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Reflexión 151 – Caritas in veritate (IX)

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VER: REALIDAD A LOS 20 AÑOS DE POPULORUM PROGRESSIO

 

Es muy oportuno recorrer  la encíclica de Juan Pablo II, – Sollicitudo Rei socialis, – que analiza la situación del desarrollo de los pueblos a los 20 años de la encíclica de Pablo VI, como introducción a nuestro estudio de Caritas in veritate (La caridad en la verdad), – la encíclica social de Benedicto XVI, – publicada para conmemorar, esta vez, los 40 años de la misma encíclica Populorum progressio.

Vimos ya el diagnóstico al que llegó Juan Pablo sobre la realidad del mundo cuando publicó su encíclica. Si aplicamos ese análisis a nuestra época, encontramos que algunas cosas se han agravado, otras continúan con algunas modificaciones pero no siempre para bien. Veamos:

a-   Encontró Juan Pablo II, que las diferencias entre los pobres y los ricos se han agravado.

b-   Un hecho que se debe tener en cuenta en el análisis de esa situación, es la interdependencia de los pueblos, que influye en el desarrollo. (Hoy diríamos que un hecho de nuestro tiempo que hay que tener en cuenta en el análisis de la realidad, es la  globalización).

c-   Es necesario analizar las causas políticas de las diferencias entre pueblos ricos y pobres. En esa época era necesario tener en cuenta en el análisis, la confrontación del mundo entre dos bloques: Oriente-Occidente. Recordemos que Juan Pablo II vivió esa situación en su país, Polonia, y conoció la de sus vecinos, dominados por dictaduras comunistas.

 

De la confrontación entre Oriente y Occidente resultó una división geográfica, marcada por fronteras ideológicas, división que se transformó en la llamada Guerra Fría. Se podría decir que Oriente estaba formado por un grupo de países cuyos gobiernos se decían marxistas-leninistas. Suele decirse que el bloque de Occidente lo formaban países que se oponían a esa ideología. Sin embargo, esa definición de Occidente, (los países que se oponían al marxismo-leninismo), basada sólo en los aspectos económicos y políticos, no es completa, pues mientras el marxismo leninismo tiene una concepción del hombre que niega lo trascendente, – y que en los países donde dominaba era la ideología oficial y obligatoria, – los países de Occidente también tenían una concepción de la persona humana que, aunque en la ideología capitalista comparten el materialismo de de los países del bloque oriental, sin embargo, la concepción del ser humano en un buen grupo de países de occidente, tenía y tiene como fuente, por lo menos elementos de las culturas griega, romana y judeo-cristiana, que respetan a la persona humana, dotada no sólo de cuerpo sino también de alma o espíritu, y capaz de una relación con Dios.[1]

Los países respetuosos de esa concepción del hombre, deberían regirse por valores distintos a los que enmarcan la ideología marxista-leninista. Si los países de Occidente son fieles a su herencia judeo-cristiana, se deberían regir por valores como la justicia y el derecho sobre la fuerza; la razón sobre la arbitrariedad. En los países cristianos el amor al prójimo debería ser su máxima ley. 

  

La falta de vivienda, señal de cuán lejos estamos del desarrollo

 

Volvamos al primer punto considerado por Juan Pablo II en su análisis de la realidad: las señales claras del deterioro de las diferencias entre ricos y pobres. Entre esas señales el Papa cita  La falta de vivienda, de la cual dice en su encíclica que es un problema  (…) digno de ser considerado como signo o síntesis de toda una serie de insuficiencias económicas, sociales, culturales o simplemente humanas; y, teniendo en cuenta la extensión del fenómeno, no debería ser difícil convencerse de cuan lejos estamos del auténtico desarrollo de los pueblos.

