Archive for the ‘Reflexión 103 - Desprendimiento (Letting go)’ Category.

Reflexión 186 - Caritas in veritate N° 16-17 (Charla 24)

Escuche estas Reflexiones sobre la Doctrina Social de la Iglesia en Radio María  los jueves a las 9:00 a.m., hora de Colombia, en las siguientes   frecuencias en A.M.: 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        Bogotá: Bogotá: 1220; Barranquilla: 1580; Cali: 1260; Manizales: 1500; Medellín: 1320; Turbo: 1460; Urrao: 1450.

 

Por internet, también en vivo, en http://www.radiomariacol.org/

Al abrir este “blog” encuentra la reflexión más reciente; en la columna de la derecha, las Reflexiones anteriores que siguen la numeración del libro Compendio de la D.S.I.” Con un clic usted elige.


Utilice los
Enlaces a documentos muy importantes como la Sagrada Biblia, el Compendio de la Doctrina Social, el Catecismo y su Compendio, documentos del Magisterio de la Iglesia tales como la Constitución Gaudium et Spes, algunas encíclicas como: Populorum progressio,  Deus caritas est, Spe salvi, Caritas in veritate, agencias de noticias y publicaciones católicas. Vea la lista en Enlaces.

Haga clic a continuación para orar todos los días 10 minutos siguiendo la Palabra de Dios paso a paso: Orar frente al computador, con método preparado en 20 idiomas por los jesuitas irlandeses. Lo encuentra aquí también entre los enlaces.

==============================================================

 

La introducción y el capítulo 1° de Caritas in veritate

 

Benedicto XVI dedicó la Introducción de su encíclica, del N° 1 al 10, a aclarar algunos términos fundamentales, teológicos y éticos para que podamos comprender el contenido de la encíclica. Del N° 10 al 20, lo titula el Papa: El Mensaje de la Populorum progressio,  la encíclica de Pablo VI sobre el desarrollo de los pueblos. Benedicto XVI hace una síntesis del contenido de la encíclica de Pablo VI sobre el desarrollo. Comprendemos así la continuidad, al mismo tiempo que la novedad de la DSI, que es siempre antigua y siempre nueva; que hunde sus raíces en lo eterno de la Palabra de Dios y nos ilumina en los caminos nuevos por donde debemos continuar.

 

Pablo VI y Benedicto XVI nos instruyen sobre el desarrollo

 

¿Cuál es el desarrollo de los pueblos del que nos habla Pablo VI y en el cual profundiza  Benedicto XVI? Las dos encíclicas son muy claras al respecto: se trata del desarrollo integral,  el que abarca al ser humano en todas sus dimensiones; no se trata de sólo el desarrollo material, el que se refiere únicamente al avance de la ciencia y de la tecnología, que ayuda al mayor y más eficiente uso de los bienes materiales; no se trata  sólo del crecimiento de la economía y el mejoramiento general de todas las realidades terrenas, sino también del desarrollo de la persona en sus dimensiones más elevadas: la espiritual, la intelectual, la social…

Si se tratara sólo del crecimiento económico, sólo del desarrollo material de los pueblos, la Iglesia no tendría todo el interés con el que se compromete en sus permanentes intervenciones. Hablando del desarrollo de la persona humana como de una vocación de todos, Benedicto XVI nos dice en el N° 16 de Caritas in veritate, que lo que legitima la intervención de la Iglesia en la problemática del desarrollo  es que, cuando se habla del desarrollo se trata también del destino eterno del ser humano y de su seguro caminar en la historia junto con sus otros hermanos, hacia la meta a la que está destinado. Podríamos decir que trabajar por el desarrollo integral es el caminar del ser humano y de sus hermanos en la historia, es hacer el camino hacia la eternidad.

 

Un desarrollo que aliena

 

Si se orientara el desarrollo a sólo la dimensión material y temporal de la persona humana, se recortaría su grandeza, se limitarían sus posibilidades espirituales… A trabajar sólo por el desarrollo material de la persona humana, ignorando toda la riqueza espiritual e intelectual se le podría llamar con toda razón “alienarse”. Recordemos que alienarse es lo mismo que perder la propia identidad; alienarnos es perder nuestra manera natural de ser.[1]

A la Iglesia le interesa que la persona humana crezca, se desarrolle, según  el diseñó del Creador. La Evangelización nos indica el camino de Dios, como Jesús nos lo enseñó. El Evangelio nos enseña a ser más humanos, con la perfección posible de la naturaleza humana como Dios la diseñó. Apartarnos del plan concebido por Dios para las personas, para las familias, para la sociedad, no sería conseguir seres humanos mejores sino más imperfectos, familias y sociedad lejanas a lo que el Creador pretende. ¿Cómo intentar siquiera, mejorar lo que Dios ha ideado en su infinita sabiduría? 

Hay mucha soberbia cuando se pretende mejorar una plana escrita por Dios. Eso fue lo que quisieron hacer los ángeles caídos. Lo que pretendieron nuestros primeros padres en el paraíso. Lo que, por ejemplo, pretenden crear ahora los partidarios de matrimonios entre homosexuales.

