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Reflexión 144 -Comentario a Caritas in veritate II

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¿Es posible mirar la economía desde la fe?

 

Vamos a hacer una introducción general al tema de la encíclica Caritas in veritate. Es importante ubicarnos antes de entrar directamente en materia.

En las crisis de la sociedad, que aparentemente son sólo crisis materiales, como la crisis económica actual, nos podemos preguntar si el pensamiento cristiano tiene algo qué decir, para ayudar a la humanidad en esas circunstancias. La nueva encíclica de Benedicto XVI nos demuestra que es posible y es necesario, responder desde el pensamiento cristiano, a las necesidades e inquietudes de la sociedad de todos los tiempos, aunque a veces puedan aparecer esas necesidades e inquietudes como sólo materiales. Lo que afecta al hombre lo afecta en su totalidad.

Como el Evangelio es revelación de la Palabra, es decir, de la sabiduría de Dios, el Evangelio es de una riqueza infinita, y en esa riqueza de las enseñanzas de Jesús, siempre es posible encontrar las respuestas apropiadas a las necesidades e inquietudes de los seres humanos de todos los tiempos, sin importar lo oscuro que, en algún momento, se vea el panorama. Jesús nos enseñó que si Él está presente no debemos tener miedo y en el Evangelio aprendimos que su palabra puede calmar el viento y las tempestades. Como Él es la luz, no debemos tener miedo a la oscuridad cuando Él se hace presente.

El mundo, que está ahora rodeado de oscuridad, pues no ve salidas humanas a la crisis, a pesar de los avances tecnológicos, necesita la luz del Evangelio, y en medio de las tempestades por la que atraviesa nuestra sociedad, necesita la voz del Señor que ordena al viento que se calme; necesita la Palabra que nos invita a no perder el ánimo y a vivir en la caridad y la verdad.

Cuando logramos conocer siquiera un poquito de la riqueza del Evangelio y, practicándola, la hacemos nuestra, nos enriquecemos como personas. Es triste por eso, que nuestra sociedad, que tanto necesita la verdad que nos enseña la Escritura, se empeñe en ignorarla; por eso la Evangelización es indispensable.

 

¿Es posible el auténtico desarrollo sin tener en cuenta al Evangelio?

 

Si leemos con atención las enseñanzas de las encíclicas Populorum progressio y Caritas in vertitate, nos deberíamos preguntar, si el auténtico desarrollo es posible sin tener en cuenta al Evangelio. Se necesitan los conocimientos económicos y la técnica, claro, pero no bastan. No es posible conseguir el desarrollo verdadero del ser humano, sin aceptar y vivir los valores del Evangelio. Me refiero al desarrollo integral, es decir al desarrollo que tiene en cuenta a toda la persona humana y a todos los seres humanos; todo el ser humano, con su vocación trascendente; porque el hombre no es sólo materia, no se desarrolla de verdad si únicamente tiene en cuenta su progreso material.

Cuando la sociedad trata de conseguir el desarrolllo guiada únicamente por la técnica, sabemos ya lo que sucede. Fracasó el marxismo antes, está fracasando el capitalismo ahora. Lo están viviendo todas las naciones. El desarrollo material solo, falla y arrastra al ser humano, porque acaba buscando únicamente su interés personal, dominado por el egoísmo. ¿No es el individualismo el culpable de la crisis, al querer la persona todo para sí, sin importarle lo que sucede a los demás o, lo que es aún peor, cuando trata de ganar a costa de las pérdidas de los otros, engañándolos, poniendo a los demás de escalón para subir, para ganar, como sucede por ejemplo con las famosas pirámides y con los altísimos intereses y cobros por los servicios finacieros?

 

¿Se cierran los ojos de los expertos economistas y mercadotecnistas?

