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Reflexión 122 Naturaleza de la D.S.I. (II)

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Seguimos al Gran Desconocido

Recordemos que en nuestras reflexiones seguimos un libro oficial de la Iglesia sobre su doctrina social. Es un excelente libro, preparado por un equipo de especialistas nombrado por Juan Pablo II que fue dirigido por el santo Cardenal Van Thuan; un cardenal vietnamita que fue perseguido y encarcelado por el régimen comunista. Este libro, que tiene como título Compendio de la D.S.I., es como el Catecismo, en cuanto se refiere a la doctrina social. Infortunadamente es el “gran desconocido”.

En estas reflexiones estudiamos ese libro número por número, tomando todo el tiempo que sea necesario para profundizar y comprenderlo bien. Luego publicamos la reflexión de ese día en esta página en Internet, donde se puede leer e imprimirla, si se desea. Un beneficio adicional, es que aquí encuentran las citas de la Sagrada Escritura y de los libros u otras publicaciones que se hayan utilizado en el programa radial.

¿Qué es la D.S.I.?

Hemos dedicado ya bastante espacio a comprender la naturaleza de la D.S.I., es decir qué es la D.S.I. Hemos visto que la D.S.I. no es una doctrina política, no es una ideología, (las ideologías siempre tienen que ver con la política, con el dominio político de la sociedad).[1] Algunos sostienen que la D.S. católica es una ideología; Juan Pablo II nos aclaró que la doctrina social católica pertenece al campo de la teología moral. La D.S.I. nos ofrece un conocimiento iluminado por la fe, basado en la Sagrada Escritura, en la Tradición, en particular en los Padres de la Iglesia y en el magisterio de la Iglesia. La D.S. dialoga con las ideologías, las analiza y les hace una crítica desde la luz del Evangelio.

Comprendimos también que el ser doctrina, que el pertenecer al campo de la teología moral, no impide a la D.S.I. valerse de las demás ciencias para comprender al hombre, a la sociedad y sus mutuas relaciones hombre-sociedad. La D.S.I. está en diálogo con todos los saberes, con las ciencias que ayudan a tener un conocimiento integral de la persona humana y de la sociedad en la que vive. Como hemos visto, la D.S.I. nos enseña cómo debe ser nuestro comportamiento con los demás, en la sociedad, de acuerdo con el Evangelio.

La comprensión del ser humano viene de Dios

Las disciplinas que tratan sobre el hombre y la sociedad, en el plano puramente natural, nos pueden ayudar a VER mejor la situación y a formar un JUICIO objetivo sobre ella, para ACTUAR en consecuencia (VER-JUZGAR-ACTUAR). La comprensión que tiene la Iglesia del hombre y del mundo la ha recibido, primero, de Dios, a través de su Palabra. De esa verdad sobre el ser humano y el mundo, recibida de Dios, la Iglesia ha elaborado su propia antropología, es decir, su comprensión de la realidad del ser humano. Recordemos que eso es la antropología: la comprensión de la realidad del ser humano. La antropología teológica estudia al hombre desde la visión que de él nos ofrece la Escritura.

Nosotros no podemos comprender a la persona humana, por fuera de la concepción cristiana, con su doble dimensión: terrena y celestial, material y espiritual, temporal y eterna. La D.S.I. enfoca la situación de la persona humana teniendo en cuenta lo que sabe de ella por la fe y lo que, también sobre ella, le enseñan las ciencias naturales.

Quisiera recomendar una vez más la lectura de la encíclia Redemptor hominis, la primera encíclica de Juan Pablo II, que es sobre la persona humana. Si queremos saber cuál es la doctrina católica sobre la persona humana y un análisis de su situación en nuestro mundo contemporáneo, allí encontramos una maravillosa explicación. En el N° 15 de esa encíclica, escrita en 1979, es decir hace ya 30 años, el Santo Padre hace unas preguntas que siguen vigentes hoy quizás más que nunca.

¿Los adelantos técnicos han hecho la vida del hombre más digna, más humana?