No tiene lógica la presentación del desarrollo humano que hacen los promotores del libre desarrollo de la personalidad que defienden la libertad de consumir drogas porque la Constitución establece en su artículo 16, que Todas las personas tienen derecho al libre desarrollo de su personalidad sin más limitaciones que las que imponen los derechos de los demás y el orden jurídico. ¿Por qué no piensan también en las limitaciones que les impone Dios a través de la ley natural?

La defensa del consumo de estupefacientes basada en el libre desarrollo de la personalidad es contradictoria, pues con ese argumento no se defiende  el desarrollo de la persona sino su deterioro.

 

Derecho a limitar o hacer daño al propio desarrollo

 

Pretenden que la Constitución garantice no sólo el libre desarrollo de la personalidad, sino el derecho a recortarlo, o peor aún, el derecho a hacer daño al propio desarrollo. De manera que, tras el maquillaje del libre  desarrollo de la personalidad,  lo que realmente se busca es que se garantice el libre no desarrollo de la personalidad. No es extraño que se pretenda garantizar también el derecho a quitarse la vida, el derecho a la propia destrucción, por medio de la eutanasia.

Es doloroso, pero entre los juristas y legisladores de nuestro país hay personas con ideologías claramente anticristianas, cuya visión de lo que es el ser humano se aparta mucho de lo que nos enseña la antropología cristiana, es decir lo que es el ser humano según el diseño de Dios. En esa ideología se fundamentan algunos de sus fallos o sus proyectos de ley, que apartan a nuestra sociedad de los caminos del ser humano según el Evangelio.

 

Nuestra vocación al desarrollo

 

Dicen Pablo VI y  Benedicto XVI que nuestro propio desarrollo es una vocación a la que todos estamos llamados. No podemos hacernos los sordos a la llamada a nuestro propio desarrollo. Volvamos a leer las palabras de Populorum progressio con las que terminamos la reflexión anterior:

15. En los designios de Dios, cada hombre está llamado a desarrollarse, porque toda vida es una vocación. Desde su nacimiento, ha sido dado a todos como un germen, un conjunto de aptitudes y de cualidades para hacerlas fructificar: su floración, fruto de la educación recibida en el propio ambiente y del esfuerzo personal, permitirá a cada uno orientarse hacia el destino, que le ha sido propuesto por el Creador. Dotado de inteligencia y de libertad, el hombre es responsable de su crecimiento, lo mismo que de su salvación. Ayudado, y a veces es trabado, por los que lo educan y lo rodean, cada uno permanece siempre, sean los que sean los influjos que sobre él se ejercen, el artífice principal de su éxito o de su fracaso: por sólo el esfuerzo de su inteligencia y de su voluntad, cada hombre puede crecer en humanidad, valer más, ser más.

De manera que todos estamos llamados a desarrollarnos, a crecer como personas, y es ése un deber personal: Dotado de inteligencia y de libertad, el hombre es responsable de su crecimiento, lo mismo que de su salvación. Aclara a continuación Pablo VI:

16. Por otra parte este crecimiento no es facultativo. De la misma manera que la creación entera está ordenada a su Creador, la creatura espiritual está obligada a orientar espontáneamente su vida hacia Dios, verdad primera y bien soberano. Resulta así que el crecimiento humano constituye como un resumen de nuestros deberes. Más aun, esta armonía de la naturaleza, enriquecida por el esfuerzo personal y responsable, está llamada a superarse a sí misma. Por su inserción en el Cristo vivo, el hombre tiene el camino abierto hacia un progreso nuevo, hacia un humanismo trascendental, que le da su mayor plenitud; tal es la finalidad suprema del desarrollo personal.

Trabajar por nuestro propio desarrollo es, entonces, un deber personal; que es el resumen de nuestros deberes, dice Pablo VI, como lo acabamos de leer. Repitamos algunas  frases de Pablo VI:

- En los designios de Dios, cada hombre está llamado a desarrollarse, porque toda vida es una vocación.

- Desde su nacimiento, ha sido dado a todos como un germen, un conjunto de aptitudes y de cualidades para hacerlas fructificar.

- Dotado de inteligencia y de libertad, el hombre es responsable de su crecimiento, lo mismo que de su salvación.

- Cada uno permanece siempre, sean los que sean los influjos que sobre él se ejercen, el artífice principal de su éxito o de su fracaso

- Cada hombre puede crecer en humanidad, valer más, ser más.

- Por su inserción en el Cristo vivo, el hombre tiene el camino abierto hacia un progreso nuevo, hacia un humanismo trascendental, que le da su mayor plenitud; tal es la finalidad suprema del desarrollo personal.

 

Desarrollo y Parábola de los talentos

 

Después de escuchar estas enseñanzas no podemos ignorar la advertencia de la parábola de los talentos porque Desde nuestro nacimiento,  nos ha sido dado a todos como un germen, un conjunto de aptitudes y de cualidades para hacerlas fructificar. Un día nos pedirán cuentas.  De nosotros espera el Señor que hayamos hecho fructificar las cualidades y aptitudes que no fueron dadas (Mt 25 14-30).

Esas aptitudes y cualidades de distinto orden nos han sido dadas paras que las hagamos crecer. El día de la cuenta final no podemos llegar siendo más imperfectos… Estamos llamados a orientar nuestra vida hacia Dios, verdad primera y bien soberano.

