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Reflexión 29, Jueves 14 de septiembre 2006

Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia Nº 40

Septiembre 2006

La salvación cristiana es el plan divino para todos

Estamos estudiando el primer capítulo del Compendio de la Doctrina Social de Ia Iglesia, que nos enseña cuál es el plan de Dios para la humanidad. Hace una semana comenzamos el estudio del Nº 40, que amplía y profundiza el tema sobre la salvación cristiana, que es el plan divino para todos los hombres: la salvación para todos los hombres, y la salvación, de todo el hombre. Como nos enseña la Iglesia, la Historia de salvación comienza en el momento mismo de la creación; el plan de Dios sobre el hombre, desde su creación, ha sido ofrecerle la posibilidad de gozar de su vida en la gloria. En eso consiste la salvación.

Para repasar lo que alcanzamos a ver del 40, en la reflexión pasada, volvámoslo a leer: La universalidad e integridad de la salvación ofrecida en Jesucristo, hacen inseparable el nexo entre la relación que la persona está llamada a tener con Dios y la responsabilidad frente al prójimo, en cada situación histórica concreta.

 

Salvación universal e integral

 

Comienza entonces este número 40 con la frase: La universalidad e integridad de la salvación ofrecida en Jesucristo; como hemos visto, la salvación universal e integral a que se refiere el Compendio, es la que Dios ofrece a todos los hombres, sin distinción de raza ni de nacionalidad, de modo que ofrece una salvación universal, para todos. De esta salvación universal dice además el Compendio que es una salvación integral, -que, como vimos también,- se refiere a que Dios ofrece la salvación de todo el hombre, es decir, en todas sus dimensiones; como decía el Nº 38: en la dimensión personal, individual, y también en la dimensión social: que es la de los hombres relacionados entre sí, que conforman la sociedad. Dios ofrece la salvación de la persona humana como individuo y también la salvación de la sociedad, de la comunidad de los hombres. Y añade otras dimensiones del ser humano; la dimensión espiritual y la corpórea, la dimensión histórica y la trascendente. Como vimos, la salvación universal e integral se consumará, cuando llegue la plenitud de los tiempos. Nos viene bien refrescar lo que vimos hace ya cuatro o cinco programas a este respecto:

Nos decía el Compendio en el Nº 38, que la salvación se culminará en el futuro que Dios nos reserva, cuando junto con toda la creación seremos llamados a participar en la resurrección de Cristo y en la comunión eterna de vida con el Padre, en el gozo del Espíritu Santo. Nos remite allí el Compendio de la D.S.I. a la carta de San Pablo a los romanos.

 

Reconciliación del mundo entero…del hombre y de toda la creación material

 

La misión redentora de Cristo es universal, abarca a toda la creación, como nos explica San Pablo en Rm 8 y en Colosenses en el capítulo 1º. Es una buena ayuda tener presente la explicación del escriturista P. Pastor Gutiérrez, quien al comentar la Carta a los Romanos, dice que Dios, por medio de Cristo, por medio de su sangre en la cruz, ofrece la reconciliación del mundo entero…del hombre y de toda la creación material, en cuanto que todo el conjunto de seres racionales e irracionales se dirige ya ordenada y armónicamente a Cristo; entre todos ellos se restablece el equilibrio roto por el pecado, que causó un corte fatal en nuestras relaciones con Dios.[1]

Volver de la creación material al equilibrio roto por el pecado

 

Recordemos que ese nuevo ordenamiento del universo se consumará al final, cuando todo vuelva a Jesucristo. Nos aclara mucho esta explicación la comprensión de ese volver de la creación material al equilibrio roto por el pecado. Hemos visto que, como nos explica el Cardenal Ratzinger, hoy Benedicto XVI, en su libro Dios y el Mundo: La fe de la Iglesia ha dicho siempre que la alteración que supone el pecado original influye así mismo en la creación. La creación ya no refleja la pura voluntad de Dios, el conjunto está en cierto modo deformado. Aquí nos encontramos ante enigmas. Estas palabras del Cardenal Ratzinger las encontramos en la página 75, de su libro Dios y el Mundo.

