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Reflexión 39 Jueves 23 de noviembre 2006

Compendio de la D.S.I. ampliación Nº 43

 

Cambio de las personas para que cambien las instituciones

 

En la reflexión anterior repasamos el Nº 42 del Compendio de la D.S.I., que nos enseñó que la transformación interior de la persona humana, en su progresiva transformación con Cristo, es presupuesto esencial de una renovación real de de sus relaciones con las demás personas. Se trata, pues, de la necesidad de cambio interior de las personas y de las instituciones, de la necesidad de conversión de los individuos,- lo cual supone cambio en el comportamiento,  para que las instituciones y el mundo cambien. Terminamos también nuestra reflexión sobre el Nº 43. Leámoslo para que lo recordemos. Dice así:

No es posible amar al prójimo como a sí mismo y perseverar en esta actitud, sin la firme y constante determinación de esforzarse por lograr el bien de todos y de cada uno, porque todos somos verdaderamente responsables de todos. Según la enseñanza conciliar:

quienes sienten u obran de modo distinto al nuestro en materia social, política e incluso religiosa, deben ser también objeto de nuestro respeto y amor. Cuanto más humana y caritativa sea nuestra comprensión íntima de su manera de sentir, mayor será la facilidad para establecer con ellos el diálogo. (Gaudium et Spes, 28)

Repitamos unas líneas de esta importante enseñanza de la Iglesia: No es posible amar al prójimo como a sí mismo y perseverar en esta actitud, sin la firme y constante determinación de esforzarse por lograr el bien de todos y de cada uno. Amar al prójimo, con perseverancia, con la determinación de lograr el bien de todos. Como vemos, no se niega que sea difícil amar a todos nuestros prójimos como a uno mismo, de modo perseverante. Sabemos que es fácil amar a los amigos y a los que nos hacen bien, pero la experiencia nos enseña que es difícil amar a los que no nos caen bien, a los que nos han hecho algún mal. En el cristianismo se trata de hacer el bien a todos, no sólo a nuestros amigos. Y el Compendio nos enseña que eso no es posible, sin una firme y constante determinación; y claro, es necesaria la ayuda de la gracia.

A este propósito, recordemos que la exigencia de amar al enemigo es una característica cristiana. Amar a los amigos lo hacen también los paganos. Es claro que estas exigencias del Evangelio no las podemos cumplir sin la ayuda de la gracia, pero la gracia está para dársenos; pidámosla, acerquémonos a la fuente, a la oración y a los sacramentos. Se necesita la gracia, pero ésta tampoco opera sin la colaboración nuestra. Empecemos por pedir con sinceridad que el Espíritu Santo aumente en nosotros la caridad, y pidamos también por las personas que no son caras a nuestro corazón.

Vimos que cuando afirma Juan Pablo II que todos somos responsables de todos, el Santo Padre se está remitiendo a la encíclica Sollicitudo rei socialis, que afirma la necesidad de la solidaridad, para superar el mal moral, fruto de muchos pecados, que llevan a «estructuras» de pecado en el desarrollo de los pueblos[1]. Son esas palabras de la encíclica Sollicitudo rei socialis. La solidaridad es uno de los principios de la Doctrina Social de la Iglesia.

 

Una lectura teológica de los problemas modernos

 

El capítulo V de la encíclica Sollicitudo rei socialis, se dedica a Una lectura teológica de los problemas modernos. Es decir a la presentación de los problemas modernos desde la fe. Dice allí el Papa que, no sólo por razones económicas y políticas no se ha dado el desarrollo de los pueblos, sino que hay causas de orden moral, es decir, que tienen que ver con la conducta; la voluntad humana pone un freno al desarrollo e impide su realización plena.

Es muy importante dedicar un tiempo a comprender esta afirmación de Juan Pablo II. De manera que el desarrollo deficiente de los pueblos, no se debe sólo a fallas puramente técnicas en el manejo de la economía, sino a las fallas de la voluntad humana, a fallas de enfoque, a una filosofía equivocada en el manejo de la economía; con frecuencia a actitudes egoístas que limitan su visión al propio provecho y no al bien común; o a enfoques fríos, que no tienen en cuenta el sufrimiento de la gente a la que puede afectar una decisión, aparentemente correcta, desde el punto de vista técnico. Tal puede ser, por ejemplo, la decisión de despedir personal, sin tener en cuenta el sufrimiento de las familias, sin considerar otras posibles soluciones. A veces esa es la decisión más fácil para el de duro corazón.