La vocación de la persona humana al desarrollo comienza en el momento en que de Dios la llama a la vida. Cuando Dios infunde su espíritu a ese minúsculo ser, lo está dotando del poder de crecer, de desarrollarse; primero al cuidado del amor materno que le presta el refugio de su vientre y los medios para irse convirtiendo, hasta su nacimiento, en un hijo de Dios completo, con la capacidad de un ser humano independiente.

 

Aborto y desarrollo

 

Hay personas que, por medio del aborto, pretenden impedir que ese ser llamado a la vida vea la luz, llegue a ser, como está destinado a ser, una persona humana que desarrolle libremente su camino hacia la eternidad y preste su inteligencia, su voz, sus manos, para el desarrollo del mundo, según los planes del Creador. 

En el N° 17 de Caritas in veritate Benedicto XVI nos explica lo que significa la vocación al desarrollo a que  estamos llamados. Como Dios nos creó libres, su llamada al desarrollo implica una respuesta libre de nuestra parte. Dice así el Santo Padre:

17. La vocación es una llamada que requiere una respuesta libre y responsable.

Uno responde libremente cuando no lo hace obligado por otras personas o porque las circunstancias no le permiten otra salida. Nuestra respuesta es “responsable”, cuando somos conscientes de que debemos dar cuenta de nuestra acción.

El desarrollo humano integral supone la libertad responsable de la persona y de los pueblos: ninguna estructura puede garantizar dicho desarrollo desde fuera y por encima de la responsabilidad humana. Los «mesianismos prometedores, pero forjadores de ilusiones»[2] basan siempre sus propias propuestas en la negación de la dimensión trascendente del desarrollo, seguros de tenerlo todo a su disposición. Esta falsa seguridad se convierte en debilidad, porque comporta el sometimiento del hombre, reducido a un medio para el desarrollo, mientras que la humildad de quien acoge una vocación se transforma en verdadera autonomía, porque hace libre a la persona.

 

Los falsos mesías, forjadores de falsas ilusiones

El comienzo de este número 17 de Caritas in veritate evoca claramente la advertencia de Pablo VI sobre el peligro de los falsos mesianismos, “forjadores de ilusiones”. Cuando el mesianismo comunista que prometía un paraíso terreno se derrumbó, pensamos que ese peligro había pasado; sin embargo vemos hoy que aparecen nuevas dictaduras que vuelven a ofrecer un aparente desarrollo, que para conseguirlo exige que se le empeñe el don de la libertad y  surgen rebaños de personas obnubiladas por las promesas que a la postre resultan engaños.

No podemos aceptar un desarrollo aparente que, a cambio, obliga a renunciar al verdadero, propio desarrollo. No promete  un desarrollo humano integral, si recorta la libertad.

En Venezuela anuncian ya que están creando una especie de cartilla de racionamiento, a la cual tendrán acceso los que se sometan al nuevo movimiento. Están cerca de las elecciones, de manera que parece claro el intercambio que se propondrá: “tienes derecho a la cartilla para conseguir alimentos a precios especiales, si adhieres a la revolución”… Se ofrece el trueque de calmar el hambre, a cambio de la libertad.

Leamos las palabras de Pablo VI en Populorum progressio en los N° 6 y 11 a las cuales se refiere Caritas in veritate. Pablo VI presenta primero cuáles son las aspiraciones del ser humano.

¿A qué aspiran  los hombres de hoy?

 

6. Verse libres de la miseria, hallar con más seguridad la propia subsistencia, la salud, una ocupación estable; participar todavía más en las responsabilidades, fuera de toda opresión y al abrigo de situaciones que ofenden su dignidad de hombres; ser más instruidos; en una palabra, hacer, conocer y tener más para ser más: tal es la aspiración de los hombres de hoy, mientras que un gran número de ellos se ven condenados a vivir en condiciones, que hacen ilusorio este legítimo deseo. Por otra parte, los pueblos llegados recientemente a la independencia nacional sienten la necesidad de añadir a esta libertad política un crecimiento autónomo y digno, social no menos que económico, a fin de asegurar a sus ciudadanos su pleno desarrollo humano y ocupar el puesto que les corresponde en el concierto de las naciones.

Para crecer es necesaria la libertad política, es decir la libertad de la que gozan  los pueblos independientes. Y no es suficiente sólo el crecimiento económico; se requiere también un crecimiento social, que no es posible sin libertad individual. No basta tener más; lo que la persona humana quiere para sí es SER más.  La búsqueda de satisfacción del hondo deseo de ser más, de mayor desarrollo, puede conducir por caminos equivocados, que lleven sólo a TENER más y la consecuencia puede ser tener más pero SER menos. Leamos la advertencia de Pablo VI sobre los falsos mesianismos, en el N° 11 de Populorum progressio:

En este desarrollo, la tentación se hace tan violenta, que amenaza arrastrar hacia los mesianismos prometedores, pero forjados de ilusiones. ¿Quién no ve los peligros que hay en ello de reacciones populares y de deslizamientos hacia las ideologías totalitarias? Estos son los datos del problema, cuya gravedad no puede escapar a nadie.

