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Reflexión 185 - Caritas in veritate N° 15-20 (Charla 23)

Caritas in veritate N° 15-20 (Charla 23)

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¿De qué tratan estas reflexiones?

El tema de este blog es la DSI, como se nos enseña en los documentos del magisterio. Nuestro texto es el libro Compendio de la DSI, preparado por  el Pontificio Consejo Justicia y Paz. Juan Pablo II  le  encargó su preparación. En este libro se recogió la DSI con base, en primer lugar, en la Sagrada Biblia. Un lugar principalísimo ocupan en la formación de la DSI los documentos de los Concilios, de los Sínodos y muy especialmente las enseñanzas de los Sumos Pontífices.

Estamos ahora estudiando la encíclica Caritas in veritate, Caridad en la verdad, de Benedicto XVI, publicada para conmemorar los 40 años de la publicación de Populorum progressio, sobre el desarrollo de los pueblos, de Pablo VI.

La importancia del estudio de la DSI la hemos aprendido guiados en particular por Benedicto XVI y por sus antecesores Juan Pablo II y Pablo VI; de ellos hemos aprendido que la DSI es un elemento esencial de la evangelización; es la DSI anuncio y testimonio de la fe, instrumento y fuente imprescindible para educarse en la fe.

¿Tiene que ver la evangelización con el desarrollo?

Terminamos la reflexión anterior con las consideraciones que nos hace Benedicto XVI sobre la conexión que la evangelización tiene con la promoción humana, es decir con el desarrollo integral de la persona, como lo encontramos en el N° 31 de la Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi.

La evangelización es una contribución muy importante en el desarrollo integral de la persona humana, y como la DSI es una parte importante de nuestra formación en la fe, si no conocemos y practicamos la DSI nuestra formación en la fe queda incompleta.

Antropología cristiana y desarrollo

Aprendimos que los vínculos muy fuertes que la evangelización tiene con la promoción humana son de índole antropológico y teológico ,y que tiene sus raíces en el Evangelio mismo. Que el lazo que une a la evangelización con el desarrollo de la persona humana se origine en la antropología cristiana quiere decir que, el mensaje de salvación que se predica tiene que estar de acuerdo con la naturaleza humana como Dios la diseñó; que el ser humano que hay que salvar, el que hay que evangelizar, es un ser humano como Dios lo creó: un ser de carne y hueso, con necesidades materiales y también espirituales, una creatura de naturaleza social, que tiene necesidad de desarrollar sus capacidades intelectuales, por lo tanto necesita acceder a la educación, al cuidado de su salud, de progresar en su vida sobrenatural, de vivir una vida digna en su trabajo, de tener también una vivienda digna y una alimentación adecuada.

La naturaleza humana como Dios la diseñó

El ser humano está dotado también de virtudes sobrenaturales, porque es creado a imagen de Dios y, redimido por su misericordia, está destinado a compartir la vida divina. Ese es el ser humano que hay que evangelizar, el que hay que salvar; un ser humano capaz de progresar, de crecer, porque tiene un origen divino como es creado a imagen de su Creador, está dotado de dones y medios que le hacen posible llegar a su destino que es la eternidad.

En la concepción del ser humano desde la óptica de la antropología cristiana, el papel de Dios en nuestra existencia es esencial

Podríamos decir que la explicación sobre el vínculo antropológico del desarrollo humano con la evangelización es suficiente para entender que, además de un vínculo antropológico, existe también un vínculo teológico, pues en la concepción del ser humano desde la óptica de la antropología cristiana, el papel de Dios en nuestra existencia es esencial. Un vínculo teológico de la promoción humana con la evangelización quiere decir que ese vínculo se origina en Dios. Eso parece obvio, sin embargo, Evangelii nuntiandi profundiza y amplía su explicación sobre los vínculos del desarrollo humano con la evangelización al enseñarnos que el vínculo de orden teológico entre el desarrollo humano y la evangelización tiene su origen en el sentido de la redención.

La persona humana no sólo fue creada por Dios a su imagen, pero abandonada luego al azar. Como el ser humano cayó,- con arrogancia se separó de su Creador, - el Padre misericordioso no lo abandonó, antes le tendió la mano e ideó un plan de redención como sólo a su amor infinito se le podía ocurrir: de tal manera ama el Padre a su creatura, que entregó a su Hijo Unigénito para redimirlo y encaminarlo de nuevo a su destino (Jn 3,16).

