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Reflexión 11 Jueves 20 de abril 2006

Compendio de la D.S.I. (Nº 24-27)

Hoy vamos a terminar el estudio de los números 24 y 25 y comenzaremos el 26 y el 27. Estamos estudiando el primer capítulo, que tiene como título: El Designio de Amor de Dios para la Humanidad. Hemos visto que la doctrina social de la Iglesia se basa en la Escritura, que nos enseña cómo se relaciona Dios con sus criaturas y cómo debemos relacionarnos los seres humanos entre nosotros. Vimos que Dios tomó la iniciativa de acercarse al hombre, a quien se le fue revelando progresivamente, para responder a la búsqueda que, de su origen, ha tenido siempre el hombre, en todas las culturas, en todas las épocas. El hombre ha buscado siempre, de una manera u otra, a Dios. Y Dios se presentó al hombre, y se fue dando a conocer; le habló, -su palabra la tenemos en la Biblia, – hasta que un día se metió del todo en nuestra historia haciéndose hombre, naciendo de una mujer, María.

 La Encarnación es el encuentro más maravilloso de Dios con el hombre. ¿Qué más se puede pedir? Recordamos ya, que para revelarse al hombre, empezó Dios por escoger a un pueblo, a Israel. A este pueblo, -que escogió por amor, como le explicó a Moisés, – le ofreció su Alianza y le dio los 10 Mandamientos. El cumplimiento del Decálogo será la expresión de aceptación de la Alianza, del compromiso de pertenecer a Dios, de ser su Pueblo. Comparábamos este compromiso de la Alianza, entre Dios y su Pueblo, y el dondel Decálogo, con la entrega amorosa en la alianza matrimonial, que implica compartir los esposos la vida en fidelidad, hasta que la muerte los separe.Y veíamos que los 10 Mandamientos son un maravilloso código, una ética básica universal, que nos indica el camino para vivir una vida verdaderamente humana, de acuerdo con los planes de Dios. Porque el diseño del hombrees de Dios;Él nos creó a su imagen y semejanza. De manera que practicar los 10 Mandamientos, es hacer realidad esos planes divinos, es defender nuestra imagen original y nuestra libertad. Porque Dios nos creó libres; y es necesario defender esa libertad, tanto del daño que nosotros mismos podemos hacerle; si nos volvemos esclavos de nuestras pasiones, -como también tenemos que defender nuestra libertad de los abusos externos de los malvados.

Por cierto, cuando preparaba este programa encontré una explicación muy interesante, sobre el hombre creado a imagen y semejanza de Dios, que vale la pena que compartamos. Es una explicación de un profesor de teología y de antropología cristiana, en la universidad de Navarra, en España, el doctor Juan Luis Lorda. Expone él una idea que hemos repetido varias veces en el programa, y que es necesario grabar muy hondo; por eso insistimos en ella.

Recordemos las palabras del Cardenal Ratzinger, en su libro Dios y el Mundo, donde dice que uno se puede imaginar a Dios, tal como lo conocemos a través de Jesucristo, quien dijo “quien me ve a mí, ve al Padre”.(1) Jesucristo es nuestro modelo, la imagen perfecta del hombre, pues su vida expresó la imagen original del hombre, como el Creador la diseñó.

¿Son también los pecadores imagen de Dios?