 

Artífices de de nuestro éxito o de nuestro fracaso

Sobre estas reflexiones de Pablo VI dice Caritas in veritate en el N° 17 que estamos estudiando:

 

Pablo VI no tiene duda de que hay obstáculos y condicionamientos que frenan el desarrollo, pero tiene también la certeza de que «cada uno permanece siempre, sean los que sean los influjos que sobre él se ejercen, el artífice principal de su éxito o de su fracaso»[3]. Esta libertad se refiere al desarrollo que tenemos ante nosotros pero, al mismo tiempo, también a las situaciones de subdesarrollo, que no son fruto de la casualidad o de una necesidad histórica, sino que dependen de la responsabilidad humana. Por eso, «los pueblos hambrientos interpelan hoy, con acento dramático, a los pueblos opulentos»[4]. También esto es vocación, en cuanto llamada de hombres libres a hombres libres para asumir una responsabilidad común. Pablo VI percibía netamente la importancia de las estructuras económicas y de las instituciones, pero se daba cuenta con igual claridad de que la naturaleza de éstas era ser instrumentos de la libertad humana. Sólo si es libre, el desarrollo puede ser integralmente humano; sólo en un régimen de libertad responsable puede crecer de manera adecuada.

Oigamos una vez más, de labios del Papa, el clamor de los hambrientos,  que es para cada uno de nosotros, una llamada, una vocación: «los pueblos hambrientos interpelan hoy, con acento dramático, a los pueblos opulentos»[5]. También esto es vocación, en cuanto llamada de hombres libres a hombres libres para asumir una responsabilidad común.

Los seres humanos tenemos una vocación a trabajar por el desarrollo de los más pobres. A eso nos llama Dios. Tienen también una vocación las estructuras económicas y las instituciones: no existen los gremios económicos ni las instituciones del gobierno nacional ni las organizaciones internacionales para beneficio de unos pocos, su vocación es el bien común, no sólo su bien particular.

 

Nuestra banca nacional no parece entender que su vocación, su razón de ser, deba ser el bien común. Llama la atención que con sus inmensas ganancias, no comprendan que no existirían si sus clientes se les apartaran. A pesar de sus inmensas utilidades, los bancos acaban de pedir al gobierno que quiten la tasa de usura, con el curioso argumento de que la razón por la cual los pobres no tienen acceso a los servicios bancarios, es que esas entidades no les pueden prestar a intereses bajos. Como si estuvieran prestando a pérdida, para querer aumentar las tasas que ya son muy altas.[6]

 

Dice Benedicto XVI, que Pablo VI percibía netamente la importancia de las estructuras económicas y de las instituciones, pero se daba cuenta con igual claridad de que la naturaleza de éstas era ser instrumentos de la libertad humana. Sólo si es libre, el desarrollo puede ser integralmente humano; sólo en un régimen de libertad responsable puede crecer de manera adecuada.

¿Será que comprenden los banqueros que la naturaleza de las instituciones, - también de las financieras, - es ser instrumentos del desarrollo de la persona humana y no sólo del crecimiento económico de sus dueños? ¿Será que no comprenden que son parte del libre mercado, pero que esa libertad tiene que ser responsable frente al bien común?

 

Fernando Díaz del Castillo Z.

 

Escríbanos a: reflexionesdsi@gmail.com

 


[1] Cr Relexión 49 jueves 1 de marzo 2007.

[2] Cf. Carta enc. Populorum progressio 11: l.c., 262; Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 25: l.c., 822-824.

[3] Carta enc. Populorum progressio, 15: l.c., 265.

[4] Ibíd., 3: l.c., 258.

[5] Ibíd., 3: l.c., 258.

[6] Según El Tiempo, Bogotá, 01 septiembre 2010,  en Colombia el desempleo continúa en 12.6%, mientras el subempleo crece. En julio 21010, los subempleados llegaron a 7.34 millones. El sector financiero, por otra parte ganó $ 5.3 billones (millones de millones de pesos) en siete meses. ¿De dónde obtienen tan generosas ganancia?

Reflexión 183 - Caritas in veritate (21)

 Caritas in veritate  N° 15 (21)

 

Escuche estas Reflexiones sobre la Doctrina Social de la Iglesia en Radio María  los jueves a las 9:00 a.m., hora de Colombia, en las siguientes   frecuencias en A.M.: 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        Bogotá: 1220; Barranquilla: 1580; Cali: 1260; Manizales: 1500; Medellín: 1320; Turbo: 1460; Urrao: 1450.

 

Por internet, también en vivo, en http://www.radiomariacol.org/

Al abrir este “blog” encuentra la reflexión más reciente; en la columna de la derecha, las Reflexiones anteriores que siguen la numeración del libro Compendio de la D.S.I.” Con un clic usted elige.


Utilice los
Enlaces a documentos muy importantes como la Sagrada Biblia, el Compendio de la Doctrina Social, el Catecismo y su Compendio, documentos del Magisterio de la Iglesia tales como la Constitución Gaudium et Spes, algunas encíclicas como: Populorum progressio,  Deus caritas est, Spe salvi, Caritas in veritate, agencias de noticias y publicaciones católicas. Vea la lista en Enlaces.

Haga clic a continuación para orar todos los días 10 minutos siguiendo la Palabra de Dios paso a paso: Orar frente al computador, con método preparado en 20 idiomas por los jesuitas irlandeses. Lo encuentra aquí también entre los enlaces.