Es una ley del capitalismo que hay que comprar para que la economía crezca; si la gente compra se demandan productos, la industria los fabrica, los expertos en mercadeo los dan a conocer, los comerciantes los distribuyen; pero si se empobrece a la población con políticas injustas de trabajo, con un manejo miope del mercado, por ejemplo con tasas de interés que en otro tiempo se consideraban de usura, ¿no se está cerrando el camino al desarrollo? ¿Cómo puede funcionar el mercado, si a la gente se le recorta su capacidad económica para comprar? Pareciera un suicidio ese tipo de comportamiento de los que manejan la economía y el mercado, pero el individualismo no los deja ver; a pesar de sus habilidades financieras, parece que para comprender que el mercado es la gente, se les cerrara el entendimiento.

Aunque yo me pregunto, si será que, quienes manejan la economía y el mercado tienen calculada cuál es la masa crítica para que la economía les funcione a su favor. No les importa que la mitad de la población viva en la pobreza, si hay un número suficiente de personas que les producen sus ganancias.

Recordemos que en economía, se denomina masa crítica a la base de clientes lo suficientemente amplia como para que el mercado de un producto o servicio se desarrolle por sí sólo.[1]

La actual crisis está demostrando que tampoco ahora, en la era de la globalización, alguna nación se puede aislar y tratar de vivir únicamente de sus propios medios. Todos necesitamos de todos. Eso implica solidaridad. O somos solidarios en el desarrollo o nos arrastramos todos juntos cada vez a un mayor deterioro, y no a un desarrollo de verdad.

 

La asistencia social no es suficiente

No es suficiente la beneficiencia, la asistencia que alcanza a algunos pobres. No digo que no se deba practicar la asistencia a los pobres, sino que no es suficiente. Quizás porque no conocen bien o no practican los valores del Evangelio, los que manejan la economía y las finanzas de las naciones y del mundo, se tranqulizan, cuando tocados solamente por un pensamiento de filantropía, ceden algo de su riqueza material a favor de los pobres. Si pensaran en cristiano, comprenderían que son sólo administradores de los bienes que han recibido para el uso de todos. Cuando ceden de lo que poseen, a favor de otros, están cumpliendo con la tarea que el Creador les ha encargado.

Ahora bien, es fácil pensar en lo que deben hacer los demás, criticar a los demás y sentirnos libres de culpa. Deberíamos cuestionarnos cada uno de nosotros, qué tan desprendidos estamos de lo que consideramos nuestro, a favor de los que injustamente pasan necesidades, porque carecen aun de lo indispensable para vivir una vida digna. El examen de conciencia y el propósito de la enmienda son muy importantes cuando se quiere vivir según el Evangelio.

Después de reflexionar sobre nuestro comportamiento, debemos agradecer lo bueno que encontremos en nosotros, porque todo lo bueno viene de Dios; sin su gracia no podemos ni invocar el nombre de Jesús. Por lo desordenado que descubramos en nosotros pidamos perdón, y la gracia para corregir el camino.

 

En medio de la crisis, la voz de Benedicto XVI

 

Para responder a la necesidad de nuestro mundo, – desconcertado por los resultados del manejo egoísta de la economía, – la voz del sucesor de Pedro se eleva desde Roma, y nos trae oportunamente el mensaje del Evangelio, en su encíclica Caritas in veritate, Caridad en la verdad.

La nueva encíclica de Benedicto XVI es una encíclica social, de manera que en este ‘blog’ dedicado a la D.S.I. no la podemos pasar por alto. Vamos a reflexionar sobre ella, sin prisa, empezando por las primeras palabras; por el título: Caritas in veritate, Caridad en la verdad. Es un documento denso, quizás por la profundidad de su pensamiento filosófico y teológico; por eso la vamos a comentar sin correr, hasta donde, en nuestra limitación, y con la ayuda del Señor, podamos hacerlo.

 

 

 

¿El Papa premio Nobel de economía?