A veces nos desconcertamos ante los desastres naturales. Sin duda el maltrato que se hace de la naturaleza influye en los cambios climáticos y de otro orden, como se ve en las catástrofes de la naturaleza. El hombre, bajo la influencia del pecado original, sigue haciendo daño en el universo creado, además del desorden que ya comenzó con el primer pecado. Al estudiar este número del Compendio, a mí me ha consolado saber que esta tierra que amamos, porque es nuestra casa, a la que se llama también la madre tierra, un día se transformará en lo que originalmente Dios quiso de ella. Será una tierra nueva. Mientras llega ese día, nuestra colaboración en el desarrollo del Reino de Dios en la tierra debería incluir nuestra colaboración en el orden material, en la ecología, en la conservación de la naturaleza como Dios la quiere.

Bien, volvamos al Nº 40. Dice la Iglesia que la salvación universal e integral, hace inseparable el nexo entre la relación que la persona está llamada a tener con Dios y la responsabilidad frente al prójimo, en cada situación histórica concreta.

 

Responsabilidad frente al prójimo, en cada situación histórica concreta

 

Observamos en la reflexión pasada, que hay en este número un elemento nuevo que no se nos puede escapar. Reflexionamos antes sobre la unión con Jesucristo, a la que estamos llamados, expresada por el Señor en la Última Cena, en la comparación con la vid y los sarmientos, unión que debe producir también, el fruto del amor a nuestros hermanos. Ahora, lo nuevo en este número 40, es que el Compendio nos habla de responsabilidad: la responsabilidad frente al prójimo, en cada situación histórica concreta, dice. De modo que no es una invitación a algo de simple buena voluntad, no se trata de una materia de simple piedad. Nos habla la Iglesia de responsabilidad. Tenemos una responsabilidad con el prójimo, en cada situación histórica concreta.

 

Cuestión de responsabilidad y no sólo de buena voluntad

 

Esto de nuestra responsabilidad frente al prójimo nos deja pensativos. En nuestro caso, en la situación concreta en que vivimos en Colombia, tenemos responsabilidad con nuestros hermanos que sufren, que padecen injusticia, que viven en la pobreza o como víctimas de desastres naturales. Observábamos en la anterior reflexión, que cuando nos llaman a ser solidarios con los que sufren, no nos están pidiendo simplemente, que manifestemos nuestra generosidad, que seamos filantrópicos…Es que, como cristianos, en cada situación histórica concreta en que se encuentre nuestro prójimo, tenemos una responsabilidad con ellos. Es cuestión de responsabilidad y no sólo de buena voluntad. Responsabilidad quiere decir que es algo sobre lo que tendremos que rendir cuentas.

También decíamos que esa responsabilidad es diferente para cada uno. En algunos casos, solo podremos acompañar a los que sufren con nuestra oración. Eso, que es muy importante, debemos hacerlo. En otras situaciones podremos colaborar con nuestra acción, con nuestro trabajo directo, como lo hacen los médicos que trabajan generosamente como voluntarios, yendo a las regiones alejadas de los centros urbanos, necesitadas de su ayuda; como lo hacen personas de diferentes profesiones y oficios, que colaboran como voluntarias en obras comunitarias de diversa índole. Son innumerables los modos de ser solidarios. De acuerdo con la situación en que se encuentre cada uno, se le presentan modalidades y posibilidades distintas de ser solidario. Hay personas con capacidad de hacer esfuerzos grandes, y otras sólo pueden hacer esfuerzos pequeños. Todos son importantes. Cuántas veces la limosna a la persona que pide a nuestra puerta, o el mercado que se lleva desde la parroquia, soluciona un problema grave de hambre. Las obras asistenciales son necesarias, aunque no sean la solución definitiva y radical. Y, por las obras de misericordia nos van a juzgar… Leamos si no a Mt. 25, 34ss.

La responsabilidad de ciertas personas en altos cargos

 

