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REFLEXIÓN 94

Abril 10 2008

Compendio Doctrina Social de la Iglesia N° 72 (II)

Naturaleza de la Doctrina Social de la Iglesia

En la reflexión anterior comenzamos a estudiar el N° 72 del Compendio, que trata sobre La Naturaleza de la Doctrina Social. Es decir, ¿de qué clase de doctrina, de qué clase de conocimientos se trata? Lo primero que nos enseña el Compendio sobre la naturaleza de la D.S.I. es que se trata de un conocimiento iluminado por la fe.

De manera que la D.S.I. no es una doctrina política, basada en ideologías de la derecha ni de la izquierda; no se trata de conocimientos puramente humanos, basados en las ciencias sociales, sino que se trata de una doctrina basada en el Evangelio.

Aprendimos también que la D.S.I. se ha formado en el curso del tiempo, a través de las numerosas intervenciones del Magisterio sobre temas sociales; que esta doctrina que ahora encontramos toda organizada, de modo resumido, pero completa, en ese excelente libro, el Compendio de la D.S.I., no apareció como resultado de una junta de sabios que se reunió a pensar acerca de cuál debe ser la doctrina católica sobre las cuestiones sociales. ¿Entonces, cómo se ha ido formando la D.S.I.?

Reflexiones a lo largo del tiempo…

sobre la vida del hombre en la sociedad

Nos dice nuestro libro guía, el Compendio, que la D.S.I. es el resultado de la reflexión, que a lo largo de la historia, ha venido haciendo la Iglesia, a la luz de la Escritura y de la tradición, sobre la vida del hombre en la sociedad. La Iglesia, es decir el Magisterio; el Papa, los Obispos, especialmente a través del Concilio Vaticano II, las Conferencias Episcopales como las de América Latina reunidas en Medellín, Puebla, Santo Domingo, Aparecida. También los laicos han ido haciendo sus aportes a la D.S.; lo vimos por ejemplo en la Conferencia de Aparecida, lo mismo que con la participación de laicos en organismos como la Academia de Ciencias Sociales de la Santa Sede, en la cual es su presidente la doctora Mary Ann Glendon, una abogada católica, profesora de derecho en la Universidad de Harvard y actualmente embajadora de los EE.UU. ante el Vaticano.

Como vimos la semana pasada, el Magisterio de la Iglesia, representado por sus diversas instancias, ha ido respondiendo a las inquietudes de la sociedad, sacudida por los problemas sociales. La D.S.I. es entonces, el resultado de la meditación, de la reflexión, – a la luz del Evangelio y de la Tradición, – sobre los problemas de la vida del hombre en la sociedad. La enseñanza social de la Iglesia nace cuando, en medio de los problemas que surgen en la vida de la sociedad, reflexiona sobre cuál debe ser la conducta del cristiano, para actuar de acuerdo con el mensaje evangélico y sus exigencias.

¿Qué posición debo asumir, para ser coherente con mi fe?

Entonces, la D.S.I. se ha ido formando a lo largo del tiempo, como respuesta a los interrogantes sobre los problemas de la vida en sociedad. En esas situaciones, la Iglesia se pregunta: frente a esta o a aquella situación particular ¿qué orientación nos dan los principios, valores y criterios basados en el Evangelio? Según esos principios, valores y criterios ¿cuál debe ser mi comportamiento? Por ejemplo, frente a las injusticias con los trabajadores, frente al desplazamiento de familias que huyen de la violencia, frente a la corrupción, frente a la guerra, frente a la sistemática campaña contra el matrimonio y la familia, frente a esas y otras situaciones, ¿cuál debe ser el comportamiento del cristiano, según las enseñanzas de la Sagrada Escritura y la Tradición? ¿Qué posición debo asumir, para ser coherente con mi fe?

Palabra firme de Dios, palabra de los hombres que se lleva el viento

Veíamos en la reflexión anterior que la D.S.I. nos ofrece los criterios que deben formar nuestra conciencia, a la luz del Evangelio. Es de allí de donde sale la D.S.I.: del Evangelio. Añadíamos la semana pasada, que en esta época difícil, – con frecuencia confusa,- para saber cómo vivir de acuerdo con la fe nos debemos preguntar cómo vivir, cómo responder a los retos de la sociedad, según criterios extraídos del Evangelio. Y claro, tenemos que estar preparados para no dejarnos sorprender, porque los criterios que a nosotros, católicos, nos deben guiar, no siempre coinciden con los que se promueven a través de los partidos y movimientos políticos y de los medios de comunicación; con frecuencia nos presentan ellos criterios antievangélicos que se venden como lo conveniente, como lo actual, inclusive como lo justo. Lo demás, nos dicen, es vivir en el pasado, cuando no señalan a las posiciones católicas de estar viciadas de fundamentalismo. Cuando se trata de verdades basadas en la Palabra de Dios, no las podemos cambiar por la palabra de los hombres, que es como la arena; no es firme, cambia según las conveniencias, se la lleva el viento, y el edificio construido sobre arena finalmente se derrumba…