Para que no desviemos nuestras expectativas, tengamos presente que no vamos a estudiar un tratado, escrito por un experto en economía, sino por un experto en la fe católica, en el mensaje de la Palabra de Dios. Recordemos que el Santo Padre no pretende ofrecer soluciones técnicas en la crisis económica y financiera mundial, aunque al conocer la encíclica, un banquero italiano haya afirmado que el Papa se merece el premio Nobel de economía.[2] Eso afirmó el banquero Ettore Gotti-Tedeschi, en entrevista con el diario de Milán, ‘Il Corriere della Sera’. Dijo él que Nadie ha aclarado como él (como Benedicto XVI), lo que el hombre económico ha de hacer por la economía: aplicar las leyes económicas y no sólo aproximarse a ellas.

Esa frase nos vendría bien a nosotros, cristianos; nos podrían decir que lo que el cristiano ha de hacer es aplicar la ley de Evangelio y no sólo aproximarse a él. Es que las leyes, sólo en los libros y en las conferencias de los juristas no sirven de nada. El Evangelio bellamente empastado, en la sala de la casa o sólo en nuestra palabras no puede cambiar el mundo.

 

Ya veremos cómo Benedicto XVI puede hablar con autoridad a los economistas desde el Evangelio, sin pretender ofrecer soluciones técnicas. Entremos en nuestro estudio con el pensamiento de que Jesús se nos hace presente en la voz del Romano Pontífice, quien, cumpliendo con el mandato del Señor, transmite la Palabra que nos muestra el camino de la esperanza cierta de un mejor futuro. Comencemos por el título Caritas in veritate, Caridad en la verdad, que si se aplican, serán los fundamentos de un futuro mejor.

 

 

 

La esperanza que nos asiste en la crisis

El Evangelio nos llena de una esperanza cierta. Una esperanza que no falla. Al contemplar los problemas de nuestra sociedad nos podemos sentir descorazonados, pero los cristianos tenemos por qué ser optimistas. Los cristianos podemos tener una esperanza cierta. No una esperanza humana cualquiera, basada en capacidades humanas, en conocimientos humanos, en lealtades humanas; si así fuera, no sería una esperanza firme; nos basamos en una esperanza que viene de Dios, que se funda en su omnipotencia y en su fidelidad. La esperanza cristiana es divina, teologal, la llamamos, porque su origen no es humano, está en Dios. Por ser una virtud divina, es Él quien nos la otorga como un don, Él la nutre, la acrecienta, la conforta.[3]

 

 

 

Una esperanza fundada en el amor

A pesar de las crisis que cíclicamente se presentan en el mundo, no podemos ser pesimistas, porque la esperanza cristiana de un mejor futuro tiene un fundamento inconmovible: se funda en la certeza del amor de Dios por nosotros. Y del amor de Dios no podemos dudar; es un amor de verdad, probado con el envío de su Hijo, Jesucristo que se hizo hombre: “Porque tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único (Jn 3,16). No podemos dudar del amor de Dios, garante de nuestra esperanza, porque ya ha probado que nos ama y por ser Dios nunca puede fallar.

 

 

Amar a alguien es querer su bien y trabajar eficazmente por él

El amor sólo se puede pagar de una manera que corresponda a su valor, con amor; por eso el dicho: Amor con amor se paga. El amor no se puede pagar con regalos materiales. La respuesta que espera de nosotros el Señor, al amor que nos ha manifestado, no es otra que nuestro amor. ¿Y cómo espera el Señor que sea nuestro amor? Pensemos en la respuesta que debemos dar a esa pregunta. Empecemos por tener en cuenta la afirmación de Benedicto XVI, al comienzo de su nueva encíclica, Caritas in veritate, en el N° 7, donde dice textualmente: Amar a alguien es querer su bien y trabajar eficazmente por él. De manera que amar no es sólo querer el bien de alguien, sino actuar, trabajar eficazmente por él.