El progreso de la técnica y el desarrollo de la civilización de nuestro tiempo, que está marcado por el dominio de la técnica, exigen un desarrollo proporcional de la moral y de la ética. Mientras tanto, éste último parece, por desgracia, haberse quedado atrás (El desarrollo de la moral se quedó atrás). Por esto, este progreso, por lo demás tan maravilloso en el que es difícil no descubrir también auténticos signos de la grandeza del hombre que nos han sido revelados en sus gérmenes creativos en las páginas del Libro del Génesis, en la descripción de la creación, no puede menos de engendrar múltiples inquietudes. La primera inquietud se refiere a la cuestión esencial y fundamental: ¿este progreso, cuyo autor y fautor es el hombre, hace la vida del hombre sobre la tierra, en todos sus aspectos, «más humana»?; ¿la hace más «digna del hombre»? No puede dudarse de que, bajos muchos aspectos, la haga así. No obstante esta pregunta vuelve a plantearse obstinadamente por lo que se refiere a lo verdaderamente esencial: si el hombre, en cuanto hombre, en el contexto de este progreso, se hace de veras mejor, es decir, más maduro espiritualmente, más consciente de la dignidad de su humanidad, más responsable, más abierto a los demás, particularmente a los más necesitados y a los más débiles, más disponible a dar y prestar ayuda a todos.

¿Qué quiere decir que la D.S.I. es de la Iglesia?

Vamos a avanzar en nuestro estudio sobre la naturaleza de la D.S.I. en los números 79 y 80 del Compendio, que llevan por título Expresión del ministerio de enseñanza de la Iglesia. Es muy importante este número porque nos explica cómo se construye la D.S. católica. Como veremos, no es una obra de un grupo de sabios, ni es una doctrina cerrada, terminada, pues tiene que renovarse en forma continua según las épocas y las regiones. No se cambian los principios ni los valores cristianos, pero sí puede cambiarse el énfasis, se pueden modificar las expresiones, las orientaciones, según los lugares y los momentos. [2]

Toda la comunidad eclesial —sacerdotes, religiosos y laicos— participa en la elaboración de la doctrina social

El libro Compendio de la D.S.I. es una obra de un grupo de sabios, pero no la doctrina que el libro contiene. Ellos no inventaron la doctrina social. Es una doctrina de la Iglesia. Veamos qué quiere decir que es una doctrina de la Iglesia. Leamos el N° 79.

La doctrina social es de la Iglesia porque la Iglesia es el sujeto que la elabora, la difunde y la enseña. No es prerrogativa de un componente del cuerpo eclesial, sino de la comunidad entera: es expresión del modo en que la Iglesia comprende la sociedad y se confronta con sus estructuras y sus variaciones. Toda la comunidad eclesial —sacerdotes, religiosos y laicos— participa en la elaboración de la doctrina social, según la diversidad de tareas, carismas y ministerios.

Destaquemos algunas afirmaciones de este número. Según las palabras que acabamos de leer, la D.S. católica es expresión del modo en que la Iglesia comprende la sociedad y se confronta con sus estructuras y sus variaciones. Si nos preguntamos cómo debemos comprender a la sociedad, en nuestra calidad de miembros de la Iglesia, la respuesta la encontramos en su doctrina social. Por eso la doctrina sobre la familia, por ejemplo, hace parte de la Doctrina Social de la Iglesia; porque la familia es la primera sociedad natural, protagonista de la vida social. Cómo comprendemos los católicos a la familia hace parte de la Doctrina Social de la Iglesia.

Como la Iglesia vive en la sociedad, tiene que asumir posiciones frente a sus estructuras y variaciones; esas estructuras y variaciones tocan al ser humano; lo benefician o lo perjudican, de ahí que la Iglesia debe opinar sobre temas políticos y económicos, sobre la vida social, el matrimonio, la educación, la dignidad y derechos de los niños y debe opinar sobre el trabajo humano.

