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Reflexión 186 – Caritas in veritate N° 16-17 (Charla 24)

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La introducción y el capítulo 1° de Caritas in veritate

 

Benedicto XVI dedicó la Introducción de su encíclica, del N° 1 al 10, a aclarar algunos términos fundamentales, teológicos y éticos para que podamos comprender el contenido de la encíclica. Del N° 10 al 20, lo titula el Papa: El Mensaje de la Populorum progressio,  la encíclica de Pablo VI sobre el desarrollo de los pueblos. Benedicto XVI hace una síntesis del contenido de la encíclica de Pablo VI sobre el desarrollo. Comprendemos así la continuidad, al mismo tiempo que la novedad de la DSI, que es siempre antigua y siempre nueva; que hunde sus raíces en lo eterno de la Palabra de Dios y nos ilumina en los caminos nuevos por donde debemos continuar.

 

Pablo VI y Benedicto XVI nos instruyen sobre el desarrollo

 

¿Cuál es el desarrollo de los pueblos del que nos habla Pablo VI y en el cual profundiza  Benedicto XVI? Las dos encíclicas son muy claras al respecto: se trata del desarrollo integral,  el que abarca al ser humano en todas sus dimensiones; no se trata de sólo el desarrollo material, el que se refiere únicamente al avance de la ciencia y de la tecnología, que ayuda al mayor y más eficiente uso de los bienes materiales; no se trata  sólo del crecimiento de la economía y el mejoramiento general de todas las realidades terrenas, sino también del desarrollo de la persona en sus dimensiones más elevadas: la espiritual, la intelectual, la social…

Si se tratara sólo del crecimiento económico, sólo del desarrollo material de los pueblos, la Iglesia no tendría todo el interés con el que se compromete en sus permanentes intervenciones. Hablando del desarrollo de la persona humana como de una vocación de todos, Benedicto XVI nos dice en el N° 16 de Caritas in veritate, que lo que legitima la intervención de la Iglesia en la problemática del desarrollo  es que, cuando se habla del desarrollo se trata también del destino eterno del ser humano y de su seguro caminar en la historia junto con sus otros hermanos, hacia la meta a la que está destinado. Podríamos decir que trabajar por el desarrollo integral es el caminar del ser humano y de sus hermanos en la historia, es hacer el camino hacia la eternidad.

 

Un desarrollo que aliena

 

Si se orientara el desarrollo a sólo la dimensión material y temporal de la persona humana, se recortaría su grandeza, se limitarían sus posibilidades espirituales… A trabajar sólo por el desarrollo material de la persona humana, ignorando toda la riqueza espiritual e intelectual se le podría llamar con toda razón “alienarse”. Recordemos que alienarse es lo mismo que perder la propia identidad; alienarnos es perder nuestra manera natural de ser.[1]

A la Iglesia le interesa que la persona humana crezca, se desarrolle, según  el diseñó del Creador. La Evangelización nos indica el camino de Dios, como Jesús nos lo enseñó. El Evangelio nos enseña a ser más humanos, con la perfección posible de la naturaleza humana como Dios la diseñó. Apartarnos del plan concebido por Dios para las personas, para las familias, para la sociedad, no sería conseguir seres humanos mejores sino más imperfectos, familias y sociedad lejanas a lo que el Creador pretende. ¿Cómo intentar siquiera, mejorar lo que Dios ha ideado en su infinita sabiduría.

Hay mucha soberbia cuando se pretende mejorar una plana escrita por Dios. Eso fue lo que quisieron hacer los ángeles caídos. Lo que pretendieron nuestros primeros padres en el paraíso. Lo que, por ejemplo, pretenden crear ahora los partidarios de matrimonios entre homosexuales.

No tiene lógica la presentación del desarrollo humano que hacen los promotores del libre desarrollo de la personalidad que defienden la libertad de consumir drogas porque la Constitución establece en su artículo 16, que Todas las personas tienen derecho al libre desarrollo de su personalidad sin más limitaciones que las que imponen los derechos de los demás y el orden jurídico. ¿Por qué no piensan también en las limitaciones que les impone Dios a través de la ley natural?

La defensa del consumo de estupefacientes basada en el libre desarrollo de la personalidad es contradictoria, pues con ese argumento no se defiende  el desarrollo de la persona sino su deterioro.