 

El Señor mismo nos dice cómo espera que amemos; nos dice que amemos como Él ama. San Juan en su Primera carta, 3,18, nos explica cómo debe ser el amor del mandato nuevo de amar, que Jesús nos dejó: debemos amar como Él nos ama. Y, ¿cómo es ese amor? nos dice que no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad. Amar según la verdad. Amar de verdad, no sólo de palabra.

 

 

 

Origen del amor cristiano

El amor cristiano es una fuerza que tiene su origen en Dios, nos dice Benedicto XVI en el N° 1 de Caritas in veritate. La encíclica nos va a ayudar a comprender, en alguna forma, el amor cristiano, no sólo en la teoría, sino en la práctica de la vida. Ojalá los empresarios, gobernantes y legisladores cristianos lean esta encíclica, la comprendan y la practiquen, porque para cambiar el mundo de la injusticia y el desorden en que vivimos, es necesario aceptar y vivir los valores evangélicos.

 

Terminemos la reflexión sobre la caridad con algunas ideas del Cardenal Martini, en su libro Las virtudes del cristiano que vigila:[4] Dice el cardenal que el fundamento de todo lo que se dice sobre el amor cristiano, es el anuncio del amor, que es Dios en sí mismo, es la Trinidad; sabemos que Dios es amor y que el amor reside en Jesucristo, se manifiesta en la Encarnación, (qué gran manifestación de amor es que el Verbo se haya hecho carne, uno de nosotros), y el amor es la persona del Espíritu Santo. ¿Muy complicado? Es verdad que nunca vamos a entender la Trinidad, pero algo podemos entender del amor de Dios por nosotros, cuando contemplamos la obra de la Trinidad en la humanidad. El amor de Dios es un amor actuante.

 

Existe el peligro de quedarnos tratando de entender intelectualmente, en teoría, el amor cristiano. No el mucho saber nos llena de Dios. La entrada al Reino no es porque sepamos mucho. No es un diploma la boleta de entrada. Quizás por eso el Cardenal Martini nos aterriza, cuando habla de las tres formas concretas de la caridad.[5] Formas concretas, no teóricas. Esas formas concretas, que nos dice Martini son el significado de la palabra “caridad”, se multiplican en el Evangelio. Veamos algunas.

 

 

 

El significado de la palabra “caridad”

 

La primera forma concreta de la caridad es El amor de Dios para con nosotros. Cita Martini tres lugares del Evangelio sobre cómo nos ama Dios, de manera concreta: La primera es la que menciona San Juan en 15, 12, que repetimos con frecuencia y dice: Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Si nos preguntamos, y ¿cómo nos amó?, tenemos la respuesta en Jn 3,16: Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito. De modo que se trata de un amor de entrega. Podemos agregar la primera carta de San Juan 3, 16, que dice: En esto hemos conocido lo que es el amor: en que Él dio su vida por nosotros. Esa es una manera concreta, inigualable, de amar; llegar a dar la vida. Ese es el significado de la palabra caridad, amor. Finalmente, 1 Jn 4,10, nos aclara el origen del amor cristiano, que es Dios. No sale de nosotros el amor cristiano; el amor es un don de Dios. Deberíamos pedirlo con insistencia: que aprendamos a amar como Él nos ama. Por eso dice Juan en su primera carta: En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en qué él nos amó.

Recordemos que el amor, la caridad, es una virtud divina, Dios es amor. Podemos participar de él por la gracia, que nos comunica la vida divina. La caridad es don, es gracia. Tengamos siempre presente el valor de los sacramentos, que no son simples ritos externos; nos comunican la vida divina, por lo tanto nos comunican el amor.