Papel de la evangelización en la promoción de la justicia

Como consecuencia de su caída, el ser humano vive en situaciones de pecado y de injusticia y es papel de la evangelización combatir la injusticia y restaurar la justicia. Recordemos el papel de la caridad, virtud eminentemente evangélica, en la restauración y promoción de la justicia.

Para completar el repaso de los tres fuertes vínculos de la evangelización con la promoción humana, - vínculos antropológico, teológico y evangélico, volvamos a leer las palabras textuales de Evangelii nuntiandi (31), sobre la necesaria conexión de la evangelización misma con la promoción humana.

Entre evangelización y promoción humana (desarrollo, liberación) existen efectivamente lazos muy fuertes. Vínculos de orden eminentemente evangélico como es el de la caridad: en efecto, ¿cómo proclamar el mandamiento nuevo sin promover, mediante la justicia y la paz, el verdadero, el auténtico crecimiento del hombre? Nos mismo lo indicamos, al recordar que no es posible aceptar “que la obra de evangelización pueda o deba olvidar las cuestiones extremadamente graves, tan agitadas hoy día, que atañen a la justicia, a la liberación, al desarrollo y a la paz en el mundo. Si esto ocurriera, sería ignorar la doctrina del Evangelio acerca del amor al prójimo que sufre o padece necesidad”[1].

El testimonio y el anuncio de Jesucristo son complementarios

Recordemos, antes de continuar con el texto de Caritas in veritate, que dos elementos indispensables en la evangelización son el testimonio de vida y el anuncio claro, explícito, de la Buena Nueva; el anuncio claro e inequívoco de Jesucristo. Como dice Evangelii nuntiandi (21),

La Buena Nueva debe ser proclamada en primer lugar, mediante el testimonio (…) Este testimonio constituye ya de por sí una proclamación silenciosa, pero también muy clara y eficaz, de la Buena Nueva. Hay en ello un gesto inicial de evangelización (…) (22) Y, sin embargo, esto sigue siendo insuficiente, pues el más hermoso testimonio se revelará a la larga impotente si no es esclarecido, justificado —lo que Pedro llamaba dar “razón de vuestra esperanza” (1 Pe 3,15), explicitado por un anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús. La Buena Nueva proclamada por el testimonio de vida deberá ser pues, tarde o temprano, proclamada por la palabra de vida. No hay evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios.

Si eres cristiano dínoslo abiertamente y da testimonio de ello

En la reflexión anterior decíamos que sobre la necesidad del testimonio y de la proclamación de palabra, de la Buena Nueva, en el proceso de evangelización, nos puede ayudar recordar palabras y hechos que encontramos en el Evangelio. Jesús decía a sus discípulos que miraran más allá de las palabras, el testimonio de su vida. Cuando le pidieron que si era el Mesías se lo dijera claramente, Él respondió: “Yo se lo he dicho, pero ustedes no me creen. Las obras que yo hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí.”(Jn, 10, 24s). Cuando los seguidores del Bautista le hicieron una pregunta parecida sobre su identidad, Jesús les respondió: “Regresen y digan a Juan lo que ven y oyen.” (Mt, 11,4). No les pidió que dijeran al Bautista sólo lo que veían o sólo lo que oían, sino las dos cosas: lo que ven y lo que oyen. Sus actos de amor con los pobres, con los pecadores, con los enfermos. Lo que oyen: su predicación del Reino, las bienaventuranzas. Jesús quiere que miremos nuestra propia vida y seamos palabra y obra…

El desarrollo, una vocación a la que Dios nos llama

En los N° 16 a 20 de Caritas in veritate Benedicto XVI avanza en su explicación de Populorum progressio, la encíclica de Pablo VI sobre el desarrollo de los pueblos y trata algo nuevo de sumo interés; nos dice que Pablo VI presenta el progreso, el desarrollo, como una vocación a la que Dios nos llama. Dice el Santo Padre que en su fuente y en su esencia, el progreso es una vocación. Dios nos llama; es su voluntad que todos progresemos. El desarrollo es una llamada que Dios nos hace y requiere una respuesta libre y responsable. Dice también el Papa que el desarrollo humano integral, como vocación exige que se respete la verdad y, la visión del desarrollo como vocación, comporta que su centro sea la caridad.