El problema es que los seres humanos comunes y corrientes estamos tan lejos de la imagen original… y ni qué decir los criminales. ¿Cómo pensar que los secuestradores, los asesinos de niños, los violadores, son imagen de Dios? Y tampoco se parecen a Él los mentirosos, ni los arrogantes, que se aman sólo así mismos, ni los corruptos. Bueno, es que, como veíamos, el Decálogo nos enseña cómo llevar a cabo en nosotros los planes, el diseño de Dios; de manera que, si nos comportamos de acuerdo con esos planes, es decir con el Decálogo, lograremos ir acercándonos al plan original. Pero resulta que Dios nos hizo libres, y podemos apartarnos de ese modelo y seguir otro, diseñado según nuestros deseos. Algunos lo logran, y claro, acaban haciendo de ellos mismos unos monstruos…Qué tal que un aficionado resolviera cambiar la idea original de Miguel Ángel, creador de la incomparable imagen de la “Pietá”, tomara un cincel y un martillo y quisiera modificarla para hacer su propia “Pietá”… Algo así, y peor sucede, cuando nos apartamos de los planes de Dios; para seguir nuestros propios caminos; pero de todos modos, aun los malvados, fueron creados a imagen de Dios y así como usaron mal su libertad y dañaron la imagen original, con la gracia y por la misericordia divina, pueden recuperarla.

Al doctor Lorda le hicieron esta observación: El hombre y la mujer son imagen de Dios. De acuerdo,- le observaron – pero ¿Qué ocurre con los hombres y mujeres malvados? La respuesta del teólogo y antropólogo fue, que los hombres y las mujeres malvados son imágenes deterioradas, pero que la imagen no se pierde nunca. Y continuó: Es bonito pensarlo. Los cristianos tenemos que procurar mirar a los demás hombres con los ojos de Dios. Sabemos que todo hombre es, en el fondo, una imagen de Dios. Quizás él se ha perdido o se ha estropeado, pero en el fondo tiene esa bondad. Y la puede recuperar con la gracia de Dios.

De manera que tenemos que mirar a los demás con los ojos con que Dios nos mira; también a los malvados: a los secuestradores, a los ladrones, a los mentirosos, a los asesinos… Y Dios, como es amor, nos mira siempre con bondad, con misericordia, con amor. Volvamos a las palabras del doctor Lorda:

Una madre puede darse cuenta de que su hijo se ha echado a perder. Pero, si lo ha querido como madre, siempre pensará que, en el fondo, es bueno. Es lo mismo que pensamos los cristianos. Puede que sea una persona peligrosa o violenta y quizás haya que tener mucho cuidado con él. Pero esa violencia es como un mal caparazón. Algo artificial y extraño. En el fondo es bueno, ha sido hecho a imagen de Dios. Y nos gustaría que se rompiera el caparazón y se manifestara y desarrollara ese fondo. Ese es el punto de vista cristiano, que refleja el amor de Dios, paterno y materno a la vez.(2)

Hasta allí las palabras del doctor Lorda. Es una explicación alentadora, que nos da esperanza, cuando por nuestra debilidad nos alejamos de Dios, o cuando vemos que alguien, a quien queremos, se desvía en alguna forma, del camino de Dios. Y por eso no debemos desmayar en nuestra petición al Señor, por nosotros, para que volvamos al buen camino si nos hemos apartado de Él, o para que no nos desviemos de sus caminos. Y por nuestros familiares y amigos que fallan, y también por los malvados que con su violencia, destrozan a tantas familias. Cómo tiene de sentido la oración, tomada del profeta Ezequiel, en la que pedimos que a esas personas, Dios les cambie el corazón de piedra, por un corazón de carne… Es decir, por un corazón según el corazón de Dios.

Con esta reflexión sobre el hombre, imagen de Dios, y el sentido de los 10 Mandamientos, como el camino que nos ayuda a hacer realidad en nosotros esa imagen, podemos concluir la explicación sobre la Alianza y el Decálogo, para continuar ahora con el significado social de los Mandamientos de la segunda tabla. Del 4º al 10º mandamiento.

