Archive for the ‘Reflexión 202. Caritas in veritate Cap.III, 39-40’ Category.

Reflexión 202- Caritas in veritate Cap. III, 39-40

Escuche estas Reflexiones sobre la Doctrina Social de la Iglesia en Radio María  los jueves a las 9:00 a.m., hora de Colombia, en las siguientes   frecuencias en A.M.:                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                          Bogotá: 1220; Barranquilla: 1580; Cali: 1260; Manizales: 1500; Medellín: 1320; Turbo: 1460; Urrao: 1450.

 Por internet, también en vivo, en http://www.radiomariacol.org/

Al abrir este “blog” encuentra la reflexión más reciente; en la columna de la derecha, las Reflexiones anteriores que siguen la numeración del libro Compendio de la D.S.I.” Con un clic usted elige.

Utilice los Enlaces a documentos muy importantes como la Sagrada Biblia, el Compendio de la Doctrina Social, el Catecismo y su Compendio, documentos del Magisterio de la Iglesia tales como la Constitución Gaudium et Spes, algunas encíclicas como: Populorum progressioDeus caritas est, Spe salvi, Caritas in veritate, agencias de noticias y publicaciones católicas. Vea la lista en Enlaces.

Haga clic a continuación para orar todos los días 10 minutos siguiendo la Palabra de Dios paso a paso: Orar frente al computador, con método preparado en 20 idiomas por los jesuitas irlandeses. Lo encuentra aquí también entre los enlaces.

——————————————————————————————————————- 

El atrevimiento de la Iglesia de aconsejar sobre el manejo de la economía

En un mundo globalizado, en el cual es la economía de mercado, – el capitalismo, – que tiene como una de sus bases la búsqueda del lucro, es novedoso que la Iglesia afirme que sea necesario dar forma y organización a iniciativas económicas que, sin renunciar al beneficio, quieren ir más allá de la lógica del intercambio de cosas equivalentes y del lucro como fin en sí mismo.  

 Que la Iglesia dé orientación sobre cómo manejar la economía puede parecer un atrevimiento. Benedicto XVI en el N° 38 de Caritas in veritate afirma que además de aplicar las justicias conmutativa (la que rige los contratos entre particulares) y la distributiva (la que ordena la distribución equitativa de los bienes y las cargas), en la vida económica se debe abrir campo a la lógica de la fraternidad, a la del amor, lógica que no está interesada sólo en ganar sino que está dispuesta a dar gratuitamente, porque su único objetivo en los negocios no es sólo ganar.  A eso lo llama el Papa civilizar la economía, es volverla más humana: invitarla a que no se contente con ser justa, que tenga sentimientos fraternos. 

Repensar la teoría económica del capitalismo

La reflexión anterior la dedicamos a la necesidad de repensar la teoría económica del capitalismo en búsqueda de un nuevo camino, inyectando a esa teoría el ingrediente de la actitud abierta al don. Aunque el capitalismo tenga elementos positivos como el respeto a la libertad y la democracia, es muy cerrado en su orientación exclusiva al objetivo de conseguir ganancias, sin que le interese hacer un esfuerzo para que todos tengan la oportunidad de beneficiarse de los bienes que el Creador puso para todos en el universo. El capitalismo es cerrado a sus intereses solamente.

Por eso Caritas in veritate afirma que no es suficiente que la economía cree riqueza  y que la política se encargue de distribuirla con justicia, sino que también hay que abrir campo al pensamiento cristiano, el de la actitud abierta a dar gratuitamente, que va más allá de lo que ordenen la técnica y las leyes justas que buscan regular la redistribución de las riquezas. La dignidad de la persona humana orienta el pensamiento social de la iglesia, lo mismo que la solidaridad, que emana del amor cristiano. Parece difícil lograr una transformación del capitalismo de manera que no piense sólo en incrementar sus bienes sino en compartirlos. Ese es el mensaje de Benedicto XVI, y puede ser difícil de aceptar, pero van abriendo el camino los capitalistas que manejan sus negocios con sentido de fraternidad. Los hay.

 Un modelo de economía de mercados que incluya a todos

En el N° 39 de Caritas in veritate se nos remite de nuevo al pensamiento de Pablo VI en Populorum progressio, donde pide la creación de un modelo de economía de mercado que sea capaz de incluir a todos los pueblos y no sólo a los particularmente dotados. Vemos cómo hoy seguimos sujetos a los convenios comerciales, los llamados TLC, según el interés de los países más fuertes: se aprueban cuando y como a ellos les conviene.

¿Independencia entre el Estado y los mercados?

 Nos decía Pablo VI que, cuando el mercado y el gobierno mantienen de modo independiente el monopolio de sus respectivos ámbitos de influencia, se pierde la solidaridad en las relaciones entre los ciudadanos, la participación y el sentido de pertenencia, lo mismo que las acciones inspiradas por la gratuidad.

