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Reflexión 108 Desarrollo y Paz

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El Desarrollo es el Nuevo Nombre de la Paz

Tuve la gracia de asistir al IV Congreso Nacional de Reconciliación, celebrado los días 25,26 y 27 de agosto, organizado por la Pastoral Social de la Conferencia Episcopal de Colombia. Fue un congreso extraordinario por la calidad de los conferencistas, la presencia de apóstoles de las pastoral social de todas las diócesis, -obispos, sacerdotes y laicos comprometidos de manera particular en el trabajo por las víctimas de la violencia, – representantes de las Naciones Unidas, de la Unión Europea, de otras entidades internacionales que colaboran con Colombia en programas de desarrollo y paz, representantes de Caritas de Alemania, Irlanda, Gales, y de los Estados Unidos.

Participaron en el congreso personajes del gobierno, del congreso de nuestro país y de la diplomacia, como el Presidente de la República, – en la inauguración, – el Nuncio Apostólico, el embajador del Japón, un representante de la embajada de Suecia, la directora del Departamento Nacional de Planeación y el Director de Acción Social de la Presidencia. Por el Congreso se puede destacar la presentación que hizo el senador Juan Fernando Cristo del proyecto de ley en defensa de las víctimas de la violencia, proyecto que fue aprobado ya en la Comisión Primera y la Plenaria del Senado. Ahora pasa a la Cámara. Será una ley que en alguna forma reparará a las víctimas del daño que les ha hecho la violencia en sus personas y en sus bienes.

El Congreso de Reconciliación merece que le dediquemos tiempo y por eso le vamos a dedicar la reflexión de hoy. Es una muestra de la D.S.I. puesta en práctica.

El Congreso Misionero de Quito

Sobre el Congreso misionero, celebrado el mes de agosto en Quito, podemos decir que la Misión Continental que se anunció en Aparecida, está en marcha. Ahora tenemos que estar atentos a las orientaciones de nuestros Obispos, pues en cada diócesis se decidirá el camino que debemos tomar. Tengamos presente que esta es una Misión permanente. No será una Misión como se estilaban antes, con predicadores que recorrían nuestras ciudades y campos por algunos días. Sin duda esas Misiones producían muchos frutos, muchas conversiones y se fortalecía la fe. Nuestros Obispos nos dirán ahora cómo llevar adelante la Misión Continental, a la que estamos llamados todos: sacerdotes, religiosos y laicos.

Coherencia, concreción, hablar clarito… Alumbrar y no deslumbrar

Sobre nuestro trabajo en la evangelización, el cardenal Rodríguez Maradiaga nos dio un consejo muy importante en su conferencia en Quito: nos dijo que no debemos ser sólo micrófonos sino testigos. Hace unos días escuché en el noticiero de Radio María los consejos que un sacerdote experto en comunicación, el P. Edoardo Vigano, escribió en L’Osservatore Romano, el periódico del Vaticano. Sus consejos para la evangelización se resumen en dos: coherencia con la propia vida y concreción en el mensaje. Ser concretos en el mensaje, es decir no andar por las ramas. Como parte de la concreción del mensaje incluye también el autor la claridad en la predicación. Recordando una frase de San Bernardino de Siena, patrono de los publicistas, dice “Que el predicador hable muy, muy clarito, para que el que escucha se vaya contento e iluminado, y no deslumbrado”.[1] Lo que importa es alumbrar, no deslumbrar. La gente puede quedar deslumbrada, y al llegar a casa seguir en la sombra, en la oscuridad, sin saber de qué habló el predicador o el conferencista.

Kierkegaard y la diferencia entre un actor y un pastor

En relación con la coherencia, el autor recuerda una frase del filósofo danés Søren Kierkegaard, quien advertía que “la diferencia entre un pastor y un actor (…) consiste en que Mientras que el actor tiene la tarea de engañar eliminando el momento existencial, (es decir su propia experiencia) el predicador tiene precisamente el deber, en el sentido más profundo, de predicar con su propia vida”. El testimonio es la mejor manera de dar a conocer la Buena Noticia de Jesucristo.

Perspectivas y Dimensiones del Desarrollo

Vamos ahora a ampliar la información sobre el Congreso Nacional de Reconciliación, una actividad del Secretariado de Pastoral Social. El tema general estuvo inspirado en la Encíclica Populorum Progressio, de Pablo VI. Por eso el tema del Congreso fue Perspectivas y Dimensiones del Desarrolloy su título:El Desarrollo es el Nuevo Nombre de la Paz.” También en el marco del Congreso, Monseñor Héctor Fabio Henao, Director del Secretariado Nacional de Pastoral Social, presentó su libro “Caminar en la Esperanza”.