El Amor, herencia cristiana desde el Antiguo Testamento

Recordemos que los mandamientos de la 1ª tabla, es decir los 3 primeros, nos indican cómo debe ser nuestra relación amorosa, de fidelidad, con Dios, y los de la 2ª tabla, es decir del 4º al 10º mandamiento, señalan el alcance social del Decálogo. Podemos decir que los Mandamientos de la segunda tabla son los Mandamientos sociales. Decíamos también, que no sólo con la entrega del Decálogo, Dios señaló el camino que Israel debía seguir, sino que continuó la formación de su Pueblo; que sus enviados continuaron enseñando, complementando, a Israel, lo que quería de ellos su Señor. Uno de los temas en que insistieron los profetas en su predicación fue el trato de amor y de justicia a los pobres, que debía ser un distintivo de Israel. Así por ejemplo, en la predicación de los profetas, Dios explicó el sentido de los mandamientos sociales, con la llamada ley del pobre, que mostraba el amor y el cuidado que el Pueblo de Dios debe tener por el pobre, y también por el forastero.

Estudiamos igualmente, que la práctica de la justicia y de la caridad que los profetas predicaron a Israel, es una herencia que recibimos los cristianos, que somos el nuevo Pueblo de Dios. Y Jesús en su Evangelio nos enseñóque los 10 mandamientos se resumen en dos:Amar a Dios y amar al prójimo. De manera que los 10 mandamientos se sintetizan en un verbo: AMAR. La característica que debe identificar a los cristianos es el amor. Por el amor deben conocer que somos seguidores de Jesús. Y Jesús nos enseñó que el amor al prójimo es tan importante, que nuestro destino, el día que Dios nos juzgue, va a depender del trato que hayamos dado al hambriento, al sediento, al desnudo: es decir, al pobre: Venid benditos, porque tuve hambre y me disteis de comer, dirá a los que cuidaron del pobre… Nos dijo enfáticamente, que lo que hagamos a los demás, se lo hacemos a Él, sea que les hagamos el bien o les hagamos el mal.

Comprendimos entonces, que el amor y la defensa del pobre hacen parte de las características del cristianismo, de la esencia misma de la cultura cristiana. Así lo ha entendido la Iglesia desde los primeros siglos, como nos lo muestran por ejemplo los Hechos de los Apóstoles, en su descripción de las primeras comunidades cristianas, la predicación de los Padres de la Iglesia y la permanente práctica de la caridad y la defensa de la justicia en la Iglesia.

En el programa anterior comenzamos a explicar en qué consistían las leyes del año sabático y del jubileo, mencionadas en los Nº 24 y 25 del Compendio de la D.S.I., leyes que se basaban en una motivación religiosa, pero tenían un carácter social, porque se orientaban a una distribución más justa de la riqueza, y hacia la libertad como valor supremo, en una época en que la esclavitud era práctica aceptada. La explicación que sigue, la tomo de un artículo de Santiago Guijarro Oporto, en Pliego Vida Nueva.[3] Antes es conveniente que refresquemos lo que habíamos visto ya sobre esas leyes del año sabático y del jubileo.

Finalidad social del Año sabático y del Año jubilar

El Nº 24 del Compendio de la D.S.I. menciona algunas de las Leyes de Israel, que eran orientaciones para que la vida social y económica del Pueblo escogido, se inspirara en la generosidad y en la justicia de Dios. Como decíamos, Dios es nuestro modelo. Entre esas leyes estaba la del año sabático, que se celebraba cada siete años y el año jubilar, cada cincuenta años. Veamos de qué se trata.

El año sabático se refería al perdón de las deudas.[4] Dice el libro sagrado: Al cabo de siete años harás remisión (remisión es lo mismo que perdón). En esto consiste la Remisión. Todo acreedor que posea una prenda personal hará remisión de lo que haya prestado a su prójimo; no apremiará a su prójimo ni a su hermano ni a su hermana, si se invoca la remisión en honor de Yahvéh.

La ley del año sabático no sólo prescribe el perdón de las deudas, sino que ordena que se dejen descansar los campos, y se prescribe una liberación general de las personas y de los bienes: cada uno puede regresar a su familia de origen y recuperar su patrimonio, si lo había perdido. Recordemos que Israel era un pueblo en formación, -Dios era su formador, – en una época en que era común tener esclavos. En Éxodo 23, 10 y 11[5] se lee: Seis años sembrarás tu tierra y recogerás su producto; el séptimo lo dejarás descansar y en barbecho[6], para que coman los pobres de tu pueblo, y lo que quede lo comerán los animales del campo. Harás lo mismo con tu viña y tu olivar.

