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Reflexión 220 Caritas in veritate Nº 45 Julio 7 20011

 

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Actualizar la Doctrina Social

Continuemos el estudio del capítulo 4º de Caritas in veritate, Caridad en la verdad, la encíclica social de Benedicto XVI. Como habíamos comentado, este documento que preparó Benedicto XVI para conmemorar el 40º aniversario de la publicación de la encíclica Populorum progressio, de Pablo VI, sobre el desarrollo integral de los pueblos, debió esperar unos meses, porque Benedicto XVI quería rendir un homenaje y honrar la memoria de Pablo VI, siguiendo la ruta que su antecesor había trazado y que consistió en actualizar la DSI. Así lo hizo Juan Pablo II con su encíclica Sollicitudo rei socialis, la Preocupación social de la Iglesia.

Actualizar la DSI significaba responder a los problemas sociales de nuestra época y los 40 años de Populorum progressio coincidieron con la crisis económica y financiera del mundo, crisis que no ha terminado aún. Caritas in veritate, Caridad en la verdad, es el aporte de la Iglesia a la sociedad en este momento de crisis, un aporte basado en que la Iglesia ve el problema social desde el Evangelio y puede con autoridad presentar al mundo soluciones con la sabiduría que ofrece el Evangelio, fundamento de su DS.

El esplendor de la verdad y la suave luz de la caridad de Cristo

Nos dice el Santo Padre en el Nº 8 de Caridad en la verdad, que Pablo VI ha iluminado el gran tema del desarrollo de los pueblos con el esplendor de la verdad y la suave luz de la caridad de Cristo. Benedicto XVI continuando el camino coherente de la DSI, toma la caridad como la vía maestra, así la llama en el Nº 2, y la une a la verdad, – Caridad en la verdad, – porque, añade que Se ha de buscar, encontrar y expresar la verdad en la  «economía» de la caridad, pero, a su vez, se ha de entender, valorar y practicar la caridad a la luz de la verdad.

La verdad es fundamental en la DSI, con ella se combate la corrupción y como lo han dado a conocer los expertos,   precisamente el que las entidades financieras escondieran la verdad  fue una de las causas de la crisis económica.

La ética de la cual nos va a hablar Benedicto VI en el Nº 45, es el respeto a la verdad, porque sin verdad no se puede entender tampoco la caridad. Nos dice claramente el Papa que su doctrina social, es la contribución de la Iglesia a la sociedad para el desarrollo de los pueblos y la verdad tiene especial importancia hoy, en un contexto social y cultural, que con frecuencia relativiza la verdad, bien desentendiéndose de ella, bien rechazándola.

Sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo

De  la verdad dice también Benedicto XVI en el mismo Nº 45 de Caridad en la verdad,  que Sólo en la verdad resplandece la caridad y puede ser vivida
auténticamente.
Y afirma que La verdad es luz que da sentido y valor a la caridad. Explica  también el Papa en el Nº 2 de Caridad en la verdad por qué La verdad es luz que da sentido y valor a la caridad; dice: Sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. El amor se convierte en
un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente. Éste es el riesgo fatal del amor en una cultura sin verdad.

La caridad que se pretende practicar sin verdad explica, aunque claro, no justifica, desde fallas menos graves, en la vida diaria, hasta crímenes de activistas sociales que abrazan las armas y asesinan e incendian y pretenden que lo hacen por la gente. Profundo error de quien pretende amar sin
verdad.

¿Qué nos enseña Benedicto en el Nº 45?

Antes de leer el texto del Nº 45, de la encíclica Caridad en la verdad, resumamos lo que vamos a encontrar allí. Nos dice el Papa que se nota un creciente interés por la ética de los negocios, pero que no siempre se entiende lo mismo, cuando se afirma que algo es o no es “ético” y se puede abusar de la palabra. Benedicto XVI aclara su punto de vista, que es el de la DSI: reclama que la actividad económica se guíe por una ética centrada en la gente. Ya hemos considerado que la economía no se puede centrar únicamente en el lucro; si la actividad económica no respeta los derechos y dignidad de la gente falla en algo fundamental.

Entendamos la ética cristiana

Afirma el Papa en Caridad en la verdad, en el Nº 45, que la economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento. Como se utiliza mucho el término “ético”, hay que saber entenderlo. Entendamos la ética cristiana: la DSI se fundamenta en la creación del ser humano a imagen de Dios, y eso implica la inviolable dignidad de la persona humana y la trascendencia de las normas morales naturales, de manera que necesitamos no sólamente que haya sectores de la economía que se manejen con ética sino que toda la economía sea ética, que la ética impregne, sature, toda la economía, no solo alguna parte de ella. La economía es para el hombre, para el ser humano. No se da una economía en abstracto, de modelos de
papel, que sea inocua a las personas.