Entre las ponencias que presentaron los expertos, debo destacar la del P. Sergio Bernal, que fue la ponencia central y lleva por título “Ética y Desarrollo: La orientación humana”. Sobre el desarrollo en Colombia expusieron sendas ponencias, la Directora de Planeación Nacional Carolina Rentería y el investigador y autor del estudio Repensar a Colombia, doctor Luis Jorge Garay. El Padre Francisco de Roux, S.J., Director del Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, expuso una profunda y muy esclarecedora ponencia sobre La Reconciliación y el Desarrollo. Esas ponencias fueron complementadas por paneles que consideraron, el primer día, el contexto del desarrollo, (qué entender por desarrollo, en particular en nuestro medio colombiano de violencia), el segundo la realidad del desarrollo en Colombia, teniendo en cuenta las dimensiones política, socio-económica, de la cultura y medio ambiente. El tercer día se dedicó específicamente a la reconciliación y el desarrollo, y a la cooperación internacional con nuestro país y el desarrollo.

Debo recalcar algo muy consolador: siendo todas las ponencias de altísima calidad, se destacaron las presentadas por los obispos y sacerdotes, por su profundo contenido, por su claridad y porque reflejaron el decidido compromiso de la Iglesia y de cada uno de ellos, en el trabajo social que se realiza, en particular en beneficio de las víctimas de la violencia.

“Ética y Desarrollo: La orientación humana”.

Como no es posible presentar un resumen de todas las ponencias del Congreso de Reconciliación, voy a comentar la ponencia del P. Sergio Bernal, “Ética y Desarrollo: La orientación humana”. La ponencia del P. Francisco de Roux, S.J., tuvo como tema:  “Corresponsabilidad en el Desarrollo. La Reconciliación y el Desarrollo.”

La ponencia del P. Segio Bernal, representa un excelente resumen de los aportes de la D.S.I. al tema del desarrollo. A las personas especialmente interesadas en profundizar en la D.S. les sugiero que lean la ponencia completa, que se puede conseguir en el Secretariado de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal de Colombia.[2] En varias reflexiones, en este blog, comentaremos toda la conferencia. El P. Bernal es profesor emérito de la Pontificia Universidad Gregoriana, de Roma. Actualmente presta sus servicios a la Universidad Javeriana, en Bogotá.

Observa el P.Bernal al comienzo de su intervención, que se piensa comúnmente, que la Iglesia se ocupa del desarrollo por primera vez en la encíclica Populorum progressio de Pablo VI, pero la preocupación por el desarrollo está presente desde los primeros documentos que constituyen el patrimonio de la Doctrina Social de la Iglesia y que comienzan propiamente con la Rerum novarum de León XIII (15 de mayo de 1891). Como afirma Juan XXIII en el N° 15 de la Mater et magistra, fue la Rerum novarum “la que formuló, por primera vez, una construcción sistemática de los principios y una perspectiva de aplicaciones de la doctrina social para el futuro.”

La Doctrina Social de la Iglesia empieza en el Génesis

Las palabras del P. Sergio Bernal nos aclaran dónde están los comienzos o mejor, los fundamentos de la doctrina social. Dice:

(…) no se puede hablar de un comienzo absoluto de la preocupación social con el magisterio pontificio, pues en realidad, éste tiene sus fuentes en la Revelación cristiana / en la que descubrimos que la voluntad de Dios es el progreso continuo de la creación / y que a hombres y mujeres es confiada la responsabilidad de administrar ese proceso como colaboradores de un Dios quien, terminada su tarea creadora, con la imagen del descanso del séptimo día, descarga, / por así decir, / la responsabilidad del desarrollo sobre los hombros de los seres creados a su imagen y semejanza. Dios se presenta a sí mismo trabajando: “en el principio creó Dios el cielo y la tierra” (Gen. 1,1) y crea al hombre y la mujer a su imagen y semejanza, estableciendo desde el comienzo una relación de éstos entre sí y con el mundo, mediante el trabajo. El libro de la Sabiduría nos recuerda que el Creador formó al hombre para que dominase sobre los seres por Él creados, y administrase el mundo con santidad y justicia (Sab, 9, 2-3).