 

Derecho a limitar o hacer daño al propio desarrollo

 

Pretenden que la Constitución garantice no sólo el libre desarrollo de la personalidad, sino el derecho a recortarlo, o peor aún, el derecho a hacer daño al propio desarrollo. De manera que, tras el maquillaje del libre  desarrollo de la personalidad,  lo que realmente se busca es que se garantice el libre no desarrollo de la personalidad. No es extraño que se pretenda garantizar también el derecho a quitarse la vida, el derecho a la propia destrucción, por medio de la eutanasia.

Es doloroso, pero entre los juristas y legisladores de nuestro país hay personas con ideologías claramente anticristianas, cuya visión de lo que es el ser humano se aparta mucho de lo que nos enseña la antropología cristiana, es decir lo que es el ser humano según el diseño de Dios. En esa ideología se fundamentan algunos de sus fallos o sus proyectos de ley, que apartan a nuestra sociedad de los caminos del ser humano según el Evangelio.

 

Nuestra vocación al desarrollo

 

Dicen Pablo VI y  Benedicto XVI que nuestro propio desarrollo es una vocación a la que todos estamos llamados. No podemos hacernos los sordos a la llamada a nuestro propio desarrollo. Volvamos a leer las palabras de Populorum progressio con las que terminamos la reflexión anterior:

15. En los designios de Dios, cada hombre está llamado a desarrollarse, porque toda vida es una vocación. Desde su nacimiento, ha sido dado a todos como un germen, un conjunto de aptitudes y de cualidades para hacerlas fructificar: su floración, fruto de la educación recibida en el propio ambiente y del esfuerzo personal, permitirá a cada uno orientarse hacia el destino, que le ha sido propuesto por el Creador. Dotado de inteligencia y de libertad, el hombre es responsable de su crecimiento, lo mismo que de su salvación. Ayudado, y a veces es trabado, por los que lo educan y lo rodean, cada uno permanece siempre, sean los que sean los influjos que sobre él se ejercen, el artífice principal de su éxito o de su fracaso: por sólo el esfuerzo de su inteligencia y de su voluntad, cada hombre puede crecer en humanidad, valer más, ser más.

De manera que todos estamos llamados a desarrollarnos, a crecer como personas, y es ése un deber personal: Dotado de inteligencia y de libertad, el hombre es responsable de su crecimiento, lo mismo que de su salvación. Aclara a continuación Pablo VI:

16. Por otra parte este crecimiento no es facultativo. De la misma manera que la creación entera está ordenada a su Creador, la creatura espiritual está obligada a orientar espontáneamente su vida hacia Dios, verdad primera y bien soberano. Resulta así que el crecimiento humano constituye como un resumen de nuestros deberes. Más aun, esta armonía de la naturaleza, enriquecida por el esfuerzo personal y responsable, está llamada a superarse a sí misma. Por su inserción en el Cristo vivo, el hombre tiene el camino abierto hacia un progreso nuevo, hacia un humanismo trascendental, que le da su mayor plenitud; tal es la finalidad suprema del desarrollo personal.

Trabajar por nuestro propio desarrollo es, entonces, un deber personal; que es el resumen de nuestros deberes, dice Pablo VI, como lo acabamos de leer. Repitamos algunas  frases de Pablo VI:

- En los designios de Dios, cada hombre está llamado a desarrollarse, porque toda vida es una vocación.

- Desde su nacimiento, ha sido dado a todos como un germen, un conjunto de aptitudes y de cualidades para hacerlas fructificar.

- Dotado de inteligencia y de libertad, el hombre es responsable de su crecimiento, lo mismo que de su salvación.

- Cada uno permanece siempre, sean los que sean los influjos que sobre él se ejercen, el artífice principal de su éxito o de su fracaso

- Cada hombre puede crecer en humanidad, valer más, ser más.

- Por su inserción en el Cristo vivo, el hombre tiene el camino abierto hacia un progreso nuevo, hacia un humanismo trascendental, que le da su mayor plenitud; tal es la finalidad suprema del desarrollo personal.

 

Desarrollo y Parábola de los talentos

 

Después de escuchar estas enseñanzas no podemos ignorar la advertencia de la parábola de los talentos porque Desde nuestro nacimiento,  nos ha sido dado a todos como un germen, un conjunto de aptitudes y de cualidades para hacerlas fructificar. Un día nos pedirán cuentas.  De nosotros espera el Señor que hayamos hecho fructificar las cualidades y aptitudes que nos fueron dadas (Mt 25 14-30).

Esas aptitudes y cualidades de distinto orden nos han sido dadas paras que las hagamos crecer. El día de la cuenta final no podemos llegar siendo más imperfectos… Estamos llamados a orientar nuestra vida hacia Dios, verdad primera y bien soberano.