Leamos ahora la primera parte del Nº 45 de Caridad en la verdad

Responder a las exigencias morales más profundas de la persona tiene también importantes efectos beneficiosos en el plano económico. En efecto, la economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de una ética cualquiera, sino de una ética amiga de la persona. Hoy se habla mucho de ética en el campo económico, bancario y empresarial. Surgen centros de estudio y programas formativos de business ethics; se difunde en el mundo desarrollado el sistema de certificaciones éticas, siguiendo la línea del movimiento de ideas nacido en torno a la responsabilidad social de la empresa.


Los bancos proponen cuentas y fondos de inversión llamados «éticos». Se desarrolla una «finanza ética», sobre todo mediante el microcrédito y, más en general, la microfinanciación. Dichos procesos son apreciados y merecen un amplio apoyo. Sus efectos positivos llegan incluso a las áreas menos desarrolladas de la tierra. Conviene, sin embargo, elaborar un criterio de discernimiento válido, pues se nota un cierto abuso del adjetivo «ético» que, usado de manera genérica, puede abarcar también contenidos completamente distintos, hasta el punto de hacer pasar por éticas decisiones y opciones contrarias a la justicia y al verdadero bien del hombre.

Abuso del adjetivo «ético»

Nos dice el Papa que hoy se habla mucho de ética en el campo de la economía, y nos previene que conviene tener criterio, porque hay cierto abuso del adjetivo «ético» que, usado de manera genérica, puede abarcar también contenidos completamente distintos, hasta el punto de hacer pasar por éticas decisiones y opciones contrarias a la justicia y al verdadero bien del hombre. Puede suceder lo que ha ocurrido en el campo de los fármacos. Hace unos años se hablaba de drogas éticas, dándoles ese calificativo a las medicinas que se suponía se vendían únicamente con receta médica, para distinguirlas de las medicinas de venta libre, las que llaman over the counter, (sobre el mostrador), que son las que venden libremente en las  farmacias. A las medicinas éticas no se les podía hacer publicidad. Ahora, se ha reducido el número de medicinas a las que se pueda aplicar ese
concepto de éticas, porque a casi todas les hacen publicidad de todo tipo y los brujos tienen especial libertad de hacer propaganda a sus productos,  esa
libertad de uso de los medios de comunicación que les ha dado, se supone, nuestra Constitución del 91. La Constitución de muchas libertades y  derechos y de pocos deberes.

Lo “Ético” es algo distinto. El diccinario de la Academia define ético como algo relativo o perteneciente a la ética y su segunda acepción es Recto,
conforme a la moral
.

No identificar el éxito con ganar dinero

Hay economistas y personas de negocios, que tienen su mente claramente orientada a ganar, pero a ganar siendo éticos,  ganar guardando las reglas de la moral. Uno de ellos, que fue considerado el gerente de más éxito en el siglo XX, fue el señor Jack Welch, 40 años al frente de General Electric, quien no identifica el éxito con ganar dinero. Para él ganar es sinónimo de triunfar. Para él el éxito era su objetivo, pero dice en su libro Winning, “Ganar” :

(…) ganar es fabuloso. No hace falta recordar que se debe triunfar con juego limpio y según las reglas. Es una premisa indispensable. Las empresas y las personas que no compiten honradamente no merecen triunfar; por fortuna los minuciosos procesos internos de las empresas y los organismos de regulación del Estado suelen descubrir y echar a la calle a quienes no respetan las normas (Winning, Pg.17)[1].
Según esto, Welch piensa que ser ético es ser honrado y puede ser verdad si se entiende que ser honrado es obrar con rectitud. La experiencia dolorosa de la crisis mundial y el triste caso de nuestro país, nos enseña sin embargo, que cuando falla la ética, a veces también se contaminan los procesos internos, es decir la auditoría  interna y así se vuelve ineficaz, lo mismo que son ineficaces los organismos de control del Estado, cuando se infectan también.

La integridad es sólo la boleta de entrada al partido

Jack Welch pone una premisa para que una organización se blinde contra la corrupción, cuando comenta sobre los valores que las empresas suelen declarar como propios: es común que las empresas digan que son valores fundantes suyos la integridad, la excelencia, la calidad de sus productos o
servicios, el respeto a sus clientes. Welch afirma:
¡Toda empresa decente adopta estas premisas! Con franqueza, la integridad es solo la boleta de entrada al partido. No debería permitirse el acceso a la cancha a quien no lo lleve en la sangre.