El mundo al revés

Estas situaciones las vemos de manera permanente ahora. Antes oíamos que eso ocurría en otros países, y nos parecía que en Colombia estábamos lejos de llegar a esos extremos. Ahora oímos al senador Benedetti pidiendo por TV que se investigue al Hospital San Ignacio, porque allí no se practican abortos. No se pide que se investigue a los hospitales abortistas, sino a un hospital porque defiende la vida. Es el mundo al revés. Por su parte la senadora Parody presenta un proyecto de ley que, según sus proponentes busca “prevenir, erradicar y sancionar la discriminación”, y ha sido presentado como una fórmula para proteger a los más vulnerables de la sociedad como los grupos afrocolombianos, invidentes, enfermos de VIH, Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales, [1] pero según nos explican en la página web de la Asociación Formadores de la Opinión Pública, este proyecto de ley es innecesario, porque Nuestra Constitución Política en su Art. 13, consagra la igualdad entre todas las personas, y protege efectivamente contra toda forma de discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica.

Este derecho está garantizado de forma eficaz a través del recurso de la tutela, prueba de ello son las numerosas tutelas que se han fallado para garantizar el derecho a la igualdad y a la no discriminación en todas sus formas.

De lo anterior se concluye que el derecho a la no discriminación está regulado y cautelado en el ordenamiento jurídico vigente en manera suficiente y eficaz, por lo que no existe la necesidad de establecer acciones adicionales y especiales para su protección.


Se pretende castigar por llamar las cosas por su nombre

¿Se quiere imponer una ideología?

Entonces, algo distinto se pretende camuflar en ese proyecto de ley, entre lo sano de la no discriminación. Hay que dorar la píldora. Según los argumentos de la Asociación Formadores de la Opinión Pública, Este proyecto busca proscribir cualquier opinión contraria a las tesis (…) sostenidas por el homosexualismo político y el feminismo de la revolución sexual. En esa ley, de ser aprobada, se crea un delito de opinión muy específico que atenta contra la libertad de pensamiento y de expresión, posibilitando la censura de opiniones contrarias a una ideología concreta impuesta por el Estado, logrando la intimidación del pensamiento (…) y desembocando en una nueva persecución / contra quienes defiendan enseñanzas cristianas. El comentario en negrilla está tomado de la página web estoesconmigo.com y como dije es de la Asociación Formadores de la Opinión Pública.


Como anotaba Monseñor Libardo Ramírez, ayer, en entrevista de Paola Calderón en el Noticiero de
Radio María, ese proyecto de la senadora Parody pretende castigar a quienes se atrevan a llamar las cosas por su nombre.

Sí, estamos en el mundo al revés: los que se presentan como firmes defensores de todas las libertades, pretenden prohibir que se exprese el pensamiento en estas materias, si no se está de acuerdo con ellos. La Corte Constitucional, el Procurador General y otras autoridades, pretenden, en el caso del aborto, limitar el recurso de la objeción de conciencia, derecho consagrado en nuestra Constitución y en cualquier país civilizado. No es raro que esto pase en un país en el que el Ministerio que debería ser de Protección Social, defiende leyes laborales por las que se castiga a los que ganan menos, disminuyendo sus ingresos por horas extras y nocturnas, defiende el aborto contra el derecho de los más débiles como son los niños por nacer, y se presenta, el Ministro mismo, como modelo, por defender la esterilización masculina. No es extraño que no pocos, a ese Ministerio lo llamen de Desprotección Social.

La D.S.I. es un conocimiento iluminado por la fe, basado en la Palabra de Dios, y, en este momento especial de nuestra historia, tengamos presente que hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. Pidamos por los médicos, que tienen que enfrentar amenazas de perder su trabajo, si no practican abortos. Hay persecución religiosa. En la persecución anunciada por el senador Benedetti al Hospital San Ignacio, tenemos que ser solidarios, tendremos que manifestarnos.

Volvamos al tema del N° 72 del Compendio, sobre la naturaleza de la D.S.I.

