¿Qué piensa el papa Francisco sobre la evangelización?
Nuestra misión de comunicar la Buena Nueva
Vamos a seguir considerando la feliz y exigente misión que el Señor nos da a los bautizados, de ser mensajeros de su feliz noticia: que Él, Jesucristo, con su encarnación nos trajo la íntima cercanía de Dios que nos ama, y que por su muerte y resurrección nos abrió las puertas de la libertad, nos redimió; hizo posible que podamos en la eternidad, compartir la vida divina, de felicidad eterna. Esa feliz noticia tenemos que comunicarla a todo el mundo.
Vamos a comentar las ideas del Cardenal Bergoglio, antes de ser elegido papa, sobre la misión de la evangelización que Jesús encargó a la Iglesia y las características del Sumo Pontífice que en su concepto debía tener la persona que los cardenales eligieran como sucesor de Benedicto XVI. Este tema nos va a ocupar toda esta reflexión. Si Dios quiere, dentro de una semana volveremos a la DSI. Es importante que comprendamos el compromiso de la Iglesia con la misión de llevar a Jesucristo a todos los rincones del mundo y por lo tanto nuestro propio compromiso, como bautizados. Se supone además, que este programa debe ser una contribución aunque modesta, a la evangelización, el objetivo de Radio María.
Vamos a considerar el pensamiento del cardenal Bergoglio sobre la Iglesia y el papa que debían elegir. Esto, antes de ser él elegido. En la homilía de la Misa Crismal, en la Semana Santa, el cardenal arzobispo de La Habana reveló las palabras del ahora Papa Francisco. Dio a conocer el cardenal Jaime Ortega lo que expuso el ahora papa Francisco, en su intervención ante los cardenales en una de las reuniones de preparación del conclave. Añadió el cardenal que hacía esta revelación con autorización del Papa Francisco. Las siguientes fueron las palabras del cardenal, como las publicó la agencia católica de noticias ZENIT:
El arzobispo de La Habana reveló…que preguntó al cardenal Bergoglio tras su intervención si tenía el texto escrito, pues deseaba conservarlo, lo cual este negó. Pero añadió que a la mañana siguiente, “con delicadeza extrema” el cardenal Bergoglio le entregó el texto de su “intervención escrita de su puño y letra tal y como él la recordaba”.
Le pidió el cardenal Ortega autorización para difundir su pensamiento (el del cardenal Bergoglio) sobre la Iglesia. Bergoglio se lo concedió.
La segunda ocasión en que solicitó el permiso fue durante el encuentro posterior con el ya electo papa Francisco, quien ratificó su autorización para la difusión del texto, cuyo original guarda el cardenal Jaime Ortega como un tesoro especial de la Iglesia y un recuerdo privilegiado del actual Sumo Pontífice.
¿Qué importancia puede tener lo que el papa actual pensaba como cardenal sobre la Iglesia y las características del papa necesario en estas circunstancias? Es claro; bien se puede pensar que sin saber que se refería a la misión que precisamente a él le iba a encargar el Señor como Sumo Pontífice, el cardenal Bergoglio presentaba allí lo que consideraba debía ser el plan de gobierno de la Iglesia, del futuro papa. Y podemos pensar que esas ideas obraron en la decisión de los cardenales que lo eligieron. Esto fue lo que escribió como resumen de su intervención en la reunión preparatoria del conclave en que Bergoglio fue elegido. Voy a leer el documento completo y luego me detengo en algunas consideraciones. Dice el escrito:
Se hizo referencia a la evangelización. Es la razón de ser de la Iglesia. – “La dulce y confortadora alegría de evangelizar” (Pablo VI). – Es el mismo Jesucristo quien, desde dentro, nos impulsa.
1.- Evangelizar supone celo apostólico. Evangelizar supone en la Iglesia la parresia de salir de sí misma. La Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir hacia las periferias, no solo las geográficas, sino también las periferias existenciales: las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria.