De manera que el año sabático, cada siete años, era un año de perdón y también de descanso. En este mundo moderno sólo se suele mencionar el año sabático, en el sentido de tomar un año de descanso.

La explicación del año del jubileo se encuentra en el capítulo 25 del Levítico. En el versículo 10se lee: Declararéis santo el año cincuenta, y proclamaréis en la tierra liberación para todos sus habitantes. Será para vosotros un jubileo; cada uno recobrará su propiedad, y cada uno regresará a su familia.

Estas medidas tenían una finalidad social: garantizar la estabilidad de una sociedad fundada sobre la familia y el patrimonio familiar.[7] Después de regalar Dios al Pueblo escogido los 10 Mandamientos, que, como vimos, expresan los principios éticos y religiosos universales, una ética básica, una orientación para llevar una vida verdaderamente humana, Dios siguió educando a su pueblo en lo social.

El Compendio de la D.S.I. nos enseña que la legislación que Dios fue dictando al Pueblo de Israel, – indica que el acontecimiento salvífico del éxodo y la fidelidad a la Alianza representan no sólo el principio que sirve de fundamento a la vida social, política y económica de Israel, sino también el principio regulador de las cuestiones relativas a la pobreza económica y a la injusticia social. Se trata de un principio, que se invoca para transformar continuamente y desde dentro, la vida del pueblo de la Alianza, para que esa vida se haga conforme al designio de Dios. Dios, a través de sus enviados, los profetas, iba formando a su Pueblo. Era un pueblo recalcitrante, de “dura cerviz”, como lo llama la Biblia, por eso le tenían que llamar con frecuencia la atención cuando se apartaba del buen camino. Bueno, nosotros no podemos decir que somos modelos en el seguimiento de las enseñanzas de Dios. También necesitamos que nos llamen la atención y nos recuerden nuestros compromisos.

Continúa luego el Compendio que, Para eliminar las discriminaciones y las desigualdades provocadas por la evolución socioeconómica, cada siete años la memoria del éxodo y de la Alianza se traduce en términos sociales y jurídicos, de modo que las cuestiones de la propiedad, de las deudas, de los servicios y de los bienes, adquirieran su significado más profundo.

Podemos entonces darnos cuenta, de que estas leyes del año sabático y del jubileo,tienen un carácter social: se basan en una motivación religiosa[8], pero se orientan hacia una distribución más justa de la riqueza y hacia la libertad como valor supremo.

Veamos en qué consistían las normas sobre La devolución de la tierra, el perdón de las deudas, y la liberación de los esclavos, en las leyes del Año Sabático y del Jubileo, que encontramos en la Sagrada Escritura.

La tierra ocupa un lugar privilegiado en la ley sobre el jubileo. En el Deuteronomio, se prescribía el perdón de las deudas cada siete años (Dt 15,1-6), pero este perdón no se refería a la propiedad de la tierra, de modo que si alguien había perdido sus tierras no las recuperaba. El jubileo,- en cambio,cada cincuenta años, -otorgaba este privilegio, de recobrar la tierra perdida.

El perdón de las deudas es el tema central de las leyes que se encuentran en el Deuteronomio. El enunciado básico de la ley es éste: “Cada siete años perdonarás las deudas. Este perdón consistirá en lo siguiente: todo acreedor perdonará a su prójimo lo que le haya prestado; dejará de reclamárselo a su prójimo o a su hermano, porque ha sido proclamada la remisión en honor del Señor” (Dt 15,1-2). El objetivo de esta norma era favorecer a los más necesitados y erradicar la pobreza: “Así no habrá pobres entre los tuyos, pues el Señor te bendecirá generosamente en la tierra que el Señor tu Dios te va a dar en herencia, para que la poseas” (Dt 15,4). Y aunque se reconoce la dificultad de erradicar la pobreza del todo, los israelitas debían hacer lo posible por favorecer a los indigentes: “Nunca faltarán pobres en la tierra. Por eso te ordeno: Sé generoso con tu hermano, con el indigente y con el pobre de tu tierra” (Dt 15,11).