Los católicos defenderemos siempre el derecho inalienable de la vida y de la libertad

Vimos también en la reflexión pasada, que la D.S.I., que va respondiendo a las situaciones cambiantes del hombre en su vida en sociedad, tiene por eso, por una parte, principios permanentes, que no cambian, y por otra, también afirmaciones provisionales, que se deben entender en su contexto histórico y que se pueden ir renovando según la época. Las afirmaciones llamadas provisionales no se refieren a dogmas, a verdades de fe ni a principios permanentes, como por ejemplo la dignidad de la persona, el derecho inviolable de la vida y a la libertad, que naturalmente, nunca cambian. Los católicos defenderemos hoy y siempre la dignidad de la persona, creada a imagen y semejanza de Dios, defenderemos siempre el derecho a la vida y la libertad.

Una manera de comprender la renovación de la D.S.I., es una analogía con los cambios que se van presentando en el desarrollo de los seres vivos. De modo parecido a un ser vivo, que crece manteniendo su identidad sustancial, la doctrina social se desarrolla, manteniéndose siempre fiel a la verdad revelada; la Iglesia va aclarando, determinando cada vez más los contenidos implícitos de su doctrina, ante situaciones nuevas”.[2]

Entonces, para seguir adelante, leamos el comienzo del N° 72 que ahora vamos a comprender bien. Dice:

La doctrina social de la Iglesia no ha sido pensada desde el principio como un sistema orgánico, sino que se ha formado en el curso del tiempo, a través de las numerosas intervenciones del Magisterio sobre temas sociales.

Y ahora continuemos leyendo el N° 72, que dice:

Esta génesis explica el hecho de que hayan podido darse algunas oscilaciones acerca de la naturaleza, el método y la estructura epistemológica de la doctrina social de la Iglesia.

Esta génesis de la D.S., es decir, la forma como se ha generado la D.S., a través del tiempo. Ya vimos que, como la D.S. católica ha sido el resultado de la meditación de la Iglesia, a lo largo de los años, sobre los acontecimientos cambiantes en la historia del hombre y su vida en sociedad, – meditación de la realidad social a la luz del Evangelio, es humano que se hayan presentado en el tiempo dudas, titubeos, oscilaciones, – las llama el Compendio, – sobre la naturaleza y sobre el método de la D.S.I. Fijémonos que no se refiere el Compendio a dudas sobre los criterios permanentes. Ahora, con las intervenciones de los Papas, desde León XIII hasta Juan Pablo II y Benedicto XVI, tenemos mucha más claridad sobre la D.S.I. Para que no se nos quede en el aire, dentro de un momento nos vamos a referir a la expresión la estructura epistemológica de la doctrina social de la Iglesia. Es importante.

La doctrina social de la Iglesia no pertenece al ámbito de la ideología

Sigamos entonces la lectura del N° 72:

Una clarificación decisiva en este sentido la encontramos, precedida por una significativa indicación en la «Laborem exercens»,[3] en la encíclica «Sollicitudo rei socialis»: la doctrina social de la Iglesia «no pertenece al ámbito de la ideología, sino al de la teología y especialmente de la teología moral».[4] No se puede definir ( la D.S.), según parámetros socioeconómicos. No es un sistema ideológico o pragmático, que tiende a definir y componer las relaciones económicas, políticas y sociales, sino una categoría propia: es (la D.S.), «la cuidadosa formulación / del resultado de una atenta reflexión sobre las complejas realidades de la vida del hombre en la sociedad / y en el contexto internacional, a la luz de la fe y de la tradición eclesial. Su objetivo principal es interpretar esas realidades, examinando su conformidad o diferencia / con lo que el Evangelio enseña acerca del hombre y su vocación terrena y, a la vez, trascendente, para orientar en consecuencia / la conducta cristiana».[5]

Como nos podemos dar cuenta, este párrafo está fundado en citas de algunas encíclicas de Juan Pablo II: en la «Laborem exercens», en el N° 3, el Santo Padre nos aclara cómo la doctrina social, perteneció desde el principio a la enseñanza de la Iglesia, a su concepción del hombre y de la vida social, y especialmente a la moral social, elaborada según las necesidades de las distintas épocas.