 

Todos dependemos de todos

 

El segundo elemento de la realidad señalado por Juan Pablo II, es el de la interdependencia de las naciones, que ahora podemos equiparar al fenómeno de la globalización, por el cual  / cada vez más todos dependemos de todos. Juan Pablo II observa que esa interdepedencia conduce a que el destino de la humanidad sea cada vez más un destino común y que por lo tanto, a la larga, – en sus palabras, – el desarrollo es para todos o no es para nadie.

Una consecuencia de la interdependencia de las naciones es, por lo tanto, que para el desarrollo integral, la solidaridad se hace indispensable, y como dice Benedicto XVI en Caritas in veritate (La caridad en la verdad),  La solidaridad consiste en primer lugar / en que todos se sientan responsables de todos; de manera que la responsabilidad no se puede descargar toda en el Estado. Esa carga hay que repartirla entre todos.

 

Fracaso del marxismo y del capitalismo

 

 

Dice también Juan Pablo II, que como es patente, el desarrollo integral de todos y para todos, no se ha conseguido ni bajo el marxismo ni bajo el capitalismo liberal, y se pregunta, como nos preguntamos nosotros en la actual crisis económica del mundo, si no se ha llegado ya al límite de lo que pueden ofrecer los sistemas económicos capitalista y socialista, y si no es necesaria una transformación desde los fundamentos mismos de esas teorías. Los teóricos de la economía y de la política tendrían que pensar en otros caminos ante el fracaso del capitalismo y del marxismo.

Tengamos presente que los sistemas marxista y capitalista comparten en común su materialismo y la subordinación de la persona humana a la economía, al capital. La persona humana queda subordinada a las exigencias de la planificación económica, en el marxismo, y al lucro, – a la ganancia,- en el capitalismo. Ninguno de los dos sistemas se orienta hacia el desarrollo integral, del ser humano total, pues sólo tienen en cuenta las necesidades que puede satisfacer la economía e ignoran sus necesidades y posiblidades en  lo intelectual, lo espiritual, lo sobrenatural.

 

La escalada militar

 

Sobre la división del hemisferio norte en dos bloques: oriente-occidente, dijimos que la confrontación ideológica se transformó en la llamada guerra fría. Juan Pablo II observa en su análisis de la realidad, que una consecuencia grave de la contraposición de ideologías, en los países del hemisferio norte, fue que el afán de dominio condujo a la escalada militar. El mundo vivió en ascuas, temiendo los horrores de una guerra nuclear. Cada uno de los bloques y de los países que los conformaban, trató de armarse mejor que el otro.

Hoy vamos a detenernos para reflexionar sobre las implicaciones negativas que la división del mundo del hemisferio norte, en bloques ideológicos, políticos y militares, acarreó a los países del hemisferio sur, nosotros, los países en vías de desarrollo.

Los efectos de la división de los países del hemisferio norte en dos bloques, Oriente-Occidente, se sintieron en los países del llamado tercer mundo, en el terreno ideológico, en lo económico, en lo político y en lo militar.[2]

 

¿Qué es el tercer mundo?

Una pequeña digresión: ¿de dónde resultó el nombre de países del tercer mundo? ¿No eran acaso sólo dos mundos: el de las potencias de ambos bloques en conflicto, que se suponía eran los que habían alcanzado el desarrollo económico, y el otro, el mundo de los países en vías de desarrollo?

 

Ese mundo bipolar, Oriente-Occidente, encabezado por las dos superpotencias Moscú-Washington, tuvo modificaciones con el paso del tiempo. El poderío de Moscú se amplió con la formación, en 1949, del bloque chino-soviético que muchos consideraron duradero y hasta monolítico. A pesar de la ideología marxista leninista, que compartían los gobiernos de la Unión Soviética y China,  en menos de quince años China y la Unión Soviética se convirteron en rivales. El gobierno de China comenzó entonces a hablar de tres mundos: el primero, de las dos superpotencias, el segundo, de otros países desarrollados industrializados; y el tercero, de los demás.[3] 