Quiero aclarar: que la frase “nunca faltarán los pobres sobre la tierra”, no expresa el deseo de Dios de que así sea; como tampoco era ese el significado de las palabras de Jesús, cuando en la unción en Betania dijo: pobres tendréis siempre con vosotros, pero a mí no me tendréis siempre (Mt. 26, 11: Los dos son comentarios de que esa es la triste realidad: somos tan egoístas, que siempre habrá pobres. Pero la voluntad de Dios se manifiesta precisamente en las leyes a favor de los pobres, que, dada la dureza de nuestro corazón no ponemos por obra.

Veamos ahora la ley sobre la liberación de los esclavos. La ley más antigua sobre la liberación de los esclavos, se encuentra en el “Código de la Alianza” (Ex 21,2-7) y dice así: “Si compras un esclavo hebreo, te servirá durante seis años, pero el séptimo quedará libre sin pagar nada. Si vino solo, solo saldrá; si estaba casado, su mujer saldrá con él”. A los lectores del siglo XXI nos llama mucho la atención en esta ley la existencia misma de la esclavitud. En esa remota época (…) era algo muy normal. La causa más común por la que un hombre se vendía a sí mismo como esclavo, con toda su familia, o a alguno de sus miembros, eran las deudas. Era frecuente que los campesinos pidieran (un préstamo) para comprar semilla, o para poder comer hasta que llegase la cosecha, y bastaba cualquier contratiempo para que se vieran obligados a vender la tierra e incluso a sí mismos para pagar la deuda contraída. Con sus leyes de liberación de los esclavos, Dios fue enseñando a su Pueblo el camino justo

En el Nº 25 del Compendio, que continúa la explicación sobre el año sabático y el año jubilar, se cita a Juan Pablo II en su Carta apostólica Tertio millenio adveniente. El Santo Padre, – especialmente en los números 11 a 15, de esa carta- relaciona con el jubileo del Pueblo de Israel, el Jubileo que anunciaba a la Iglesia, por la inminente llegada del tercer milenio.Explica allí el Papa, que la celebración de los jubileos comenzó en el Antiguo Testamento, y continúa en la historia de la Iglesia, y cómo el jubileo adquirió su significado más pleno, en la vida y en la predicación de Jesús. Recordemos la intervención de Jesús en la sinagoga de Nazareth, cuando proclamó que en Él se había cumplido la profecía, en la cual Isaías anunciaba la llegada de un “año de gracia del Señor” (Lc 4,16-30). Jesús tomó el rollo de las Escrituras, y ante la expectativa de todos los presentes, leyó a Isaías 61, 1 y 2 donde el profeta proclama: “Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva, a proclamar la liberación de los cautivos y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar la gracia del Señor.” De manera que el año del Jubileo es un año de gracia, y la venida de Jesucristo, el Señor, inauguró ya no un año de gracia, sino una historia de gracia.

Esa es la clave para entender en profundidad, el sentido que el jubileo tenía en Israel. Este ideal, que no siempre se llevó a la práctica, constituye, sin embargo, una profecía que ha inspirado la doctrina social de la Iglesia. [9]

El Nº 25 del Compendio termina diciendo que, estos principios que se inculcan en las leyes sociales de Israel, se convierten en el fulcro (fulcro es el punto de apoyo de una palanca, es decir que) esos principios, se convierten en el punto central en que se apoyaba… la predicación profética. Los profetas buscaron que, en el corazón de los israelitas, se arraigaran los mismos sentimientos de justicia y de misericordia, que moran en el corazón del Señor. Por eso Yahvé dice a través de Jeremías, 31,33, refiriéndose a su Alianza: pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré. Y en Ezequiel, 36, 26s., encontramos ese bello texto que leemos con frecuencia: os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Ezequiel, 36, 26s