==============================================================

 

Coherencia del pensamiento de Pablo VI en el conjunto de su doctrina social

 

Estamos estudiando ahora el capítulo primero de Caritas in veritate, Caridad en la verdad, encíclica social de Benedicto XVI. Es un capítulo dedicado a recorrer el mensaje social de Pablo VI en su encíclica Populorum progressio, sobre el desarrollo de los pueblos; nos muestra el Papa Benedicto la coherencia del pensamiento de Pablo VI en el conjunto de su doctrina social; en particular la coherencia en la doctrina que se enseña en la encíclica Populorum progressio, en la carta apostólica Octogesima adveniens,  en la encíclica Humanae vitae y la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi. A propósito de Humane vitae y Evangelii nuntiandi  advierte Benedicto XVI, - en el N° 15 de Caritas in veritate, - que aunque esos dos documentos no estén tan estrechamente relacionados con la doctrina social, son muy importantes para delinear el sentido plenamente humano del desarrollo propuesto por la Iglesia. Lo que defiende la Iglesia sobre el desarrollo es que sea plenamente humano.

En la reflexión anterior estudiamos lo que nos enseña la carta apostólica Octogesima adveniens sobre temas tan interesantes como la responsabilidad de la comunidad cristiana en la vida social y política, sobre la incompatibilidad del cristianismo con las ideologías marxista y liberal y la necesidad para el cristiano, de no caer en la trampa de las ideologías.

 

Recordamos que por ideología se entiende una manera de ver  al ser humano y a la sociedad, para sobre esa base construir un proyecto de sociedad que responda a esa visión. Una ideología construye mentalmente la clase de sociedad que desea, y por medio de la acción política se propone volver realidad esa sociedad que se tiene en mente.

 

¿Se puede hablar de una Ideología cristiana?

 

Vimos que se podría hablar de ideología cristiana, a la visión del ser humano y de la sociedad que está de acuerdo con la antropología cristiana, la que ve al ser humano como creado a imagen y semejanza de Dios y propone una sociedad regida por los planes del Creador, como se describen en la Sagrada Escritura.  

 

Nos preguntamos también, qué quería decir Pablo VI, cuando en su carta apostólica Octogesima adveniens nos previene que no caigamos en las trampas de las ideologías; decíamos que la advertencia del Santo Padre es sobre esas posturas ideológicas, que encierran al ser humano en sí mismo como autosuficiente, independiente de Dios, las ideologías que no aceptan el puesto de Dios en la sociedad, y por lo tanto niegan la trascendencia. Esas maneras de considerar al hombre y a la sociedad lejos de su relación con Dios, tienen implicaciones que los cristianos debemos tener en cuenta, para no adherir a ellas. Implicaciones que son distintas en el socialismo y en el liberalismo, pero de todas formas son inaceptables. Algunas implicaciones pueden ser comunes al pensamiento tanto del socialismo como del liberalismo, por ejemplo  su materialismo.

 

La ideología socialista

 

En el caso de la ideología socialista hay que estar atentos, en particular, a las limitaciones inadmisibles a la libertad,  a la incitación a la violencia y a la negación de Dios. Es claro cómo funciona un régimen socialista, porque tenemos ejemplos vivos en los regímenes que atacan la libertad de opinión y de información, los que persiguen a quienes se niegan a pensar como ellos y la emprenden contra la Iglesia.

 

La ideología liberal

 

En la ideología liberal se concibe una sociedad con libertad absoluta, en la cual el ser humano es el centro y el determinador último del manejo de toda actividad, empezando por la económica, que busca sobre todo el bien individual, aun a costa del perjuicio de los demás; de ahí la falta de equidad, característica del individualismo. Se predica la libertad por encima de todo. La presentación de ser adalides de la libertad es muy atractiva; sin duda esa es una trampa. Vemos en nuestra sociedad a qué extremos se llega cuando se abraza la libertad sin limitaciones.

 

Papel de la jerarquía y de los laicos en la política

 

Sobre la actividad política del cristiano, recordemos que, según las enseñanzas de Pablo VI en Octogesima adveniens, el papel de la Jerarquía en la orientación doctrinal es muy importante; las enseñanzas del magisterio, basadas en el Evangelio, proporcionan al cristiano  principios de reflexión, criterios de juicio y directrices de acción.

 

Según nos enseña  Pablo VI, para el análisis de la realidad es indispensable, además de la orientación doctrinal del magisterio, el aporte de la comunidad creyente, el aporte de los laicos. La presencia de los laicos es necesaria en la acción, de manera particular en el campo de la política. Ese no es el campo propio de la jerarquía.

 

En el ejercicio de la política, la responsabilidad del laico católico es muy grande. Con sus votos se aprueban o niegan leyes a favor o en contra de los planes de Dios para la sociedad. Allí se prueba el católico de verdad a diferencia del católico sólo de palabra.