El pensamiento materialista de los dos bloques, Oriente-Occidente se propagó por los países del tercer mundo. Cada bloque trató de extender su dominio ideológico, utilizando las corrientes políticas de la región y no raras veces por medios violentos. Los países del sur, por sus necesidades económicas, se vieron obligados, (en palabras del Juan Pablo II), a convertirse en piezas  de un mecanismo y de un engranaje gigantesco. Esa situación tuvo implicaciones en el desarrollo de nuestros países, como podemos comprender en las siguientes palabras de Juan Pablo II en el N° 22 de Solicitudo rei socialis:

Los Países subdesarrollados, en vez de transformarse en Naciones autónomas, preocupadas de su propia marcha hacia la justa participación en los bienes y servicios destinados a todos, se convierten en piezas de un mecanismo y de un engranaje gigantesco.

 

El “divorcio” de Pekín-Moscú

 

Las diferencias ideológicas entre los bloques Oriente-Occidente sufrieron modificaciones que debemos considerar. Las rivalidades  entre Pekín y Moscú tuvieron efectos en América Latina: los partidos comunistas en nuestros países optaron por una u otra orientación: línea Moscú o línea Pekín. Se fundaron entonces movimientos comunistas diversos que se separaron del partido comunista oficial, que siguió fiel a las orientaciones de Moscú. Con el tiempo, en Colombia se han vuelto a fusionar, por lo menos formalmente, uniéndose a otros partidos o movimentos, con diversos nombres como, primero a la llamada Unión Patriótica y ahora al Polo Democrático Alternativo.

 

Marxismo y capitalismo: un desarrollo limitado a lo económico

 

En el campo ideológico, tanto el capitalismo como el marxismo parten de una concepción del ser humano recortada, insuficiente. La concepción materialista de la persona humana conduce a  una concepción del desarrollo mismo, de los hombres y de los pueblos, acorde con su materialismo.  Para el marxismo y el capitalismo liberal sólo cuenta el desarrollo material. Sobre esa base no es posible construir un desarrollo integral. Como observa la encíclica Sollicitudo rei socialis (La preocupación social de la Iglesia), en el N° 33:

Hoy, quizá más que antes, se percibe con mayor claridad la contradicción intrínseca de un desarrollo limitado sólo a lo económico. Este tipo de desarrollo subordina fácilmente la persona humana y sus necesidades más profundas a las exigencias de la planificación económica o de la ganancia exclusiva.

 

Cuando menciona la ganancia exclusiva, el Papa se refiere al sistema capitalista, que tiene como “dogma” el lucro, y la mención de las exigencias de la planificación económica, se refiere al sistema colectivista del marxismo. Los dos sistemas tienen una concepción sesgada de la persona humana, en la cual sólo cuenta la dimensión económica y por eso el desarrollo se limita a la producción de bienes económicos y se da prioridad a la ganancia privada, en el capitalismo, y a la ganancia pública en el colectivismo marxista. Por eso a éste último lo llaman capitalismo de Estado.

Juan Pablo II critica a las grandes potencias en Sollicitudo rei socialis; y es que como hemos visto, la rivalidad entre esos dos bloques se extendió a todo el mundo; los demás países se vieron obligados a adherir a uno u otro bloque; algunos por conveniencia geográfica, otros fueron obligados por las necesidades de su economía, por las exigencias del mercado o porque ideológicamente sus gobiernos simpatizaban más con un bloque que con otro.

 

 

La revolución cubana y la crisis de los misiles

 

El triunfo de la revolución cubana afectó a la región, que por lo menos por su ubicación geográfica, estaba más con el bloque de Washington. La política de apoyo del gobierno marxista-leninista de Cuba a los grupos guerrilleros en América Latina y su actitud beligerante condujo a que en 1962, la Octava Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores excluyera al gobierno de la Habana de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Cuando la Unión Soviética pretendió instalar misiles en Cuba, y puso a la humanidad en una grave crisis, en la que se temió podría provocar una catástrofe nuclear,- por una paradoja de esas que  suceden en la política, – las negociaciones entre los EE.UU. y la Unión Soviética abrieron una importante etapa de diálogo entre Moscú y Washington.