Les confieso que tengo una especial preocupación, por la responsabilidad de ciertas personas de altos cargos; por la separación que los altos directivos de la empresa privada y del Estado hacen de sus obligaciones contractuales y legales y de su fidelidad a la fe. Muchos dividen las actividades de su vida en dos cajones completamente independientes. Su trabajo, sus responsabilidades con el mundo, los ponenen un cajón y sus responsabilidades como creyentes, en el otro. Los católicos que desempeñan cargos en el Estado, y los directivos de las empresas, tienen una especial responsabilidad con los demás, sobre todo si ellos orientan la acción a donde se dirigen las políticas y estrategias de sus compañías, y en el Estado, si orientan las políticas, las leyes y los recursos de la nación, que son de todos. No olvidemos que somos administradores de los bienes que Dios puso a nuestro cuidado, pero los destinó al bienestar de todos. No se pueden tomar decisiones que afecten negativamente a otros, sin tenerlos en cuenta. La ley de flexibilización laboral, por ejemplo, que supuestamente pretendía quitar cargas a las empresas, para que ofrecieran más puestos de trabajo y en esa forma favorecer a los más necesitados,fue un fracaso.[2] Las empresas,- con contadas excepciones,- no respondieron. Quedaron en deuda. Simplemente aprovecharon las ventajas en su propio beneficio. Y el Congreso no ha corregido esa equivocación, si de verdad la intención era el aumento de oferta de trabajo. El ministro de la Protección Social tiene cuentas pendientes también, en este caso.

 

Obedecer a Dios antes que a los hombres

 

Entre ese grupo de altos funcionarios del Estado, que tendrán que rendir cuentas por su orientación equivocada, hay algunos que dicen defender la salud y la vida, sacrificando a los más débiles, como es en el caso del aborto y la eutanasia. Tienen ellos una responsabilidad con los que no pueden nacer o seguir viviendo, porque, o no tienen todavía la posibilidad de gritar desde el vientre materno o no pueden tampoco hacerlo desde su lecho de enfermos. El Procurador General, el Defensor del Pueblo, el Ministro de salud, más los Magistrados y los congresistas que apoyan el aborto y la eutanasia, caen entre las personas a quienes es lícito rehusarles obediencia en estas materias injustas, porque hay que obedecer a Dios, antes que a los hombres. (Téngase en cuenta que esto se escribe en 2006).


Una dictadura camuflada, contra la fe

Otro grupo de católicos que vive en las trincheras todos los días, y en cuya acción no siempre aparece la coherencia entre trabajo y fe, es en el de los comunicadores sociales católicos. Ellos orientan a la opinión, y a veces, cuando tratan temas delicados, en los que la formación ética define una posición, pareciera que olvidaran su misión de constructores del Reino de Dios en la tierra. Se ha insistido tanto, como hábil estrategia, en una mal entendida separación de la Iglesia y del Estado, en la libertad de expresión y en la necesidad del divorcio entre el mundo terreno y el trascendente, que se está llegando a la dictadura de negar la palabra a los creyentes, y hasta se nos quiere ahora privar del derecho constitucional de la objeción de conciencia. No hay peor dictadura que la que se está montando con el apoyo de poderosos medios de comunicación y el camuflaje de la legalidad.

Es verdad que no es fácil ser coherentes en esas situaciones de responsabilidad. Debemos pedir al Espíritu Santo que ilumine a los creyentes que tienen responsabilidades tan altas con sus hermanos para que no se dejen envolver en el torbellino de la confusión, y les dé la fortaleza que requieren, para no dejarse acobardar ante la actual virulenta y permanente campaña contra la Iglesia y la fe.

Nuestras necesidades no se reducen al pan y la salud

 

¿Estos comentarios tienen que ver con nuestro estudio de la D.S.I.? Pues, sí: el Nº 40 del Compendio de la D.S.I., que estamos estudiando, nos advierte de nuestra responsabilidad frente al prójimo, en cada situación histórica concreta. Es verdad que tenemos responsabilidad frente al prójimo que sufre la carencia de lo material, que padece la pobreza o la enfermedad, pero como hemos visto, el hombre considerado integralmente no es sólo cuerpo. Pueden ser peores los peligros que corre la persona de perder su alma, que la de perder sus bienes materiales: su casa o sus tierras. “¿De qué le vale al hombre ganar todo el mundo, si al fin pierde su alma”. Esa frase del Señor nos recuerda, que somos más que materia, que nuestras necesidades no se reducen al pan y la salud. Que nuestro destino es la eternidad. Que nuestra responsabilidad es frente a situaciones concretas materiales, pero sin olvidar las que constituyen nuestra vida trascendente. El Catecismo nos enseña que debemos practicar las obras de misericordia corporales y también las espirituales.