Volvamos sobre esas ideas: la preocupación social aparece desde el Génesis, desde el comienzo. Los fundamentos de la D.S.I. se arraigan en la Sagrada Escritura. Allí, en el Génesis, desde el principio de la creación, aparece que la voluntad de Dios es el progreso continuo de la creación. Y ya allí aparece cuál es nuestra responsabilidad en ese progreso. En palabras del P. Sergio Bernal: a hombres y mujeres es confiada la responsabilidad de administrar ese proceso como colaboradores de un Dios quien, terminada su tarea creadora, con la imagen del descanso del séptimo día, descarga, por así decir, la responsabilidad del desarrollo sobre los hombros de los seres creados a su imagen y semejanza. Dios se presenta a sí mismo trabajando: “en el principio creó Dios el cielo y la tierra” (Gen. 1,1) y crea al hombre y la mujer a su imagen y semejanza, estableciendo desde el comienzo una relación de éstos entre sí y con el mundo, mediante el trabajo.

Dios nos encargó del desarrollo de la creación en santidad y justicia

Algunos pretenden que los escrituristas son culpables de que el ser humano maltrate la naturaleza, porque presentan a la persona humana como centro de la creación y con poderes para dominarla a su antojo, pero la explicación de la verdadera de la voluntad de Dios es muy distinta: Dios entrega a los seres humanos la responsabilidad del desarrollo de la creación. Parece que el séptimo día dijera Dios: bueno, ya hice mi parte; ahora sigue lo de ustedes. Trabajen como lo hice yo, las cosas me quedaron bien. Recordemos las palabras del Génesis: 1,31: Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Entrega el Señor el jardín del Edén a los seres humanos, no para que lo destruyan, sino para que lo cuiden. Debemos ser los jardineros, no los destructores de la naturaleza.

Leamos las palabras del Libro de la Sabiduría, 9, 1-4, en la oración para alcanzar la Sabiduría. Nos dice que Dios creó al hombre para que gobierne al mundo con santidad y justicia. Estas son las palabras del Libro de la Sabiduría:

1 “Dios de los Padres y Señor misericordioso, que hiciste todas las cosas con tu palabra,
2 y con tu Sabiduría formaste al hombre,
para que dominara a los seres que tú creaste,
3 para que gobernara el mundo con santidad y justicia
e hiciera justicia con rectitud de espíritu:
4 dame la Sabiduría, que comparte tu trono,
y no me excluyas del número de tus hijos.

Trabajadores a imagen y semejanza de Dios trabajador

De manera que Dios aparece en la Sagrada Escritura como trabajador, como creador. Aparece haciendo el mundo. Y, el trabajo que realizamos los seres humanos es digno, es sagrado; es natural que trabajemos porque somos imagen y semejanza de Dios, que es trabajador. Por medio del trabajo nos relacionamos entre nosotros y con Dios. Es una bella explicación, ésta del P. Bernal, quien continúa luego con el tema del destino universal de los bienes:

La obra maravillosa del Creador era destinada a todos y, por tanto, todos tienen el derecho de acceder a esos bienes, estando ya implícito el problema fundamental de la economía: la distribución racional de recursos escasos. El trabajo aparecía desde el comienzo como el medio normal para lograr el acceso a esos bienes.

Es muy importante que nos grabemos estas ideas: la creación está destinada a todos, todos tenemos derecho a acceder a esos bienes, que son escasos…y el trabajo es el medio normal para lograr el acceso a esos bienes. Cuántas consecuencias se siguen a este planteamiento. Consecuencias sobre el derecho al trabajo, sobre la calidad del trabajo, sobre la remuneración por el trabajo…

¿De qué desarrollo económico se habla?

Es natural que el asunto del desarrollo económico no se tratara desde antiguo con la terminología de la economía moderna. La economía es una ciencia bastante nueva, pero en la D.S.I. aparece ya tratado desde Juan XXIII. A este respecto dice el P. Bernal:

Conviene aclarar que el concepto de “desarrollo”, como lo entendemos hoy, aparece por primera vez en la encíclica Mater et magistra del beato Juan XXIII y ello se explica porque ya para la fecha de esta encíclica la teoría económica se ocupaba del tema como tal, pero concibiéndolo como un proceso que procede por etapas casi mecánicamente y que consiste en el crecimiento del producto nacional bruto que influye automáticamente en la elevación de los niveles de vida de toda la población de un país.