Así termina Benedicto XVI su presentación del mensaje de Pablo VI en Populorum progressio. Leamos el N° 16 de Caritas in veritate:

16. En la Populorum progressio, Pablo VI nos ha querido decir, ante todo, que el progreso, en su fuente y en su esencia, es una vocación: «En los designios de Dios, cada hombre está llamado a promover su propio progreso, porque la vida de todo hombre es una vocación»[2]. Esto es precisamente lo que legitima la intervención de la Iglesia en la problemática del desarrollo. Si éste afectase sólo a los aspectos técnicos de la vida del hombre, y no al sentido de su caminar en la historia junto con sus otros hermanos, ni al descubrimiento de la meta de este camino, la Iglesia no tendría por qué hablar de él. Pablo VI, como ya León XIII en la Rerum novarum[3], era consciente de cumplir un deber propio de su ministerio al proyectar la luz del Evangelio sobre las cuestiones sociales de su tiempo.[4]

El desarrollo humano lo quiere Dios y sólo en Él tiene pleno significado

Decir que el desarrollo es vocación equivale a reconocer, por un lado, que éste nace de una llamada trascendente y, por otro, que es incapaz de darse su significado último por sí mismo. Con buenos motivos, la palabra «vocación» aparece de nuevo en otro pasaje de la Encíclica (Populorum progressio), donde se afirma: «No hay, pues, más que un humanismo verdadero que se abre al Absoluto en el reconocimiento de una vocación que da la idea verdadera de la vida humana»[5]. Esta visión del progreso es el corazón de la Populorum progressio y motiva todas las reflexiones de Pablo VI sobre la libertad, la verdad y la caridad en el desarrollo. Es también la razón principal por lo que aquella Encíclica todavía es actual en nuestros días.

El origen y fuente de la vocación al desarrollo es Dios

Detengámonos en estas ideas: nos enseña la Iglesia que el progreso, el desarrollo, en su origen y en su esencia es una vocación. No es una vocación a la que están llamados sólo algunas personas; todos los seres humanos estamos llamados a trabajar por nuestro propio desarrollo y el de la sociedad. Nos dice el Papa que, en su fuente, el progreso es una vocación ¿Cuál es la fuente u origen de esa llamada al progreso? Esa fuente es Dios. En Dios se origina la llamada: En los designios de Dios, cada hombre está llamado a promover su propio progreso, porque la vida de todo hombre es una vocación. Estas últimas palabras están tomadas del N° 15 de Populorum progressio.

El trabajo humano instrumento de perfección

Es oportuno recordar ahora, que el trabajo que todos estamos llamados a desempeñar es una colaboración con Dios en el mantenimiento y la perfección de la creación. Dios quiere que seamos sus colaboradores. En los programas que dedicamos al trabajo, ya hace algunos años, estudiamos el tema de la dignidad y alegría de trabajar. Juan Pablo II en su encíclica Laboren exercens, sobre el trabajo humano, trata ampliamente este asunto. El capítulo II, N° 4ss, de esa encíclica, lleva como título EL TRABAJO Y EL HOMBRE. Allí dice: El hombre es la imagen de Dios, entre otros motivos, por el mandato recibido de su Creador de someter y dominar la tierra. En la realización de este mandato, el hombre, todo ser humano, hace que la acción misma del Creador del universo se refleje en él.

Continuadores de la obra de la creación

En uno de los programas sobre La Alegría de Trabajar decíamos:

Un pensamiento que nos debe llenar de gozo es que vivimos en la tierra que Dios nos entregó, para que entre todos, y con Él, continuemos la obra de la creación. Para eso tenemos que utilizar bien los medios inventados por el hombre, gracias a la inteligencia que Dios nos dio. El campo donde tenemos que conseguir la perfección es el trabajo. ¿Cómo? pues haciéndolo bien. El trabajo que sea. Hay una inmensa variedad de trabajos, y como allí pasamos la mayor parte de nuestra vida, tenemos que conocerlo, volverlo la fuente de nuestro gozo y el medio donde podemos conseguir la perfección.