Así sucede; la empresa privada suele ser muy celosa del manejo de sus reglas del juego. Quiere conservar el monopolio de su campo de influencia. Si no, veamos lo difícil que se vuelve para el gobierno convencer a los Bancos de la necesidad de rebajar sus cobros por los servicios. Eso se califica de un intervencionismo indeseable. Otro ejemplo de la actitud independentista tanto del mercado como del gobierno es la imposibilidad práctica de convenir de común acuerdo el aumento anual del salario mínimo.

Nos dice Benedicto XVI que para vencer el subdesarrollo no es suficiente que en las transacciones comerciales se observe la justicia conmutativa y que los gobiernos emprendan acciones de bienestar social para, de esa manera aplicar la justicia distributiva, sino que se requiere que el mundo económico se abra a las formas de actividad económica que se caractericen por la gratuidad y la comunión.

Caigamos en la cuenta de que las actividades de seguridad social deberían ser un modo de aplicar la justicia distributiva. En el mundo, dominado por la ambición de ganar, del lucro, el cuidado de la salud, por ejemplo, se convirtió en una oportunidad más de negocios orientados al lucro, no en una manera de distribuir equitativamente los bienes, en este caso el acceso a la salud. Los costos de los servicios financieros solían ser  moderados, pero han venido a ser una de las fuentes más seguras de lucro para los Bancos. Leamos las palabras del Papa en el N° 39 de Caritas in veritate:

Después de la Rerum novarum, un paso más adelante

39. Pablo VI pedía en la Populorum progressio que se llegase a un modelo de economía de mercado capaz de incluir, al menos tendencialmente, a todos los pueblos, y no solamente a los particularmente dotados. Pedía un compromiso para promover un mundo más humano para todos, un mundo «en donde todos tengan que dar y recibir, sin que el progreso de los unos sea un obstáculo para el desarrollo de los otros»[1]. Así, extendía al plano universal las mismas exigencias y aspiraciones de la Rerum novarum, escrita como consecuencia de la revolución industrial, cuando se afirmó por primera vez la idea —seguramente avanzada para aquel tiempo— de que el orden civil, para sostenerse, necesitaba la intervención redistributiva del Estado. Hoy, esta visión de la Rerum novarum, además de puesta en crisis por los procesos de apertura de los mercados y de las sociedades, se muestra incompleta para satisfacer las exigencias de una economía plenamente humana. Lo que la doctrina de la Iglesia ha sostenido siempre, partiendo de su visión del hombre y de la sociedad, es necesario también hoy para las dinámicas características de la globalización.

Cuando la lógica del mercado y la lógica del Estado se ponen de acuerdo para mantener el monopolio de sus respectivos ámbitos de influencia, se debilita a la larga la solidaridad en las relaciones entre los ciudadanos, la participación, el sentido de pertenencia y el obrar gratuitamente, que no se identifican con el «dar para tener», propio de la lógica de la compraventa, ni con el «dar por deber», propio de la lógica de las intervenciones públicas, que el Estado impone por ley.

Nos dijo el Papa que no es suficiente para promover un mundo más humano para todos, que se practique la justicia en las transacciones comerciales ni que el Estado intervenga con programas de asistencia social, sino que se necesita una actitud general, de todos,  a estar abiertos a la generosidad, a dar sin esperar una ganancia económica. Sigamos la lectura de la última parte del N° 39:

Las actitudes gratuitas no se pueden prescribir por ley

La victoria sobre el subdesarrollo requiere actuar no sólo en la mejora de las transacciones basadas en la compraventa, o en las transferencias de las estructuras asistenciales de carácter público, sino sobre todo en la apertura progresiva en el contexto mundial a formas de actividad económica caracterizada por ciertos márgenes de gratuidad y comunión. El binomio exclusivo mercado-Estado corroe la sociabilidad, mientras que las formas de economía solidaria, que encuentran su mejor terreno en la sociedad civil aunque no se reducen a ella, crean sociabilidad. El mercado de la gratuidad no existe y las actitudes gratuitas no se pueden prescribir por ley. Sin embargo, tanto el mercado como la política tienen necesidad de personas abiertas al don recíproco.

Las últimas líneas del N° 39 nos indican que sin un cambio interior de las personas que se dedican al mercado y a la política no se podrá avanzar en el desarrollo integral, en el que tengamos cabida todos. Leámoslas de nuevo: El mercado de la gratuidad no existe y las actitudes gratuitas no se pueden prescribir por ley. Sin embargo, tanto el mercado como la política tienen necesidad de personas abiertas al don recíproco. Para que todos cambiemos de manera de pensar y no dirijamos nuestra vida sólo por el camino de buscar siempre y sólo el lucro, se requiere la conversión. La actitud de apertura al don, a la fraternidad no se consigue con una nueva ley ni con un discurso político.