 

Significado de la verdad

Sigamos con la segunda parte del nombre de la encíclica: Caridad en la verdad. Los teólogos y los escrituristas estudian profundamente el significado de la verdad en el Evangelio, en particular en San Juan y en San Pablo. Según el P. Juan Leal, traductor y comentarista de San Juan, la verdad aplicada a las cosas expresa que algo es real, mi carne es verdadera comida, mi sangre es verdadera bebida, como leemos en el capítulo 6° de San Juan, el capítulo eucarístico, allí, verdadero quiere decir real, no fingido, no figurativo.[6] De manera que ese sentido de verdad como algo real, no fingido, nos aclara el sentido de caridad en la verdad: es amar sin fingir que se ama, no de palabras, sino realmente, de verdad.

 

Nos dice el mismo comentarista, P. Leal, que en San Juan y en San Pablo, la verdad tiene fundamentalmente un sentido vital y moral. ¿Qué significa que la palabra verdad tiene un sentido vital? Ese significado parece tener mucho qué ver con el nombre de la encíclica Caritas in veritate. Cuando Cristo se identifica con la verdad, lo hace también identíficándose con la vida (Jn 14,6): “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Como la verdad es vida, es operante y activa. Caridad en la verdad significa que la caridad es viva, es activa. Si la caridad es de verdad no puede ser pasiva, como la de quienes esperan que otros hagan; la de los que se contentan con ser espectadores.

 

Juan 3, 21 nos ayuda a entender el significado de la verdad, al lado de la caridad verdadera, que es necesariamente activa. Dice San Juan: …el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios. En el Evangelio encontramos frases en que las obras malas se identifican con la mentira, con el error, y el bien con la luz, con la verdad.[7]

 

Como veremos, Benedicto XVI menciona en el N° 2 de Caritas in veritate, la necesidad de unir no sólo la caridad con la verdad, en el sentido señalado por San Pablo en Ef 4,15, de, verdad en la caridad, sino también en el sentido complementario de Caridad en la verdad.

 

Verdad en la caridad. Nos dice el Apóstol que vivamos sinceramente, según las normas de la verdad, oponiéndose así a la astucia y malas artes de los sembradores del error.[8] En la práctica de la caridad se debe practicar la verdad. Esto es muy aplicable ahora que hay tantos brujos y sanadores, que se presentan como taumaturgos, con la idea de sanar, dee hacer el bien y lo que buscan es su propio bien, con el dinero que recaudan.

 

 

 

La caridad en el manejo de la crisis económica

 

Si hablamos con personas no muy cercanas a nuestra fe, casi con seguridad, no le van a encontrar importancia a la caridad en el manejo de la crisis económica. Menciona el Papa en su encíclica, que no se entiende bien la caridad, se minusvalora, se la trata como si no tuviera importancia, en el ámbito social, cultural, político y económico. Pienso que tampoco se valora la caridad correctamente, en algunos ambientes religiosos, cuando se la entiende sólo como sentimentalismo. Si sólo me mueve el sentimentalismo no me mueve la caridad. El sentimentalismo puede ser un comienzo, una ventana, para llegar a la caridad.

 

En su anterior encíclica, Benedicto XVI nos enseñó que en la esperanza hemos sido salvados; como nuestra esperanza se funda en el amor de Dios por nosotros, un amor que no falla, Benedicto XVI nos hace comprender ahora, en su encíclica social, que así como van juntos el amor y la esperanza, a esas dos virtudes teologales, virtudes de Dios, se une la verdad. Es que Dios es amor, es esperanza, es verdad. Yo soy el camino, la verdad y la vida (Jn 14,6). El Hijo es lleno de verdad (Jn 1,14, ver nota al pie de página).

 

 

 

¿Es la crisis económica una crisis de amor?

Esperamos que la sociedad encuentre en la encíclica Caritas in veritate, caminos para salir de la crisis mundial, que en el fondo no es otra cosa que una crisis de amor. Los problemas del mundo se solucionarían más fácilmente, si las respuestas que se buscan no fueran sólo técnicas; si las respuestas técnicas dejaran un campo a la caridad, al amor cristiano. Los economistas que son sólo técnicos, en las soluciones que proponen no piensan en cómo afectan esas soluciones a las personas y en consecuencia, cómo responden a ellas las personas afectadas, sino que prestan atención sólo a si sus soluciones corresponden a sus modelos téóricos; si están de acuerdo con las leyes de las matemáticas y del mercado.