El tema del trabajo, como la manera de realizar nuestra vocación a nuestro propio desarrollo, nos llena de optimismo. Tenemos todos una vocación maravillosa. Voy a repetir algo de la reflexión que hicimos en La Alegría de trabajar.

Somos partícipes de la capacidad creadora de Dios

Nuestra vida de trabajo puede y debe ser una fuente de perfección y de alegría. Somos partícipes de la capacidad creadora de Dios. Para ser buenos colaboradores tenemos que conocer el campo y los medios de trabajo, para que a imitación del Padre, cuando terminemos nuestra obra, podamos decir con satisfacción que quedó muy bien: la mesa que hice, la comida que preparé, la visita de ventas que realicé, la manera como atendí al comprador, como recibí al empleado que me buscó, como quedó la calle que barrí, la pared que pinté, el vestido que cosí, el trato al paciente que examiné, mi amabilidad con el pasajero que llevé, la clase que dicté, la Junta que presidí, la investigación que realicé, el arreglo de flores que entregué, la información que comuniqué… Sería una agradable sensación, si de todo lo que hagamos en el trabajo, pudiéramos decir al terminar el día, que nos quedó muy bien, como el Creador al fin de cada día de la semana de la creación y al terminar su obra: Vió Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien. (Gen 1, 31)

Teilhard de Chardin y cómo nuestro trabajo puede ser fuente de inmenso gozo

A propósito de nuestra colaboración en la obra creadora de Dios, recordemos las palabras del reconocido antropólogo y paleontólogo, el jesuita Pierre Teilhard de Chardin; sus bellas palabras nos ayudan a entender la importancia de nuestro trabajo y cómo puede ser fuente de inmenso gozo. Dice el P. Teilhard de Chardin:

“Podemos imaginar quizás, que la creación terminó hace tiempos. Pero eso no es así. La creación continúa y todavía con mayor magnificencia, y en los niveles más altos del mundo… Y nosotros servimos para completarla, aun con el trabajo más humilde de nuestras manos. Ese es en últimas, el sentido y el valor de nuestros actos.”[6] [7]

Son unas refrescantes palabras: ayudar a completar la creación, aun con el trabajo más humilde de nuestras manos.

El presidente Kennedy y cómo aquí en la tierra el trabajo de Dios debe ser el nuestro

No sé si el presidente John F. Kennedy conocía este enfoque cristiano sobre el trabajo, pero terminó su discurso de posesión con estas palabras (traducidas del inglés):

“Con la única recompensa segura, que es nuestra buena conciencia, con la historia como último juez de nuestros actos, llevemos adelante la tierra que amamos, pidiendo la bendición y la ayuda de Dios, pero sabiendo que aquí en la tierra el trabajo de Dios debe ser el nuestro.” (“knowing that here on earth God’s work must truly be our own.”)

Juan Pablo II y cómo mediante el trabajo el hombre se hace más hombre

En su encíclica Laborem Exercens, Juan Pablo II afirma sobre la dignidad de la persona y el trabajo:

El trabajo es un bien del hombre – es un bien de la humanidad -, porque, mediante el trabajo, el hombre no sólo transforma la naturaleza adaptándola a las propias necesidades, sino que se realiza a sí mismo como hombre; es más en un cierto sentido, <se hace más hombre>.[8]

Según Theilard De Chardin el mundo mismo, como lo ven los ojos de la ciencia, es donde son más claras las obras de Dios

Y sobre el trabajo como participación en la obra del Creador, afirma Juan Pablo II en la encíclica Laborem exercens:

En la palabra de la divina Revelación está inscrita muy profundamente esta verdad fundamental: que el hombre, creado a imagen de Dios, mediante su trabajo, participa en la obra del Creador, y según la medida de sus propias posibilidades, en cierto sentido, continúa desarrollándola y la completa, avanzando cada vez más en el descubrimiento de los recursos y de los valores encerrados en todo lo creado.