Y es importante referirnos otra vez, al comentario negativo que algunos hacen sobre el papel de la Iglesia en el mundo, cuando la Iglesia se pronuncia sobre temas que mortifican a los políticos y a los defensores del relativismo moral. Cuando se ataca a la Iglesia por hablar de temas que se consideran sólo de índole técnica, científica o política, y también cuando la Iglesia se manifiesta, frente a la presentación de una ética que no tiene en cuenta a Dios.

Recordemos que no es cierto que el manejo de la política y de la economía no tenga que ver con la moral, ni es cierto que si la Iglesia opina sobre temas de bioética esté invadiendo el terreno puramente científico. Las decisiones que toman los economistas, los políticos y los científicos, pueden afectar para bien o para mal al hombre o al mundo creado, y entonces son decisiones esencialmente morales. Para nosotros, cristianos, esas decisiones se deben inspirar en los principios de la fe, con la ayuda de la gracia divina.[2] Tenemos muy claro, los creyentes, que la creación tiene a Dios como diseñador, y que apartarse de sus designios, es hacer daño a la obra que tiene como autor al mejor diseñador posible.

 

Y también valores que inspiren a los no creyentes

Y también los no creyentes pueden tener argumentos para defender al hombre. Vamos a volver a leer algunas de las palabras que Juan Pablo II dirigió a este propósito, a los que no gozan de la fe religiosa y que leímos en la pasada reflexión. Así los instó el Santo Padre, si son responsables en

una u otra medida de una «vida más humana» para sus semejantes (a) que – se den cuenta plenamente de la necesidad urgente de un cambio en las actitudes espirituales que definen las relaciones de cada hombre consigo mismo, con el prójimo, con las comunidades humanas, incluso las más lejanas, y con la naturaleza, y ello en función de unos valores superiores, como el bien común, o el pleno desarrollo de todo hombre y de todos lo hombres, según la feliz expresión de la encíclica Populorum progressio.[3]

De manera que hay unos valores superiores que pueden inspirar también a los no creyentes.

 

Dos actitudes de pecado: la codicia y el ansia de poder son poderosos motivadores de la conducta

 

Repito la invitación de la reflexión pasada a leer con detención la encíclica Sollicitudo rei socialis, del Nº 35 al 38. Juan Pablo II hace allí una esclarecedora presentación de las estructuras de pecado, que dominan la situación del mundo contemporáneo; entre otras razones, por causa de dos actitudes de pecado: el afán de ganancia exclusiva, y la sed de poder  con el fin de imponer a los demás la propia voluntad, y estas dos actitudes «a cualquier precio».[4]

Obtener ganancias y adquirir poder, sin pararse a pensar si los medios que se utilizan son o no inmorales. A algunos los mueve sobre todo la codicia, a otros les es irresistible el ansia de poder. Hay personalidades que se caracterizan por estos motivadores de su conducta, y son dos motivadores muy fuertes, que requieren la moderación de la fe y de la caridad. Algunas personalidades se caracterizan, porque la fuerza que los mueve a actuar es el dinero; a otros los mueve el ansia de poder, para imponer a los demás su propia voluntad. Hay quienes renuncian al dinero por conseguir poder. Luego, con frecuencia por el poder les llega el dinero. Pariente del ansia de poder es el ansia de una libertad sin límites: si me siento absolutamente libre, no creo que deba dar cuenta de mi conducta a nadie y ni siquiera los derechos de los demás moderan mi conducta.

V Vamos a ampliar este punto y a ver lo que significa en la práctica, con algunos ejemplos de nuestra vida nacional, para que no nos quedemos en la pura teoría.

Fijémonos en las palabras de Juan Pablo II, en cuanto se refiere al manejo de la economía, en su afirmación de que no sólo por razones económicas y políticas no se ha dado el desarrollo de los pueblos, sino que hay causas de orden moral, es decir que tienen que ver con la conducta humana. Esas causas de orden moral, ponen un freno al desarrollo e impiden su realización plena, dice el Papa.