 

 

Humanae vitae y doctrina social

Pasando a la coherencia del pensamiento social de Pablo VI y cómo se refleja en la encíclica Humanae vitae, Benedicto XVI en el N° 15 de Caritas in veritate nos enseña que la Humanae vitae no trata sólo sobre un tema de moral individual, sino que tiene que ver con la moral social. La moral individual se refiere a los deberes particulares de los individuos, mientras que la moral social tiene que ver con los compromisos que el individuo tiene con la sociedad. Puesto que vivimos con otras personas, nuestras acciones, cuando tienen que ver con los demás, no son correctas o incorrectas, buenas o malas, sólo porque individualmente consideradas así parezcan, sino que hay que tener en cuenta si afectan a la sociedad. Cuando se ejerce el deber del voto, por ej., siempre se debe decidir en conciencia y se debe tener en cuenta no sólo cómo la consecuencia del voto lo afecta a uno personalmente, sino cómo afecta mi voto a la sociedad.

 

 ¿Puede haber una sociedad con bases más débiles que una sociedad que no respeta la vida?

 

 

Es un contrasentido pretender que se defienden los derechos humanos, si al mismo tiempo se menosprecia la vida de los demás. Una sociedad que acepta y tolera la violación de la vida humana, sobre todo si se trata de la débil vida de un niño por nacer, el ser humano más indefenso, o  de la vida de un marginado, es una sociedad que se desmorona. ¿Puede haber una sociedad con bases más débiles que una sociedad que no respeta la vida?

 

Se dice, a veces, que se defienden los derechos humanos, mientras se pisotean los derechos de las familias. ¿Tiene eso sentido? En Argentina se pretendió defender los derechos de los homosexuales, aprobando el matrimonio de personas del mismo sexo. Esos votos fueron en detrimento de la familia según los planes de Dios, como aparecen en la Sagrada Escritura. ¿Cómo entienden su cristianismo los parlamentarios que aprobaron esa ley y la presidenta de Argentina que la promovió?

 

Para terminar el repaso de nuestra reflexión anterior voy a leer las frases del doctor Hernán Vergara Delgado, en su estudio sobre la Humanae vitae. Con esas palabras terminamos la reflexión anterior:

Defender la posibilidad de que una vida humana llegue a la existencia porque en ella se actúa el poder creador de Dios y el ejercicio de la libertad y de su amor sólo puede ser un acto de fe.

 

Defender la vida humana en cuanto es sólo posibilidad es la más sublime defensa de la vida que puede darse y, como el que puede lo más puede lo menos, es también la mayor garantía posible de que la vida sea defendida en personas ya existentes, que es la pretensión de los derechos humanos.[1]

 

Pensamiento social de Pablo XVI en Populorum progressio y la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi

 

Leamos las palabras del Papa en el N°15 de Caritas in veritate, Caridad en la verdad:

La Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi guarda una relación muy estrecha con el desarrollo, en cuanto «la evangelización —escribe Pablo VI— no sería completa si no tuviera en cuenta la interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre»[2]. «Entre evangelización y promoción humana (desarrollo, liberación) existen efectivamente lazos muy fuertes»[3]: partiendo de esta convicción, Pablo VI aclaró la relación entre el anuncio de Cristo y la promoción de la persona en la sociedad.

El testimonio de la caridad de Cristo mediante obras de justicia, paz y desarrollo forma parte de la evangelización, porque a Jesucristo, que nos ama, le interesa todo el hombre. Sobre estas importantes enseñanzas se funda el aspecto misionero [4] de la doctrina social de la Iglesia, como un elemento esencial de evangelización[5]. Es anuncio y testimonio de la fe. Es instrumento y fuente imprescindible para educarse en ella.

Destaquemos algunas frases de Benedicto XVI sobre la estrecha relación de la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, de Pablo VI y el desarrollo que promueve la Iglesia:

 

Un Evangelio para la persona de carne y hueso

 

Nos dice el Papa actual, que según Pablo VI, la evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta el diálogo que se establece entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre». Es que el Evangelio no es un mensaje etéreo, abstracto, teórico, sino que va directo a nuestra vida; el Evangelio es para vivirlo, no sólo para citarlo de memoria. Por eso la Iglesia nos puede reclamar que seamos coherentes, cuando nos decimos cristianos, pero no obramos de acuerdo con lo que nos enseña el Evangelio. Leamos las palabras de Evangelii nuntiandi en el N° 29, donde nos enseña Pablo VI que el Evangelio es Un mensaje que afecta a toda la vida:

29. La evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta la interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social, del hombre. Precisamente por esto la evangelización lleva consigo un mensaje explícito, adaptado a las diversas situaciones y constantemente actualizado, sobre los derechos y deberes de toda persona humana, sobre la vida familiar sin la cual apenas es posible el progreso personal[6], sobre la vida comunitaria de la sociedad, sobre la vida internacional, la paz, la justicia, el desarrollo; un mensaje, especialmente vigoroso en nuestros días, sobre la liberación.

 

En agosto del año 2009 tratamos este tema del desarrollo integral, el progreso humano y la Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi. Vamos a recordar lo que estudiamos entonces.[7]

 

Los sínodos de 1971 y 1974

 

 

Entre las contribuciones de Pablo VI a la DSI se cuentan los documentos finales de los Sínodos de los obispos celebrados en 1971 y 1974, cuyo sentido social salta a la vista con solo una rápida mirada a su contenido. Examinemos primero el documento del Sínodo de 1971. Los documentos de ambos sínodos, el de 1971 y de 1974 fueron base para la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi.