Las palabras de Populorum progressio que siguen, tomadas del N° 15 nos aclaran aún más por qué nuestro propio desarrollo es una vocación a la que todos estamos llamados:

15. En los designios de Dios, cada hombre está llamado a desarrollarse, porque toda vida es una vocación. Desde su nacimiento, ha sido dado a todos como un germen, un conjunto de aptitudes y de cualidades para hacerlas fructificar: su floración, fruto de la educación recibida en el propio ambiente y del esfuerzo personal, permitirá a cada uno orientarse hacia el destino, que le ha sido propuesto por el Creador. Dotado de inteligencia y de libertad, el hombre es responsable de su crecimiento, lo mismo que de su salvación. Ayudado, y a veces es trabado, por los que lo educan y lo rodean, cada uno permanece siempre, sean los que sean los influjos que sobre él se ejercen, el artífice principal de su éxito o de su fracaso: por sólo el esfuerzo de su inteligencia y de su voluntad, cada hombre puede crecer en humanidad, valer más, ser más.

Nuestro propio desarrollo es un deber personal

De manera que todos estamos llamados a desarrollarnos, a crecer como personas y es ése un deber personal, como aclara a continuación Pablo VI:

16. Por otra parte este crecimiento no es facultativo. De la misma manera que la creación entera está ordenada a su Creador, la creatura espiritual está obligada a orientar espontáneamente su vida hacia Dios, verdad primera y bien soberano. Resulta así que el crecimiento humano constituye como un resumen de nuestros deberes. Más aun, esta armonía de la naturaleza, enriquecida por el esfuerzo personal y responsable, está llamada a superarse a sí misma. Por su inserción en el Cristo vivo, el hombre tiene el camino abierto hacia un progreso nuevo, hacia un humanismo trascendental, que le da su mayor plenitud; tal es la finalidad suprema del desarrollo personal.

Fernando Díaz del Castillo Z.

Escríbanos a: reflexionesdsi@gmail.com


[1] Pablo VI, Discurso en la apertura de la III Asamblea General del Sínodo de los Obispos (27 setiembre 1974): AAS 66 (1974), p. 562.

[2] Populorum progressio, 15

[3] Cf. ibíd., 2: l.c., 258; León XIII, Carta enc. Rerum novarum (15 mayo 1891): Leonis XIII P.M. Acta, XI, Romae 1892, 97-144; Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 8: l.c., 519-520; Id., Carta enc. Centesimus annus, 5: l.c., 799.

[4] Cf. Carta enc. Populorum progressio, 2. 13: l.c., 258. 263-264.

[5] Ibíd., 42: l.c., 278.

[6] Teilhard de Chardin, “The Divine Milieu”, An Essay on the Interior Life, Harper & Row, Publishers, New York , página 62 Th, de Ch. escribió “El Medio Divino” en 1927, mientras trabajaba como miembro de un equipo de paleotólogos en China. El escenario para la visión mística y profunda de Dios del P. Th de Ch era el mundo material en que se hallaba inmerso por su trabajo. Según Th. De Ch. el mundo mismo, como lo ven los ojos de la ciencia, es donde son más claras las obras de Dios. (Comentario en “Toward a Science Charged of Faith”, Chapter 5 of God and Science, by Charles P. Henderson, tomado de internet.

[7] El P. Th. De Ch. sostiene que las ciencias naturales validan las afirmaciones fundamentales de la fe cristiana. Afirma que la única manera de salvar a la ciencia de su autodestrucción es volver a poner a Dios en el centro, en el corazón de la ciencia. Los científicos ateos, en cambio, pretenden mantener a Dios lejos de la ciencia.

[8] Juan Pablo II, Laborem Exercens, Nº 9

Reflexión 163 -Caritas in veritate, 2010 (1)

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Pongámonos en contexto

 

El año pasado hicimos una introducción a la encíclica social Caritas in veritate, de Benedicto XVI, publicada en conmemoración de los 40 años de la carta Populorum progressio, sobre el Desarrollo de los Pueblos, de Pablo VI. Para una mejor comprensión de la encíclica Caritas in veritate  repasamos tabién la encíclica Sollicitudo rei socialis (la Preocupación social de la Iglesia), la que Juan Pablo II publicó para conmemorar el vigésimo aniversario, también de Populorum progressio. Nos corresponde ahora dedicarnos a la de Benedicto XVI.