 

Cuando se prefieren las armas al desarrollo

 

Sigamos nuestra consideración de las consecuencias del militarismo. Cuando los países dedican su esfuerzo a cuidarse de los otros, el esfuerzo militar absorbe los recursos económicos que se deberían dedicar al propio desarrollo y al desarrollo solidario de los países más atrasados.

Juan Pablo II fue duro con los dos bloques, de Oriente y Occidente,  por su indiferencia con los países pobres a los que debían prestar atención. En el N° 23 de Solicitudo rei socialis  (La preocupación social de la Iglesia), dice el Santo Padre:

La afirmación de la Encíclica Populorum Progressio, de que los recursos destinados a la producción de armas deben ser empleados en aliviar la miseria de las poblaciones necesitadas (54), hace más urgente el llamado a superar la contraposición entre los dos bloques.

Hoy, en la práctica, tales recursos sirven para asegurar que cada uno de los dos bloques pueda prevalecer sobre el otro, y garantizar así la propia seguridad. Esta distorsión, que es un vicio de origen, dificulta a aquellas Naciones que, desde un punto de vista histórico, económico y político tienen la posibilidad de ejercer un liderazgo, al cumplir adecuadamente su deber de solidaridad en favor de los pueblos que aspiran a su pleno desarrollo.

Es oportuno afirmar aquí —y no debe parecer esto una exageración— que un papel de liderazgo entre las Naciones se puede justificar solamente con la posibilidad y la voluntad de contribuir, de manera más amplia y generosa, al bien común de todos.

Una Nación que cediese, más o menos conscientemente, a la tentación de cerrarse en sí misma, olvidando la responsabilidad que le confiere una cierta superioridad en el concierto de las Naciones, faltaría gravemente a un preciso deber ético. Esto es fácilmente reconocible en la contingencia histórica, en la que los creyentes entrevén las disposiciones de la divina Providencia que se sirve de las Naciones para la realización de sus planes, pero que también « hace vanos los proyectos de los pueblos » (cf. Sal 33 (32) 10).

Cuando Occidente parece inclinarse a unas formas de aislamiento creciente y egoísta, y Oriente, a su vez, parece ignorar por motivos discutibles su deber de cooperación para aliviar la miseria de los pueblos, uno se encuentra no sólo ante una traición de las legítimas esperanzas de la humanidad con consecuencias imprevisibles, sino ante una defección verdadera y propia respecto de una obligación moral.

 

El armamentismo insensato en América del Sur

Si consideramos la absurda situación a que nos están llevando en América del Sur, los países que dedican ingentes esfuerzos económicos para armarse con aviones de guerra, cohetes, submarinos y tanques, en una región que tiene dificultades internas, pero no confrontaciones militares con otros países; en una región pobre, donde un gran número de sus habitantes padece hambre y tiene necesidades enormes de vivienda, de educación y de atención de su salud, podemos concluir que esos gobernantes están bloqueando la realización de los planes de Dios, que les dio las riquezas materiales que poseen sus países, para que los administren con sabiduría, para que los ordenen al verdadero bien del hombre. [4]

A estas tragedias, que se podrían evitar, lleva la pretensión de quitar a Dios de en medio y de cambiarlo por figuras humanas engañosas  que administran con insensatez, como si al final no tuvieran que dar cuenta de su administración.[5]

 

Benedicto XVI, en El poder de Dios, esperanza nuestra, tiene esta reflexión que viene al caso:

(…) vivimos en un mundo creado por Dios con arreglo a unas pautas racionales; él nos confió ese mundo para que conozcamos con nuestro entendimiento los pensamientos del suyo y aprendamos a administrar, ordenar, configurar su creación a partir de ellos.[6]