 

En el año 1971, el Sínodo de los obispos estudió el tema de la justicia. El documento final de ese Sínodo trata sobre la misión de la Iglesia y la promoción de la justicia. Notemos que cuando se habla de la Misión de la Iglesia, hay que entender que Iglesia no es sólo la jerarquía, se refiere a la misión de la jerarquía y la misión de todos los cristianos; misión que se concreta en dar testimonio del amor y de la justicia como se encuentran en el Evangelio. 

 

Se ve claramente que, con Pablo VI a la cabeza, en los sínodos de los obispos después del Vaticano II, la Iglesia demostraba su firme decisión de responder a las necesidades del ser humano en el mundo moderno. La Iglesia quería y quiere, ofrecer sus aportes a la solución de los problemas sociales.

 

El Sínodo de 1971

 

 

Demos una mirada al documento del Sínodo de 1971. En la introducción se plantea como punto de partida,  el clamor de los que padecen injusticia, y nos enseña que la acción a favor de la justicia es una dimensión constitutiva de la evangelización. Esto nos ayuda a aclarar los fines de la doctrina social, que están íntimamente ligados a la salvación y por lo tanto a la evangelización. Evangelizar es proclamar la salvación. La acción a favor de la justicia es parte de la evangelización. La doctrina social y su práctica no se pueden desligar de la evangelización. Como discípulos y misioneros no podemos olvidar esa afirmación. Si trabajamos en la evangelización debemos conocer y vivir la DSI.

 

 

La Justicia y la Sociedad Mundial

  La primera parte del documento final del sínodo de los obispos de 1971 lleva como título: La Justicia y la Sociedad Mundial. Trata allí sobre la crisis de la solidaridad universal, el derecho al desarrollo, las injusticias sin voz y  la necesidad del diálogo como la mejor forma de mediación.

 

 

Anuncio del Evangelio y Misión de la Iglesia

 

 

La parte segunda del documento del Sínodo de 1971, trata sobre el anuncio del Evangelio y la Misión de la Iglesia. Nos dice allí que la situación actual del mundo nos invita a volver al mensaje evangélico para descubrir su sentido profundo y sus exigencias. Añade que la Iglesia tiene como misión dar testimonio de la experiencia de amor y justicia contenida en el Evangelio, y que, aunque la Iglesia no ofrece soluciones concretas, sus miembros nos debemos comprometer en la búsqueda del bien común, en todos los campos.

 

El Sínodo de los obispos de 1974

 

Si en el Sínodo de 1971 se había estudiado la justicia como parte de la evangelización, en este nuevo Sínodo era conveniente profundizar en la evangelización para dar luz al tema de la promoción de la justicia.[8]

 

  El Papa Pablo VI tomó un año, después del Sínodo de 1974, para presentar a la Iglesia el documento final de esa reunión, que recogió los frutos de la preparación del Sínodo y de las reflexiones de los obispos. Ese documento lo publicó el Santo Padre el 8 de diciembre de 1975 con el nombre de Evangelii nuntiandi.

 

 A lo largo de todo el documento se analiza la situación del mundo. Es clara allí la sensibilidad de Pablo VI ante la persona humana de nuestro tiempo y su profundidad teológica. En ese momento se presentaba confusión entre algunos católicos sobre la orientación que debía tener su actividad apostólica; algunos pretendían dirigir la evangelización a sólo un aspecto del ser humano, el de su vida terrena, su vida en la sociedad; pensaban que debían dirigir su actividad sólo a la solución de los problemas de injusticia que aquejaban y siguen ahora aquejando al mundo. Pablo VI nos enseñó en Evangelii nuntiandi qué es evangelizar, el contenido, los medios, el espíritu de la evangelización y sus destinatarios. Como vemos, Evangelii nuntiandi lo deberíamos leer, releer y meditar todos los que en alguna forma trabajamos en grupos apostólicos.

 

La salvación y la promoción humana en la evangelización

 

 Ante la pregunta sobre cómo articular en el mensaje evangelizador  la salvación y la promoción del ser humano, - es decir, el desarrollo humano, - Evangelii nuntiandi enseña que lo esencial es la revelación de Dios como Padre; mediante esa revelación se nos ofrece la salvación en Cristo, de manera gratuita, como un don de la gracia y de la misericordia de Dios (EN 27). Esta salvación es trascendente, lo cual quiere decir que no se completa en este mundo sino más allá del tiempo y de la historia. Esas características de la salvación, de ser gratuita y ser trascedente, constituyen lo esencial de la salvación.

 

¿El mensaje del Evangelio, el mensaje de salvación se dirige entonces sólo a comunicarnos cuál es el camino hacia el cielo y no tiene en cuenta las necesidades del ser humano en su vida terrena?  ¿No queda lugar a la acción del hombre y a sus necesidades terrenas? ¿Es acaso el desarrollo humano ajeno a la salvación, a la evangelización? No. Leamos de nuevo  la respuesta a esta inquietud, en el N° 29 de Evangelii nuntiandi, palabras que cita Benedicto XVI en el N° 15 de Caritas in veritate:

 

La evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta la interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el evangelio y la vida concreta, personal y social, del hombre.