Más adelante entraremos a comprender el concepto de desarrollo, que para la D.S.I. no es necesariamente el mismo de la economía neoliberal. Como acabamos de ver, para la teoría económica, el desarrollo se entendía como un proceso que sucede automáticamente, con el crecimiento de la economía. Se confundía el desarrollo con el crecimiento de los bienes y servicios. Se identificaba el crecimiento con el desarrollo. La experiencia nos muestra que puede haber crecimiento sin verdadero desarrollo. Depende de lo que se entienda por desarrollo. Sabemos que el crecimiento de los bienes y servicios puede ser inequitativo, desigual.

¿Se pueden llamar desarrollo corporal al sobrepeso o a un tumor?

Una comparación para que nos entendamos: en el cuerpo humano, puede haber crecimiento armónico y también crecimiento deforme; el sobrepeso, un tumor, pueden ser crecimiento, pero no desarrollo saludable, armónico… La economía puede crecer: puede haber muchos negocios, muchos bienes en el mercado, pero quedarse en las manos de unos pocos…

Sobre el pensamiento de la Iglesia, empezando por León XIII, autor de la Rerum novarum, siguiendo con Pío XI, Pío XII y sus sucesores continuó el P. Sergio Bernal:

León XIII y la revolución industrial

Podemos hacer un recorrido de los principales documentos de la Doctrina social católica para ver de qué manera el tema entra en la reflexión del magisterio. León XIII sintió la necesidad de responder a la situación creada por la revolución industrial, y expresó su preocupación, sobre todo, por la ínfima condición a que habían sido reducidos los proletarios implicados en los procesos de producción capitalista. Se vivían los años de un capitalismo salvaje sin reglas de juego, resultado de la ideología liberal que proclamaba como dogma infalible la no intervención del Estado en materia económica. Dominaba, como parte de esa ideología, la idea de un progreso indefinido, casi automático, producido por el súper hombre absolutamente autónomo y libre sin alguna constricción moral. Como respuesta a esta ideología, el Papa había publicado anteriormente una encíclica, Libertas praestantissimum (1888), en la que refutaba el falso concepto de libertad que pretendía inspirar todos los procesos sociales y hasta el progreso mismo. Al escribir la Rerum novarum el Papa era motivado no por razones de orden técnico, sino moral, como era el riesgo de la salvación del proletariado. Dominaba entonces una concepción orgánica de la sociedad, que ignoraba el conflicto como elemento inherente a la convivencia, y más bien proponía como ideal la perfecta armonía entre las clases sociales.

Ya entonces comenzaba a aparecer un modelo de producción cuyos efectos sobre una gran parte de la población eran francamente funestos. Se ponía, entonces, el problema del crecimiento económico, de la creación del capital y de la riqueza y de su distribución o acaparamiento, elementos inherentes al que hoy llamamos desarrollo.

Un modelo económico horrendamente duro, cruel, atroz

Cuarenta años más tarde el modelo se había robustecido y mostraba sus fortalezas y debilidades, como la gran depresión de los años treinta que arrastró consigo millones de fortunas, reduciendo a muchos a la pobreza. Se trataba de un modelo que el Papa calificó de “horrendamente duro, cruel, atroz” (cfr. Quadragesimo anno, 109). Pio XI ya entonces percibía la estrecha relación que se crea entre el poder económico y el político.

Pío XII y el destino universal de los bienes

A medida que el modelo económico se desarrollaba y perfeccionaba desde el punto de vista técnico, se alejaba de cualquier otra consideración. La Iglesia, por su parte, tomaba conciencia de la importancia de evaluarlo desde la perspectiva de la destinación universal de los bienes y de la vocación humana a la plena realización como imagen y semejanza del Creador, lo cual supone la íntima relación con esos bienes confiados a la responsable administración de hombres y mujeres. Pío XII en su famoso Radiomensaje de Pentecostés de 1941 ofrecía el fundamento de la preocupación de la Iglesia por la dimensión económica de la vida humana, que es fundamental, pero no la única dimensión de la persona y que dice una íntima relación a su realización trascendente:

Cita a continuación el P. Bernal las palabras de Pío XII en el N° 12 de su mensaje de Pentecostés de 1941, con ocasión del cincuentenario de la Rerum novarum. Aclara allí el Santo Padre el derecho a la propiedad privada, puntualizando al mismo tiempo el papel de los bienes materiales como derecho universal. Nos enseñó Pío XII que la propiedad privada no puede ser obstáculo para cumplir el “derecho fundamental y primero” de acceder todos al uso de los bienes, como “derecho originario sobre el uso de los bienes materiales.” Nos enseñó que el derecho a la propiedad no es absoluto. Al dar prioridad al destino común de los bienes, se supera el individualismo y la DSI experimenta un avance.[3]