La vocación de la persona humana al desarrollo comienza en el momento en que de Dios la llama a la vida. Cuando Dios infunde su espíritu a ese minúsculo ser, lo está dotando del poder de crecer, de desarrollarse; primero al cuidado del amor materno que le presta el refugio de su vientre y los medios para irse convirtiendo, hasta su nacimiento, en un hijo de Dios completo, con la capacidad de un ser humano independiente.

 

Aborto y desarrollo

 

Hay personas que, por medio del aborto, pretenden impedir que ese ser llamado a la vida vea la luz, llegue a ser, como está destinado a ser, una persona humana que desarrolle libremente su camino hacia la eternidad y preste su inteligencia, su voz, sus manos, para el desarrollo del mundo, según los planes del Creador. 

En el N° 17 de Caritas in veritate Benedicto XVI nos explica lo que significa la vocación al desarrollo a que  estamos llamados. Como Dios nos creó libres, su llamada al desarrollo implica una respuesta libre de nuestra parte. Dice así el Santo Padre:

17. La vocación es una llamada que requiere una respuesta libre y responsable.

Uno responde libremente cuando no lo hace obligado por otras personas o porque las circunstancias no le permiten otra salida. Nuestra respuesta es “responsable”, cuando somos conscientes de que debemos dar cuenta de nuestra acción.

 

El desarrollo humano integral supone la libertad responsable de la persona y de los pueblos: ninguna estructura puede garantizar dicho desarrollo desde fuera y por encima de la responsabilidad humana. Los «mesianismos prometedores, pero forjadores de ilusiones»[2] basan siempre sus propias propuestas en la negación de la dimensión trascendente del desarrollo, seguros de tenerlo todo a su disposición. Esta falsa seguridad se convierte en debilidad, porque comporta el sometimiento del hombre, reducido a un medio para el desarrollo, mientras que la humildad de quien acoge una vocación se transforma en verdadera autonomía, porque hace libre a la persona.

 

Los falsos mesías, forjadores de falsas ilusiones

El comienzo de este número 17 de Caritas in veritate evoca claramente la advertencia de Pablo VI sobre el peligro de los falsos mesianismos, “forjadores de ilusiones”. Cuando el mesianismo comunista que prometía un paraíso terreno se derrumbó, pensamos que ese peligro había pasado; sin embargo vemos hoy que aparecen nuevas dictaduras que vuelven a ofrecer un aparente desarrollo, que para conseguirlo exige que se le empeñe el don de la libertad y  surgen rebaños de personas obnubiladas por las promesas que a la postre resultan engaños.

No podemos aceptar un desarrollo aparente que, a cambio, obliga a renunciar al verdadero, propio desarrollo. No promete  un desarrollo humano integral, si recorta la libertad.

En Venezuela anuncian ya que están creando una especie de cartilla de racionamiento, a la cual tendrán acceso los que se sometan al nuevo movimiento. Están cerca de las elecciones, de manera que parece claro el intercambio que se propondrá: “tienes derecho a la cartilla para conseguir alimentos a precios especiales, si adhieres a la revolución”… Se ofrece el trueque de calmar el hambre, a cambio de la libertad.

Leamos las palabras de Pablo VI en Populorum progressio en los N° 6 y 11 a las cuales se refiere Caritas in veritate. Pablo VI presenta primero cuáles son las aspiraciones del ser humano.

¿A qué aspiran  los hombres de hoy?

 

6. Verse libres de la miseria, hallar con más seguridad la propia subsistencia, la salud, una ocupación estable; participar todavía más en las responsabilidades, fuera de toda opresión y al abrigo de situaciones que ofenden su dignidad de hombres; ser más instruidos; en una palabra, hacer, conocer y tener más para ser más: tal es la aspiración de los hombres de hoy, mientras que un gran número de ellos se ven condenados a vivir en condiciones, que hacen ilusorio este legítimo deseo. Por otra parte, los pueblos llegados recientemente a la independencia nacional sienten la necesidad de añadir a esta libertad política un crecimiento autónomo y digno, social no menos que económico, a fin de asegurar a sus ciudadanos su pleno desarrollo humano y ocupar el puesto que les corresponde en el concierto de las naciones.