La doctrina social catolica: expresión del modo en que la Iglesia comprende a la sociedad

Es muy interesante esta explicación sobre cómo se forma la D.S. Nos dice el Compendio en el N° 79 que la D.S. es expresión del modo en que la Iglesia comprende a la sociedad. Repitamos ese pensamiento: la D.S. católica es expresión del modo en que la Iglesia comprende a la sociedad. Enseguida pensamos: la Iglesia comprende a la sociedad según el Evangelio. Y dice también que la elaboración de la D.S.I. No es prerrogativa de un componente del cuerpo eclesial, sino de la comunidad entera. La D.S.I. es expresión de la Iglesia entera. En palabras del Compendio, Toda la comunidad eclesial —sacerdotes, religiosos y laicos— participa en la elaboración de la doctrina social, según la diversidad de tareas, carismas y ministerios.

Son muy importantes esas palabras; hasta nos pueden asustar: Toda la comunidad eclesial —sacerdotes, religiosos y laicos— participa en la elaboración de la doctrina social, según la diversidad de tareas, carismas y ministerios.

Los sacerdotes y los laicos, – no sólo los obispos, -como miembros de la comunidad eclesial, tenemos una tarea qué cumplir en la elaboración de la D.S., según nuestras tareas, carismas y ministerios. Creo que tenemos que profundizar en estas ideas.

Para no perdernos, tengamos presente lo que hemos visto ya: la D.S.I. no es una ciencia social natural, como la sociología, como la economía. Se trata de un conocimiento del hombre y de la sociedad iluminado por la fe, basado en la Sagrada Escritura, en la Tradición y el magisterio de la Iglesia. De ahí que, cuando la Iglesia confronta a la sociedad, a la política o a la economía, lo hace desde el Evangelio, no desde las teorías, desde la técnica.

La D.S.I. enfoca la situación de la persona humana teniendo en cuenta lo que sabe de ella por la fe y lo que, también sobre el ser humano, le enseñan las ciencias naturales.

En la D.S. sólo el magisterio puede revestir de autoridad una opinión

El jesuita P. Pierre Bigo, uno de los especialistas más respetados en la D.S.I, tiene estas palabras que nos aclaran la participación de toda la comunidad eclesial en la formación de la D.S.I.: [3]

La Doctrina Social no se reduce a los documentos episcopales, ni tampoco a una disciplina teológica de teólogos especializados.

Es obvio que sólo el magisterio o sea los obispos en comunión con el Papa, pueden revestir de su autoridad una opinión y les debemos este “obsequio” del cual habla la constitución conciliar, incluso cuando no se propone como infalible. Es evidente también que los teólogos tienen un rol especial en la elaboración de la doctrina.

Esas palabras nos aclaran, en primer lugar, que los miembros de la comunidad cristiana participan en la elaboración de la D.S.I., según la diversidad de tareas, carismas y ministerios. Sólo los obispos pueden revestir de su autoridad una opinión. La Constitución Lumen Gentium del Vaticano II dice que en la misión de enseñar, los obispos tienen la promesa y la asistencia del Espíritu Santo y que la predicación del Evangelio sobresale entre los deberes de los Obispos, los cuales deben ser escuchados con veneración (LG 24-25).

Y, qué decir del papel de los fieles laicos en la formación de la D.S.I. El mismo P. Bigó nos recuerda que varios dogmas antes de ser declarados estaban ya en la conciencia de los fieles.[4] Y explica así esta afirmación: Lo que dicen los obispos y el Papa con autoridad no surge de su sola conciencia, sino de la conciencia cristiana auténtica en toda su amplitud. Las frases del P. Bigo que siguen a continuación pueden parecer duras a algunos, pero nos aclaran aún más la forma como toda la comunidad cristiana participa en la elaboración de la D.S.I.:

…se puede afirmar que no son los pastores los principales constructores de la Doctrina Social de la Iglesia, no sólo porque en la mayoría de los casos hay expertos que redactan los documentos firmados por los obispos, sino sobre todo porque este pensamiento emana de la conciencia de cristianos más comprometidos con la realidad social que los obispos. Como consta especialmente en la elaboración de la Encíclica Rerum Novarum. Como se sabe esta gran carta fue preparada durante casi 10 años por un “Comité Íntimo” que reunía, a petición de León XIII, a los “católicos sociales” eminentes de la época (…)

Se puede definir entonces la Doctrina Social de la Iglesia como el conjunto de criterios de discernimiento que están en la conciencia de los fieles que viven más intensamente su fe y su compromiso social.