 

Ataques contra los planes de Dios con el hombre

 

Las actuales circunstancias de ataques permanentes a la Iglesia nos deben poner alerta. ¿Para dónde queremos que vaya nuestro país, y que vaya el mundo? Porque parece que hubiera una campaña mundial para socavar los cimientos del cristianismo. En Colombia lo vemos con la aprobación del aborto, la campaña que empieza ahora con la reglamentación de la eutanasia en el Congreso, la preparación del camino para equiparar las uniones entre homosexuales con el matrimonio y, desde muchos frentes, los consiguientes ataques a los defensores de la vida y de los planes de Dios con el hombre.

Los ataques a la Iglesia, hábilmente urdidos, están teniendo distinto efecto, según la persona a la que llegan, a mi modo de ver: entre los creyentes bien fundados en su fe y en el amor a Dios, que tratan de vivir su vida cristiana con la práctica de la caridad, de la oración y de los sacramentos, esos ataques tienen el resultado de hacerlos amar más a la Iglesia, de ser más conscientes de la gracia inmensa, de haber sido llamados a la fe. Se preocupan más por profundizar en la doctrina y, con humildad, están dispuestos a aceptar que si a Jesús lo persiguieron, también nos perseguirán a nosotros.

 

Efectos de los ataques a la Iglesia: en los no creyentes

Y en los tibios en la fe, que son los sujetos más débiles

 

El efecto en los no creyentes, que por razones que desconozco alimentan odio contra la Iglesia, es que su odio parece exacerbarse. Se vuelven más virulentos. Como las bacterias que entran a un cuerpo ya infectado. Y hay también cristianos mal preparados para el mundo difícil que atravesamos. Los hay porque no tuvieron la oportunidad de formarse bien en la fe, y también hay cristianos tibios, que junto con los mal formados, son los que más preocupan, porque son los más débiles. Como están bajos de defensas espirituales, fácilmente aceptan las falsedades, los chismes, las distorsiones de la información en los medios de comunicación, y acaban de aliados del enemigo.

Si tenemos que orar por los enemigos, debemos hacerlo también y con especial ahínco por los cristianos que flaquean. Ya que ellos no oran o lo hacen poco, debemos seguir la solicitud de Jesús a sus apóstoles en Getsemaní: velad y orad para que no caigáis en la tentación. Debemos orar por nosotros y por ellos. No podemos dormirnos en medio del peligro. Parece dirigida a todos nosotros la pregunta del Señor a sus compañeros los apóstoles en el Huerto: ¿Cómo es que estáis dormidos? Levantaos y orad para que no caigáis en la tentación.[3]

Estamos estudiando ahora el Nº 40, que dice:

La universalidad e integridad de la salvación ofrecida en Jesucristo, hacen inseparable el nexo entre la relación que la persona está llamada a tener con Dios y la responsabilidad frente al prójimo, en cada situación histórica concreta.

 

La relación con Dios a la que estamos llamados y nuestra responsabilidad con el prójimo

Estamos reflexionando en las última palabras de esa frase sobre el nexo inseparable entre la relación con Dios a la que estamos llamados y nuestra responsabilidad con el prójimo. Veíamos que tenemos responsabilidad frente al prójimo que sufre la carencia de lo material, que padece la pobreza o la enfermedad, pero que el hombre considerado integralmente no es sólo cuerpo. Nuestra responsabilidad no se puede limitar a sólo las necesidades materiales del prójimo. Pueden ser peores los peligros que corre la persona de perder su alma, que la de perder su casa o sus tierras. “¿De qué le vale al hombre ganar todo el mundo, si al fin pierde su alma”. Esa frase del Señor nos recuerda que somos más que materia, que nuestras necesidades no se reducen al pan y la salud. Que nuestro destino es la eternidad. Que nuestra responsabilidad con nuestro prójimo es frente a situaciones concretas materiales sí, pero sin olvidar las que constituyen nuestra vida trascendente.

 

Responsabilidad de los medios de comunicación y los comunicadores católicos

Vamos a dedicar ahora los minutos que nos quedan, a reflexionar sobre una situación especialmente crítica en nuestro país: el papel que están desempeñando los medios de comunicación y nuestra actitud como católicos. Los medios de comunicación pueden ser de gran ayuda para cumplir con nuestra responsabilidad con el prójimo, pero pueden también hacer daño y un daño grande.