 

De manera que entre el evangelio y la persona humana hay un diálogo, una interpelación permanente; si interrumpimos ese diálogo lo hacemos con daño para el ser humano. La Palabra, el Evangelio, nos hace preguntas todo el tiempo.Sigue así Evangelii nuntiandi:  

 

Precisamente por eso la evangelización lleva siempre un mensaje explícito, adaptado a las diversas situaciones y constantemente actualizado, sobre los derechos y deberes de toda persona humana, sobre la vida familiar, sin la cual apenas es posible el progreso personal, sobre la vida comunitaria de la sociedad, sobre la vida internacional, la paz, la justicia, el desarrollo; un mensaje, especialmente vigoroso en nuestros días, sobre la liberación.

 

Los lazos muy fuertes que unen la evangelización y el desarrollo humano

 

De manera que la evangelización y la promoción humana están unidas por lazos muy fuertes, como dice Pablo VI en el N° 31 de Evangelii nuntiandi donde nos explica que existen lazos, vínculos, muy fuertes

 

Vínculos de orden antropológico, (es decir que se relacionan con el ser humano en cuanto a su origen, su naturaleza, su destino) porque, el hombre que hay que evangelizar no es un ser abstracto, sino un ser sujeto a los problemas sociales y económicos. Lazos de orden  teológico, ya que no se puede disociar el plan de la creación del plan de la redención, que llega hasta situaciones muy concretas de injusticia, a las que hay que combatir, y de justicia, que hay que restaurar. Vínculos de orden eminentemente evangélico, como es el de la caridad; en efecto, ¿cómo proclamar el mandamiento nuevo sin promover, mediante la justicia y la paz, el auténtico crecimiento del hombre? (EN 31)

 

El cristianismo tiene su origen divino, en Jesucristo, Dios y hombre y por eso comprende al ser humano de manera integral y la salvación también integral, de todo el hombre. Hay que salvar a todo el hombre, no a un ser humano sin carne ni piel. Esa es la antropología cristiana, - la que interpreta al ser humano completo. Vivimos aquí, en la tierra, pero nuestro destino es la eternidad, es el Reino de Dios y el camino para llegar allá es el que nos enseña el Evangelio.

 

El progreso del ser humano, creado a imagen de Dios, no es un progreso real si sólo se busca el progreso terrenal, pero tampoco se puede ignorar al ser humano que vive en la tierra y tiene  necesidades materiales.

 

El Sínodo de 1971 trató el tema de la salvación y el progreso humano, en el sentido de que todo el mensaje evangélico  va junto con el progreso del ser humano.  No debemos separar el progreso humano de la evangelización, como si no tuvieran nada qué ver.

 

Jesús, el hombre según el diseño de Dios

 

La fe cristiana exige que la sociedad se construya según el designio de Dios. ¿Y, dónde encontramos el modo de realizar ese diseño de Dios? En Jesús, el hombre perfecto, que es el camino, la verdad y la vida; y a Jesús lo encontramos en su Palabra, en el Evangelio. Allí encontramos al hombre como Dios lo quiere. Es muy bello comprender que cuando se habla del desarrollo integral, como la Iglesia lo pide, está pidiendo el desarrollo para que el ser humano llegue a ser el ser humano según los designios, el diseño de Dios. No es posible imaginar a una persona humana con un diseño mejor que el que salió de la creatividad de Dios.

 

No se puede pensar en un progreso humano que sea contrario al designio, al plan de Dios. El modelo perfecto de ejecución del plan de Dios se realizó en Jesucristo, Dios y hombre. En la tierra vivió como hombre: sintió hambre, sed, cansancio, trabajó para sostenerse y contribuir con su trabajo al bienestar de otros. Pensó en el hambre de los demás: por eso multiplicó los panes y los peces y preparó el pescado a los Apóstoles que regresaban luego de una dura faena de pesca, como narra San Juan en ese bello pasaje de Jesús Resucitado, a orillas del mar de Galilea (Jn 21). 

 

A Jesús lo vieron sus vecinos como un ser humano común y corriente casi toda su vida. Así quiso  que lo conocieran las personas que vivieron con él en su pueblo: simplemente como el hijo de María, como el hijo de José, como el carpintero. Por eso quedaron perplejos cuando, en el comienzo de su vida pública se presentó en la sinagoga de Nazaret, ya no más como otro de los habitantes del pueblo, sino como el Mesías anunciado (Lc 4, 16-23).

 

Fernando Díaz del Castillo Z.

 

Escríbanos a: reflexionesdsi@gmail.com


[1] Cf Hernán Vergara Delgado, Soberanía de la fe” (1996)  2° edición octubre 2006,  Pg 21, publicado por la Comunidad Humanae vitae, humanaevitae@cable.net.co

[2] E.N. 29: AAS 68 (1976), 25.

[3] Ibíd., 31: l.c., 26.

[4] Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 41: l.c., 570-572.

[5] Ibíd.; Id., Carta enc. Centesimus annus, 5. 54: l.c., 799. 859-860.

[6] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 47-52: AAS 58 (1966), pp. 1067-1074; Pablo VI, Encicl. Humanae vitae: AAS 60 (1968), pp. 481-503.

[7] Cf Reflexión 148, Caritas in veritate (VII)

[8] Cf Ildefonso Camacho, S.J., Doctrina social de la Iglesia, una aproximación histórica, San Pablo, PG425ss