 

 

¿Cómo obtener la fuerza necesaria para proclamar la realidad desde la fe?

Nos podemos preguntar: es que en momentos tan difíciles, tan complejos, ¿los cristianos tenemos qué decir, leyendo la realidad desde la fe, y la fuerza necesaria para decirlo? Porque es un momento muy oscuro en lo económico, en lo moral; momento en que se trata de excluir a Dios, en que se trata a Dios como si fuera un intruso. Seamos realistas; solos no tenemos fuerza ninguna. Necesitamos la acción de Dios. ¿Cómo conseguir esa fuerza de Dios? San Pablo en la carta a los Romanos, 5, 3-10, tiene la respuesta. Voy a leer unos renglones del comentario que el escriturista P. José Ignacio Vicentini ofrece a esos versículos de la carta a los Romanos; nos explica allí el comentarista, en qué forma obra en nosotros el amor de Dios y nos hace fuertes. Recuerda a San Pablo, quien en el versículo 5, dice que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado. Luego continúa:

 

 

Este amor (de Dios), no actúa desde lejos; está presente misteriosamente en nuestro ser, se ha derramado en nuestros corazones, no sólo en sus efectos, sino que Dios mismo en su vida trinitaria habita en el alma del cristiano. Todo esto sucede por obra del Espíritu Santo que viene a nosotros como amor y como don; don que es origen de todos los dones.[9]

De manera que podemos decir que todo lo podemos en aquel que me conforta, (Fil 4,13) porque Dios mismo habita en el alma del cristiano. En Cristo tenemos la capacidad para actuar plenamente según el amor, con los dones que El nos ha dado. El cristiano con responsabilidades públicas, no tiene excusa para quedarse cruzado de brazos. Si quiere hacerlo, tiene la compañía de Dios.

Terminemos diciendo que si no se da importancia a la caridad y a la verdad, en la solución de la crisis mundial, no se va a encontrar salida…

Fernando Díaz del Castillo Z.

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[1] WEB wikipedia

[2] Cf http://www.albadigital.es/2009/07/17/politica/%E2%80%9Cel-papa-se-merece-el-nobel-de-economia%E2%80%9D/ Entrevista con el banquero Ettore Gotti-Tedeschi, “El Papa se merece el Nobel de Economía”, 17/07/2009 | M. Antonietta Calabró. ‘Il Corriere della Sera’

] Carlo María Martini, Las Virtudes del Cristiano que Vigila, Editorial Edicep, Pg.92ss

[4] Carlo María Martini, Las Virtudes del Cristiano que Vigila, Editorial Edicep, Pg. 110ss

[5] Ibidem, 111s

[6] Cf La Sagrada Escritura, Texto y Comentario, Nuevo Testamento, I Evangelios, BAC 207, Pg 842ss

[7] Sería muy interesante profundizar en el significado de verdad en Jn 1,14: cuando dice del Verbo que viene del Padre, lleno de gracia y de verdad. La verdad, aquí, es propiedad del Logos. Cristo es vida y es verdad. Igualmente estudiar el significado de verdad en Jn 18,37,b: …para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, oye mi voz. Jesús es el gran testigo de la verdad, es decir del Padre, del amor de Dios, probado en su encarnación, vida, muerte y resurrección.

[8] Cf La Sagrada Escritura, Texto y Comentario, Nuevo Testamento I I, Cartas de San Pablo, BAC 211, Pg 709

[9] Cf La Sagrada Escritura, Texto y Comentario, Nuevo Testamento I I, Cartas de San Pablo, BAC 211, Pg 217