2.- Cuando la Iglesia no sale de sí misma para evangelizar deviene autorreferencial y entonces se enferma (cfr. La mujer encorvada sobre sí misma del Evangelio). Los males que, a lo largo del tiempo, se dan en las instituciones eclesiales tienen raíz de autorreferencialidad, una suerte de narcisismo teológico. En el Apocalipsis Jesús dice que está a la puerta y llama. Evidentemente el texto se refiere a que golpea desde fuera la puerta para entrar… Pero pienso en las veces en que Jesús golpea desde dentro para que le dejemos salir. La Iglesia autorreferencial pretende a Jesucristo dentro de sí y no lo deja salir.
3.- La Iglesia, cuando es autorreferencial, sin darse cuenta, cree que tiene luz propia; deja de ser el mysterium lunae y da lugar a ese mal tan grave que es la mundanidad espiritual (Según De Lubac, el peor mal que puede sobrevenir a la Iglesia). Ese vivir para darse gloria los unos a otros. Simplificando; hay dos imágenes de Iglesia: la Iglesia evangelizadora que sale de sí; la Dei Verbum religiose audiens et fidenter proclamans, o la Iglesia mundana que vive en sí, de sí, para sí. Esto debe dar luz a los posibles cambios y reformas que haya que hacer para la salvación de las almas. (Cfr Meditación sobre la Iglesia, de Lubac)
4.- Pensando en el próximo Papa: un hombre que, desde la contemplación de Jesucristo y desde la adoración a Jesucristo ayude a la Iglesia a salir de sí hacia las periferias existenciales, que la ayude a ser la madre fecunda que vive de “la dulce y confortadora alegría de la evangelizar”.
Ese fue el resumen del pensamiento del Papa Francisco como lo expuso siendo cardenal, lo escribió de su puño y letra y lo entregó al cardenal arzobispo de La Habana.
Evangelizar significa salir, no encerrarse a contemplar las propias virtudes
Tratemos de comprender lo que en pocas palabras expresó el cardenal Bergoglio sobre la misión de la Iglesia. Comienza dejando claro que la misión de la Iglesia, su razón de existir, es la evangelización. Y añade que: Evangelizar supone en la Iglesia la parresia de salir de sí misma. Esa palabra parresia que utiliza el papa, tiene varios significados y no hay para qué profundizar en eso. Una muy aceptada es que la parresia es una característica del lenguaje franco, sincero; otra acepción de este palabra es por el contrario, que parresia es una manera de hablar que parece sincera pero no lo es; en medicina, se llama parresia a una parálisis parcial; quizás a eso se refería el cardenal; lo importante es que el cardenal Bergoglio indica enseguida que se refiere a que la Iglesia debe salir de sí misma, tiene que llevar el mensaje fuera, a todo el mundo. La evangelización no debe ser para los de dentro solamente. No encerrarse, salir para comunicar la buena nueva, a Jesucristo muerto y resucitado.
Ese encerrarse en sí misma dice el cardenal Bergoglio que puede llevar a las instituciones eclesiales a enfermarse con una clase de narcisismo teológico. Como el narcisismo consiste en la excesiva complacencia de las propias facultades u obras (DRAE), Bergoglio previene a la Iglesia del peligro de caer en el narcisismo de quedarnos en la complacencia de que somos los que tenemos la verdad, despreciar a los demás que no participan de la fe, en vez de salir con humildad a llevarles esa verdad, como es nuestra misión.
Jesús no llama a la puerta solo para entrar; también desde dentro, para que lo dejen salir
Las palabras que siguieron y quisiera considerar son las siguientes:
En el Apocalipsis Jesús dice que está a la puerta y llama. Evidentemente el texto se refiere a que golpea desde fuera la puerta para entrar… Pero pienso en las veces en que Jesús golpea desde dentro para que le dejemos salir. La Iglesia autorreferencial pretende a Jesucristo dentro de sí y no lo deja salir.