 

Benedicto XVI había anunciado que estaba preparando su primera encíclica social, después de Deus caritas est (Dios es Amor), y de Spe salvi (En la esperanza fuimos salvados). Las circunstancias de la crisis, económica y financiera mundial, lo hicieron demorar la terminación de su encíclica social. Esa crisis extendía y profundizaba la situación ya grave de los países pobres y la Iglesia debía hacer oír su voz por ellos.

Un Evangelio siempre fresco

No es extraño que el Papa enseñe al mundo la doctrina social, que es una parte esencial de la evangelización. La práctica de la fe no se refiere únicamente a nuestra relación personal con Dios, sino también a nuestra relación con nuestro prójimo. Jesús identificó con Él a los seres humanos, especialmente a los que sufren. Si no, recordemos que en nuestro encuentro con Él como Juez, no nos va a preguntar cuánto rezamos, -aunque claro que eso es muy importante, - sino que el énfasis en el Juicio será en cómo nos comportamos con los que encontramos en nuestro camino, padeciendo la pobreza: con hambre, con sed, sin vestido, sin techo…

 

Es claro que la Iglesia tiene que hacerse presente en los gozos y esperanzas, como también en las tristezas y angustias de la familia humana.

 

El mensaje del Evangelio luce siempre fresco, actual, y como la realidad social cambia,  - en vez de mejorar las injusticias se acrecientan, - la Iglesia tiene que dejar oír su voz por los pobres y comprometerse por ellos en estos permanentes desafíos.

 

Lo que el Evangelio exige a la Iglesia: servicio a la humanidad

 

Dediquemos unos minutos a reflexionar sobre este momento de crisis económica mundial en el cual Benedicto XVI habla sobre la necesidad de la Caridad en la verdad a un mundo de codicia, de odios y guerras, de desfiguración de la verdad y desdeño de Dios. Tengamos también presentes las palabras sobre el desarrollo de los pueblos ya proclamadas por Pablo VI y Juan Pablo II.

 

Pablo VI empezó su encíclica Populorum progressio recordando que, como lo manifestó la Iglesia en el Concilio Vaticano II, ella sigue con inmenso interés los esfuerzos de los pueblos para superar el hambre y la miseria, la enfermedad y la ignorancia, es decir, por conseguir su pleno desarrollo.

 

Pablo VI participaba activamente en hacer realidad el sueño del Concilio Vaticano II como lo manifestó en la constitución pastoral Gaudium et spes (Gozo y esperanza), sobre lo que el Evangelio exige a la Iglesia: el Santo Padre exhortó a la Iglesia a estar siempre al servicio de los seres humanos y a acompañarlos en la construcción del Reino, que hay que empezar en esta vida. Si nos dedicamos con esfuerzo a construir el Reino, seremos protagonistas activos y no simples observadores de una nueva historia de la humanidad que otros escriben. La Iglesia, a través de la evangelización y con sus obras, nos ayuda y anima a comprender nuestro papel, que debe ser actuante,  -no sólo de espectadores, - en forjar una historia de justicia y de paz.

 

 

Desarrollo, el nombre de la paz. Solidaridad, virtud cristiana

 

Pablo VI destacó en el desarrollo la característica de ser el nuevo nombre de la paz. Juan Pablo II, por su parte, centró su encíclica Sollicitudo rei socialis en la solidaridad, a la que presentó no sólo como una actitud civil, ética, sino como virtud cristiana, pues el cristiano entiende la solidaridad como una actitud permanente hacia los demás seres humanos como a miembros de su propia familia, hijos del mismo Padre celestial y redimidos por su Hijo unigénito, Jesucristo. 

 

Volvamos pues nuestra mirada all momento en que Pablo VI, Juan Pablo II y ahora Benedicto XVI asumen el tema del desarrollo económico desde la ética y desde la fe, como temas de sus encíclicas.

 

 

¿Por qué la Iglesia opina en temas que parecieran ser sólo terrenales, como la economía? [1]

 

En su encíclica Sollicitudo rei socialis, escrita en 1987, Juan Pablo II quiso mostrar la novedad, al mismo tiempo que la continuidad de la DSI, en particular como se presenta en las enseñanzas de Populorum progressio de su antecesor Pablo VI.

 

¿En que consiste la novedad de la DSI?