Tiene  razón,  y agreguemos que no basta la declaración pública de los valores si luego no se cumplen y son los directivos los primeros que fallan.

Una de las razones por las que se aplica la palabra “ética” a muchas cosas, es  que no hay claridad sobre todo lo que abarca una conducta ética. Me llamó la atención que cuando el mejor gerente del siglo XX, Jack Welch, analizó por qué  el éxito de la economía china, opinó que quizás una de sus fortalezas es su ética del trabajo. ¿Saben qué llamó ética del trabajo de los chinos? Su entrega, que yo considero exagerada, al trabajo. Puso de ejemplo una ejecutiva que conoció en una visita a ese país. Así la presenta como ejemplo de ética del trabajo:

Considérese la ejecutiva (…), que me atendió como anfitriona durante la visita de una semana a Shanghay y Pekín. Me dijo que estaba en el despacho de las siete de la mañana a las seis de la noche, que después iba a casa a cenar y estar con su esposo y su hijo hasta las ocho, y más tarde regresaba al trabajo hasta la medianoche.[2]

La persona y la familia están en prioritaria consideración

Si la ética se practica en toda su extension, la persona y la familia están en primera consideración. También en nuestro medio, en muchas empresas se considera una virtud el dedicarse al trabajo, sacrificando el tiempo que debería ser sagrado para la familia. Y muchos tienen que hacerlo para conservar el puesto.

Tuve un excelente jefe en alguna de las empresas en que trabajé. Dedicaba demasiado tiempo al trabajo, inclusive los fines de semana y desempeñaba un cargo muy importante en la empresa. El trato con él era de jefe y colaborador, pero a la vez era mi mejor amigo y podía hablar con él con sinceridad; por eso un día me atreví a decirle: “Alberto, así se llamaba, – ya murió, – tú trabajas demasiado. No te das tiempo para tí, para tu familia… Él me contestó: “Yo considero que lo más importante de mi vida son: Dios, mi familia y mi trabajo”. Sus prioridades estaban bien definidas, pero en la práctica había un fallo.

La sinceridad como valor importante para el éxito

Es interesante que el citado Jack Welch opine que uno de los valores muy importantes para el éxito de una empresa es la sinceridad. Vale la pena escuchar lo que él, considerado el major gerente del siglo XX dice: Siempre he sido un ferviente defensor de la sinceridad (…) Sin embargo, desde mi
jubilación he advertido que infravaloré su rareza (…).
Es un problema grave. La falta de sinceridad impide que las ideas inteligentes, la acción rápida y las buenas personas aporten todo el potencial que poseen. Es letal. Si se es sincero (aunque nunca se consigue plenamente), todo funciona mejor y más rápido. Cuando hablo de «falta de sinceridad»  no me refiero a una falta de honradez malintencionada, sino a que demasiadas personas
no se expresan (con demasiada frecuencia y de formas instintiva) con franqueza. No se comunican claramente ni sugieren ideas para estimular un verdadero debate. No se abren. Por el contrario, se guardan los comentarios o las críticas. Cierran la boca para hacer que otros se sientan mejor o evitar el conflicto y endulzan las malas noticias a fin de cubrir apariencias. Se guardan las cosas para ellos, acumulando información.
En
eso consiste la falta de sinceridad, pero impregna casi todos los aspectos de los negocios.[3]

Por qué la gente no es sincera daría tema para una larga discusión. Welch trata de hacerlo acudiendo al pensamiento de psicólogos y de filósofos. Una respuesta que suele darse es que la gente no es sincera por comodidad. Si se es sincero puede surgir malestar en la otra persona y puede quitarle a uno su confianza. Si se es sincero con el jefe en algo que a él le resulte incómodo, las consecuencias pueden ser peores. En muchos casos no se es sincero
porque se piensa que de eso no se sigue nada bueno, de manera que no vale la pena el riesgo…La otra persona, si no le dicen lo que él no quiere escuchar, se siente más cómoda, porque así lo dejan con las manos libres. También sería interesante otra discusión: las ventajas para la organización, de que la gente sea sincera, y lo que la organización pierde, por la falta de sinceridad.

La ética que se espera de los negocios, como vemos, no consiste sólo en no robar ni en no engañar.


[1] Jack Welch con Susy Welch, WINNING (GANAR), Vergara, Grupo Zeta, 2005

[2] Jack Welch, opus cit., Pg. 359

[3] Ibidem Pg. 37ss