 

América Latina es la región más inequitativa del mundo

 

Según un informe de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), Latinoamérica es la región más desigual, más inequitativa del mundo. En América Latina hay 230 millones de personas pobres y 110 millones que son indigentes. Sobre los dos países que más dinero están gastando en armamento, el informe de la CEPAL cuenta a Venezuela entre los casos más graves de pobreza. En ese país junto con Bolivia, Ecuador, Paraguay, y Perú, (…) los índices de indigencia tenderían a aumentar por efecto combinado de la caída en los ingresos de los estratos más desfavorecidos y por aumentos de la brecha de desigualdad.

 

Brasil no cumplirá la meta

 

Sobre el Brasil, el mismo informe dice que disminuirá la extrema pobreza a un ritmo más lento y no logrará cumplir con la meta comprometida con la ONU, de reducir la pobreza extrema en 50% antes de año 2015.[7] Las llamadas “favelas”, son el símbolo de la pobreza en el Brasil; se trata de viviendas extremadamente pobres, en donde no cuentan sus habitantes con los servicios básicos esenciales: no tienen agua corriente, ni luz eléctrica. En Río de Janeiro es muy conocida la favela llamada Rocinha, habitada por trabajadores pobres, indigentes y delincuentes, que lo convierten en un lugar casi inaccesible para la policía. Pero ese país puede gastar miles de millones de dólares en la compra de aviones de guerra y submarinos.

 

La situación de pobreza en Colombia

 

Si nos preguntamos sobre la situación de Colombia, sabemos que también nuestro país es inequitativo; sin embargo, según el citado informe de la CEPAL, Colombia, sería uno de los 7 países de la región, que junto con Argentina, Chile, Honduras, Panamá, República Dominicana y Uruguay, estarían en condiciones de reducir en 50 por ciento la extrema pobreza, antes de 2015. Ignoro si luego de la crisis económica esto será todavía posible.

Terminemos hoy recordando los datos sobre pobreza e indigencia en Colombia que habíamos comentado en una reflexión anterior (Reflexión 147, agosto 27, 2009).

Según información de la Misión de expertos que realizó el estudio, la pobreza  descendió de 53,7% en 2002 a 46 % en 2008. Parece un avance importante, pero que el 46%  de los habitantes de Colombia vivían en pobreza el año 2008, significa que había 20 millones doscientas mil personas pobres. Si Bogotá tiene 8 millones de habitantes, el número de pobres en Colombia es igual, aproximadamente, a 2 veces y media los habitantes de Bogotá.

 

Si es doloroso que tantos compatriotas vivan en pobreza, la situación de los que viven en indigencia es aún más triste; según ese mismo estudio, en el año 2008, 7 milllones novecientos mil colombianos vivían en pobreza extrema. Aproximadamente el número de habitantes de Bogotá.

 

Fernando Díaz del Castillo Z.

Escríbanos a: reflexionesdsi@gmail.com


[1] Sobre esta reflexión Cf Dr. José Carlos Brandi Aleixo, S.J., Visión de la Realidad Mundial y su influencia en América Latina. Aportes de la D.S.I., en: Memorias del 1er Congreso Latinoamericano de la D.S.I., Santiago de Chile, octubre 14-19 de 1991

[2] Cf Ildefonso Camacho, opus cit. Pg. 505ss

[3] Cf José Carlos Brandi Aleixo, S.J., opus cit  

[4] Cf Christifideles laici, 14 y Lumen gentium, 36

[5] Cf Lc 16, 1-13

[6] Cf Benedicto XVI, Joseph Ratzinger, ORAR, Planeta Testimonio, Pg 20

[7] WEB, UNIVISIÓN.com, 17 de agosto, 2009, La pobreza en América Latina. Cf ibíd., Las favelas de Río de Janeiro