No dejemos escapar algunas palabras claves para comprender la naturaleza de la D.S. Dice Juan Pablo II que la D.S.I. pertenece a la concepción que la Iglesia tiene del hombre. Tengamos eso presente: la D.S.I. pertenece a la concepción que la Iglesia tiene del hombre. Sobre la cita que sigue luego, recordemos que la encíclica Laborem exercens es la carta magna sobre el trabajo humano, por eso se refiere en particular al tema del trabajo, con estas palabras: (…) la profundización del problema del trabajo / ha experimentado una continua puesta al día, conservando siempre aquella base cristiana de verdad que podemos llamar perenne. El trabajo humano ocupa un puesto primordial en la D.S. y entendemos los católicos, – así nos lo enseña Juan Pablo II, – que el trabajo es clave en la solución de la cuestión social.

Inmediatamente después de la Laborem exercens, el Compendio cita el N° 41 de la Sollicitudo rei socialis, también de Juan Pablo II, donde dice que la doctrina social de la Iglesia «no pertenece al ámbito de la ideología, sino al de la teología y especialmente de la teología moral». No se puede definir según parámetros socioeconómicos. No es un sistema ideológico o pragmático, que tiende a definir y componer las relaciones económicas, políticas y sociales, sino una categoría propia.

Epistemología, conocimiento de la realidad social, Doctrina Social católica…

Para que no se nos queden ideas importantes sueltas, tenemos que detenernos un momento, en eso de la estructura epistemológica de la doctrina social, mencionada en este mismo N° 72. Sin meternos en honduras, porque este no es un espacio para elucubraciones filosóficas, digamos que la epistemología es una parte de la filosofía que estudia el fenómeno del conocimiento, es decir cómo conocemos la realidad, cómo es el proceso de conocer. En el caso de la D.S.I., tenemos que partir del hecho de que se trata de un conocimiento especial; no se trata de un conocimiento científico, como el de la biología, la física o las matemáticas, sino que se trata de un conocimiento iluminado por la fe.

Hemos repetido y es importante no olvidarlo, que lo que la Iglesia nos ofrece en su doctrina social, no es una disciplina puramente académica; al estudiarla no se adquieren sólo conocimientos como los que ofrecen la sociología, la política o la economía. Con su D.S., la Iglesia nos ofrece un conocimiento iluminado por la fe.

Interpretar la realidad a través de un lente político

Detengámonos en el concepto de ideología. Vayamos un poquito más hondo que la definición general del diccionario, según el cual una ideología es el conjunto de ideas fundamentales que caracterizan el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso político, etc.[6] Esta definición general nos ayuda a entender que si, por ejemplo, de una persona o de un movimiento político nos dicen que es de ideología marxista, nos quieren decir que las ideas fundamentales que caracterizan el pensamiento de esa persona o de ese movimiento político, son las ideas de Marx. Como veremos enseguida, eso quiere decir que esa persona o ese movimiento político, interpretan la realidad a través del lente del marxismo.

Cuando se habla de ideologías, en el contexto de la D.S., se está hablando del conocimiento e interpretación que se hace de la realidad social que nos rodea. A eso se refiere la mención que hace el N° 72 del Compendio, de la estructura epistemológica de la D.S.; se refiere al tipo de conocimiento que implica la D.S., que es un conocimiento iluminado por la fe. Tenemos, gracias a la fe, un conocimiento de la realidad, distinto del que nos dan las ciencias puramente humanas. Veamos:

Todos nos situamos en la realidad de nuestra vida y asumimos una actitud frente a lo que nos rodea: frente a la naturaleza, frente a los demás, en nuestras relaciones sociales. Tomamos una posición en nuestras relaciones políticas, económicas, religiosas, es decir frente a Dios. ¿Cómo conocemos, cómo interpretamos nuestra realidad, que está inmersa, por así decirlo, en medio de todas esas relaciones? Como nos podemos dar cuenta, en la interpretación de nuestra realidad, pueden intervenir muchos elementos, muchos intereses personales y de grupo. Por eso viviendo en el mismo país, en la misma ciudad, hay tántas opiniones sobre la realidad. Nos formamos diferentes imágenes de la realidad.[7]

Ver más allá de los sentidos y la razón

Así comprendemos por qué los no creyentes interpreten la realidad de una manera distinta a como nosotros la interpretamos. Nosotros tenemos elementos que ellos no tienen para conocer la realidad que vivimos. Los no creyentes tienen una representación de la realidad sin Dios. Para nosotros, por una gracia que no merecemos, la realidad está iluminada por la fe. Vemos más allá de lo que captan los sentidos y la pura razón.