Tenemos que pedir mucho a Dios que nos infunda su Espíritu, principio de una renovación interior, que nos ayude a observar su Ley de amor. En la reflexión anterior, una de nuestros oyentes expresaba con cierta tristeza, que por más que la Iglesia predique la doctrina social, va a ser muy difícil cambiar el corazón de los poderosos de la tierra. Es verdad, pero es el único camino, el de la conversión… Tenemos mucho camino que andar y tenemos que empezar por cambiar cada uno de nosotros. No esperemos que los demás cambien, si nosotros no damos el primer paso.

Vamos a empezar ahora, los Nº 26 y 27 del Compendio de la D.S.I., que tienen como título: Principio de la creación y acción gratuita de Dios.

Estos números 26 y 27 nos invitan a reflexionar sobre el don gratuito de la creación. En el primer artículo del Credo confesamos que Creemos en Dios. El Catecismo (Nº 199) nos dice que esta primera afirmación de nuestra profesión de fe es la fundamental. Todos los artículos del Credo hablan de Dios, y cuando hablan del hombre o del mundo, lo hacen por su relación con Dios. Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra comienza el Símbolo de Nicea Constantinopla, y Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, decimos en el Símbolo de los Apóstoles. [10]

Puede ser que repitamos estas palabras como una rutina, sin prestar mucha atención a todo su significado. Creer en Dios es una gracia que hemos recibido. ¡Hay tantos que no gozan de este regalo! Algunos llegan a decir que nos envidian a los que tenemos este don de la fe, porque se dan cuenta de que nosotros sentimos la seguridad que nos da un amigo, que es refugio, que es consuelo, fortaleza, alguien que nos ama y nunca falla ni puede fallar. Otras personas ni siquiera alcanzan a comprender lo que significa este don: viven en la oscuridad y se han acostumbrado a ella. Es la situación más triste, porque viven en el vacío y están como anestesiados en él.

Creer en Dios debería cambiar todo en nuestra vida: a todo lo que vivimos, si tenemos fe, tendríamos que encontrarle un sentido muy distinto del que viven el agnóstico o el ateo. No siempre es así. No traducimos en actos de vida lo que creemos o no somos capaces de expresarlo en palabras. En la vida real, Dios no nos es tan familiar como debería serlo.

En Semana Santa de 2006, hicieron a los candidatos a la presidencia algunas preguntas acerca de sus creencias en Dios. Si el cronista de El Tiempo[11] les comprendió bien, y resumió de modo acertado sus palabras, esto respondieron a la pregunta “¿Quién es su Dios? El presidente Uribe dijo que Dios es un referente de bondad que le ayuda a matizar sus pecados, falencias y limitaciones. Y del Espíritu Santo afirmó que Es una manera de invocar la luz de Dios. Carlos Gaviria Díaz, el candidato agnóstico, dijo que “Ni la razón ni la experiencia dan testimonio de la existencia de Dios. Pero tampoco dan garantía de que no exista”, y del Espíritu Santo afirmó que “Es una metáfora muy bella, es como la musa de los griegos”. Es decir que para él, el Espíritu Santo es una ficción. Y de Jesucristo añadió Carlos Gaviria: “Jesús es un hombre maravilloso, pero de allí a decir que era dios…” Horacio Serpa dijo que Dios “Es una dimensión superior a la que se profesa amor, respeto, confianza y temor”y sobre el Espíritu Santo, su respuesta fue que es “Difícil de explicarlo, porque es un asunto de fe”. Antanas Mockus dijo de Dios que lo representa ”como la humanidad en sus mejores expresiones tratando de saberlo todo y estando presente en todo.” Su respuesta sobre el Espíritu Santo es también muy “mockusiana”. Dijo esto: “El Espíritu Santo es un misterio, es algo así como ir rodando por la autopista de la razón en el 99 por ciento de los casos y cuando llegas al kilómetro 100  tienes una cosa rarísima y se asume así porque es difícil de entender.” Álvaro Leyva dijo que Dios “Es un ser infinitamente grande, justo y digno de ser amado.” Al leer esta respuesta pensé que no se la ha olvidado algo de lo que aprendió en el catecismo. Y del Espíritu Santo dijo, que es “Una lengua de fuego que lo ilumina.”