El papel de las ciencias humanas, de las ciencias en general, en la comprensión del ser humano es muy importante. La Constitución Pastoral Gaudium et spes, en el N° 62, tiene una afirmación clave, en ese sentido. Dice:

Hay que reconocer y emplear suficientemente en el trabajo pastoral no sólo los principios teológicos, sino también los descubrimientos de las ciencias profanas, sobre todo en psicología y en sociología, llevando así a los fieles a una más pura y madura vida de fe.

El papel de las ciencias humanas en la formación de la D.S.

Es muy importante el aporte de los fieles laicos y de los sacerdotes expertos, en la formulación de la D.S.I., cuando es necesario tener en cuenta las ciencias humanas, no teológicas, para comprender la realidad. Una de las encíclicas sociales más importantes, la Populorum progressio, de Pablo VI, parte en su mensaje profético, de la visión crítica de la realidad social, se alimenta del análisis que sobre las causas estructurales de la pobreza en el mundo, hacen las ciencias sociales. Destacan los entendidos la influencia del sociólogo dominico, P. Louis Lebret, en la preparación de esta encíclica.[5]

Preparación de “Populorum progressio”

Es muy interesante conocer cómo preparó Pablo VI la Populorum progressio. En su libro sobre una aproximación histórica a la doctrina social de la Iglesia, el jesuita español P. Ildefonso Camacho nos cuenta que, pocas semanas después de su elección, el Santo Padre abrió una carpeta, a la que marcó: Material para una encíclica sobre el desarrollo humano. A continuación añadió de su puño y letra, las siguientes líneas con las directrices de lo que habría de ser el futuro documento:

Tema exigido por la actualidad y urgencia del problema, por la coherencia con las dos encíclicas del papa Juan XXIII. No ha de ser un tratado, ni una lección, ni un artículo erudito; ha de ser una carta, y como tal ha de ir impregnada de amor cristiano hacia los fines que tiende. Deberá ser en cierto sentido resolutiva y enérgica, para orientar resolutivamente tanto a la Iglesia como a la opinión pública del mundo hacia las tesis propuestas, ofreciendo fórmulas humanas y al mismo tiempo científicas, que presenten el pensamiento de la Iglesia en esta materia y ayuden al mundo a pensar según tales fórmulas. [6]

Amor cristiano y fórmulas humanas y científicas

De manera que el Papa Pablo VI quería escribirnos una carta impregnada de amor cristiano, y al mismo tiempo ofrecer fórmulas humanas y científicas sobre el desarrollo. Para ese trabajo, como vimos, uno de sus asesores fue el P. Louis-Joseph Lebret, de la Orden de Predicadores. El P. Lebret consagró toda su vida a tareas sociales. Fundó y dirigió el grupo Economía y Humanismo. Como herencia suya, la Universidad de Santo Tomás, en Bogotá, tiene un Centro de Estudio Lebret. Es interesante y debemos conocer que este sacerdote realizó para el Departamento de Planeación de Colombia un Estudio sobre las Condiciones de Desarrollo de Colombia, el cual entregó en dos tomos al entonces presidente de la república Alberto Llleras Camargo, en septiembre de 1958. Expone allí el P. Lebret su pensamiento sobre el desarrollo económico, que debe estar al servicio del hombre, como es el pensamiento de la D.S.I.

¿Y el papel específico de los fieles laicos?

¿Y qué decimos del papel específico de los fieles laicos? El aporte de los científicos sociales y políticos para el análisis de la realidad es muy importante. Ya vimos lo que se afirma sobre el aporte del P. Lebret como sociólogo, en la preparación de la encíclica Populorum progressio. Los obispos no siempre son, ni pueden ser, especialistas en todas las ciencias sociales. Pensemos sólo en los diversos caminos que tomó la sociedad desde el siglo XX y que debieron ser analizados y comprendidos por la Iglesia para orientarnos: el comunismo y otras formas de socialismo, el fascismo, el capitalismo y sus diversas modalidades, como el corporativismo, el desarrollismo y el neoliberalismo. El Papa Juan Pablo II nos había prevenido, cuando cayó el comunismo, que el capitalismo no es el único modelo de organización económica ni es la panacea, y que por el contrario puede llegar a ser un capitalismo salvaje. Ahora, en la crisis económica mundial vemos que tenía la razón.