Caridad en la verdad: su profundo sentido

A medida que avanzamos en el estudio de la encíclica social Caridad en la verdad, estamos mejor preparados para comprender el sentido profundo del nombre mismo de este documento: caridad en la verdad. En la audiencia del miércoles 8 de julio de 2009, al día siguiente de la publicación de la encíclica, Benedicto XVI explicó el espíritu de su nueva encíclica, que no pretende ofrecer soluciones técnicas a la crisis económica y financiera mundial, sino una orientación en la que conjuga el mensaje de la fe y de la razón, es decir,  de la caridad, base cristiana fundamental del trato de amor a nuestros semejantes y de la verdad, que la persona humana persigue con la razón.

Nos dijo entonces el Santo Padre, que la principal fuerza impulsora para el verdadero desarrollo de cada persona y de toda la humanidad es la caridad en la verdad y que en torno a este principio de la caridad en la verdad, gira toda la DSI. Algunas de sus palabras fueron:

Sólo con la caridad, iluminada por la razón y por la fe, es posible conseguir objetivos de desarrollo con un valor humano y humanizador.

La justicia y el amor son inseparables

Mostró también el Papa en esa audiencia, la relación de la caridad con la justicia con estas palabras: La justicia es parte de ese amor “con los hechos y en la verdad (1 Jn 3,18), a la que exhorta el apóstol Juan. Estas palabras del Papa las estudiamos ya en los números 6 y 7 de la encíclica. No puede uno decir que ama a alguien si no es justo con él. El amor y la justicia van juntos. Si cometemos una injusticia, faltamos también al mandato de amar al prójimo.

Como Benedicto XVI lo dijo en la citada audiencia del 8 de julio de 2009, la encíclica nos invita a una seria reflexión sobre el sentido mismo de la economía y sobre sus finalidades. Nos dijo entonces que esa seria reflexión

Lo exige el estado de salud ecológica del planeta; lo pide la crisis cultural y moral del hombre que aparece con evidencia en cada lugar del globo. La economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; necesita recuperar la importante contribución del principio de gratuidad y de la “lógica del don” en la economía de mercado, en el que la regla no puede ser el provecho propio. Pero esto  sólo es  posible únicamente gracias al compromiso de todos, economistas y políticos, productores y consumidores, y presupone una formación de las conciencias que dé fuerza a los criterios morales en la elaboración de los proyectos políticos y económicos.

El papel de la fe para lograr la justicia y la paz

Ese compromiso de todos, que presupone una formación de las conciencias, lleva consigo una conversión, un cambio en la manera de pensar y en el actuar. No se puede esperar la conversión de todo el mundo para que al fin en todas las naciones reinen la justicia y la paz, pero sin duda que el diálogo entre la fe y la razón ayuda a que este objetivo se consiga. El papel de la religión es muy positivo, a pesar de la alergia contra ella que pareciera infectar a muchos de nuestros contemporáneos y de las persecuciones que continúan en algunos países. Ese papel positivo de la fe lo expresa así el Papa en la audiencia del 8 de julio de 2009 que venimos citando:

La humanidad es una sola familia y el diálogo fecundo entre fe y razón no puede más que enriquecerla, haciendo más eficaz la obra de la caridad en lo social, constituyendo además el marco apropiado para incentivar la colaboración entre creyentes y no creyentes, en la perspectiva compartida de trabajar por la justicia y la paz en  el mundo.

La caridad iluminada por la razón y la fe

¿Cómo lograr que el mundo busque los objetivos de desarrollo con un valor humano y humanizador, que afirma el Papa sólo se pueden conseguir con la caridad, iluminada por la razón y por la fe, sino con un cambio de mentalidad, que nos induzca a no buscar sólo lo material? En esa misma audiencia dijo también Benedicto XVI:

El Evangelio nos recuerda que no sólo de pan vive el hombre: no sólo con bienes materiales se puede satisfacer la profunda sed de su corazón. El horizonte del hombre es indudablemente más alto y más vasto; por esto todo programa de desarrollo debe tener presente, junto a lo material, el crecimiento espiritual de la persona humana, que está dotada de alma y cuerpo. Este es el desarrollo integral, al que constantemente se refiere la doctrina social de la Iglesia, desarrollo que tiene su criterio orientador en la fuerza propulsora de la “caridad en la verdad”.