E Los técnicos se vuelven a veces muy técnicos y muy poco humanos. Llegan a convencerse de que lo importante son los números como aparecen reflejados en las estadísticas, sin tener en cuenta si lo que aparentemente es un logro, al mirar sus efectos en la gente, no lo es; o peor aún, si esa bella gráfica que apunta hacia arriba, no está escondiendo un deterioro, un daño en las personas.

V Volvamos a unos comentarios de una reflexión anterior[5], porque creo que nos ilustra cómo a veces la economía puede ser aparentemente muy bien manejada, desde el punto de vista técnico, pero se hace de manera muy poco humana. Si la economía cumpliera con sus objetivos de ciencia social, debería estar al servicio del hombre y no el hombre al servicio de la economía. El objetivo de toda acción política o económica debe ser el bien del ser humano. El diseño y manufactura de un instrumento de tortura pueden ser técnicamente perfectos, pero si ese instrumento daña al hombre es moralmente inaceptable.

Comentamos hace algún tiempo, que en un debate al Ministro de Hacienda[6] en el senado, uno de los dos senadores citantes[7] le observó, que la economía es una ciencia social, y que las cifras no son suficientes para demostrar el buen manejo económico del país, si en la práctica no se traducen en el bienestar de la gente. Le decía ese senador al ministro, que las cifras no tienen un significado positivo, si por ejemplo, no hay suficientes puestos de trabajo ni se atiende de modo adecuado a las personas que tienen que emigrar por la violencia, o a las que carecen de vivienda digna o de la atención conveniente y oportuna en sus quebrantos de salud.

 

¿Economista sin orientación filosófica?

 

El Ministro comenzó su respuesta, diciendo que él no era filósofo sino técnico y por eso contestaba con cifras. Sabemos que siempre hay una filosofía o una ideología detrás de las estadísticas, y claro, también detrás de la orientación general de la economía. Las cifras no se pueden manejar como si no afectaran a las personas. En la vida real hablan de calidad de vida.

El economista cristiano no puede utilizar su ciencia sólo como ejercicio académico, sin tener en cuenta cómo afectan sus decisiones a los demás. Algunos economistas tienen una deformación profesional, al no entender que su profesión debe tener como objetivo la satisfacción de las necesidades de la población, y que ellos no pueden convertirse en meros teóricos, que aplican sus elucubraciones a grupos imaginarios en foros y aulas de clase, como si se tratara sólo de modelos de papel. Si economistas con esa deformación profesional llegan a dirigir la economía de la nación, no van a tener en cuenta que el Estado es para buscar el bien de las personas, y que las más débiles tienen derecho a un trato preferencial.

No sé si el señor Ministro de Hacienda, en el debate que mencioné, quiso decir, de manera implícita, porque no lo expresó verbalmente, que las cifras que iba a presentar  demostrarían que la orientación de la política económica era en beneficio social. En todo caso eran cifras, que aún hoy están en discusión, porque ni siquiera todas las entidades del gobierno concuerdan en ellas, como sucede con las cifras del DANE sobre desempleo, que cuestiona el Ministro de Protección Social.

De todos modos no fue acertado que el Ministro de Hacienda comenzara su intervención diciendo que no era filósofo sino técnico, porque nos daba a entender que su interés era sólo el manejo técnico de las cifras. Sabemos que, en la práctica, el manejo de la ciencia económica está sustentado por una filosofía, por una concepción de la vida y del ser humano. El economista cristiano no puede usar las herramientas que le da su conocimiento en detrimento de sus hermanos, así pueda con habilidad, presentar gráficas muy coherentes desde el punto de vista matemático. Al contrario, debe buscar cómo utilizar su ciencia para satisfacer las necesidades de las personas y en especial las necesidades básicas que son las más apremiantes.

Hay algunos casos que nos ilustran bien este pensamiento, para que entendamos cómo la economía y la técnica se pueden desviar de su recto camino.

 

Dos extremos en la ley laboral

 

En Colombia existía una legislación laboral claramente orientada a beneficiar al trabajador. Está bien que se favorezca al más débil, pero infortunadamente no siempre se utilizaba la ley de modo equitativo. Una norma con la que las empresas se sentían seriamente perjudicadas, era aquella que hacía prácticamente imposible despedir a un trabajador que hubiera completado 10 años de antigüedad, aunque fuera un mal trabajador, porque si se despedía, eran de tal naturaleza las pruebas que se exigían para demostrar que era justo el despido, que en los estrados judiciales por lo común el trabajador, así fuera un mal trabajador, ganaba la demanda, y se exigía al patrón reintegrarlo a su puesto, pagándole los salarios no percibidos durante el tiempo en que hubiera estado cesante.