Es necesario que la Iglesia entienda al mundo y que el mundo entienda a la Iglesia

Si queremos llevar el Evangelio a los demás, – en este caso, – si queremos llevar a los demás la comprensión del ser humano según el Evangelio, tenemos que hablarles en un lenguaje que nos entiendan. Vamos a dedicar hoy la última parte de esta reflexión al aprendizaje, que puede ser de interés especialmente para los que dedican su vida a la catequesis y a la enseñanza.

En la Introducción al Cristianismo, un libro escrito por el entonces Cardenal Ratzinger, hoy Benedicto XVI, habla sobre la dificultad en el diálogo entre la Iglesia y el mundo, entre el teólogo y el profano. Dice que es necesario que la Iglesia entienda al mundo y que el mundo entienda a la Iglesia. Y no es cuestión de lenguaje solamente, de ropaje exterior, sino de contenidos, y de actitud frente al creer o no creer. Y, es que hoy, también los creyentes podemos tener dudas. Si las tuvo Santa Teresita de Lisieux… En las últimas semanas de su pasión dejó escrito que la importunaban las ideas de los peores materialistas.[7] Los creyentes vivimos, hoy quizás como nunca, un mundo que nos reta todo el tiempo. El Cardenal Ratzinger en el libro que acabo de mencionar, la Introducción al Cristianismo, tiene esta frase: …el creyente sólo puede realizar su fe en el océano de la nada, de la tentación y de lo problemático; el océano de la inseguridad es el único lugar que se la asignado para vivir su fe. Pareciera que el Cardenal recordara allí las palabras de Santa Teresita, cuando en la Historia de un Alma cuenta las tinieblas que la rodeaban.

¿Bueno, a qué viene esta digresión? Me parece que la dificultad en el diálogo de la Iglesia con el mundo no es sólo una dificultad de diálogo con los no creyentes, sino también con los creyentes, que vivimos en medio de un océano que nos acosa con olas de dudas. Por eso la importancia de tener en cuenta las palabras del Concilio Vaticano II, en la Gaudium et spes, cuando dice que Hay que reconocer y emplear suficientemente en el trabajo pastoral no sólo los principios teológicos, sino también los descubrimientos de las ciencias profanas…

Construir puentes entre nuestra mente y la de los que nos escuchan

Y ahora sí, los puntos de reflexión para los catequistas, aunque son igualmente aplicables a la transmisión de conocimientos en general. [8]

Para que podamos llegar a los demás con el mensaje de la Buena Nueva, es necesario construir un puente entre nuestra mente y la de los que nos escuchan o nos leen.

Hay que empezar por conseguir el interés de la audiencia en lo que uno quiere transmitir. Si lo que quiero explicar no es del interés de los que me escuchan, no me pondrán atención.

Si voy a hablar a adultos, y el tema es la fe, tengo que haber profundizado en lo que quiero explicar. Hay que tener buenas bases. Si uno comprende bien lo que quiere explicar lo va a poder hacer mejor, sin crear más dudas.

El esfuerzo por uno comprender antes lo que va a comunicar, le permite explicarlo con más claridad a los demás.

Tengamos en cuenta que cuando hablamos con alguien sobre asuntos de fe, hablamos con personas de carne y hueso, no con ángeles.

Para que una persona que me escuche llegue a aceptar que comprendió, que le llegó, que lo tocó lo que trato de explicarle, cuando dice, por ejemplo: “Ah, sí, ahora comprendo”, – para llegar a ese punto, – yo mismo tengo que haber encontrado antes que lo que trato de explicar es coherente con mi visión del mundo, que cuadra con esa visión mía para comprender el mundo y que ese es el camino que debo seguir, que esa es mi opción de vida y trato de vivir de acuerdo con ella.