Se ve que estas palabras ya son públicas en Roma, pues el P. Cantalamesa, predicador de la Casa Pontificia, se refirió a ellas en la homilía del oficio del Viernes Santo, en presencia del Papa. Algunos de ustedes seguramente oyeron esa homilía pues las transmitió Radio María, lo mismo que EWTN por televisión. El P. Cantalamesa refirió un cuento del escritor Franz Kafka; es una referencia tan interesante y tan a la medida del pensamiento del papa Francisco, que no me resisto a leerla textualmente. Dijo el P. Cantalamesa hacia el final de su homilía, el Viernes Santo:
El cuento de Kafka y la evangelización
Hay una narración del judío Franz Kafka que es un fuerte símbolo religioso y adquiere un significado nuevo, casi profético, escuchado el Viernes Santo. Se titula “Un mensaje imperial”. Habla de un rey que, en su lecho de muerte, llama junto a sí a un súbdito y le susurra un mensaje al oído. Es tan importante aquel mensaje que se lo hace repetir, a su vez, al oído. Luego despide con un gesto al mensajero que se pone en camino. Pero oigamos directamente del autor lo que sigue de la historia, marcada por el tono onírico y casi de pesadilla típico de este escritor:
“Extendiendo primero un brazo, luego el otro, (el mensajero) se abre paso a través de la multitud como ninguno. Pero la multitud es muy grande; sus alojamientos son infinitos. ¡Si ante él se abriera el campo libre, cómo volaría! En cambio, qué vanos son sus esfuerzos; todavía está abriéndose paso a través de las cámaras del palacio interno, de las cuales no saldrá nunca. Y aunque lo lograra, no significaría nada: todavía tendría que esforzarse para descender las escaleras. Y si esto lo consiguiera, no habría adelantado nada: tendría que cruzar los patios; y después de los patios el segundo palacio circundante. Y cuando finalmente atravesara la última puerta –aunque esto nunca, nunca podría suceder–, todavía le faltaría cruzar la ciudad imperial, el centro del mundo, donde se amontonan montañas de su escoria. Allí en medio, nadie puede abrirse paso a través de ella, y menos aún con el mensaje de un muerto. Tú, mientras tanto, te sientas junto a tu ventana y te imaginas tal mensaje, cuando cae la noche”.
El mensaje de Jesús
Continuó el P. Cantalamesa:
Desde su lecho de muerte, Cristo confió a su Iglesia un mensaje: “Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura” (Mc 16, 15). Todavía hay muchos hombres que están de pie junto a la ventana y sueñan, sin saberlo, con un mensaje como el suyo. Juan, acabamos de oírlo, dice que el soldado traspasó el costado de Cristo en la cruz “para que se cumpliese la Escritura que dice: «Mirarán al que traspasaron»” (Jn. 19, 37). En el Apocalipsis añade: “He aquí que viene entre las nubes, y todo ojo le verá, aun aquellos que le traspasaron; y por él todos los linajes de la tierra harán lamentación” (Ap 1,7).
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La evangelización cristiana no es conquista, no es propaganda; es el don de Dios para el mundo en su Hijo Jesús. Es dar a la Cabeza la alegría de sentir fluir la vida desde su corazón hacia su cuerpo, hasta vivificar sus miembros más alejados.
Tenemos que hacer todo lo posible para que la Iglesia no se convierta nunca en aquel castillo complicado y atestado descrito por Kafka, y para que el mensaje pueda salir de ella libre y feliz como cuando inició su recorrido. Sabemos cuáles son los impedimentos que puedan retener al mensajero: los muros divisorios, empezando por aquellos que separan a las varias iglesias cristianas entre ellas, el exceso de burocracia, las partes de ceremoniales, leyes y controversias pasadas, convertidas en escombros.
En el Apocalipsis, Jesús dice que Él está a la puerta y llama (Ap 3,20). A veces, como señaló nuestro Papa Francisco, no llama para entrar, sino que llama desde dentro para salir. Salir hacia las “periferias existenciales del pecado, del sufrimiento, de la injusticia, de la ignorancia y de la indiferencia religiosa, y de cada forma de miseria”.