 

La novedad de la DSI, que es permanente desde León XIII con su encíclica Rerum novarum, consiste, primero, en que la Iglesia habla oficialmente sobre materias económicas y sociales.  La Iglesia está obligada a pronunciarse en la problemática económica, porque ésta tiene un carácter moral. A la Iglesia no le es ajeno nada que sea humano, que toque al ser humano,[2] y la economía y demás ciencias sociales se refieren al ser humano considerado individual y socialmente. Tienen que tratarse por eso desde el punto de vista de cómo las acciones humanas en lo económico, por ejemplo, benefician o perjudican a los demás seres humanos, y de eso tratan la ética y la moral.

 

La Palabra de la Iglesia en temas sociales

 

Una segunda novedad de Populorum progressio, que se suele mencionar y que anota Juan Pablo II, es que esta encíclica, abrió de manera especial  los horizontes de la Iglesia a todo el mundo y la D.S.I. llegó a adquirir una dimensión mundial; la Iglesia hizo comprender al mundo que su palabra en materias económicas y sociales no es extraña a su misión global de la evangelización.

 

Para la Iglesia, el hecho histórico, palpable, de la distancia creciente entre el desarrollo de los países ricos y los considerados pobres, no es sólo un hecho económico, que se deba estudiar únicamente desde el punto de vista técnico, sino que se trata de un hecho moral, en el que no podemos eludir nuestras responsabilidades personales y sobre todo no pueden hacerlo los que dominan la economía y los mercados.

 

La Iglesia, conciencia universal

 

La Iglesia, que asume el papel de conciencia universal, apela a las conciencias de los individuos, de los gobernantes, de los líderes empresariales, para que cuando tomen decisiones  consideren la relación de causalidad que existe entre esas decisiones, la riqueza concentrada en pocos y la pobreza de una multitud. Para que tomen decisiones justas deben considerar su incidencia en las personas, especialmente en los pobres. Deben comprender que no es moralmente correcto conseguir el desarrollo de unos pocos a costa del subdesarrollo de los demás.

 

Desarrollo es el nuevo nombre de la paz

 

Otra novedad de Populorum progressio es el concepto de desarrollo que presentó en Pablo VI al unir el desarrollo con la paz. La frase que hemos mencionado, el desarrollo es el nuevo nombre de la paz, resume su pensamiento. Lo encontramos en el N° 76 de Populorum progressio. Dice allí:

 

 

Las diferencias económicas, sociales y culturales demasiado grandes entre los pueblos, provocan tensiones y discordias, y ponen la paz en peligro (…) Combatir la miseria y luchar contra la injusticia, es promover, a la par que el mayor bienestar, el progreso humano y espiritual de todos, y por consiguiente el bien común de la humanidad. La paz no se reduce a una ausencia de guerra, fruto del equilibrio siempre precario de las fuerzas. La paz se construye día a día, en la instauración de un orden querido por Dios, que comporta una justicia más perfecta entre los hombres. (Pacem in terris, 11 de abril 1963, AAS,55,301)

El tema de la paz lo aborda también Juan Pablo II, y en Sollicitudo rei socialis, en el N° 10, cuando toma la idea de Pablo VI, de que el desarrollo es el nuevo nombre de la paz, asegura que por lo tanto la guerra y los preparativos militares para ella son el mayor enemigo del desarrollo integral de los pueblos.

 

 

Propongámonos un ejercicio práctico, que podemos poner sobre la mesa como tema de discusión: identifiquemos un problema social concreto, económico o político que nos afecte en nuestro país o en nuestra comunidad local y preguntémonos en qué forma las decisiones políticas o económicas de nuestro propio país, de nuestra región o en general de los países del mundo globalizado están afectando la situación nuestra, en particular de los trabajadores.

 

Tener más para ser más

Hemos visto que antes de Benedicto XVI,  Pablo VI con su encíclica Populorum progressio y Juan Pablo II con Sollicitudo rei socialis, introdujeron en la D.S.I. el tema concreto del desarrollo integral de los pueblos. Pablo VI, de modo sencillo nos dijo que todos los seres humanos quieren tener más para ser más, pero que ese deseo para la mayoría se queda en sólo una ilusión. Esa esperanza de desarrollo, que observó Juan Pablo II era más lejana que en la época de Pablo VI, se corrobora igual en los últimos 40 años: para una minoría se han incrementado las riquezas, mientras que para la mayor parte de la humanidad es la pobreza la que ha aumentado.

