulados por el hombre son un logro extraordinario, pero hasta ahora solo nos han abierto una pequeña puerta para ver las impresionantes profundidades del espacio. Nuestra mirada a los vastos misterios del universo a través de esa mirilla, solamente confirma nuestra creencia en la certeza de su creador.

El hombre finito no puede comprender del todo a un Dios omnipresente, omnisciente, omnipotente e infinito. Cualquier esfuerzo por visualizar a Dios, por reducirlo a nuestra capacidad de comprensión, por describirlo en nuestro lenguaje, falla ante lo indescriptible.

Yo encuentro que es mejor aceptar a Dios por la fe, como una voluntad inteligente, perfecta por su bondad, que a través de los tiempos se revela mejor en el mundo de la experiencia, mientras crece la capacidad de comprensión del hombre.

Para consuelo espiritual, encuentro seguridad en el concepto de la paternidad de Dios. Como guía moral confío en el concepto que de allí se deduce, de la hermandad de los hombres.

Los científicos creen ahora que, en la naturaleza, la materia nunca se destruye. Ni siquiera la más pequeña partícula puede desaparecer sin dejar una huella. La naturaleza no conoce la extinción – solo la transformación. ¿Habría tenido Dios menos consideración con el alma humana, su obra maestra de la creación?

La Luz que no tiene ocaso

Es suficiente lo que hemos visto hoy, para comprender la importancia del papel de la fe, de la doctrina, para orientarnos por el camino correcto, en un mundo que cambia, que avanza y también retrocede, porque el ser humano es inteligente, pero es limitado, es falible, se equivoca y tiene el peso del pecado original que lo inclina al mal. Necesitamos todo el tiempo la luz del Evangelio, la luz que no tiene ocaso. A veces el tiempo está nublado y hay borrascas y llega la noche; la luz material puede faltar, pero la luz de Jesucristo es indefectible, siempre está y estará allí para iluminar nuestra vida.

¿Cómo se realiza la renovación de la D.S.I., de la cual estamos hablando? Nos dice el N° 87 del Compendio, que la doctrina social, a partir de la encíclica «Rerum novarum»[5] de León XIII, se ha desarrollado en la Iglesia a través del Magisterio de los Romanos Pontífices y de los Obispos en comunión con ellos.

Es conveniente que, así sea brevemente, veamos algo sobre el Magisterio de la Iglesia, responsable del desarrollo de la doctrina social.[6]

Los Obispos, los maestros auténticos

El documento fundamental del Concilio Vaticano II, la constitución dogmática Lumen Gentium, (Cristo es la luz de los pueblos), que desarrolla la doctrina sobre la Iglesia, en el N° 25 trata sobre el oficio de enseñar de los Obispos, del cual dice que la predicación del Evangelio es uno de los principales. Añade que los obispos son los maestros auténticos, o sea los que están dotados de la autoridad de Cristo, que predican al pueblo que les ha sido encomendado, la fe que ha de ser creída y ha de ser aplicada a la vida, y la ilustran bajo la luz del Espíritu Santo, extrayendo del tesoro de la Revelación cosas nuevas y viejas (Mt 13,52).

La semana entrante, si Dios quiere, continuaremos con el tema del Magisterio de la Iglesia. Aprenderemos, por ejemplo, qué condición es necesaria para que los Obispos nos puedan enseñar como testigos de la verdad divina, qué es eso del Magisterio extraordinario y cómo sabemos cuándo el Santo Padre nos enseña con el don de la infalibilidad.


[1] Constitución Política de Colombia, Art. 18: Se garantiza la libertad de conciencia.Nadie será molestado por razón de sus convicciones o creencias ni compelido a revelarlas ni obligado a actuar contra su conciencia.

[2] WEB mayo 7, 2009

[3] http://www.geocities.com/fdocc/braun.htm

[4] WEB Wernher von Braun, mayo 11, 2009. La traducción al español es mía.

[5] Cf. León XIII, Carta enc. Rerum novarum: Acta Leonis XIII, 11 (1892) 97-144.

[6] Cf Doctrina Social de la Iglesia, manual abreviado, Juan Souto Coelho, (coord.), BAC, Fundación Pablo VI, Madrid, 2002, Pg 7 y siguientes.