Esa situación duró hasta cuando inventaron la nueva legislación que llaman de flexibilización laboral, con la intención, se creería, de corregir lo equivocado de la anterior; pero la nueva ley se fue al otro extremo. Veámoslo desde la situación del buen trabajador. Antes el trabajador que lograba conseguir un puesto, si era buen trabajador, podía estar tranquilo por años. Y cuando completaba los 10 de servicio, podía respirar tranquilo: lo más seguro era que, si seguía siendo un buen trabajador, llegaría trabajando hasta la edad de la pensión. Las empresas serias estimaban entonces el valor de la experiencia y del sentido de pertenencia, que el trato humano generaba en sus buenos empleados.

La reflexión que se hicieron los inventores de la nueva ley, fue que las empresas no abrían más puestos de trabajo, porque los costos laborales eran demasiado altos, considerando los salarios más las prestaciones sociales, y que la dificultad para despedir a los trabajadores era una traba para el desarrollo de las empresas.

Se inventaron entonces algunas soluciones muy buenas para las empresas, pero muy malas para los trabajadores: una de ellas, para bajar los costos laborales, fue disminuir las horas consideradas de trabajo nocturno. Los perjudicados fueron los trabajadores que prestan a la sociedad el servicio de trabajar por la noche, mientras los demás descansamos. Claro, el costo de la nómina bajó, pero no subió el número de empleos. Las empresas no correspondieron al sacrificio que hizo la sociedad por medio de las personas más débiles. Simplemente aprovecharon el ahorro en su propio beneficio.

Otro cambio fue el abrir de par en par la puerta para que las empresas, en vez de contratar personal propio, lo contrataran con empresas externas y lo pagaran, sin prestaciones sociales, como servicios. Naturalmente, el costo de personal disminuyó en las empresas, y los trabajadores que consiguen un contrato a través de una empresa de servicios, ganan menos. Ese es un recurso que utilizan también las mismas empresas gubernamentales: aparentemente bajan el número de empleados, pero los tienen a través de organizaciones que les hacen el trabajo que deberían hacer con sus empleados propios. Son beneficios aparentes, en perjuicio de la fuerza laboral, y a la larga, de las mismas empresas, que ya no cuentan con la experiencia ni el sentido de pertenencia de sus empleados propios. Hoy vienen unos y mañana otros, sin arraigo y sin posibilidad de identificar cuál es la empresa a la que se sienten ligados.

No todos los empresarios funcionan con esa miopía, pensando sólo en beneficios a corto plazo. Todavía quedan organizaciones que aprecian el valor humano del personal y lo atesoran. La primera empresa en la que yo trabajé, y de la cual me retiré hace ya 26 años, tiene todavía personal de mi época. Y les aseguro que es una empresa con éxito y de las más importantes del país. Trabajé con otra empresa que fue adquirida por una organización internacional poderosa: para mi sorpresa, los nuevos dueños no llegaron a despedir personal, por el contrario, han ampliado la plantilla. No todas las organizaciones adquiridas por empresas extranjeras, sin embargo, se manejan con esa tónica positiva por los nuevos dueños. Otros llegan con paso de conquistadores, a aprovechar el momento. Tristemente, los buenos ejemplos no son siempre los que se imitan.

El desempleo, a pesar del empeño del ministro del ramo por demostrar lo contrario, no disminuye y la calidad del trabajo es peor que la de ayer. En cuanto a la atención de la salud, a pesar de que aumente el número de personas con carnet del SISBÉN, tener carnet no es sinónimo de ser atendidas y sobre todo bien atendidas en su salud. Ojalá todo el que tenga derecho a ser atendido lo sea y bien atendido. La calidad no es mejor hoy que antes.