Necesidad de la gracia para que se produzca el cambio de mentalidad

Cuando Benedicto XVI expone su pensamiento, que nos puede parecer utópico, es consciente de la necesidad de la intervención de la gracia para que se produzca ese cambio en la mentalidad del ser humano y de la necesidad de que los políticos y gobernantes católicos obren de manera coherente con su fe. Estas fueron sus palabras:

(…) oremos para que también esta encíclica pueda ayudar a la humanidad a sentirse una única familia comprometida en realizar un mundo de justicia y de paz. Oremos para que los creyentes que trabajan en los sectores de la economía y de la política, adviertan cuán importante es la coherencia de su testimonio evangélico en el servicio que ofrecen a la sociedad.

Un número dedicado a la empresa y a la gerencia

Vamos ahora al N° 40 de Caritas in veritate. Es un número dedicado a la empresa y a la gerencia. Nos dijo antes el Papa que se requiere que todos aceptemos el principio de gratuidad y de la “lógica del don” en la economía de mercado, en el que la regla no puede ser el provecho propio. Pero esto  sólo es  posible únicamente gracias al compromiso de todos, economistas y políticos, productores y consumidores, y presupone una formación de las conciencias que dé fuerza a los criterios morales en la elaboración de los proyectos políticos y económicos. Habíamos considerado que se necesita un cambio de mentalidad de todos, ahora la encíclica se refiere en particular a la empresa.

Se requieren cambios profundos en el modo de entender la empresa

 Empieza el Papa por afirmar que se requieren cambios profundos en el modo de entender la empresa. No hay duda de que en la era de la globalización de los negocios, las empresas están sufriendo cambios muy grandes. El de la encíclica Caridad en la verdad es un enfoque muy moderno que tiene en cuenta las apreciaciones que se exponen y se siguen discutiendo hoy en las escuelas de administración de empresas y entre los teóricos de la economía. Una posición que se presentó hace ya varios años, pero sigue siendo actual, es el de que las empresas no pueden manejarse sólo teniendo en cuenta los intereses de sus propietarios, sino que se deben tener cuenta los intereses de la comunidad local.

No hay unanimidad en los teóricos académicos sobre este tema, de manera que el Papa toca en la encíclica algo que está hoy en el pensamiento de los dueños de las empresas, de los administradores y de los académicos.

En un programa anterior tratamos sobre la diferencia entre los dueños del capital de la empresa, es decir de los accionistas, los llamados share holders, en la jerga de los administradores, y los stake holders, que son todos los demás que tienen algún interés en la empresa, aunque no sean accionistas. En este grupo se incluyen los trabajadores de todos los niveles de la compañía, los proveedores, los distribuidores, los compradores o consumidores y la comunidad local donde esté localizada la empresa. Es un tema muy actual al que dedicaremos más espacio en la próxima reflexión. Terminemos hoy con un resumen del N° 40 de Caritas in veritate.

El tema que expone Benedicto XVI en este N° es que el contexto económico internacional actual requiere una nueva forma de entender la empresa. Explica a qué se refiere:

-Advierte la encíclica sobre el riesgo que se corre, si la empresa se orienta exclusivamente a responder a las expectativas de los inversionistas, sin tener en cuenta su dimensión social, porque debido al crecimiento,  necesita que se le  inyecten capitales frescos y cada vez son menos las empresas que pueden depender de un solo dueño y que puedan reducir su actividad sólo a un territorio.

-Además, por no estar localizada la empresa en un solo territorio, los empresarios empiezan a sentir menos la responsabilidad con la sociedad y se dedican sólo a atender los intereses de los accionistas que no están sujetos a un solo territorio.

-Se piensa cada vez más que la administración de las empresas debe asumir responsabilidades frente a todos los que contribuyen en alguna forma a la empresa. Es decir los que se llaman ahora stakeholders.

-Eso significa que los dueños de las empresas deben considerar el impacto que sus negocios pueden tener en los involucrados (en los stakeholders), entre los cuales tiene un papel muy importante la comunidad local.

-Añade el Papa que se debe evitar la inversión financiera especulativa que persigue ante todo un beneficio inmediato, sin tener en cuenta la sostenibilidad de la empresa a largo plazo.

-La encíclica considera equivocada la utilización de lo que se llama “outsourcing” o también “tercerización”, – la encíclica habla de la “deslocalización”, que se refiere al sacar de la empresa la producción de bienes o servicios y entregarlos a terceros, especialmente fuera del territorio, con la única intención de explotar sin aportar a la sociedad local.

Como vemos pareciera que son temas muy técnicos y podríamos preguntarnos por qué la DSI interviene en esos temas si su intención no es ofrecer soluciones técnicas. Vamos luego a ver que las observaciones sobre temas que pueden parecer técnicos no se enfocan a mirar si son correctos técnicamente, sino desde el punto de vista de la justicia y de la caridad, de la caridad en la verdad. 


[1] Cf Populorum progressio, 44