De manera que el que explica tiene que encontrar el modo de ligar su modo de ver el mundo, de ver la vida, con el modo de ver el mundo de la persona que recibe la explicación. Eso es más importante si tratamos con no creyentes. Eso sería tender puentes, o estaríamos entablando un monólogo, un diálogo entre sordos.

Este punto, de tender puentes o, – si se quiere, – de esforzarse por comprender en qué piso está parada la persona con quien hablo, puede ser definitiva para que, – para el otro, – tenga sentido mi mensaje. A veces podemos pecar por aparecer impositivos, dueños únicos de la verdad. Para tender puentes, en vez de romperlos, se necesita una actitud de humildad. Para el maestro, el catequista, el predicador, tender puentes implica un esfuerzo grande para llegar a la mente del otro. Ese ejercicio nos lleva al corazón de todo el proceso enseñanza-aprendizaje.

La práctica repetida de crear enlaces entre mi mente y la de los demás, me hace llegar a la médula misma del arte de aprender de los otros. Sin esa habilidad, – la de aprender de los demás, – la única manera de aprender que uno tendría sería la de la propia experiencia y cómo desaprovecharía las oportunidades de crecer. Los demás tienen mucho que enseñarme. Si logro abrir mi mente y comunicarme con los otros, puedo aprender de la experiencia de todo el mundo. Por lo tanto, siempre que me esfuerzo por explicar algo a otras personas y tengo éxito, al mismo tiempo mejoro mi habilidad de aprender de los demás.

Son ideas muy interesantes, difíciles de aplicar, pero empecemos por tratar de hacerlo.


[1] El P. Jaime Rodríguez F., SDB, dice en su ponencia en el Primer Congreso latinoamericano de la D.S.I., Santiago de Chile 1991 que las ideologías tratan de imponer un control social y conducir a la sociedad. Memorias, Pg. 790. Así explica cómo es la relacion de la D.S. con las ideologías: Los valores de la iglesia en relación con lo social y que parten de sus concepciones perennes se vuelven parte de la ideología de quienes los adoptan como motivación de su acción política. Los Grupos de Trabajo de ese Congreso concluyeron por su parte, de manera inequívoca, que la D.S.I. no es una ideología, tal como lo expresan los diferentes documentos del magisterio social, entre ellos Puebla y (…) Sollicitudo rei socialis, ni tampoco una tercera vía o una teoría social. Esto no quiere decir que ella no tenga que ver con los proyectos, teoría o ideologías, sino que precisamente se encuentra con éstos, dialoga con ellos, los analiza y se presenta como una instancia crítica desde la luz del Evangelio. Ib Pg 837

[2] Pierre Bigo, S.J. en el citado Congreso, Pg. 726

[3] Cfr Memorias del Congreso Latinoaméricano de la D.S.I. antes citado, Pg 727

[4] Ibidem

[5] Cfr Memorias del Primer Congreso Latinoamericano de la D.S.I., Pg.Pg 778

[6] Ildefonso Camacho, Doctrina social de la Iglesia, una aproximación histórica, 3ª edición, San Pablo, Pg 376s

[7] Teresa de Lisieux, Historia de un Alma, San Pablo, Cap. X, Pg. 343: Cuando quiero que mi corazón fatigado descanse de las tinieblas que lo rodean evocando el recuerdo del país luminoso al que aspiro, mi tormento arrecia. Me parece que las tinieblas, apropiándose la voz de los pecadores, se burlan de mí diciéndome: “Sueñas con la luz, con una patria perfumada con las más suaves fragancia; sueñas con la posesión eterna del Creador de todas esas maravillas, crees que algún día saldrás de las brumas que te rodean. ¡Adelante!, ¡adelante! Alégrate por la muerte, que te dará, no lo que esperas, sino una noche aún más oscura, la noche de la nada”.

[8] Estas ideas están tomadas del libro Turning learning Right side up: Putting Education Back on track, por Russell L. Ackoff y Daniel Greenberg, y publicadas en agosto 20, 2008 en la página de internet de la Universidad Wharton.