 

El consultorio médico manejado como taller de mecánica

 

Y se preguntan los encuestadores por qué los jóvenes profesionales emigran a otros países. Y se preguntarán con el tiempo, por qué los jóvenes valiosos no querrán estudiar medicina o la estudian, pero con la intención de emigrar a países donde su trabajo se respete. Porque aquí, también la medicina cayó en el manejo de los economistas, que creyeron que el ser humano puede ser atendido en su salud, como los carros en un taller; los mecánicos revisan los carros con tiempo cronometrado. En los talleres pueden cronometrar el tiempo necesario para una revisión mecánica, para un cambio de bujías, para una sincronización. Así pretenden que se realicen los exámenes médicos hoy.

En eso han convertido la práctica de la medicina, y la medicina así manejada se deshumanizó. Han establecido el tiempo que el médico puede dedicar a cada paciente, sin tener en cuenta las diferencias individuales. Y al médico, por otra parte, se le paga mal. Tiene que multiplicarse trabajando en varias instituciones, haciendo turnos por la noche y en los días festivos, para ganar lo suficiente. Es práctica de algunas EPS premiar o castigar económicamente al médico, según ordene más o menos exámenes de diagnóstico. Según esas entidades no es la necesidad del paciente, la que debe determinar si los exámenes son necesarios, sino el mayor o menor lucro de la institución, supuestamente encargada de prestar los servicios de salud. Hay víctimas que pagan hasta con su vida esta práctica inhumana. En mi barrio, a un vigilante le apareció un ganglio inflamado en el cuello. La EPS a la cual se encontraba afiliado se demoró varios meses en aprobarle un examen. Cuando se lo autorizó era tarde. Este joven, de sólo 27 años, estaba invadido por el cáncer.

A todas éstas, el Ministerio de Salud, unido al del Trabajo, con el nombre de Ministerio de Protección Social, parece, por su enfoque, un ministerio técnico, como si no tuviera que velar por los seres humanos del país: la salud y el trabajo de los seres humanos.

Y se preguntarán los encuestadores, por que algunos jóvenes, afortunadamente, sólo algunos, están desilusionados de la vida, porque les perece que el mundo como está y como va, no vale la pena. Hay que hacerles comprender que precisamente está en sus manos el futuro, y que ellos lo pueden cambiar. Es triste, pero debemos aceptar que no lo hicimos nosotros, cuando fue nuestro turno.

 

La Educación sin presupuesto

 

Hay decisiones económicas que son aparentemente justas pero son miopes. No miden las consecuencias si llegan a ponerse en práctica. Según el periódico El Tiempo, en su edición del domingo 19 de noviembre de 2006, la Directora de Planeación Nacional afirmó que “en el Plan (de desarrollo) está incluida la propuesta de aplicarles un impuesto a los egresados de las universidades públicas con el fin de que retribuyan parte de lo que recibieron de la sociedad cuando estaban estudiando.” Aparentemente es una idea justa, pero ¿consulta la realidad de nuestro país? Voy a leer la reacción de un egresado de la Universidad Nacional a esta noticia.[8] Dice:

A la directora del D(epartamento) N(acional) (de P(laneación) le parece “lo más lógico y equitativo del mundo, porque (según ella) mal que bien los egresados generan recursos y tienen una oportunidad frente a otras que no la tienen”

Es un deber del estado proveer educación a los colombianos, brindar a todos la oportunidad de estudiar en la universidad. Creo que la señora del DNP (y otros proponentes de este nuevo impuesto) no estén de acuerdo conmigo en esto.

Para lograr el desarrollo económico del país, y digo del país, no del egresado de la universidad pública, debe haber educación de calidad en nivel terciario (universitario), con un cubrimiento mucho, pero mucho mayor al actual. Los recursos que generan los graduados de las universidades públicas no son sólo para ellos, son para sus familias y para la sociedad en general (generando desarrollo).

Una última idea, planteada en términos de economista, continúa el joven profesional, es que lo que lograrían con esto, en un país donde sólo el 13% de la población tiene acceso a educación superior, es DESINCENTIVAR a los estudiantes para que NO estudien en universidades públicas, o peor aún, para que no vayan a la universidad, pues su única opción son las públicas. Tal vez esto sea lo que busca el gobierno, pues ahorraría plata en transferencias a las universidades. Hasta allí la reacción de un egresado de una universidad pública.