Es un hecho, que la Iglesia,- ni la Iglesia jerárquica, ni los laicos católicos,- contamos con medios de comunicación tan poderosos, como los que tiene el mundo al servicio de sus intereses terrenales. Demos gracias a Dios de contar con Radio María, que es una emisora sostenida por el esfuerzo de los oyentes y la colaboración de voluntarios tanto en su difusión como en la transmisión de los contenidos doctrinales, culturales y de oración. Radio María cuenta con 8 emisoras propias, dedicadas a transmitir el pensamiento de la Iglesia durante 24 horas diarias continuas. Existen también otras emisoras católicas, que se dedican a la evangelización, pero qué lejos estamos del nivel tecnológico que necesitaríamos, para contrarrestar la mala influencia de la mala radio y de la mala prensa.

Se debe reconocer sin embargo el enorme esfuerzo de la Iglesia. Veamos sólo algunos ejemplos, además deRadio María:

Radio Vaticanoes la emisora de la Santa Sede. Es un instrumento de comunicación y evangelización al servicio del ministerio del Papa y su sede se encuentra en el Estado de la Ciudad del Vaticano (…) .No es un órgano “oficial” de la Santa Sede, ya que queda a su propia responsabilidad, el contenido de los programas que elabora y difunde. Pero dada su naturaleza de servicio al Santo Padre y la facilidad con que el gran público le atribuye el carácter de oficial, Radio Vaticano debe mantenerse siempre en plena sintonía con el magisterio y las actividades de la Sede Apostólica.[4]

Radio Vaticano transmite en cuarenta idiomas a través de: cinco redes, con frecuencias en Onda Corta, Onda Media y Frecuencia Modulada, dos satélites con dos canales cada uno. Estas condiciones permiten a Radio Vaticano transmitir durante 60 horas diarias a todo el mundo.

Otro esfuerzo enorme de la Iglesia en la televisión internacional es la EWTN, que muchas personas conocen como el canal de la Madre Angélica, por su fundadora. Es excelente su labor. Lástima que sólo se puede sintonizar vía satélite en la TV por suscripción, de modo que no todo el mundo tiene acceso a ella.

En Colombia también hay encomiables esfuerzos en la televisión privada: en Bogotá, Cristovisión, de la arquidiócesis de Bogotá y Teleamiga, que dirige el Dr. Jo´se Galat y se propone La promoción y el desarrollo integral y fraterno de la persona humana y la sociedad, para crear una civilización en paz, más humana y cristiana. Tienen la limitación de que sólo puede sintonizarse con una antena especial o por cable.

Por su parte Televida en Medellín, fundada y regida por la Congregación Mariana, institución de seglares, que ahora en todo el mundo lleva el nombre de Comunidad de Vida Cristiana (CVX), y que es dirigida por la Compañía de Jesús. Este canal antioqueño emite, por ahora, 16 horas diarias de programación, con la misión de “Infundir en las personas y en las familias los principios de la fe cristiana, definidos por la Iglesia Católica. Defender la vida y promover la solidaridad, la reconciliación y la paz, a través de una programación evangelizadora, formativa, entretenida y de orientación familiar, para Medellín y el Área Metropolitana”.

Eso ha sido Televida hasta ahora, pero  precisamente en este mes de septiembre (2006), esta obra de los caballeros católicos antioqueños hace anuncios excelentes que nos alientan, pues se están preparando intensamente para el gran paso que van a dar, a finales del mes de Octubre: la conexión al Sistema Satelital.

Este momento único en la historia de este canal católico de TV en Colombia, les exigirá tener 24 horas de programación, nuevos equipos, nuevos programas de computador y nuevas personas, entre otros muchos requerimientos. Su reto es internacionalizar el mensaje de TELEVIDA. Es una excelente, alentadora noticia entre tantas malas noticias. El mensaje del Evangelio llegará desde Medellín, por TV, a toda Colombia, a Los Estados Unidos, Centro y Suramérica;en Europa a Portugal y a España y en África a Marruecos, norte de Argelia y Túnez.

Es muy importante que la verdad llegue a todos los rincones de la tierra, pero estamos lejos del ideal. De ahí la trascendencia de nuestra colaboración a los medios católicos, para que pueda continuar y mejorar su tecnología.