Sucede como con algunos edificios antiguos. A través de los siglos, y para adaptarse a las exigencias del momento, se les ha llenado de tabiques, escalinatas, de cuartos y cuartitos. Llega un momento en que nos damos cuenta de que todas estas adaptaciones ya no responden a las exigencias actuales, es más, éstas son un obstáculo, y entonces se hace necesario tener el valor de derribarlas y reportar el edificio a la simplicidad y linealidad de sus orígenes. Esta fue la misión que recibió un día un hombre que estaba orando ante el crucifijo de San Damián: “Ve, Francisco, y repara mi Iglesia” (Se refiere a San Francisco de Asís)
“¿Y quién es capaz de cumplir semejante tarea?”, se preguntaba aterrorizado el Apóstol frente a la tarea sobrehumana de ser en el mundo “el perfume de Cristo”, y he aquí su respuesta que vale también hoy: “no porque podamos atribuirnos algo que venga de nosotros mismos, ya que toda nuestra capacidad viene de Dios. Él nos ha capacitado para que seamos los ministros de una Nueva Alianza, que no reside en la letra, sino en el Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida”. (2 Cor 2, 16; 3, 5-6).
Que el Espíritu Santo, en este momento en cual se abre para la Iglesia un tiempo nuevo, pleno de esperanza, despierte en los hombres que están en la ventana la espera del mensaje, y en los mensajeros, la voluntad de hacerlo llegar a ellos, también al precio de la vida.
Nos queda claro el pensamiento del Papa Francisco; como él quiere ver a la Iglesia es, no como una institución llena de normas y de reglas exteriores, de burocracia que estorbe la difusión del Evangelio; la Iglesia no puede ser un grupo cerrado que se siente complacido con su propia virtud y no sale en busca de los demás, sino como los herederos de la esperanza y del gozo que les comunica la Pascua y que se esfuerzan por participar a todo el mundo. No encerremos a Jesucristo como un tesoro solo nuestro, es nuestro deber poner los medios a nuestro alcance para que los que no creen en él, por acción de su gracia lo conozcan y crean en él.
El mensaje es para todos
En su primera catequesis el miércoles 27 de marzo, el santo padre Francisco se refirió a la Semana Santa y entre otras cosas dijo:
“Dios no esperó a que fuéramos a Él, fue Él quien vino hacia nosotros(…). Jesús vivió la realidad cotidiana de la gente común (…) lloró cuando vio cómo sufrían Marta y María por la muerte de su hermano Lázaro (…) vivió también la traición de un amigo. En Cristo, Dios nos ha dado la seguridad de que él está con nosotros, en medio de nosotros… Jesús no tiene casa porque su casa es la gente: somos nosotros; su misión es abrir a todos las puertas de Dios, ser la presencia amorosa de Dios”. (Ciudad del Vaticano, 27 marzo 2013 (VIS).
Son ideas de evangelización que comparte Francisco con Juan Pablo II. Juan Pablo dedicó su catequesis del miércoles 6 de julio de 1994 a las mujeres en el evangelio, y se refirió a la mujer encorvada, sanada por el Señor en el evangelio de Lucas, 13, 10-17, la que menciona el cardenal Bergoglio en su intervención antes del conclave. Juan Pablo II se refiere varios pasajes del Evangelio en que Jesús pone de protagonistas a las mujeres, haciendo ver que tienen una dignidad igual a los hombres, destaca situaciones en que ellas se manifestaron fieles seguidoras del Señor, como
Después de la Resurrección, a las mujeres piadosas que habían ido al sepulcro y a María Magdalena les confió la tarea de transmitir su mensaje a los Apóstoles (cf. Mt 28, 8-10; Jn 20, 17-18): «Así las mujeres fueron las primeras mensajeras de la resurrección de Cristo para los propios Apóstoles” (Catecismo de la Iglesia católica, n. 641). Son señales bastante elocuentes de su deseo de hacer participar también a las mujeres en el servicio del Reino.
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Los invito a ver un video extraordinario sobre la vida y el pensamiernto del Papa Francisco. Se demora 45 minutos pero nose arrepentirá. Haga clic a continuación. Si no le funciona el clic opielo y ensaye
http://vimeo.com/goyaproducciones/review/62297450/bd31be066c