Para crecer es necesaria la libertad política, es decir la libertad de la que gozan  los pueblos independientes. Y no es suficiente sólo el crecimiento económico; se requiere también un crecimiento social, que no es posible sin libertad individual. No basta tener más; lo que la persona humana quiere para sí es SER más.  La búsqueda de satisfacción del hondo deseo de ser más, de mayor desarrollo, puede conducir por caminos equivocados, que lleven sólo a TENER más y la consecuencia puede ser tener más pero SER menos. Leamos la advertencia de Pablo VI sobre los falsos mesianismos, en el N° 11 de Populorum progressio:

En este desarrollo, la tentación se hace tan violenta, que amenaza arrastrar hacia los mesianismos prometedores, pero forjados de ilusiones. ¿Quién no ve los peligros que hay en ello de reacciones populares y de deslizamientos hacia las ideologías totalitarias? Estos son los datos del problema, cuya gravedad no puede escapar a nadie.

 

Artífices de de nuestro éxito o de nuestro fracaso

Sobre estas reflexiones de Pablo VI dice Caritas in veritate en el N° 17 que estamos estudiando:

 

Pablo VI no tiene duda de que hay obstáculos y condicionamientos que frenan el desarrollo, pero tiene también la certeza de que «cada uno permanece siempre, sean los que sean los influjos que sobre él se ejercen, el artífice principal de su éxito o de su fracaso»[3]. Esta libertad se refiere al desarrollo que tenemos ante nosotros pero, al mismo tiempo, también a las situaciones de subdesarrollo, que no son fruto de la casualidad o de una necesidad histórica, sino que dependen de la responsabilidad humana. Por eso, «los pueblos hambrientos interpelan hoy, con acento dramático, a los pueblos opulentos»[4]. También esto es vocación, en cuanto llamada de hombres libres a hombres libres para asumir una responsabilidad común. Pablo VI percibía netamente la importancia de las estructuras económicas y de las instituciones, pero se daba cuenta con igual claridad de que la naturaleza de éstas era ser instrumentos de la libertad humana. Sólo si es libre, el desarrollo puede ser integralmente humano; sólo en un régimen de libertad responsable puede crecer de manera adecuada.

Oigamos una vez más, de labios del Papa, el clamor de los hambrientos,  que es para cada uno de nosotros, una llamada, una vocación: «los pueblos hambrientos interpelan hoy, con acento dramático, a los pueblos opulentos»[5]. También esto es vocación, en cuanto llamada de hombres libres a hombres libres para asumir una responsabilidad común.

Los seres humanos tenemos una vocación a trabajar por el desarrollo de los más pobres. A eso nos llama Dios. Tienen también una vocación las estructuras económicas y las instituciones: no existen los gremios económicos ni las instituciones del gobierno nacional ni las organizaciones internacionales para beneficio de unos pocos, su vocación es el bien común, no sólo su bien particular.

 

Nuestra banca nacional no parece entender que su vocación, su razón de ser, deba ser el bien común. Llama la atención que con sus inmensas ganancias, no comprendan que no existirían si sus clientes se les apartaran. A pesar de sus inmensas utilidades, los bancos acaban de pedir al gobierno que quiten la tasa de usura, con el curioso argumento de que la razón por la cual los pobres no tienen acceso a los servicios bancarios, es que esas entidades no les pueden prestar a intereses bajos. Como si estuvieran prestando a pérdida, para querer aumentar las tasas que ya son muy altas.[6]

 

Dice Benedicto XVI, que Pablo VI percibía netamente la importancia de las estructuras económicas y de las instituciones, pero se daba cuenta con igual claridad de que la naturaleza de éstas era ser instrumentos de la libertad humana. Sólo si es libre, el desarrollo puede ser integralmente humano; sólo en un régimen de libertad responsable puede crecer de manera adecuada.

¿Será que comprenden los banqueros que la naturaleza de las instituciones, – también de las financieras, – es ser instrumentos del desarrollo de la persona humana y no sólo del crecimiento económico de sus dueños? ¿Será que no comprenden que son parte del libre mercado, pero que esa libertad tiene que ser responsable frente al bien común?

 

 

Fernando Díaz del Castillo Z.

 

Escríbanos a: reflexionesdsi@gmail.com

 


[1] Cr Relexión 49 jueves 1 de marzo 2007.

[2] Cf. Carta enc. Populorum progressio 11: l.c., 262; Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 25: l.c., 822-824.

[3] Carta enc. Populorum progressio, 15: l.c., 265.

[4] Ibíd., 3: l.c., 258.

[5] Ibíd., 3: l.c., 258.

[6] Según El Tiempo, Bogotá, 01 septiembre 2010,  en Colombia el desempleo continúa en 12.6%, mientras el subempleo crece. En julio 21010, los subempleados llegaron a 7.34 millones. El sector financiero, por otra parte ganó $ 5.3 billones (millones de millones de pesos) en siete meses. ¿De dónde obtienen tan generosas ganancia?