El derecho originario sobre el uso de los bienes materiales, por estar en íntima unión con la dignidad y con los demás derechos de la persona humana, ofrece a ésta, (…) base material segura y de suma importancia para elevarse al cumplimiento de sus deberes morales. La tutela de este derecho asegurará la dignidad personal del hombre y le aliviará el atender y satisfacer con justa libertad a aquel conjunto de obligaciones y decisiones estables de que directamente es responsable para con el Creador. Ciertamente es deber absolutamente personal del hombre conservar y enderezar a la perfección su vida material y espiritual, para conseguir el fin religioso y moral que Dios ha señalado a todos los hombres y dándoles como norma suprema, siempre y en todo caso obligatoria, con preferencia a todo otro deber (12).

¿El cristiano condenado a la pobreza?

La siguiente explicación del P. Bernal la debemos tener presente:

Vale la pena notar cómo Pío XII ya había superado ciertas concepciones ancestrales que, interpretando de manera impropia el Evangelio, terminaban casi condenando al cristiano a la pobreza material como signo del seguimiento de Cristo y al mismo tiempo manifestaban un desprecio por los bienes de este mundo. Aquí, en cambio, ya es claro que la dignidad y la vocación de la persona, exigen un mínimo de bienestar material. Gracias a la colaboración de expertos encargados de redactar los proyectos de intervenciones de los Papas, las ciencias sociales fueron contribuyendo a un discurso cada vez más objetivo.

Hasta aquí alcanzamos hoy a presentar la ponencia Ética y Desarrollo: la Dimensión Humana, presentada por el P. Sergio Bernal en el IV Congreso de Reconciliación, que se dedicó en una buena parte al tema del Desarrollo nuevo nombre de la Paz. Es tan importante esta ponencia y contribuye tanto a nuestro conocimiento de la D.S.I. que continuaremos su presentación en la próxima entrada, si Dios quiere.

Los invito a pedir por la Misión Continental, con la oración preparada por nuestros obispos:

Plegaria de la Misión Continental

(Tomada del magisterio de Benedicto XVI en Aparecida)

Quédate con nosotros, Señor,

acompáñanos, aunque no siempre

hayamos sabido reconocerte.

Tú eres la Luz en nuestros corazones,

y nos das tu ardor con la certeza de la Pascua.

Tú nos confortas en la fracción del pan,

para anunciar a nuestros hermanos

que en verdad Tú has resucitado

y nos has dado la misión de ser testigos

de tu victoria.

Quédate con nosotros, Señor,

Tú eres la Verdad misma,

eres el revelador del Padre,

ilumina Tú nuestras mentes con tu Palabra;

ayúdanos a sentir la belleza

de creer en ti.

Tú que eres la Vida,

quédate en nuestros hogares

para que caminen unidos,

y en ellos nazca la vida humana generosamente;

quédate, Jesús, con nuestros niños

y convoca a nuestros jóvenes

para construir contigo el mundo nuevo.

Quédate, Señor, con aquellos

a quienes en nuestras sociedades

se les niega justicia y libertad;

quédate con los pobres y humildes,

con los ancianos y enfermos.

Fortalece nuestra fe de discípulos

siempre atentos a tu voz de Buen Pastor.

Envíanos como tus alegres misioneros,

para que nuestros pueblos,

en ti adoren al Padre, por el Espíritu Santo.

A María, tu Madre y nuestra Madre,

Señora de Guadalupe, Mujer vestida de Sol,

confiamos el Pueblo de Dios peregrino

en este inicio del tercer milenio cristiano.

Amén.

Escríbanos a: reflexionesdsi@gmail.com


[1] Cf http://www.zenit.org/article-28163?l=spanish

[2] Entre los Enlaces de este blog ese encuentra el del Secretariado de Pastoral Social

[3] Cfr Juan Souto Coelho (coord.), Doctrina Social de la Iglesia, manual abreviado, BAC, Fundación Pablo VI, Madrid, Pg. 63; Ildefonso Camacho, Doctrina social de la Iglesia, una aproximación histórica, San Pablo, Pg 192ss