En resumen, entonces, ¿a qué se llama ideología? Se suele llamar ideología, en un sentido amplio, al conjunto de representaciones, de conocimientos, de valores y creencias en las cuales nacemos y vivimos. Lo que el diccionario dice del significado de ideología: el conjunto de ideas fundamentales que caracterizan el pensamiento de una persona. Nuestra representación de la realidad la vamos asimilando, e intervenimos en su formación. Somos activos; no recibimos todo pasivamente. En este momento, por ejemplo, con nuestro estudio, estamos aprendiendo a conocer la realidad, con criterios de fe.

La imagen de la realidad que nos formamos es entonces nuestra ideología. ¿Qué tan de acuerdo con la realidad será esa imagen que nos hemos formado? Y sigue otra pregunta clave: ¿cómo usamos esas imágenes que nos formamos de la realidad?

Ilusión: imagen inconsciente, equivocada, de la realidad

Vayamos por partes: si la imagen que nos hemos formado de la realidad, no está de acuerdo con lo que de verdad es nuestra realidad, y esa falsificación no la hacemos con la intención consciente de manipular la realidad, para presentarla según nuestro interés, – es decir si por error inconsciente, vemos la realidad como no es, esa imagen equivocada de la realidad se llama ilusión. Es un error, que se cree verdad. En este caso, esa clase de ideología es una falsa conciencia de la realidad social. Sucede, cuando alguien, de buena fe, se ha formado una idea equivocada de la realidad social.

Ideologizar la realidad social

Pero sucede que también la realidad se puede presentar como no es, falsificándola, conscientemente. En este caso entramos en el campo de la ética; se trataría de una mentira. Se estaría presentando una realidad falseada, mentirosa, por intereses de grupo, por ejemplo. En este caso, la ideología de quien presenta esa realidad mentirosa, lo que pretende es favorecer los intereses de un grupo contra los intereses de otro. Basta que escuchemos algunos discursos en el Parlamento, para comprender cómo se presenta la misma realidad nacional de una manera o de otra, según el pensamiento político de quien habla. Eso es ideologizar la realidad social, ocultando sus propias contradicciones y sacando ventajas, sin tener en cuenta el bien de toda la sociedad. Esa presentación falsa de la realidad social, puede ser inconsciente, y veíamos que quien se ha formado así, de modo inconsciente, una imagen equivocada de la realidad, lo que tiene es una ilusión. Sin embargo, me atrevo a pensar que eso se da entre las personas que no tienen acceso adecuado a la información, pero generalmente los grupos políticos tienen en sus filas profesionales de la simulación.

Para terminar hoy, copio dos párrafos del libro Fe cristiana y compromiso social, publicado por el CELAM. que nos explican cómo y para qué actúan esa clase de ideólogos, los que falsean la realidad:

¿Cómo actúa la ideología? La ideología actúa mediante un proceso de simulación y engaño, en el que esconde mostrando. En la ideología las cosas son enmascaradas a través de sus contrarios: la falsedad, bajo apariencia de verdad, la contradicción bajo apariencia de armonía, lo cultural es presentado como natural, lo voluntario como fatal, lo histórico como eterno, lo relativo como absoluto.

¿Cuál es el efecto deseado por esta inversión, y sobre todo por esta transfiguración de la realidad? Es la creación de un consenso social. Este consenso confiere unidad a una sociedad conflictiva bajo la hegemonía de un grupo dominante. Los intereses particulares de quienes detentan el poder, son presentados como intereses generales, su pensamiento particular es presentado sin más como lógico y evidente.

Esa descripción concuerda con lo que oímos a algunos personajes de la política nacional e internacional. Me parece que así se explican los argumentos con que se defienden leyes y proyectos de ley contrarios a la fe.

Bien, creo que por hoy es suficiente. La próxima semana, Dios mediante, seguiremos con este tema. Tenemos que estudiar también cómo se relaciona la ideología con la fe y la teología.

Escríbanos a: reflexionesdsi@gmail.com


 

[1] Véase el comentario a este proyecto de ley en www.estoesconmigo.com

 

[2] Cf Fe y Razón, la Iglesia y el Capitalismo. En Internet www.feyrazon.org/capital Cita no textual.

[3] Juan Pablo II, Carta enc. Laborem exercens, 3

 

 

[4] Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 41

 

[5] Ibidem

 

[6] Segunda acepción del DRAE.

 

[7] Para la explicación de los conceptos epistemológicos de la D.S.I. y de ideología, me he basado en Fe cristiana y compromiso social, libro preparado por Pierre Bigó, S.J. y Fernando Bastos de Ávila, S.J., editado bajo la dirección y supervisión de los Obispos de la Comisión Episcopal del departamento de Acción Social del CELAM, 2° edición, 2.4, Teología e Ideología, Pgs. 163ss