En prensa estamos mal. No tenemos en Colombia un diario de circulación nacional al servicio de la comunicación de la verdad del Evangelio. Por eso, por lo menos en la radio debemos redoblar nuestro esfuerzo. Es tan importante que en estos momentos en particular, se conozca la información de los señores obispos, en toda su extensión, y no sólo a través de las migajas de tiempo y de espacio en las páginas de los medios escritos y hablados…

El Catolicismo, que es periódico de la Arquidiócesis de Bogotá publicó esta semana el Comunicado del Comité Permanente de la Conferencia Episcopal, con el fin de iluminar la conciencia de los fieles católicos sobre temas que se han venido debatiendo en estos días. El periódico de mayor circulación nacional ni mencionó este importante comunicado. Sería de desear que los católicos que tienen posibilidad económica de hacerlo, conformaran un grupo de personas que estuviera dispuesto a pagar una página completa en un diario de circulación nacional, para publicar como publicidad, este tipo de información de la Iglesia. No podemos esperar que los que se han dedicado a atacarla, publiquen gratis los comunicados que rebaten sus opiniones y argumentos. Este comunicado de los señores obispos se refiere a los siguientes temas: la despenalización del aborto, la objeción de conciencia y la excomunión, y termina con este párrafo:

La verdad os hará libres. Tenemos plena confianza de que en medio de la confusión creada por las propuestas abortistas y la campaña de descrédito de la Iglesia, los fieles católicos irán comprendiendo las razones de quienes nos hemos puesto decididamente a favor de la vida.

La formación de una recta conciencia reclama el conocimiento de la ley de Dios, de los preceptos del Evangelio y de la enseñanza tradicional de la Iglesia consignada en el Catecismo de la Iglesia Católica.

Hacemos un llamado a todos los fieles a seguir con amor y fidelidad las enseñanzas del Señor Jesús que nos dejó en el Evangelio esta consigna: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. El que me sigue no anda en tinieblas.”

 

La objeción de conciencia

Dada la importancia de la objeción de conciencia, en este momento crítico en que se pretende negar este derecho constitucional, voy a leer lo que dice a este respecto el comunicado episcopal:

El artículo 18 de nuestra Carta Política establece que en Colombia “se garantiza la libertad de conciencia. En consecuencia, nadie será molestado por razón de sus convicciones o creencias ni compelido a revelarlas, ni obligado a actuar contra su conciencia”.

En ningún ámbito de la vida, la ley civil puede sustituir la conciencia / ni dictar normas que excedan la propia competencia / que es la de asegurar el bien común de las personas / mediante el reconocimiento y la defensa de sus derechos fundamentales.

Por esta razón, aquellos Magistrados que no reconozcan los derechos del hombre o los atropellen, no sólo faltan a su deber sino que carece de obligatoriedad lo que ellos prescriban” (Pacem in terris) [5]

Contrariamente a lo que expresa el fallo de la Corte Constitucional, la Objeción de Conciencia no “hace referencia a una convicción de carácter religioso”. Se trata de un derecho natural consagrado para todos los ciudadanos que puede invocarse cuando la ley prescriba acciones que van contra las convicciones éticas, políticas o religiosas de la persona humana.

Es muy importante advertir que los que recurren a la Objeción de Conciencia deben estar exentos no sólo de sanciones penales sino también de cualquier perjuicio en los aspectos legal, disciplinario, económico y profesional (cf. E.V.74)[6]

Nos parece extremadamente grave  el que se pretenda desconocer o minimizar el hecho de que la Conciencia es la norma última de los actos humanos y, para los bautizados católicos, el santuario en el que el hombre se encuentra a solas con Dios.

Reconocemos y apoyamos el valor de los médicos, jueces, y personal de enfermería que han invocado la objeción de conciencia para negarse a practicar el aborto, o a sentenciarlo. Los médicos están al servicio de la vida y no de la muerte. Y este principio ético vale no sólo para los profesionales católicos sino para todos los que han hecho suyo el juramento hipocrático: “tendré absoluto respeto por la vida humana desde su concepción”.

Hasta aquí las palabras del mensaje episcopal. A los que quieran ahondar en el asunto de la objeción de conciencia, los invito a estudiarla en el Compendio de la D.S.I. en el Nº 399.


[1]Cfr Reflexión 25 del 17 de agosto de 2006

[2]Esa ley facilitó el despido de los trabajadores, el sistema de contratación y disminuyó el horario considerado nocturno para efectos del pago adicional a las horas trabajadas durante el día.

[3]Lc., 22,46

[4]La información sobre Radio Vaticano, Teleamiga y Televida las he tomado de sus páginas oficiales en internet.

[5]Nº 61

[6]Juan Pablo II, Evangelium Vitae, 73s