Una profesional, también graduada en universidad pública me comentó lo injusto que sería cobrar un impuesto por haber estudiado, a las personas que apenas logran, recién graduadas, empezar a mejorar su nivel de vida. Hay personas, me dijo, que siendo profesionales, sólo ganan dos salarios mínimos y tienen familia. ¿Cómo se puede progresar así?[9]

Es que a veces los funcionarios públicos que ocupan altos cargos, no se han acercado a la realidad del país. Como alguien diría, tendrían que untarse de pueblo.

No hay duda de que los países más avanzados son los que dedican un mayor esfuerzo a la educación. Aquí parece más importante tener recursos para otra cosa. No se dedica el suficiente dinero para que la educación avance, por ejemplo, con una mayor y mejor utilización de la nueva tecnología informática, de algo tan común en el mundo como es ahora internet. Todavía parece un lujo el acceso a un computador.  Si de verdad se viera el progreso que significaría para el país el uso generalizado del computador y por ende de internet, se darían las mayores facilidades para conseguirlo y se promovería su uso. ERs verdad que se hacen avances, aunque insignificantes, frente a las necesidades. Se tiene miedo, se es miope. En vez de facilitar a los jóvenes el estudio y de animarlos a que aprovechen las oportunidades que el Estado les ofrece, ahora los amenazan con que si estudian en la universidad pública tendrán que pagar un impuesto.

ICETEX presta dinero a algunos, pero es una entidad tan dura como los bancos privados y empieza a cobrar cuando los nuevos profesionales todavía están buscando empleo, o empiezan apenas a devengar sus primeras mesadas. Aprenden muy pronto, los nuevos profesionales que estudiaron con crédito de ICETEX, lo que es recibir llamadas de firmas de abogados expertos en cobranzas. Los jóvenes de hoy ¿cómo pueden mirar el futuro con optimismo, si no pueden empezar con pie firme para progresar, si no pueden pensar en matrimonio, en fundar un hogar, ni en conseguir una vivienda digna, porque el producto de su trabajo, en buena medida, y demasiado pronto, lo tienen que utilizar para devolver al Estado, lo que les debería simplemente dar? Es verdad que el párrafo anterior se escribió en 2006. Hoy, en 2012, ICETEX ha mejorado las condiciones de los créditos.

Cuando el manejo económico no tiene en cuenta su efecto en las personas, solamente considerando si las medidas producen o no más dinero, son o no técnicamente adecuadas, el manejo no es humano, no cumple con su razón de ser.

 

¿Cómo sería si…?

 

Uno piensa qué distinto sería este país sin guerrilla y sin narcotráfico. Si en vez de emplear dinero en erradicar cultivos ilícitos, se pudiera invertir en ayudar al desarrollo de los campesinos y en la tecnificación de la agricultura. Si en lugar de reparar las torres dinamitadas, se pudieran extender nuevas redes eléctricas, si en lugar de tener que emigrar para huir de la violencia, los campesinos se pudieran dedicar a su tierra y a su familia. Si los corruptos no se apropiaran del dinero del presupuesto, que es dinero de todos, especialmente de los más pobres. Si los tecnócratas fueran más humanos y pensaran más en cristiano…Si los socialistas creyeran en Dios y buscaran soluciones de verdad humanas, porque como dijo Pablo VI: (…) el hombre puede organizar la tierra sin Dios, pero, al fin y al cabo, sin Dios no puede menos de organizarla contra el hombre. El humanismo exclusivo es un humanismo inhumano.[10]

Fernando Díaz del Castillo Z.

Escríbanos a: reflexionesdsi@gmail.com


[1]Sollicitudo rei socialis. 35ss

[2]Ibidem

[3]Populorum progressio, 42

[4]Ibidem, 37

[5] Reflexión 28, del jueves 7 de septiembre

[6] Ministro Alberto Carrasquilla

[7] El senador Luis Guillermo Vélez (R.I.P.)

[8]Tomado del blog http://fernandodiazdelcastillo.com/bitacora/?p=234

[9]El pensamiento oficial de las autoridades de la Universidad Nacional puede verse en http://fernandodiazdelcastillo.com/bitacora/?p=237 Véase también en UNPeriódico Nº 100, diciembre 10, 2006: “Sobre costo de matrículas y equidad”, por Moisés Wasserman, Rector Universidad Nacional de Colombia.

[10]Populorum progressio, 42, H. de Lubac, S.J., Le drame de l’humanisme athée, 3ª ed., (Paris, Spes, 1945) p. 10