A veces parece que no comprendiéramos lo grandioso del don de la fe, del que gozamos gratuitamente, y de la bendición de haber nacido y crecido en una familia cristiana, que nos enseñó desde niños a amar a Dios nuestro Padre. Y otras veces, en vez de manifestar nuestra alegría de ser cristianos por la gracia de Dios, callamos nuestra fe cuando deberíamos manifestarla, como si nos avergonzara tenerla.

No es muy clara la idea que de Dios tienen todos nuestros candidatos, o por lo menos no encontraron palabras adecuadas para expresarla. Nos hace tanta falta conocer mejor el más grande tesoro que poseemos, que es nuestra fe…

En cambio, la fe produce en el apóstol una alegría tal, que quisiera compartirla con todos, gritándola a los cuatro vientos. Como Benedicto XVI nos ha hecho comprender, el encuentro con la fe no es el descubrimiento de una filosofía, de una ética, de una idea, sino de una Persona. Si llegamos a sentir la fe como un encuentro con esa maravillosa persona que es Amor, no renunciaremos a ella jamás.

Eso debió sentir San Francisco Javier, en su deseo incontenible de hacer conocer a Dios de los paganos. Cuando recorría la India, ansioso por la inmensidad de la tarea, ante millones de personas que no conocían a Dios, y la escasez de predicadores de la Buena Nueva, escribió a sus hermanos de Roma: “Muchas veces me vienen ganas de recorrer las universidades de Europa, principalmente la de París (donde él había estudiado), y de ponerme a gritar por doquiera, como quien ha perdido el juicio, para impulsar a los que poseen más letras que voluntad, con estas palabras: “¡Ay, cuantas almas, por vuestra desidia, quedan excluidas del cielo…[12] Por cierto, en este mes de abril de 2006 se celebraron 500 años del nacimiento de San Francisco Javier.


[1]  Cfr. Cardenal Ratzinger, Dios y el Mundo, Pg 72s.

[2] Tomado de Zenit, publicado 2006-04-05: La antropologia bíblica: de Adán a Cristo

[3] Cfr. Las Raíces Bíblicas del Jubileo. Santiago Guijarro Oporto, Publicado originalmente por Pliego Vida Nueva (4 Diciembre 1999) . Tomado de internet.

[4]  Tony Mifsud, Moral Social, Pg. 156

[5] Lo mismo se lee en Lv 25,3ss

[6]  En barbecho: Tierra de labranza que no se siembra durante un tiempo para que descanse.

[7] Biblia de Jerusalén, Lev 25, nota al pie de Pg. 133

[8]  Es interesante ver que la conmemoración de la Alianza y del Éxodo se orientaban a lo social: Yo te amo, ama tú a tus hermanos…

[9] LAS RAÍCES BÍBLICAS DEL JUBILEO. Santiago Guijarro Oporto, [Publicado originalmente en Pliego Vida Nueva (14 Diciembre 1999), tomado de internet.]

[10]  El Símbolo de Nicea Constantinopla es fruto de los dos primeros Concilios ecuménicos (años 321 y 328) y el de los Apóstoles es el antiguo símbolo bautismal de la Iglesia de Roma, la que fue sede de San Pedro. Cfr. Catecismo 194-196

[11] El Tiempo, jueves 13 de abril de 2006, 1 y 1-2

[12] José María Recondo, S.J., San Francisco Javier, Biblioteca de Autores Cristianos, 1999, Pg. 106