 

 

Es verdad que no todo lo sucedido en esta época ha sido negativo; Juan Pablo II destacó algunos aspectos positivos: el  aumento de la conciencia acerca de los derechos humanos, el creciente sentido de la interdependencia, de la solidaridad y del destino común de todos, de manera que la humanidad está llegando a comprender que la paz tiene que ser de todos, no puede ser sólo de algunos. Finalmente otro signo positivo es la preocupación ecológica.

 

 

¿Es mejor la situación de desarrollo después de Pablo VI y Juan Pablo II?

 

 

¿Cómo ha sido la situación del desarrollo de los pueblos después de Juan Pablo II y su encíclica Sollicitudo rei socialis, al llegar la nueva encíclica de Benedicto XVI en plena crisis económica mundial? Ya no hay guerra fría entre los bloques oriente occidente, comunismo capitalismo, pero ¿han disminuido las distancias entre los países ricos y los pobres? ¿Cómo es la situación de pobreza y de hambre en el mundo, en nuestro país?

 

Recordemos sólo un dato global: entre 2008 y 2009, el número de personas afectadas por el hambre en el mundo aumentó de 850 millones a 1020 millones.

 

 

¿Cómo entiende la Iglesia el desarrollo a partir de Populorum progressio y Sollicitudo rei socialis?

 

El desarrollo tiene que ser integral, no sólo económico. La persona es más que materia y toda persona está llamada a su propio desarrollo. Todas las personas están llamadas a ejecutar el designio, el diseño, el plan de Dios para ellas y ese plan es para el ser humano completo. Además, desarrollo integral quiere decir para todos los seres humanos. El plan de Dios no es para algunos, es para todos.

 

Ejecutar el plan de Dios

 

 

El plan de Dios para sus creaturas tiene que empezar ejecutarse en este mundo y requiere bienes temporales que son instrumentos, son medios y no fines. El que dedica toda su vida sólo a lo material no puede conseguir su pleno desarrollo.  De ahí que necesite una escala de valores, un orden de importancia para lo que hace en su vida.

 

La meta de las personas y de los pueblos no se puede reducir a “tener” más; su esfuerzo se debe dedicar a “ser” más. Los que dedican todo su esfuerzo sólo o prioritariamente a tener, pueden conseguir inmensas riquezas materiales que algún día se desmoronan, que no se pueden llevar en el último viaje de su vida y a pesar de su riqueza material se puede considerar a una persona o a un pueblo moral y espiritualmente subdesarrollado.

 

Pablo VI definió el desarrollo como el paso de condiciones de vida menos humanas a condiciones más humanas (Populorum progressio, 20). ¿Son más humanas las condiciones de las personas materialmente ricas pero que carecen de sentido de humanidad y justicia? ¿No es preferible ser humanamente rico a serlo por los bienes materiales?

 

Juan Pablo II y desarrollo integral

 

 

Terminemos hoy con el desarrollo integral según el pensamiento de Juan Pablo II. En el N° 33 de Sollicitudo rei socialis nos explica que No sería verdaderamente digno del ser humano un tipo de desarrollo que no promoviera los derechos humanos, personales y sociales, económicos y políticos,  incluidos los derechos de las Naciones y de los pueblos.

 

Un desarrollo puramente económico sería una contradicción: la conexión entre el desarrollo auténtico y el respeto por los derechos de la persona demuestra una vez más el carácter moral del desarrollo.

 

 

Fernando Díaz del Castillo Z.

 

 

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[1] Para una somera síntesis de las encíclicas sobre el desarrollo, de Pablo VI y Juan Pablo II me voy a valer de la: Versión popular a los 40 años de la encíclica de Pablo VI Populorum progressio sobre el desarrollo humano y a los 20 años de la encíclica del Papa Juan Pablo II Sollicitudo rei socialis sobre la preocupación social de la Iglesia. –“El desarrollo es el nuevo nombre de la paz”, Comisión Episcopal de Acción Social, CEAS, Avenida Salaverry 1945 (Lince) Lima 14. Se encuentra en la WEB

[2] La frase latina Homo sum et nihil a me alienum puto, “Soy hombre y nada humano me es ajeno” se atribuye a Terencio.